Yo sobreviví al Tsunami (1era Parte)
A un año del Tsunami, la periodista Silvia Cherem S. del periódico Reforma (Ciudad de México), narra la historia de una pareja Mexicana que se había ido de luna de miel a las islas Phi Phi y que hoy son víctimas del maremoto Asiático.
Ésta historia verídica se divide en 7 capítulos y me pareció tan intensa que he decidido transcribirla para Ustedes, espero que no me meta en un problema de derechos de autor.
Y empieza así:
EL INTEMPESTIVO TSUNAMI DE KAREN
Cuando Jacobo y yo soñábamos con el futuro -creyéndonos dueños del mismo-, pensábamos tener una casa con dos perros, dar a luz a cuatro adorables hijos y, empalagosos como éramos, abrazarnos hasta la eternidad.
Como en los cuentos de hadas, a nuestra boda el 4 de diciembre del 2004, seguiría un entrañable viaje a la exótica Asia y una infinita historia de amor y felicidad.
Bien sabíamos ambos que la vida no es perpetua, pero en las mieles del inicio, cómo podríamos haber sospechado que la biografía en común no alcanzaría ni siquiera el amanecer de un mañana...
Los recuerdos de Karen se agolpan en la memoria. La anhelada luna de miel en el inolvidable paraíso de Phi Phi, playas de arena blanca, colinas esmeraldas y mar azul turquesa, se interrumpió a las 10 de la mañana del 26 de diciembre del 2004 cuando el Mar de Andamán, brazo nororiental del Océano Índico, se convirtió en un torbellino iracundo y endemoniado que arrancó construcciones, desenraizó palmeras ancestrales, asesinó inocentes y, como en una zona de guerra, dejó sólo destrucción a su paso.
Hasta ese momento, en el vocabulario de ninguno de los dos jóvenes mexicanos existía la palabra tsunami. Ella, a diferencia de él, sería de los contadísimos sobrevivientes, quizá no más de un puñado en la isla tailandesa de Phi Phi, que lograría salir con vida del mar enrabietado, de la inclemente ola de más de veinte metros de altura que convirtió en escombros irreconocibles casi la totalidad de la zona turística.
Dos semanas después de aquel maremoto, cuyo origen fue un sismo de 9 grados en la escala de Richter en el océano cercano a la isla de Sumatra, algunos miembros de Zaka, el equipo de voluntarios israelí para la identificación de víctimas, logró milagrosamente encontrar el cuerpo de Jacobo.
Su nombre fue entonces añadido a los cientos de miles de muertos, era el único mexicano que había sido deglutido por aquella ola ruin que depredó zonas completas de Indonesia, Tailandia, Sri Lanka, India, Bangladesh, Burma, Malasia, Islas Maldivas, Somalia, Kenia, Tanzania y las Islas Seychelles.
Del mapa se borraron islas y playas, numerosas poblaciones quedaron sumergidas en densas capas de lodo y agua. Al paso de las semanas, más de trescientos mil muertos fueron contabilizados.
En zonas como Phi Phi, una minúscula isla en la costa suroeste de Tailandia que no rebasa los 28 kilómetros cuadrados de superficie total y cuya población flotante alcanzaba entonces su nivel más alto de la historia, doce mil personas, más de la mitad de los turistas y pobladores se reportaron desaparecidos.
A un año de distancia, Karen cuenta públicamente, por vez primera, la magnitud de su infortunio. Aún hoy, a ella la pasma el milagro de estar viva. Karen no sobrevivió, como tantos otros, porque haya estado en las alturas de una colina, buceando en mar abierto o en el acogedor arrullo de un barco en altamar, donde las olas, paradójicamente, fueron imperceptibles. Fue revolcada, herida, casi succionada por el mar y, pese a todas las adversidades de esta tragedia colectiva, ella vivió para contarlo.
"Hay quien dice, señala, que soy un milagro viviente, que volví a nacer. Quizá es cierto. Mi vida cambió para siempre. Ya no soy la niña que fui, he sido tan fuerte que ni yo misma me reconozco. No soporto que nadie me tenga lástima. Sé que otros que pasaron por lo mismo que yo, se quedaron en el camino y murieron. No sé por qué me tocó a mí sobrevivir, pero he decidido agarrarme fuertemente de la vida. Seguramente aún tengo algo importante que hacer, y lo haré".
ESQUINAS CIEGAS DEL DESTINO
La historia de Karen Michan está abismalmente separada por un antes y un después. A los 19 años, en la boda de su hermano, conoció a Jacobo Hassan. No fue amor a primera vista, tardaría en aceptar sus llamadas, pero una vez que salió con él, se enamoró de su capacidad de reírse hasta de sí mismo.
