<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[Bitácora de secretos]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[hell freezes over]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/c_339.htm]]></link><description><![CDATA[Como otras <a target="_blank" href="http://www.eaglesband.com/">águilas</a>, pensé no volver hasta que se helara el infierno.<br/><br/>Pues bien...<br/><br/>...el infierno se ha <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/yarince"><u>helado</u></a>.<br/><br/><a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/yarince"><img src="http://i158.exs.cx/img158/2418/fireice9bh.jpg" border="0" width="500" alt="mi nueva guarida" /></a>]]></description><author><![CDATA[Yarince]]></author></item><item><title><![CDATA[telón]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/c_338.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://img104.exs.cx/img104/8029/fin39mi.jpg" border="0" width="500" alt="un eclipse inesperado, sin pronósticos de su duración" /><br/><br/>Muchas palabras han ido llenando este blog desde su comienzo silencioso en junio del 2004. Nació de la nada y sin vocación de nada. Sigue sin tener vocación, pero sí le ha nacido una devoción. La que siento por vosotros, que con respeto y complicidad habéis ido acompañándome en la aventura personal del año más duro y revelador de mi vida.<br/><br/>La aventura sigue, pero la crónica quedará muda. Quizá durante unos días, unas semanas, o para siempre. Quizá el guerrero se vista con otras pieles y empuñe otras armas para renacer de otro viaje iniciático. Ahora mismo no lo sé. Pero no quería retirarme a hibernar a mi guarida sin daros las gracias por salir de caza conmigo y por sentaros a mi lado en la hoguera del campamento.<br/><br/>Las palabras quedarán en este disco duro de un lugar que desconozco, mi testamento y mi testimonio avalado por vuestros ojos, mis notarios. Espero volver pronto, o simplemente volver.<br/><br/>Y por supuesto, gracias, Gioconda, por ponerle nombre a mi sueño.<br/><br/>Comienza el eclipse. Se encienden las luces anunciando un intermedio. Los párpados se cierran en el preludio del letargo. Se hace de noche, se firma la tregua.<br/><br/>Me voy con equipaje. Os llevo en la parte más brillante de mi memoria.<br/><br/><img src="http://img186.exs.cx/img186/3963/fin26rh.jpg" border="0" width="500" alt="caminando en playas desiertas" />]]></description><author><![CDATA[Yarince]]></author></item><item><title><![CDATA[angelus]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/c_337.htm]]></link><description><![CDATA[<i>- Me alegro un montón de que estemos así.</i><br/><br/>- ¿Así cómo?<br/><br/><i>- Que podamos hablar y llevarnos bien.</i><br/><br/>- Ah, eso. Sí, es un punto, ¿verdad?<br/><br/><i>- Y tanto. Terminamos tan mal que me ha costado muchísimo superar nuestra historia, pero ahora me encuentro genial.</i><br/><br/>- ¿Sabes? Yo no me siento tan bien. Te veo aquí al lado y me dan ganas de tomarte la mano, o colocarte ese mechón rebelde que tienes en la frente. Quiero decidir a quién le toca hacer la cena esta noche y a quién fregar los platos.<br/><br/><i>- Pasó un ángel.</i><br/><br/>- ¿Cómo?<br/><br/><i>- Que te has quedado en silencio un rato. ¿En qué estarías pensando?</i><br/><br/>- Pensaba que tienes razón, que casi prefiero que seamos amigos a pareja.<br/><br/><i>- Pues yo no lo prefiero. Preferiría que nada de esto hubiera pasado y que siguiéramos discutiendo para ver quién entra primero en la ducha. Quiero volver a desvelarme con tus ronquidos y a poner mi mano en tu muslo mientras conduces.</i><br/><br/>- Otro ángel. <br/><br/><i>- Sí. Debemos estar en su ruta migratoria.</i><br/><br/><img src="http://img131.exs.cx/img131/1981/almarotapornanoprezalonso1qc.jpg" alt="Alma Rota" /><br/><b>Alma Rota, por Nano Pérez Alonso</b><br/><br/>“Cuentan que cuando un silencio aparecía entre dos era que pasaba un ángel que les robaba la voz. Y hubo tal silencio un día que nos toca hoy olvidar que de tal suerte yo todavía no terminé de callar.<br/><br/>Todo empezó en la sorpresa, en un encuentro casual, pero la noche es traviesa cuando se teje el azar. Sin querer se hace una ofrenda que pacta con el dolor, o pasa un ángel, se hace leyenda y se convierte en amor.<br/><br/>Ahora comprendo cuál era el ángel que entre los dos pasó. Era el más terrible, el implacable, el más feroz. Ahora comprendo en total este silencio mortal. Ángel que pasa, besa y me abraza, ángel para un final.” <br/><br/><i> (Silvio Rodríguez)</i>]]></description><author><![CDATA[Yarince]]></author></item><item><title><![CDATA[binoche herida]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/c_336.