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Hombres Púa - Rap Gordo
Sala Caracol, Madrid, 27/06/09

No es habitual que en un concierto de rap, de rap gordo como este, haya tanta niña mona y tanta gafa de pasta y flequillo en oblicuo. No se sabe si un público tan extraño para un concierto de Hombres Púa se justificaba por los solventes y estéticos poperos Supersubmarina, que hicieron de teloneros y pudieron entonces atraer a la madrileña Caracol a muchos jóvenes ajenos al rap, o por la campaña de marketing lanzada vía web 2.0 por J. Pax y compañía.

Este es el último concierto de la Púa, propagaban vía mail y Facebook (puro marketing viral, amateur, muy amateur, pero marketing viral). Fuere como fuere, el caso es que la Caracol estaba decentemente llena y con gentes de muy variada condición. Un punto a favor del retorno del trío Hombres Púa, después de tirarse más de un año sin hacer saltar un escenario. Y lo hicieron estallar.



Para los que les habían visto ya, el concierto sirvió para confirmar la progresión de un trío de amiguetes que ya son un grupo de rap. Y para los que no les conocían, los que no habían bajado su maqueta de Internet o no son amigos de un colega del primo de Yeah, o de Krujel, o de Páxtor, este concierto les descubrió a un grupo que, con la debida promoción, bien podrían hacer algo en el mundillo.

Sobrados son los ejemplos que me vienen a la cabeza de tipos que viven de esto y no hacen nada nuevo, atrapados como están por un flow monótono y que sirve, pero no para siempre. Y eso lo sabe la Púa, con Pax a la cabeza. El hip hop español peca de estático, de bases demasiado parecidas y flows en exceso lineales. Kase O abrió el camino, y nadie parece haberle seguido. La métrica cuidada de Tote, la gracia de SFDK o La Excepción, el tirón de La Mala… pero todos tienen algo en común: son más de lo mismo. Y eso no pasa con la Púa.

Hombres Púa te pueden tocar un reggaeton, redondeando las vocales y cambiando de flow. Puede también sorprenderte con una balada, “porque los raperos también lloramos”, que proclama el showman J. Pax. Y pueden incluso darle la vuelta a un tema de su primera maqueta, Escuela de Rap, cambiándole el ritmo y la base, acelerándola hasta el infinito, hasta desafiar las leyes de la física pues parece imposible llegar a decir algo hablando tan rápido, consiguiendo que lo que antes era un tema más de su primera maqueta ahora sea un temazo destinado a levantar brazos y llenar el ambiente de oes en señal de asombro.

Porque Pax asombra, se mete al público en el bolsillo ayudado por la energía del fino Yeah y la inmensa presencia del hiperactivo Krujel. Porque la Púa busca la risa y la participación del público, se atreve con todo y contra todos y no deja a nadie indiferente. Y hace que te desternilles con su rebuscada ironía y la vuelta de tuerca siempre palpitante en el siguiente verso.

Porque sí, es rap español, pero no es más de lo mismo. Porque con dos maquetas rulando por ahí y una tercera en camino, componiendo vía modem desde Bucarest hasta Madrid, Hombres Púa se merecen una oportunidad. Porque nadie se jacta de ser “los Manowar del rap” y nadie se sube a rimar con una camiseta de los In Flames. Porque Rastas y Flequillos ya es un himno, como también lo es Querernos es Amarnos. Porque oirás distintos flows provenientes de una misma garganta, y porque bailarás al son de los diabólicos versos de Páxtor y de los scratches de Yeah, por todo eso y más, Hombres Púa siguen haciendo lo único que saben hacer: rap gordo, aclamado por grupies y amigos, pero también por poperos que nunca creyeron que el rap podría hacerles reír, bailar y mirarse diciendo “pues esto del rap está bastante bien”.



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Julepe
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Un pequeño milagro: Beirut
Beirut es el nombre bajo el cual el joven músico de 21 años Zach Condon, nacido en Nuevo México, publica sus trabajos artísticos.

Su primer álbum oficial bajo el nombre de Beirut fue editado gracias a la colaboración de Jeremy Barnes (Neutral Milk Hotel, A Hawk and a Hacksaw) y Heather Trost (A Hawk and a Hacksaw), en el cual combina elementos y sonidos de la música folk y, especialmente, de la proveniente de la Europa del Este.



A pesar de su juventud, Condon ya había editado anteriormente algunos trabajos bajo el nombre de ‘The Real People’ cuando tenía solamente 15 años, bajo una faceta de electrónica lo-fi (similar al estilo del tema de Beirut ‘Scenic World’ del álbum ‘Gulag Orkestar’).