A los tres meses de noviazgo, en septiembre del 2003, mirando un partido de fútbol americano, él le propuso matrimonio. Dudando que pudiera ser una broma, ella vacilante aceptó.
Planearon la boda para el 27 de noviembre del 2004, sin embargo, esa fecha resultó inoportuna, se casaba un familiar cercano. Así empezaron a concatenarse los eslabones fatales que los condenarían a estar en Phi Phi, como una cita señalada, el día y la hora de la adversidad.
La boda fue reprogramada para el 4 de diciembre. Guillermo, un agente de viajes que prometía hacer lunas de miel inolvidables a precios de ganga, les aconsejó viajar a Oriente. Incluyó en el itinerario San Francisco, Hong Kong, Shangai, Bangkok, Phuket, Phi Phi, Singapur, Kuala Lumpur y Bali.
Casi todos los nombres les resultaban exóticos, desconocidos. Sobre todo la isla de Phi Phi, que luego sabrían que su popularidad reciente obedecía a que Leonardo di Caprio, ídolo de jovencitas, filmó ahí en el 2000 la película "La Playa", donde Richard, un mochilero americano, descubría ese paraíso en la tierra: playa perfecta, virgen e inaccesible.
Más de un amigo, incluyendo a Isaac el hermano de Karen, les aconsejó que no pernoctaran en Phi Phi, si acaso podían visitar la isla en un ferry desde Phuket. "Ahí no hay nada, es tan virgen que con un día de sol y playa basta; mejor aprovechen sus días en otros lados", les decían. Ninguno de los dos quiso escuchar. Cuando Karen y Jacobo supieron que era el escenario de "La Playa", se convencieron que en ese idilio paradisíaco querían pasar dos o tres días de inolvidable romance. Como no les interesaban los deportes acuáticos ni los arrecifes de coral, sería el toque de luz de su luna de miel.
Ella cursaba el tercer semestre de la carrera de comunicación, tenía 20 años. Él, siete años mayor que ella, se esforzaba por sacar adelante su pequeño negocio de computadoras. Forjado a la vieja usanza, insistía que la mantendría para siempre. Si ella quería trabajar, sería sólo para pagar "sus caprichos". En esa "página anterior", las aspiraciones de Karen eran llanas: sólo amarlo, hacerlo feliz. Todo miel sobre hojuelas.
Antes de la boda, ella y Jacobo contrataron a un fotógrafo para conservar sus últimas sonrisas de soltería. Acordaron vestirse igualitos: con jeans y camisa blanca. Tomados de la mano en un parque de las Lomas de Chapultepec, se besaron entre el verdor de los árboles, se arrullaron en un puente colgante, y como niños, se treparon en aros y resbaladillas.
La imagen que más les gustó de entre todas las del amplio estudio fotográfico, decoró la entrada al Salón de Fiestas donde se festejó la boda. Paradójicamente, tres semanas después, a partir del día 27 de diciembre, sería la misma fotografía que Karen colocaría en todas las paredes posibles de Phuket con el fin de pedir informes del paradero de Jacobo.
Como una metáfora maltrecha, esa imagen –Jacobo sonriendo distante, sentado en un vulnerable columpio, apenas suspendido por frágiles eslabones; Karen de pie, bien fincada sobre la tierra, su mirada de frente, sus brazos rodeando a Jacobo como si pudiera mantenerlo eternamente cerca–, sería la que daría la vuelta al globo en noticieros televisivos de CNN o en las portadas de los principales periódicos del mundo. Desde Estados Unidos y Alemania, hasta Argentina e Israel, incluyendo los periódicos mexicanos del Grupo Reforma, se destacaba esa fotografía con el fin de dar rostro a las víctimas del tsunami.
A medida que pasaron los días, muchos alrededor del mundo se congraciaron con la tragedia de esta joven pareja. Rogaban que un milagro mantuviera también a Jacobo con vida.
Continuará...
Fuente: Reforma.com
Ésta historia verídica se divide en 7 capítulos y me pareció tan intensa que he decidido transcribirla para Ustedes, espero que no me meta en un problema de derechos de autor.
Y empieza así:
EL INTEMPESTIVO TSUNAMI DE KAREN
Cuando Jacobo y yo soñábamos con el futuro -creyéndonos dueños del mismo-, pensábamos tener una casa con dos perros, dar a luz a cuatro adorables hijos y, empalagosos como éramos, abrazarnos hasta la eternidad.
Como en los cuentos de hadas, a nuestra boda el 4 de diciembre del 2004, seguiría un entrañable viaje a la exótica Asia y una infinita historia de amor y felicidad.
Bien sabíamos ambos que la vida no es perpetua, pero en las mieles del inicio, cómo podríamos haber sospechado que la biografía en común no alcanzaría ni siquiera el amanecer de un mañana...