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://img24.exs.cx/img24/8233/jul055cn.jpg" alt="una cara perfecta" /><br/><br/>Descubrí a <b>Juliette Binoche </b>en <i>La Insoportable Levedad del Ser</i>, pero no fue hasta <i>Los Amantes del Pont-Neuf </i>que me enamoré de su rostro. Vi la película de casualidad, la madrugada de un sábado, una versión original en la 2. Luego vendría la versión de <i>Cumbres Borrascosas</i>, de la que sólo recuerdo las expresiones de los actores, tanto la de ella como la de <b>Ralph Fiennes</b>, otra de mis grandes pasiones. <i>Azul</i>, <i>Herida </i>y <i>El Paciente Inglés </i>la consagraron en mi olimpo, donde siempre figurará colgada de una cuerda, bengala en mano, admirando los frescos de una capilla en ruinas. Imborrable su imagen en <i>Chocolat</i>, bajo esa capa de un rojo sangre.<br/><br/>Si se trata de aconsejar alguna de sus películas, prefiero obviar las inmensamente conocidas y que probablemente la mayoría ha visto (levedad, paciente y azul). Especialmente las dos últimas pertenecen a la categoría de mis películas favoritas, y El Paciente sería una de las que elegiría para llevarme a una isla desierta. Pero siento una querencia especial por el amor sin barrera, donde no se queman los puentes, por la decadencia, por el París escondido, por la enfermiza y tierna historia de <i>Los Amantes del Pont-Neuf</i>.<br/><br/><img src="http://img24.exs.cx/img24/7792/jul060jl.jpg" alt="Los Amantes del Pont-Neuf" /><br/><br/>Y por <i>Herida</i>, cuyo título en francés e inglés se traduce como Daño. Que <b>Louis Malle </b>es uno de los grandes creadores de este siglo, creo que a nadie le cabe duda. Son muchas películas grandes, pertenecientes ya a la historia del séptimo arte. Pero incluso las menores, las desapercibidas como <i>Herida</i> y <i>La Pequeña </i>(que cuenta la historia de la hija de una puta que es subastada con 13 años entre los clientes del prostíbulo de su madre), son grandes en su anonimato.<br/><br/>Herida cuenta la historia de un miembro del Parlamento inglés (<b>Jeremy Irons</b>), que se enamora perdidamente de la prometida de su hijo y comienza con ella un apasionado romance que tendrá mal final. El proceso degenerativo del amor, de las rivalidades en los afectos, de las distintas clases de pasiones y obsesiones, están perfectamente retratados por Irons, Binoche y una soberbia <b>Miranda Richardson</b>. La película duele. Duele en la Binoche (Anna Barton) curtida y vapuleada por la vida, en el Irons nublado por el deseo y la Richardson modélica desmoronada al final por una herida más.<br/><br/><img src="http://img24.exs.cx/img24/9324/jul085my.jpg" alt="El Paciente Inglés" /><br/><br/>La <b>Hannah </b>de <i>El Paciente Inglés </i>(inolvidable tanto en su sonrisa como en su derrumbe mientras va abriendo con la pequeña sierra un puñado de ampollas de morfina) dice en una ocasión que está enamorada de fantasmas, que todas las personas a las que ama se le mueren. Hannah es una mujer cuyas heridas no cicatrizan, un ser que a pesar del dolor sigue siendo frágil y esperanzado. La <b>Anna </b>(curiosa coincidencia de nombres, verdad?) de <i>Herida </i>es una costra, una envolvente de titanio que no deja escurrir ni una gota de ternura y que desborda pasión, porque allí no existe daño, sino placer.<br/><br/>“La gente herida es peligrosa. Porque saben que pueden sobrevivir.” (<b>Anna Barton</b>, en <i>Herida</i>)<br/><br/><img src="http://img24.exs.cx/img24/4715/jul037fh.jpg" alt="Herida" /><br/><br/>Las heridas, al manejar objetos cortantes, son casi inevitables. La probabilidad de un accidente es grande. Y hay sentimientos y acciones que nos colocan sin remedio en la línea de fuego. Pero una vez abierta la brecha en la carne, sí que podemos decidir qué hacer con ella. Algunos no hacen nada, y se desangran. Otros adoptan una solución provisional, un torniquete, corriendo el riesgo de gangrenarse. Otros se retiran a lamerse la herida, esperando curarla con la saliva. Hay quienes la suturan sobre la marcha, con un hilo arrancado de la ropa y una aguja improvisada, consiguiendo que la herida cierre, pero que nunca se borre su cicatriz. Sólo unos pocos entienden que antes de volver a la batalla hay que tomar un reposo, cerrarla y curarla con mimo, protegerla del sol hasta que no quede ni la más leve marca de que nos asestaron un golpe de muerte.<br/><br/>Esa es la decisión. Morirse, pudrirse, aislarse, estigmatizarse o curarse. Hannah se aisló y Anna se estigmatizó. ¿Cómo curamos nosotros nuestras heridas?<br/><br/><img src="http://img24.exs.cx/img24/1779/jul017qp.jpg" alt="Juliette, soñando" /><br/>]]></description><author><![CDATA[Yarince]]></author></item><item><title><![CDATA[confesión]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/c_335.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://img147.exs.cx/img147/1773/pollockfathomfived2ab.jpg" border="0" width="500" alt="mi color en una genialidad de cuadro" /><br/>Detalle del <i>Full Fathom Five</i>, de <b>Jackson Pollock</b>.