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El dilema Bonamassa: ¿Admiración o envidia?
Joe Bonamassa despierta admiración y envidia en igual proporción. Bueno, esto no es del todo cierto. Despierta más envidia, y de la mala, que admiración, pero debemos ser políticamente correctos. Anoche el norteamericano se pas(e)ó con su cuarteto por Madrid, por la Sala Heineken dentro de ese Festival de la Guitarra de Madrid que es un regalo, y la verdad, a más de uno y de cien les puso de mal humor (del bueno, claro) su maestría con la guitarra.

Había ambientillo y ganas de ver al guitarrista que todos comparan con Clapton y que casi nadie conoce, en principio, porque el blues interesa poco o muy poco por estos lares. Quizá por este mismo hecho, los presentes eran fieles, y el ambiente, el de gala.


Así las cosas, la noche sólo podía arrancar con una salida estelar. A lomos de una guitarra con dos mástiles, ingobernable para cualquiera que no sea Joe Bonamassa, se planta en el medio democrático, ni para ti ni para mí, y da inicio un concierto que, sin prisa pero sin pausa, te darán de golpe con la realidad de ese blues, ese rock que has escuchado mil veces y que anoche te sonó como la primera.

Mientras van desfilando las guitarras por el escenario –es bien sabido que su faceta de coleccionista- se suceden los estilos. Siempre sobre una base blues, el rock, el hard rock, el pop, los sonidos étnicos, desde celtas hasta árabes, o el estilo que se le antoje que para eso estamos ante Joe Bonamassa, tienen cabida en sus temas.

Sobre su manera de tocar hay poco que descubrir. Está en un hipotético top tres mundial, en la Champions League del guitarreo, seguramente por encima del otro gran bluesman del festival, el galés Gary Moore, porque su manera de transmitir, de conectar melódicamente con el público, es más elegante, más sutil, más comedidamente salvaje.


A lo largo de la noche hubo dos grandes ‘momentos Bonamassa’, dos momentos estelares dignos de reseña. El primero tuvo lugar cuando decidió quedarsese sólo ante el peligro con una guitarra acústica bien country. Ahí fue cuando empezó a galopar, a galopar hasta repasar todos los ejercicios que caben en el manual del maestro guitarrista y demostrar que un sólo hombre armado con una guitarra puede funcionar como una big band. Sólo, claro está, hay que saber cómo.

El otro gran ‘momento Bonamassa’ poco tuvo que ver con su guitarra. Como quien quiere reivindicar que su arte no está solamente en esas manos rápidas, forastero, Joe Bonamassa mandó callar al público con el dedo índice y se arrancó a cantar a capella una especie de gospel que despertó a los espíritus del blues para convocarlos al fin del concierto.

Así, todos reunidos, llegó el tiempo para generosidades en forma de sólo de teclado, presentación de la banda y remate final. Un ‘váyanse todos a sus casas’ a pensar porqué Joe Bonamassa es simplemente tan perfecto. Y porqué para el resto de los mortales, en nuestra tremenda soledad, poner un acorde de fa en la guitarra puede parecernos la más increíble de las aventuras. Dilema resuelto: pura envidia, y de la mala.

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Comentario:
Máquina total. Es cuestión de tiempo para alcanzar a los grandes que se citan arriba.
 
Comentario:
hOMBRE, DONDE ESTÉ ERIC CLAPTON, PUES ESO, PERO VAYA, SI BB KING LE DIO EL OK, SERÁ QUE ES BUENO...
 
Comentario:
Efectivamente, Bonamassa es un fenómeno, un máquina, una ametralladora del blues... Increíble fenómeno musical!!
No