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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
Acerca de
Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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calima y milagros
tormentas de arena sobre canarias

Llevamos dos días de calima, perdiéndonos el azul. Un compañero de trabajo se vino a la isla hace quince años y se quedó a vivir porque dice que el cielo de aquí tiene un color distinto, más intenso. Pero ayer amaneció canelo, como siempre que hay tormentas en el desierto sahariano y los alisios traen la tierra a depositarla en nuestro aire (algún día os contaré el increíble momento en que me sorprendió una tormenta de arena en el desfiladero de un oasis de Túnez). Es un efecto incómodo en las islas, porque aumenta mucho el bochorno y los días son marrones, como en la canción de Luz. Sin embargo, desde el cielo, es un espectáculo que, como la formación de las nubes, le da vida a nuestro planeta.

Pero lo dicho, desde aquí abajo es una pesadez. Es un clima que no te entristece, sino que te pone huraño. Pero esta mañana me esperaba una señal de la que no sé su significado. Llevabamos desde julio recibiendo la visita ocasional de una avispa roja como la sangre. Entraba en el despacho, se paseaba un rato, y volvía a salir. Así varias veces todos los días. Yo abogaba por no matarla, porque a pesar de que tiene aguijón, la pobre no molesta si la dejas tranquila. Y hay que dejar vivir. Y hoy, al abrir la ventana, me encontré la razón de sus visitas. Un avispero justo en la ventana de mi despacho. Aquella pobre mamá estuvo meses trayendo tierra (impresionante, porque el avispero mide más de un palmo) para cobijar a sus crías.

Me quedé maravillado un rato, mirándolo, con sus puertas de entrada y de salida, con sus ventanas orientadas a sudoeste. El Auditorio de Calatrava no me impresiona más que esta construcción de tierra. Una hermosa avispa llega a mi ventana y decide instalar aquí su casa. Es un honor. No pienso tirar el avispero. Antes de eso, me asaré de calor cerrando la ventana.

Y en este insoportable calor de sur, ocurre un nuevo portento. Y es que la calima nos ocultaba el tesoro de un aluvión de nubes que han venido al rescate, para librarnos con su agua de la tierra suspendida. Y ya casi se ve el mar. Y me siento afortunado de tener unos ojos capaces de ver milagros en avisperos y gotas de lluvia.
 
Comentario:
Búho, lo tuyo es escribir bien, lo quiera o no.. fallaste en el intendo de hacer de este blog una sucesión de anécdotas cotideanas solamente, es que tu cotideaneidad es ver en esas gotas, en esos avisperos, en esos cielos...
No