<br/><br/><b>Monólogo en un café chill out, un martes por la tarde:</b><br/><br/>“Quiero confesarte algo. Yo te conozco desde mucho antes de que nos presentaran el sábado. No me muevo por los bares de ambiente, sino muy de vez en cuando desde hace cuatro años. Te he visto en esas ocasiones y siempre me has llamado la atención. He pensado qué hacía un chico como tú en un lugar así. Quería entrarte, decirte algo, pero la verdad es que impones mucho respeto, creí que pensarías que soy un niñato y me despacharías. Cuando te vi de espaldas el sábado hablando con Pedro, no me lo podía creer. Cuando te giraste y viniste con él hacia mí, creí que me fallarían las piernas. Qué pequeña es esta isla. Me has gustado tanto durante tanto tiempo, y resulta que tenemos un amigo común. Iba por fin a conocerte. Y ahora no me puedo creer que estés aquí delante, tomándote un té conmigo, mirándome a los ojos.”<br/>]]></description><author><![CDATA[Yarince]]></author></item><item><title><![CDATA[graffitti de nieve]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/c_334.htm]]></link><description><![CDATA[<i>“Estar enamorada no es fácil. No basta con desearlo. Hay que oírlo” (Ana en LADCP)</i><br/><br/><img src="http://img105.exs.cx/img105/3766/amantes012nz.jpg" border="0" width="500" alt="los ojos de ana, la espalda de otto" /><br/><br/>Hay tantas historias que se mueren en un subdirectorio mal llamado. Hoy, buscando, me encontré con el principio de una carta. Ya no sé si la empecé a escribir para el concurso. Pero leer los dos únicos párrafos cristalizados, me ha hecho pensar que quizá esta haya sido la carta que tenía que haber terminado y enviado. Pero se me olvidó en algún fichero con disfraz:<br/><br/><i>Querido arcángel,<br/><br/>Te preguntarás por qué te envío una carta cuando puedo llamarte por teléfono, cuando probablemente conciliemos el sueño esta noche, uno al lado del otro. Te preguntarás también por qué te bautizo arcángel. La respuesta a ambas preguntas es fácil.<br/><br/>La razón de escribirte es porque quiero darte una prueba, una pericial de mi rastro tangible. Ya sé que tienes las fotos que demuestran que somos algo más que amigos y compañeros de piso. Porque somos amantes y residentes de una misma cama, alternada en nuestros palacios de invierno.</i><br/><br/><img src="http://img131.exs.cx/img131/5861/amantes078kd.jpg" border="0" width="500" alt="besos bajo la cama"/><br/><br/>Me he pasado la tarde escribiendo un relato sobre mi abuela, sobre su demencia senil y aquella vez que me contó que las polillas negras y los besos fríos son un anuncio de muerte. Me tropecé después con la descripción de uno de mis sueños, en los que mi mayor sorpresa fue verme reflejado en un espejo, algo que no me ha pasado nunca mientras duermo. En una ocasión me veía con la cara pintada de payaso, y en otra con el rostro limpio, pero sin barba, como el Yarince de hace diez años. Leí mi angustia de despertarme sin querer cuando mi madre se aproximaba a mi cama en el sueño y me decía con preocupación “Yarince, tengo que decirte algo.”<br/><br/>Soñé también con mi gran amiga Amanda. Soñé que iba a su casa a que me diera terapia. Tenía una casa increíble, preciosa. Era toda de madera y piedra, muy acogedora. Y enorme. Una de sus hijas me recibía en la puerta y me llevaba hasta una terraza cubierta que había al fondo, y ella estaba allí, sentada en un sillón de mimbre oscuro lleno de cojines. Durante la terapia yo le preguntaba por qué no podía dormir bien desde que me mudé, y ella me contestaba que por miedo a que se murieran mis padres. Y yo le daba la razón, al acordarme de un sueño que había tenido nada más llegar al apartamento nuevo y que ya no puedo recordar.<br/><br/><img src="http://img105.exs.cx/img105/1531/amantes027rk.jpg" border="0" width="500" alt="miradas suspicaces" /><br/><br/>Una vez más, en otro rincón de un cajón, me esperaba el vagamundos:<br/><br/><i>Por suerte dispongo de este papel, de este mundo blanco donde puedo perderme, de estas letras negras donde puedo encontrarme. Y de unos ojos cómplices que me leen, y un alma confidente que recordará que el viejo profesor alguna vez existió. Que dio marcha atrás en su vida para convertirse en un viejo estudiante, un paso de gigante.<br/><br/>Escaparé de esta trampa, no lo dude. Ahora sé con certeza que no sentía añoranza por este mundo organizado por manecillas y relojes de arena. Que mi vida no tiene sentido encerrado entre cuatro paredes. Que sólo soy yo mismo cuando nado de madrugada en los lagos africanos, bajo alguna estrella fugaz ocasional. Terminaré esta carta, la guardaré en mi bolsillo, me despediré definitivamente del pasado con un fuerte abrazo, y volveré a retomar mis caminos polvorientos, hasta encontrar el buzón donde le he prometido depositar mis nuevas noticias.