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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
Acerca de
Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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la mirada de Josefo
su mirada, hace apenas ocho meses

Esta tarde ha sido muy dura. Llegué a ver a mi hermano al hospital, y cuando entraba por la puerta de su habitación, lo encontré solo. Lo cual era tremendamente extraño, porque mi madre pasa con él TODAS las tardes de 3 a 9. Pero antes de introducirme en la habitación, vi por el rabillo del ojo a una mujer familiar que doblaba el pasillo con un vaso. Mami. Con sus gafas, una camisa estampada de colores pastel, y la manzanilla que las auxiliares habían olvidado dejar donde mi hermano. Un inciso. Mi hermano se llama Jose. Es su nombre real. A él no voy a darle un seudónimo.

La abracé, la besé y entramos. Me gustan esos momentos en que estamos solos, y ella me habla, y se emociona, o nos quedamos en silencio cogiéndonos de la mano. Hoy Jose tenía de nuevo los ojos abiertos. Más que nunca. Yo llegaba con las manos ocupadas con un bocadillo y una botella de agua, que son mi almuerzo de máquina en los días que voy a visitarlo desde el trabajo. Intentando no mirarle a los ojos perdidos en vete a saber qué horizonte, me acerqué a decirle hola y le di un beso en la mejilla. Estaba tumbado de lado, con la cabeza apoyando la mejilla derecha en la almohada. Al besarlo me fijé en que le habían cambiado la vía que le entra con la comida por la nariz, y le habían hecho daño. El esparadrapo con el que estaba sujeta tenía sangre seca.

Y acercándome le dije “Josefo, te han hecho daño al ponerte la vía.”

No he llorado mucho por mi hermano. Recuerdo cuando me enteré, por una llamada de teléfono a las dos de la mañana en la calle Barbieri de Madrid, mientras estaba de copas. Recuerdo que permanecí como en un shock, pero no solté lágrimas. No me lo creía. Pensaba que aquello no le podía estar pasando a mi familia, y que a la mañana siguiente mi hermano se despertaría en toda su conciencia. Estaba durmiendo en un hostal esa mañana siguiente. Y sonó mi móvil. Pero las noticias no eran las que yo esperaba. Compartía la habitación con dos amigos más. Me levanté y me preguntaron. Les dije que me iba a Barajas, que mi hermano seguía igual de mal y se esperaba lo peor de un momento a otro. Me dijeron que irían conmigo. Yo empecé a hacer la maleta.

Uno de los chicos entró al baño para arreglarse, y me quedé sólo con Carlos. Y mientras seguía metiendo la ropa en una maleta que había deshecho apenas doce horas antes, me sorprendí diciendo “Qué mierda de vida”. Y me vinieron a la cabeza mis padres, mis sobrinos, mi cuñada, mi hermano, nuestras comidas de los domingos, la conversación de tres horas que había mantenido con él apenas unas semanas antes. Y las lágrimas empezaron a salir a borbotones. No podía reprimirlas, y soy muy bueno haciéndolo. Carlos me abrazó, y en el corazón agradecí que la noticia me hubiera pillado con él. Que estuviera ahí para que no se me aflojaran las piernas, y para poder mostrar mi dolor. Al momento salió el otro chico del baño, y entré allí corriendo. Y seguí llorando. Mientras me afeitaba, mientras me peinaba, y mientras me ponía las lentillas.

A partir de ese momento, mis lágrimas vinieron de una en una. Hubo muchos nudos en la garganta en las semanas siguientes, y lágrimas inapreciables en la ventana de una sala de espera, pero no volvieron a visitarme los batallones que lo hicieron aquella mañana en Madrid.

Hoy el batallón amenazó con mostrarse de nuevo. Después de esa pregunta a mi hermano dormido. Con mi cara a unos dedos de la suya, y en respuesta a mi pregunta, Jose giró su cabeza en uno de sus mismos gestos vivo, y me miró directamente a los ojos, manteniendo la mirada. Y pestañeó. Salté disparado de la cama y di varios pasos hacia detrás. Levanté mi mano con el bocadillo agarrado como un rosario y la puse frente a mi boca. Y miraba a mi hermano con la sensación de que se iba a incorporar e iba a empezar a hablar. “¿Te atragantaste?” preguntó mi madre. Y yo no podía decir nada, sino mover mi cabeza. Me senté al lado de ella. Con la mano aún en la boca. Debió ser un gesto reflejo para tapar un grito, o un alarido. Temía que las lentillas se me escurrieran de los aguados ojos, mientras mi voluntad ejercía de presa para que las lágrimas no buscaran cauce en las mejillas. Mi madre no podía verme así. Tardé minutos en reaccionar. Sin haber dicho nada, mi madre volvió a hablar. “¿Me entiendes ahora? ¿Entiendes por qué hay días en que me parece que no voy a poder soportarlo? Es como si estuviera despierto, y quisiera decirnos algo.”

Hay imágenes que uno no olvida nunca, y la de esta tarde es una de ellas. Es la primera vez en dos meses que “siento” a mi hermano vivo. Ya sé que fue un movimiento reflejo y una coincidencia. Pero por unos instantes pensé que Jose me había oído, y se había girado para mirarme. Y mientras me observaba en sus ojos, me pareció oírlo hablar. Sus pupilas pedían ayuda. Casi sentí el arco eléctrico entre su cerebro y el mío, utilizando para hablarme un medio sobrenatural, al no poder usar el de las palabras. Y los sonidos provenían de un idioma que desconozco. Y sentí el mayor miedo que he experimentado nunca.

Las señales de la mañana no se equivocaban. Pero nunca imaginé que presagiaban que después de dos meses, mi hermano Jose iba a resucitar para mí.
 
Comentario:
Creo que aqui voy a parame por hoy, en el 23 de Agosto. Tengo que empezar a trabajar.
¿Sabes? Un amigo mio estuvo en coma lo que a la gente le pareció mucho tiempo y sin embargo a mi me pareción un chasquido de dedos. Es cruel, pero era la única forma de estar con él y yo quería estar con él, aunque sabía que ya no era él. Digamos que me aferraba a lo único que podía, a su cuerpo, porque su alma no tengo ni idea dónde estaba. Le hablaba muchocuando estabamos solos. Creo que ese fué mi primer blog.
Besos.
Hasta mañana.
No