Los recuerdos de Karen se agolpan en la memoria. La anhelada luna de miel en el inolvidable paraíso de Phi Phi, playas de arena blanca, colinas esmeraldas y mar azul turquesa, se interrumpió a las 10 de la mañana del 26 de diciembre del 2004 cuando el Mar de Andamán, brazo nororiental del Océano Índico, se convirtió en un torbellino iracundo y endemoniado que arrancó construcciones, desenraizó palmeras ancestrales, asesinó inocentes y, como en una zona de guerra, dejó sólo destrucción a su paso.
Hasta ese momento, en el vocabulario de ninguno de los dos jóvenes mexicanos existía la palabra tsunami. Ella, a diferencia de él, sería de los contadísimos sobrevivientes, quizá no más de un puñado en la isla tailandesa de Phi Phi, que lograría salir con vida del mar enrabietado, de la inclemente ola de más de veinte metros de altura que convirtió en escombros irreconocibles casi la totalidad de la zona turística.
Dos semanas después de aquel maremoto, cuyo origen fue un sismo de 9 grados en la escala de Richter en el océano cercano a la isla de Sumatra, algunos miembros de Zaka, el equipo de voluntarios israelí para la identificación de víctimas, logró milagrosamente encontrar el cuerpo de Jacobo.
Su nombre fue entonces añadido a los cientos de miles de muertos, era el único mexicano que había sido deglutido por aquella ola ruin que depredó zonas completas de Indonesia, Tailandia, Sri Lanka, India, Bangladesh, Burma, Malasia, Islas Maldivas, Somalia, Kenia, Tanzania y las Islas Seychelles.
Del mapa se borraron islas y playas, numerosas poblaciones quedaron sumergidas en densas capas de lodo y agua. Al paso de las semanas, más de trescientos mil muertos fueron contabilizados.
En zonas como Phi Phi, una minúscula isla en la costa suroeste de Tailandia que no rebasa los 28 kilómetros cuadrados de superficie total y cuya población flotante alcanzaba entonces su nivel más alto de la historia, doce mil personas, más de la mitad de los turistas y pobladores se reportaron desaparecidos.
A un año de distancia, Karen cuenta públicamente, por vez primera, la magnitud de su infortunio. Aún hoy, a ella la pasma el milagro de estar viva. Karen no sobrevivió, como tantos otros, porque haya estado en las alturas de una colina, buceando en mar abierto o en el acogedor arrullo de un barco en altamar, donde las olas, paradójicamente, fueron imperceptibles. Fue revolcada, herida, casi succionada por el mar y, pese a todas las adversidades de esta tragedia colectiva, ella vivió para contarlo.
"Hay quien dice, señala, que soy un milagro viviente, que volví a nacer. Quizá es cierto. Mi vida cambió para siempre. Ya no soy la niña que fui, he sido tan fuerte que ni yo misma me reconozco. No soporto que nadie me tenga lástima. Sé que otros que pasaron por lo mismo que yo, se quedaron en el camino y murieron. No sé por qué me tocó a mí sobrevivir, pero he decidido agarrarme fuertemente de la vida. Seguramente aún tengo algo importante que hacer, y lo haré".
ESQUINAS CIEGAS DEL DESTINO
La historia de Karen Michan está abismalmente separada por un antes y un después. A los 19 años, en la boda de su hermano, conoció a Jacobo Hassan. No fue amor a primera vista, tardaría en aceptar sus llamadas, pero una vez que salió con él, se enamoró de su capacidad de reírse hasta de sí mismo.
A los tres meses de noviazgo, en septiembre del 2003, mirando un partido de fútbol americano, él le propuso matrimonio. Dudando que pudiera ser una broma, ella vacilante aceptó.
Planearon la boda para el 27 de noviembre del 2004, sin embargo, esa fecha resultó inoportuna, se casaba un familiar cercano. Así empezaron a concatenarse los eslabones fatales que los condenarían a estar en Phi Phi, como una cita señalada, el día y la hora de la adversidad.
La boda fue reprogramada para el 4 de diciembre. Guillermo, un agente de viajes que prometía hacer lunas de miel inolvidables a precios de ganga, les aconsejó viajar a Oriente. Incluyó en el itinerario San Francisco, Hong Kong, Shangai, Bangkok, Phuket, Phi Phi, Singapur, Kuala Lumpur y Bali.
Casi todos los nombres les resultaban exóticos, desconocidos. Sobre todo la isla de Phi Phi, que luego sabrían que su popularidad reciente obedecía a que Leonardo di Caprio, ídolo de jovencitas, filmó ahí en el 2000 la película "La Playa", donde Richard, un mochilero americano, descubría ese paraíso en la tierra: playa perfecta, virgen e inaccesible.