<br/><br/>Se acabó este tránsito, este retraso inexcusable que le ha dado energía a mi deteriorado cuerpo para seguir los imberbes impulsos del corazón. Compraré un billete de tren, nunca de cercanías, y partiré a cualquier lugar donde me lleve la casualidad. Espero que usted me acompañe, una vez más. Que nos sigamos buscando a través de nuestras cartas. Que la encuentre en sus párrafos, cuando se me estremezca el alma al leerlos. Que estando tan lejos, incluso de nosotros mismos, tengamos la certeza de que nuestros seres comulgan, a través de estas cartas, con fervor religioso</i>.<br/><br/><img src="http://img130.exs.cx/img130/4079/amantes059pc.jpg" border="0" width="500" alt="otto el piloto" /><br/><br/>Lloré una vez más con un texto que llamé Embalaje y que posteé hace siglos, en el que mi protagonista se sienta en la alfombra a embalar los recuerdos de una pasión acabada. “<i>A un lado, una caja de cartón con tu nombre. Esparcidos por el suelo, todos nuestros recuerdos.” </i>Sigue encantándome su final:<br/><br/><i>“Todo lo demás, que es mucho, lo aprisioné en la funda de tu almohada y lo comprimí como pude en la caja. Entrelacé sus tapas de cartón y la cerré hermética con seis vasos de whisky y una hoguera en el cenicero. Seguí allí sentado, en la alfombra vacía, con la única compañía de aquel cubo de papel.<br/><br/>Me eché a reír. Y de tantas risas, me eché a llorar. Pensé en Einstein y en la relatividad. Pensé en Newton y en una fuerza tan enorme encarcelada en una manzana. Pensé en Arquímedes y en los volúmenes. Buscando la explicación de por qué, en este recinto marrón que se me antoja tan pequeño, he podido encerrar un amor tan grande.”</i><br/><br/><img src="http://img105.exs.cx/img105/9731/amantes047ff.jpg" border="0" width="500" alt="ana y los ojos de la incredulidad" /><br/><br/>Suena Sade, siempre Sade Adu y su voz de susurros entre las sábanas, su jadeo ronco que precede al orgasmo: <br/><br/><i>“Recuerdo sus manos y el aspecto que tenían las montañas. La luz desprendía diamantes de sus ojos, hambrientos de vida y sedientos de un distante río. Como la cicatriz de la edad escrita sobre mi cara, la guerra aún se pelea en mi interior. Aún siento un escalofrío al revelarte mi vergüenza. La esgrimo como un tatuaje.”</i><br/><br/>Sé que este post es una pintada en los muros de una nave abandonada de un polígono industrial. Sé que es un collage de fotos que forman parte de mi vida. Que he pintado un cuadro abstracto que quizá no tenga significado más que para mí. Un hilo conductor de muerte y amor, de trayectos y viajes, de mudanzas, de amores al alza y amores destronados. No es tan complicado, en realidad. Mi trenza de hoy habla sólo de dos cosas. De principios y fines. Lo que no me queda tan claro es en cual de los dos extremos estoy. Yo, que pensé que mi vida era un círculo. <i>“He escrito tantas veces su nombre dentro…”</i><br/><br/><img src="http://img131.exs.cx/img131/2748/amantes062iu.jpg" border="0" width="500" alt="¿eres tú?" />]]></description><author><![CDATA[Yarince]]></author></item><item><title><![CDATA[días naranjas]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/c_333.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://img130.exs.cx/img130/9920/amapola8vw.jpg" border="0" width="500" alt="un brindis a la mujer de mi pareja de colores, que se llama naranja" /><br/><i>Amapola, por Marilyn Robertson</i><br/><br/>La radio está ya plagada del único tema inédito del disco <i>Esencial</i>, que sale a la venta hoy, con los grandes éxitos de <b>Ana Torroja</b>. Sería mejor decir que es una versión inédita, porque en realidad es un ‘cover’ que hace Ana de una canción de <b>Carlos Chaouen</b>. Al parecer Ana no se sentía cómoda con algunas de las frases de la canción original, y le pedió a Carlos que las reescribiera. Lo hizo, y quedó muy contenta.<br/><br/>Se mantuvieron varias estrofas fabulosas, como éstas: <i>“Estoy desnudo al amanecer en este último piso abuhardillado. No sé si ponerme a cien o darme una tregua en el lavabo. No tengo dinero para el tren que me lleva a tu barrio. Necesito aire en el pulmón del cielo de tus labios. No me canso de quitarme el sombrero cuando llueve por mojarme las canciones, y no me daré cuenta en esta puta vida que lo que yo quiero es rellenar tus rincones. No me canso de mirarte la cara, no me canso de vivir en escenarios y no hay más adversarios que nosotros de espalda, que el amor son tres flores que se riegan a diario.”</i><br/><br/>Carlos cambió el final de una frase y se superó a sí mismo, es soberbia: <i>“No sé si mandarte una postal tatuada de ilusiones o imaginarme un carnaval con aires de tu nombre.”</i><br/><br/>Pero Ana no se atrevió con una de las estrofas más hermosas de la canción: <i>“La ventana prescindió del sol que va de migración hasta mañana. Ya llegó la ansiada luna que nunca nos evita las miradas. Hay un paraíso en cada piel y un dios en cada hombre. Yo sigo poniendo en el sofá cojines de canciones.”