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Sin membretes
Sinsentidos y demás parientes
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Para sentirnos menos solos
Sindicación
 
Inventario de recuerdos y articulos personales
Miro a mi alrededor. Veo cosas que llenan las paredes, las mesilla, los cajones.
Lo que cubre el suelo son pelusas.
Veo fotos que son mas que 10x15cm, libros que no solo son de tapa dura y cantos reforzados, sabanas con mas de 80% de algodon.
Tambien veo un vaso de pinta y una caja de cereales.
Hay cosas que son solo cosas.

En poco tiempo cambiare de latitud. Algun extraño, maldito sea, dormira en mi cama, pisara mis pasos y correra las cortinas para mirar al gris de alla fuera. Ladron, ignorante, canalla. Me robara sin apenas disfrutar de su botin. Y los policias dormitaran bajo sus cascos, ajenos a semejante ultranza. Habra vacios legales, abogados corruptos, jueces oscuros. Enfundados en sus tunicas negras me compadeceran con la mirada. No habra nada que hacer. Lo se.

Solo queda recordar y escribir antes de que sea demasiado tarde.

Cuando paseando por las calles de Ikley con el bueno de Carlos vimos aquella libreria, enseguida pensamos en que seria un buen lugar para calentarse un poco. Que frio hacia aquel dia de noviembre. Mientras comenzabamos a sentir de nuevo la sangre irrigando los pies, me tope con un beso familiar. Era un cuaderno de Robert Doisneau, el fotografo que retrato el blanco y el negro de un Paris en la postguerra. Cinco pounds me parecio una ganga por semejante coleccion.
Desde entonces, esas imagenes cuelgan de la pared. El carrusel parece a veces girar bajo la lluvia, la torre Eiffel alguna vez salio disparada hacia el techo, como un cohete y cuando sopla el viento, un humo negro llena la habitacion. Deberia recortar esa chimenea.

Tambien tengo una foto de mi familia, que he de reconocer, tuvo que mandar mi padre porque no se me habia ocurrido traer ninguna.
"Para que te acuerdes un poco de nosotros, hijo".
A todos los campamentos de verano me llevaba una foto de escena campestre de los Sanchez . La familia al completo sonreia entre las hierbas de un prado. Mi hermano lloraba, cada uno en su papel. Al menos la miraba con cierta añoranza las primeras noches, pero aqui ni eso. No se que me ha pasado. Sera que me he hecho mayor.

Me queda un tenedor y un cuchillo. Este ultimo lo tuve que coger del hueco entre la cocina y el fregadero. No reproducire los espantos que sufri durante el viaje de mi brazo hacia el lugar mas recondito de la geografia inglesa. Decir que lo dificil no fue llegar sino arrancar el sufrido cuchillo del sustrato grasiento donde reposaba. Mas tarde y un poco mas calmado me comento que habia estado a punto de dejarse morir, estos jovenes de ahora no aguantan nada.

Tenia tres platos. Hace unos cuantos meses se rompio el ultimo. "Para lo que queda" pense. Ya puestos podia haber pensado tambien en lo dificil que es comerse una pizza en un bowl.
Lo de los vasos es otra historia, yo juraria que tenia seis. Y me queda uno. Ahora sospecho de todos mis compañeros de piso. Tienen algo de misterioso en la mirada.

Hay cosas que cuentan otras historias. La Pastilla de Jabon, la unica que hubo y habra, dice poco de mis habitos de higiene personal. La toalla colgada en la puerta del armario me recuerda que no hubo percha adhesiva en todo el supermercado que aguantara su peso cuando estaba mojada.

Hay apuntes desordenados encima de la mesa, jarabe para la tos, una poesia, un jardin impresionista, la lista de los verbos irregulares.
Tengo sucios los cristales de las gafas.
Los cables se entrelazan en el suelo, el lavabo se lleva las ultimas pompas de suciedad, el flexo zumba como una abeja.
Si apago la luz puedo oir sirenas de policia, el rumor de la television, un portazo, el agua de la ducha.

Me pregunto donde quedara todo esto una vez que me vaya.

"Querido nuevo inquilino,

Decirte que aunque no me hace mucha gracia que vayas a ocupar mi lugar, ya estoy resignado.
El lavabo de la habitacion gotea, bueno, en realidad chorrea. Asegurate de cerrar con fuerza el grifo del agua caliente o no podras pegar ojo en toda la noche.
Probablemente te preguntaras por que la ducha te llega a la altura de la barbilla. Yo tambien lo hago. Circulan muchas hipotesis por el piso, pero de momento sigue siendo un enigma. Los mas se inclinan por la arquitectura modernista.
En la casa de enfrente vive un señora que esta loca. Suele salir en su camison al portal y vocifera sin parar. Te animo a que intentes descifrar lo que dice. Su marido, cuando no aguanta mas, se mete en el coche, cierra los pestillos y pone musica de Queen a todo volumen. Encontraras peculiar el cannon de entre la voz de la mujer y la de Fredy Mercury, a veces incluso suena ritmico.

Te dejo la planta, creo que no resistiria el viaje en la bodega del avion. Dejala en la repisa de la ventana, riegala dos veces al dia, pero sin pasarte, no la vayas a ahogar.

Tambien te dejo los recuerdos de mi ultimo año en Leeds. Estan por todas partes. No se ven, pero creeme, estan. Si abres la ventana, dejaran de flotar en el aire y se agarraran a las sillas, al suelo, a la cama. No forzejees, son un poco tozudos pero con el tiempo sabran que sus dias se acabaron y se marcharan sin hacer ruido. Y mientras, tu vida se ira adueñando poco a poco de la habitacion. Hasta que llegue junio. Entonces comprenderas a este tipo melancolico que te escribe una carta sin esperar respuesta.

Disfruta de tu estancia,
un saludo

Guzmán"
 
En contruccion
Me veo obligado a pedir disculpas a todos los que pasais por este blog ultimamente y no veis ningun movimiento en el.
Ocurre que uno tiene unos cuantos examenes y la inspiracion resulta dificil de encontrar en los libros de bioquimica. Especialmente cuando estudias la enzima hipoxantina-guanina-fosforribosil-transferasa (HGPRT para los amigos) y el sindrome asociado a ella, una deficiencia neurologica que lleva a los pacientes a automutilarse. Literalmente se comen los dedos.
Si despues de esta demostracion de mal gusto pensais en no visitar este blog polvoriento por algun tiempo sois bienvenidos, por lo menos en una semanita hasta que acabe los examenes.
Senioras y caballeros, gracias por su paciencia.
 
Inventario de lugares propicios al amor


Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.

Angel Gonzalez

 
Se acerca el momento...
La tormenta pronto dejara de rugir. Y esos truenos se dirigen hacia el sur, muy lejos de aquí.

Cambiaré de paisajes y gentes, de rincones y camas, de humos y serpientes, de besos y miradas.

Entonces...
Agarraré con fuerza el pomo de la puerta,
aspiraré de nuevo el aire estanco de las fiestas,
dejaré a un lado las maletas,
besaré el cielo que me aplasta,
oiré el crujir de aquella verja,
y cerraré al fin pero sin pausa.