Más de un amigo, incluyendo a Isaac el hermano de Karen, les aconsejó que no pernoctaran en Phi Phi, si acaso podían visitar la isla en un ferry desde Phuket. "Ahí no hay nada, es tan virgen que con un día de sol y playa basta; mejor aprovechen sus días en otros lados", les decían. Ninguno de los dos quiso escuchar. Cuando Karen y Jacobo supieron que era el escenario de "La Playa", se convencieron que en ese idilio paradisíaco querían pasar dos o tres días de inolvidable romance. Como no les interesaban los deportes acuáticos ni los arrecifes de coral, sería el toque de luz de su luna de miel.
Ella cursaba el tercer semestre de la carrera de comunicación, tenía 20 años. Él, siete años mayor que ella, se esforzaba por sacar adelante su pequeño negocio de computadoras. Forjado a la vieja usanza, insistía que la mantendría para siempre. Si ella quería trabajar, sería sólo para pagar "sus caprichos". En esa "página anterior", las aspiraciones de Karen eran llanas: sólo amarlo, hacerlo feliz. Todo miel sobre hojuelas.
Antes de la boda, ella y Jacobo contrataron a un fotógrafo para conservar sus últimas sonrisas de soltería. Acordaron vestirse igualitos: con jeans y camisa blanca. Tomados de la mano en un parque de las Lomas de Chapultepec, se besaron entre el verdor de los árboles, se arrullaron en un puente colgante, y como niños, se treparon en aros y resbaladillas.
La imagen que más les gustó de entre todas las del amplio estudio fotográfico, decoró la entrada al Salón de Fiestas donde se festejó la boda. Paradójicamente, tres semanas después, a partir del día 27 de diciembre, sería la misma fotografía que Karen colocaría en todas las paredes posibles de Phuket con el fin de pedir informes del paradero de Jacobo.
Como una metáfora maltrecha, esa imagen –Jacobo sonriendo distante, sentado en un vulnerable columpio, apenas suspendido por frágiles eslabones; Karen de pie, bien fincada sobre la tierra, su mirada de frente, sus brazos rodeando a Jacobo como si pudiera mantenerlo eternamente cerca–, sería la que daría la vuelta al globo en noticieros televisivos de CNN o en las portadas de los principales periódicos del mundo. Desde Estados Unidos y Alemania, hasta Argentina e Israel, incluyendo los periódicos mexicanos del Grupo Reforma, se destacaba esa fotografía con el fin de dar rostro a las víctimas del tsunami.
A medida que pasaron los días, muchos alrededor del mundo se congraciaron con la tragedia de esta joven pareja. Rogaban que un milagro mantuviera también a Jacobo con vida.
Continuará...
Fuente: Reforma.com
Comentario:
Hola, antes que nada, un agradeciemiento especial a Karen Michan por compartir estos momentos tan dificiles y tan dolorosos para ella, a Silvia por la manera respetuosa y digna con la que se comporto con Karen .
Se que un dia, tu Karen volveras a ver a Jacobo y el te hara sentir todo lo que tu haz hecho por el, y no sabemos donde y cuando sera tu tarea asignada, lo que si se es que lo que sea lo haras con todo el amor y la fuerza con la que hoy estas saliendo adelante, creeme que Jacobo este donde este es el ser mas orgulloso de no haberse equivocado en la gran eleccion que hizo contigo... no me keda mas que expresarte mi orgullo y mi deseo de pronto seas una mujer plena, viva, feliz y realizada, agredecida con Dios por la nueva oportunidad de estar aki con tu familia .
Y gracias por estar con Jacobo, la persona que mas te necesito y te amo en el momento justo.....
Se que un dia, tu Karen volveras a ver a Jacobo y el te hara sentir todo lo que tu haz hecho por el, y no sabemos donde y cuando sera tu tarea asignada, lo que si se es que lo que sea lo haras con todo el amor y la fuerza con la que hoy estas saliendo adelante, creeme que Jacobo este donde este es el ser mas orgulloso de no haberse equivocado en la gran eleccion que hizo contigo... no me keda mas que expresarte mi orgullo y mi deseo de pronto seas una mujer plena, viva, feliz y realizada, agredecida con Dios por la nueva oportunidad de estar aki con tu familia .
Y gracias por estar con Jacobo, la persona que mas te necesito y te amo en el momento justo.....
Comentario:
exelente, me gustaria que; me escribieras para terminarla, nunca haablo con nadie por la red, ni escribo exepto a mi mejor amiga pero estoy sentada trabajando y buscando la biografia de un autor que necesito de repente aparece tu relato y me fue inevitable leerlo. gracias.
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Me quede en suspenso, excelente relato!