</i><br/><br/>Como siempre, lo mejor, que gracias a esta versión muchos tendrán la curiosidad de conocer la original de Carlos Chaouen. Quizá se aficionen a él comprándose su último disco, <i>Tótem</i>.<br/><br/><img src="http://img63.exs.cx/img63/5620/pm23305large4re.jpg" border="0" width="504" alt="será verdad que amanece? y que los colores serán tan apasionantes?" /><br/><i>Amaneciendo, por Yolanda Urquiaga</i><br/><br/>Estaba ayer tumbado en el sofá, mirando una película. Digo mirando porque mi mente no estaba en la pantalla, sino dando vueltas por las curvas de estos últimos años, por los sueños de estas últimas noches. Estoy soñando historias complejas, largas y con un argumento sólido, donde no cambian los personajes, y apenas se mutan los escenarios. Cada vez menos símbolos y cada vez más mensajes. En mi vigilia estoy solo, y me siento bien. Sigo pensando que el ideal es vivir en pareja, compartir y crecer, pero casi por primera vez no tengo prisa, no siento desesperación. Estoy solo y feliz. Quizá es aún el resplandor de Gustavo. O puede ser simplemente la paz. Es un contrasentido que en un año de tantos impactos, en este invierno largo y frío, yo me sienta centrado y satisfecho. <br/><br/>El sábado un colega me trajo un “marido”, porque está empeñado en encontrarme uno. La gracia es que el chico es majo, guapo, simpático, buena gente, y parece estar por la labor. Yo no sé si lo estoy. Durante nuestro tránsito de bares me encontré con mucha gente de esa que me gusta hace tiempo. Un chico que era modelo cuando lo vi por primera vez y me encantó, y que debe haber subido veinte kilos. Objetivamente está entrado en muchas carnes, pero a mí me sigue pareciendo fascinante, quizá más, porque aún conserva esos ojos de infarto y una sonrisa tímida y algo esquiva que te hace querer desenterrar los miedos que hay detrás, porque eso fue lo que me atrajo de él. También me encontré con un camarero al que sé que le gusto, pero se hace el digno (como yo). Después de mis malas experiencias prometí que se habían terminado las parejas en el sector servicios (Axel y Timi no me dejaron ganas de repetir), pero con éste me tienta romper mi promesa. Lo malo es que metí la pata, porque se me acercó un rollito que tuve en navidades, le di sendos besos en el cachete y me dijo “esperaba otro tipo de beso.” Y como yo estaba con copas, pues le di lo que esperaba, con tan mala suerte que el camarero estaba mirándonos con la boca tan abierta como las nuestras.<br/><br/><img src="http://img63.exs.cx/img63/4117/hombre6bq.jpg" border="0" width="500" alt="curioso cuadro, el hombre se aleja, pero hacia adelante" /><br/><i>Hombre alejándose de todo, por Ed Ruscha</i><br/><br/>La sensación ante todas esas presencias, sin embargo, no fue la de otras veces. Me divirtieron y me sentí espectador de todo aquella complicada rutina del cortejo. Me pica la curiosidad, pero son batallas que no estoy por guerrear, y no se debe en absoluto a cansancio o hastío, sino a la seguridad de que no son “mi” batalla. Cuando llegue la mía lo sabré, la pelearé con uñas y dientes. Y aunque la táctica (gracias Benedetti) sigue siendo la misma, he cambiado la estrategia. Afronto el inicio de la relaciones con vértigo, con una entrega total, convencido de que quien me mira a los ojos es LA persona, la apuro como si se aproximara el fin del mundo. Seguiré entregándome por completo, porque no entiendo otra manera de empezar la andadura del amor, no me caben en la cabeza las reservas y las precauciones, a pesar de haberme tropezado y pegado batacazos dignos de figurar en el libro de los record. Pero a partir de ahora mi estrategia será mirarle como a un nuevo mundo recién descubierto. Seré un turista en un país desconocido, guía en mano, pertrechado para absorber todas las esquinas, las tiendas de las callejuelas, el rocío de las noches y el olor de los rastros. Un turista sin billete de vuelta, con todo el tiempo del mundo, impregnándose sin prisa, pero sin pausa. <br/><br/>Ese mismo sábado acabé la noche en el bar de siempre. Serían las seis de la mañana, bailando con mis amigos en la pista, y sonó una canción que no había oído nunca en ese local, al que soy asiduo. Me quedé de piedra. Carlos me miró con complicidad y me cogió de la mano. Le lancé un guiño al aire y recordé el presentimiento de mi último post. Me tapé la cara con las manos, pugnando entre esgrimir una sonrisa o echarme a llorar, no sin antes echar un vistazo a mi alrededor y a la cabina de la música, esperando encontrar sus muecas entre el humo del nitrógeno. Y con el rostro cubierto ante varias miradas sorprendidas, bailé <b>Miro la vida pasar</b>.<br/><br/>Te quiero.