En 2006, ya con el nombre de Beirut edita dos grabaciones de inspiración balcánica en la discográfica Ba Da Bing, ‘Gulag Orkestar’ (su primer álbum) y ‘Lon Gisland’.

Os dejo mi tema preferido, aunque ha sido difícil escogerlo, todos son un pequeño milagro...



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Cat Power: estado hipnótico permanente...
Cat Power es el nombre artístico de la cantautora estadounidense Charlyn "Chan" Marshall. Su música reciente puede ser adscrita al country alternativo, aunque ésta es especialmente minimalista y se ha caracterizado por explorar muchos géneros y estilos a través de su ya larga carrera. Su último disco Jukebox (2008) es una de esas pequeñas obras de arte...



Su voz es especial, íntima, te llega y te la regala al mismo tiempo que toca el piano o la guitarra. Es una de las mejores artistas a la hora de versionar. Los viejos temas de otros cantantes te sonarán totalmente distintos en su garganta y no menos auténticos, desde luego.

En un blog la describían así y yo... no he encontrado mejor forma de hacerlo así que os copio el párrafo:

Melómanos patológicos, coleccionistas compulsivos de discos, friks incorregibles que se hacen llamar ‘críticos de rock’… todos, aunque nunca lo parezca, tienen sus propias historias de amor. Lo curioso es que últimamente, unos 10 o 15 años, todas involucran de una u otra manera a la misma persona. Chan Marshall, factótum de esa entrañable contradicción llamada Cat Power, es la musa perfecta de los que no tienen nada que perder. Y de los buenos perdedores.

Enamórate de ella con Metal Heart por ejemplo...

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Playing for change: la música hecha magia
Playing For Change es un “movimiento multimedia creado para, conectar y conseguir la paz en el mundo a través de la música“.
También es el título de un documental de Mark Johnson sobre los músicos callejeros en EE.UU, estrenado en el Festival de Sundance en 2003.

El documental ha llevado 10 años de trabajo y en los temas han participado 100 músicos de todo el mundo. Es sólo uno de los pequeños milagros que ha obrado el productor de California. Su motivación fue –y es- la creencia de que unas notas "nos pueden inspirar para crear un mundo mejor y superar nuestras diferencias".

Desde entonces, este joven emprendedor ha viajado por cuatro continentes capturando las voces e instrumentos de grandes talentos ocultos, como los de Sinamusa, un coro sudafricano con "mucho feeling" o Rajhesh Vaidya, un indio que toca la vina, una mezcla entre el sitar y la guitarra, el artefacto "más raro e increíble del mundo".

El primer éxito de esta arriesgada aventura fue el lanzamiento mundial del vídeo de Stand by me, que comenzó cantando el ya fallecido Roger Ridley en las aceras de Santa Mónica y continuó por varios países.

Bono, de U2, y Manu Chao, entre otras estrellas, han querido poner su nombre en esto, "encajó con su personalidad y también con su estilo", explica Johnson, que ha visitado Madrid con motivo de la publicación de un álbum con diez temas interpretados por esta pléyade de no profesionales.

Os dejo con Stand by me, que más increíble no puede ser :)

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Una buena y otra no tan buena...

La buena es que quedan dos conciertos y de los buenos. La mala, que el Festival de la Guitarra de Madrid se ha visto obligado a cancelar casi todos los conciertos programados para este mes de junio dejando a los por lo visto pocos fans del instrumento más popular del mundo sin la oportunidad de seguir viendo a los mejores.

Pero como tampoco hay que deprimirse, quedémonos con lo bueno. Y lo bueno se llama Manuel Barrueco, que tocó este fin de semana, David Russell, que toca este jueves día once y festivo y, de momento, si nada lo tuerce, Joao Gilberto, que se mantiene en pie para el día 18 de julio.

El concierto de Manuel Barrueco es muy difícil de analizar sin ser un experto. Analicémoslo, pues, como absolutos profanos en la materia de la guitarra clásica. Entonces sí, diremos que alucinamos en colores- aunque no pegue con el estilo de música ni con su autor - y que ciertamente, un recital de guitarra clásica es una experiencia que todo el mundo, expertos y profanos, hombre y mujeres, niños y niñas deben ver una vez en la vida.

Esos sonidos, esa ejecución, ese tempo y esas piezas clásicas son música celestial, se entienda o no se entienda de música. Así pues, ahí va un consejo: déjense caer por el Auditorio Nacional este jueves 11 de julio a las 22:30. Ya no podrán ver a Manuel Barrueco, pero estará otro grande: David Russell. No digan que no les advertimos porque se perderían algo como esto...

