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Sin membretes
Sinsentidos y demás parientes
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Para sentirnos menos solos
Sindicación
 
Juana Urbina Durán
Ni siquiera corría una leve brisa aquella mañana de calor sofocante en el puerto de Moyogalpa (Isla de Ometepe). Intentaba alejar de mi cara a los zancudos del mediodía abanicándome con una revista de programación televisiva. En el canal 7 había Noche de Novelas. Las familias de la isla se concentrarían a la caida del sol frente a un televisor alimentado por batería para sumergirse en el intrincado drama que les quita el sueño desde hace tantas semanas. Podemos elegir entre "El color del Pecado", "Te Voy a Enseñar a Querer", "Estrambótica Anastasia" o "La Esposa Virgen".

Aún quedaban unas horas para la tarde cuando descubrí a una mujer que se deslizaba por la calle como un ánima desorientada. Avanzaba unos pasos para rebuscar entre los montones de cajas donde se dejaban pudrir los peces descartados de la faena. Se sentaba en las grandes sogas que amarraban las barcazas a contemplar atónita el movimiento de gentes y mercancías. Miraba hacia las copas de los árboles señalando a las ardillas con sus dedos callosos. A veces se incorporaba con una decisión insólita y salía andando hacia el bordillo de enfrente donde volvía reposar con expresión satisfecha. Cerraba los ojos a intervalos quedándose traspuesta sobre la verja del muelle. Y volvía a despertar de súbito cuando alguien pasaba a su lado.

Fue en uno de esos tétricos paseos cuando sus ojos hundidos se cruzaron con los míos que la observaban desde la sombra de una terraza. Entonces dirigió sus pasos de marioneta hacia donde me encontraba, balanceando el vientre hinchado como un barco a la deriva.
Y se detuvo frente a mi con su presencia de otro mundo, articulando un saludo abrupto y cortés.
¿Es usted de aquí?- le pregunté.
Un día estoy aquí, otro día estoy allá. Voy a donde mis piernas me lleven- respondió.
¿Me puede decir su nombre?
Me llamo Juana Urbina Durán.

Tras tomar la fotografía se alejó complacida con 2 pesos nicaragüenses en la mano, atravesando desorientada el aire polvoriento, suspirando con tanta intensidad que la vida parecía escaparsele poco a poco a través de esa sonrisa desdentada.