<br/><br/><img src="http://img63.exs.cx/img63/3628/pies9tw.jpg" border="0" width="500" alt="el cuadro es fantástico, pero me enamoré de su nombre" /><br/><i>Pies ardiendo de amor, por Sonia Hernández</i>]]></description><author><![CDATA[Yarince]]></author></item><item><title><![CDATA[bosques]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/c_332.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://img131.exs.cx/img131/5599/village012yk.jpg" alt="el porche de Ivy Walker" /><br/><br/>Hoy tengo la sanísima intención de no exigiros demasiado, y postear algo más corto de lo habitual.<br/><br/>Y seré breve con el arte. Con el cine. Hace poco vi la película <b>El Bosque</b>, de <i>Night Shyamalan</i>. Mi opinión sobre ella la forjará el tiempo, porque es perturbadora, y necesito superar esa primera impresión para saber si me gusta. Me pasó igual con Moulin Rouge, por ejemplo. En cualquier caso, me emocionó y me impactó el siguiente diálogo:<br/><br/><i>Ivy Walker</i>: Cuando nos casemos, ¿bailarás conmigo? Me gusta mucho bailar. ¿Por qué nunca dices lo que se te pasa por la cabeza? <br/><br/><i>Lucius Hunt</i>: ¿Y por qué tú no dejas de decir lo que pasa por la tuya? ¿Por qué llevas siempre el ritmo, aunque quiera llevarlo yo? Si quiero bailar, te lo preguntaré. Si quiero hablar, abriré mi boca y hablaré. Todo el mundo está pidiéndome siempre que hable más. ¿Por qué? ¿Qué hay de bueno en decirte que estás en cada uno de mis pensamientos desde el mismo momento en que me levanto? ¿Qué ventajas puede deparar el decirte que a veces no puedo ni pensar con claridad ni hacer mi trabajo correctamente? ¿Qué gano con decirte que la única vez que siento el miedo del que hablan los demás es cuando pienso que pueden hacerte daño? Por eso estoy en este porche, Ivy Walker. Temo por tu seguridad antes que la de nadie. Y sí, bailaré contigo en nuestra noche de bodas.<br/><br/><img src="http://img131.exs.cx/img131/6389/village026aq.jpg" alt="el inicio del baile" /><br/><br/>Hay otras muchas perlas en esa película, casi todas salidas de la boca de <i>Lucius Hunt</i>, el personaje al que da vida <i>Joaquin Phoenix</i>. Como cuando le dice a su madre que el Sr. Walker está enamorado de ella, y ella le pregunta por qué piensa eso. Y el contesta “porque nunca te toca.” O cuando Ivy le pregunta por qué no tiene miedo, y él dice “porque no pienso en lo que pueda ocurrir, sino en lo que hay que hacer.”<br/><br/>También tuve oportunidad de ver por 5ª vez uno de mis propios clásicos, que os recomiendo encarecidamente: <b>El violín rojo</b>. Se merece un post completo, y llegará. De alguna manera. <br/><br/>“De alguna manera tendré que olvidarte. Por mucho que quiera, no es fácil, ya sabes. Me faltan las fuerzas, ha sido muy tarde. Y nada más, nada más, apenas nada más. Las noches te acercan y enredas el aire. Mis labios se secan e intento besarte. Qué fría es la cera de un beso de nadie. Y nada más, nada más, apenas nada más.” <i>Luis Eduardo Aute</i><br/><br/>Prometí no extenderme. Y me da pena, porque probablemente estaré ausente hasta el lunes. Llegan unos días de extirpar penas, de celebrar amigos que no están. Será duro y hermoso, porque este fin de semana me reencuentro con el espectro de Román en los sitios que frecuentábamos juntos. Mañana me vestiré para salir y él estará ahí, con su vaso, mirándome a través del espejo como siempre, hablándome y poniéndome fijador en el pelo. Y tengo tantas ganas de volver a verlo. De beber, bailar y reír con él. El resto del mundo no lo verá, pero él estará allí, cogiéndome de la cintura. Estoy seguro de que Román va a venir a despedirse de mí, a abrazarme.<br/><br/><img src="http://img131.exs.cx/img131/5179/village035yb.jpg" alt="caminando a ciegas" />]]></description><author><![CDATA[Yarince]]></author></item><item><title><![CDATA[el baile de disfraces]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/c_296.htm]]></link><description><![CDATA[Dejé de fumar hace ocho años. Hay que ser fumador habitual para comprender lo que se siente. Hay que pasar por las diversas etapas para empatizar con las sensaciones por las que se pasa.<br/><br/>Uno coge su primer cigarrillo sin echarle mucho cuento. A menudo simplemente por novedad. Se trata sólo de probar algo nuevo. A veces te ves “obligado” a hacerlo por tu entorno. Otras es sólo un acto de rebeldía. Otras, curiosidad. Nunca imaginas que será el primero de miles de pitillos. Que será algo tan habitual como respirar.<br/><br/>Empecé a fumar como muchos. Por curiosidad. Por presión ambiental. Por rebeldía. O por ninguna razón en particular. Quizá fue sólo por pasar el rato. No me gustó su sabor al principio. Provocaba incluso náuseas, mareo. Parecía ridículo que aquello enganchara tanto a tanta gente. No, no creía que hubiera un segundo cigarro.