 
El dilema Bonamassa: ¿Admiración o envidia?
Joe Bonamassa despierta admiración y envidia en igual proporción. Bueno, esto no es del todo cierto. Despierta más envidia, y de la mala, que admiración, pero debemos ser políticamente correctos. Anoche el norteamericano se pas(e)ó con su cuarteto por Madrid, por la Sala Heineken dentro de ese Festival de la Guitarra de Madrid que es un regalo, y la verdad, a más de uno y de cien les puso de mal humor (del bueno, claro) su maestría con la guitarra.

Había ambientillo y ganas de ver al guitarrista que todos comparan con Clapton y que casi nadie conoce, en principio, porque el blues interesa poco o muy poco por estos lares. Quizá por este mismo hecho, los presentes eran fieles, y el ambiente, el de gala.


Así las cosas, la noche sólo podía arrancar con una salida estelar. A lomos de una guitarra con dos mástiles, ingobernable para cualquiera que no sea Joe Bonamassa, se planta en el medio democrático, ni para ti ni para mí, y da inicio un concierto que, sin prisa pero sin pausa, te darán de golpe con la realidad de ese blues, ese rock que has escuchado mil veces y que anoche te sonó como la primera.

Mientras van desfilando las guitarras por el escenario –es bien sabido que su faceta de coleccionista- se suceden los estilos. Siempre sobre una base blues, el rock, el hard rock, el pop, los sonidos étnicos, desde celtas hasta árabes, o el estilo que se le antoje que para eso estamos ante Joe Bonamassa, tienen cabida en sus temas.

Sobre su manera de tocar hay poco que descubrir. Está en un hipotético top tres mundial, en la Champions League del guitarreo, seguramente por encima del otro gran bluesman del festival, el galés Gary Moore, porque su manera de transmitir, de conectar melódicamente con el público, es más elegante, más sutil, más comedidamente salvaje.


A lo largo de la noche hubo dos grandes ‘momentos Bonamassa’, dos momentos estelares dignos de reseña. El primero tuvo lugar cuando decidió quedarsese sólo ante el peligro con una guitarra acústica bien country. Ahí fue cuando empezó a galopar, a galopar hasta repasar todos los ejercicios que caben en el manual del maestro guitarrista y demostrar que un sólo hombre armado con una guitarra puede funcionar como una big band. Sólo, claro está, hay que saber cómo.

El otro gran ‘momento Bonamassa’ poco tuvo que ver con su guitarra. Como quien quiere reivindicar que su arte no está solamente en esas manos rápidas, forastero, Joe Bonamassa mandó callar al público con el dedo índice y se arrancó a cantar a capella una especie de gospel que despertó a los espíritus del blues para convocarlos al fin del concierto.

Así, todos reunidos, llegó el tiempo para generosidades en forma de sólo de teclado, presentación de la banda y remate final. Un ‘váyanse todos a sus casas’ a pensar porqué Joe Bonamassa es simplemente tan perfecto. Y porqué para el resto de los mortales, en nuestra tremenda soledad, poner un acorde de fa en la guitarra puede parecernos la más increíble de las aventuras. Dilema resuelto: pura envidia, y de la mala.

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Joe Bonamassa, doble o nada en Madrid


El blues está de enhorabuena en Madrid. Después del paso triunfal del veterano Gary Moore por la capital, esta semana (martes día 2 en la Sala Heineken de Madrid), le toca el turno al ‘novel’ Joe Bonamassa, gentileza, cómo no, del Festival de la Guitarra de la capital.

Joe Bonamassa tiene ante sí un reto de envergadura: demostrarle a Gary Moore y al resto de bluesmen que los jóvenes tienen mucho que decir en este estilo. El galés dijo en la presentación de su concierto madrileño que los nuevos guitarristas no inventaban nada. Por ello, y por su polémica personal, la cita de Madrid será un doble o nada para Bonamassa que deberá demostrarle al maestro que la verdad absoluta no es suya, ni mucho menos.

A Bonamassa se le ha criticado por todo. Por fundir el blues con otros estilos, por ser joven, por estar gordo y hasta por tener un apellido impronunciable. Con todo, Joe ha seguido a lo suyo y a pesar de que los grandes premios, junto a los tótems, le han dado la espalda sistemáticamente, ha conseguido hacerse con un nombre… muy respetado.

Tanto es así que su agenda se aprieta para la presentación de su último disco, The Balad of John Henry. Sin duda, la cita madrileña debe estar marcada en la agenda de todos los amantes de la guitarra. Es el momento para disfrutar de un estilo inconfundible que como en directo no se disfruta en ningún lado, ni siquiera en los discos.

Si os lo váis a perder, por lo menos sabed qué estáis dejando de lado: mirad a Bonamassa tocando el tema que da título a su último trabajo. Sin palabras...