<br/><br/>Pero lo hubo. Recuerdo el iniciático, pero no el siguiente. No sé ni por qué lo fumé, ni dónde, ni cómo me sentó. Pero lo hice. Y comenzó la escalada. De forma progresiva, sin percatarme, como suele pasar en la vida, el tabaco se convirtió en un acompañante omnipresente. Me acostumbré a él. Al cigarrito de media noche, y al del café, y al de la copa, y al del coche. Era un placer fumar. Un verdadero placer. Saboreaba el aroma, el sabor, el tacto del filtro en la boca. Observaba las volutas de humo, las formas que tomaba. Las espantaba de un manotazo y veía como se desintegraban en la nada. Una experiencia única.<br/><br/>Poco a poco pasó de ser un placer a convertirse en un vicio, en una necesidad. Ya no lo saboreas, ni juegas con el humo. Muchas veces ni sabes que estás fumando. Es un hábito tan arraigado que es ya un movimiento reflejo. Tanto que a veces tienes encendidos dos pitillos a la vez.<br/><br/>Todo el mundo te dice “te hace daño, te estás matando, deja de fumar”. Y tú sabes que es cierto, pero no puedes dejarlo. Porque te acompaña en los momentos más cotidianos, a todas horas, como la respiración. La razón queda completamente anulada, y te domina el impulso de abrir la cajetilla y ponerte otro cigarro en la boca.<br/><br/>Te llenas de buenos propósitos y piensas “mañana lo dejo”. O “de este verano no pasa”. Y vas poniéndote trampas, retrasando un momento que no quieres que llegue, que no tienes coraje para afrontar. Y un buen día, reúnes el valor y lo dejas... durante unas horas... un día... una semana... Y vuelta otra vez. Te embruja como el canto de una sirena. Lo intentas con sustitutos, chicles, parches, deporte, hipnosis, acupuntura, cualquier terapia es válida. A veces funciona y a veces no.<br/><br/>Pero como en todo, lo importante es la fuerza de voluntad y QUERER dejarlo. Así que llega ese momento aterrador, la ruptura con el vicio. Y te dices “nunca más”. Los primeros días son una pesadilla. Antes no eras ni consciente de que fumabas, pero ahora sólo piensas en eso. A todas horas. <br/><br/>Olvidarle ha sido algo similar. Las cenizas de sus fotos andarán por ahí, mezcladas con el aire. El papel de sus cartas debe estar ya en una planta de reciclado. Los objetos impregnados con su memoria permanecen al fondo de esa caja que no se abrirá nunca. Sus recuerdos están enterrados bajo detalles cotidianos, experiencias nuevas. Ya no recuerdo su olor, reemplazado por el aroma de alguien distinto. Dejar de fumar y olvidar se basa sólo en eso, en cambiar la rutina. <br/><br/>Y quién sabe si el amor es solamente eso: rutina.<br/><br/>PS. Os dije que hace ocho años dejé de fumar. Lo que no os dije es que sólo duró seis meses, y que retomé el vicio. Sólo seis meses de abstinencia. No pude aguantar y me rendí de nuevo. Y así y todo, definitivamente,... dejar de fumar me costó menos que lo que me está costando dejar de amar.<br/>]]></description><author><![CDATA[Yarince]]></author></item><item><title><![CDATA[lía]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/guerreroyarince/c_331.htm]]></link><description><![CDATA[<b>No me preguntéis de dónde salió. Sólo sé que esta tarde mientras volvía en el coche, la canción de Ana Belén sonó en mi CD. La voz de Ana, la letra de Jose María Cano y mis divagaciones, fueron todo uno.</b><br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/7913/nudo116hs.jpg" alt="el primer nudo" /><br/><br/><i>Lía con tu pelo un edredón de terciopelo que me pueda guarecer si me encuentra en cueros el amanecer.</i><br/><br/>Quisiera enredarme en tu pelo. Tejer una colcha de tus cabellos y abrigarme en su ternura durante las horas del alba en las que te pienso. Hacerme una venda con tus mechones para que la claridad no deslumbre tu imagen llenando por completo mi cabeza. Que tu pelo de petróleo me envuelva en una cápsula que me aísle del mundo entero, que me convierta en una crisálida, que me transforme en mariposa para jugar con tu melena.<br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/531/nudo040vw.jpg" alt="el segundo nudo" /><br/><br/><i>Lía entre tus labios a los míos. Respirando en el vacío aprenderé como por la boca muere y mata el pez.</i><br/><br/>Róbame el aire de los pulmones. Tapa mi boca con la tuya y aspira mi oxígeno hasta que me desvanezca en tus brazos. Y entonces, sin separar tus labios de los míos, devuélveme el respirar en un soplo que parezca divino. Alimenta primero mi corazón, revive después mis músculos, y sólo en el último aliento hazme abrir los ojos, para descubrir que he muerto en tus brazos. Que he resucitado en tu boca.<br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/2994/nudo074qs.jpg" alt="el tercer nudo" /><br/><br/><i>Lías telaraña que enmaraña mi razón. Que te quiero mucho y es sin ton ni son.</i><br/><br/>No tengo ninguna razón. Ninguna para quererte. Mi mente es una maraña, un ovillo cuyo extremo suelto eres tú, tú eres el principio de mi madeja. Sin por qués. Eres el big bang de mi universo, la explosión que me crea, mi núcleo y mi centro. Todas las telarañas que he tejido son un pañuelo de seda en el que guardarte. Eres mi tesoro, mi más preciada joya. El arácnido de cristal que preside mi dormitorio.<br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/7178/nudo037du.jpg" alt="el cuarto nudo" /><br/><br/><i>Lías cada día con el día posterior y entre día y día lía con tus brazos un nudo de dos lazos que me ate a tu pecho, amor.</i><br/><br/>Mira mis muñecas cruzadas en mi pecho. Mira los estigmas en mis palmas. Despliego mis brazos para ti, deshaciendo la cruz que me ha protegido de un mundo lleno de vampiros. Te ofrezco mi cuello limpio para que lo muerdas, porque mi sangre lleva tu nombre. Porque nuestros venenos son antídotos. Abrázame. Anúdame en tu cuerpo y enróscate a mí como una anaconda de besos, fundámonos en la digestión de nuestro amor, hagámonos lazos de caricias.<br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/1320/nudo107yq.jpg" alt="el quinto nudo" /><br/><br/><i>Lía con tus besos la parte de mis sesos que manda en mi corazón.</i><br/><br/>Sabes que tus besos son el interruptor de mi mente, que se apaga con su alto voltaje. Sabes que me robas toda la electricidad del cuerpo para lanzarla en escalofríos desde mi cuero cabelludo a mi entrepierna, cortocircuitándome el corazón. Que mis neuronas se olvidan de hacer su sinapsis, aletargadas en el roce de tu lengua y tus labios. Nunca ha existido en el mundo más dulce olvido que tus besos, los que concentran mi cuerpo en la intersección de nuestra palabra.<br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/9528/nudo020qx.jpg" alt="el sexto nudo" /><br/><br/><i>Lías tus miradas a mi falda por debajo de mi espalda, y digo yo, que mejor que el ojo pongas la intención.</i><br/><br/>No me rondes. Vete al grano. Desliza tus manos por mi espalda hasta llegar a la frontera de mi cinturón. Muévelas entonces hasta rozar la hebilla y comienza a desabotonarme la camisa. De abajo a arriba. Mírame a los ojos en los botones impares. Deja que tus anulares y tus meñiques apenas adivinen mi piel. Y al llegar a mi pecho, quítame el último botón con los dientes. Sin levantar la vista haz caer la camisa desde los hombros y entretente en mi pecho, haz una excursión a mis pezones. Vete a repostar en mi cuello y haz noche en mi ombligo. Antes de romper el día, dirígete sin demora al amanecer de mi pantalón.<br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/9561/nudo050hw.jpg" alt="el séptimo nudo" /><br/><br/><i>Líame a la pata de la cama, no te quedes con las ganas de saber cuánto amor nos cabe de una sola vez.</i><br/><br/>Y así, desnudo, me injertaré en tus piernas y revolveré mi pelo en tus rodillas. Me dejaré caer de espaldas a tus pies y extenderé las manos hacia atrás. Coge tu camiseta blanca por sus extremos y pásala como una soga por mis brazos, haz una pulsera de tela en mis muñecas. Pero no me ates a la cama. Átame a ti. Espósanos en aros de algodón. Vamos a amarnos hasta que nuestra alianza se rompa de los roces de nuestro sudor.<br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/6470/nudo064cg.jpg" alt="el octavo nudo" /><br/><br/><i>Lías cigarrillos de cariño y sin papel para que los fume dentro de tu piel.</i><br/><br/>Deja todos los vicios y quédate conmigo. Inhala toda mi nicotina, sórbela de cada uno de los poros de mi cuerpo. La fabricaré para ti. Mi piel responderá a tus caricias trémula como un papel de fumar. Mi saliva hará las veces de todos los filtros. Me haré humo que se adapte a los contornos de tu cuerpo y te recorra descubriendo los lugares más recónditos. Llegaré a todos tus órganos, hasta crearte adicción a mí. Todo tu cuerpo me buscará, seré tu único remedio, tu droga más dulce.<br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/6003/nudo089al.jpg" alt="el noveno nudo" /><br/><br/><i>Lías la cruceta de esta pobre marioneta.</i><br/><br/>Sabes como manejarme. Mi cruceta entre tus dedos se dirige a tu voluntad, pero no con tus manos. Si quieres moverme el alma, utiliza tus ojos. Si prefieres accionar mi corazón, usa tu voz. Mis extremidades se articulan siguiendo las órdenes de tu cintura. Soy un títere en tus brazos, sostenido con hilos de oro encontrados en el botín de nuestras noches.<br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/104/nudo091wr.jpg" alt="el décimo nudo" /><br/><br/><i>Y entre lío y lío, lía con tus brazos un nudo de dos lazos que me ate a tu pecho, amor. Lía con tus besos la parte de mis sesos que manda en mi corazón.</i><br/><br/>No te líes. Ámame.<br/><br/><img src="http://img174.exs.cx/img174/8877/nudo018qp.jpg" alt="LÍA" /><br/>]]></description><author><![CDATA[Yarince]]></author></item></channel></rss>
