Sumida en la inconciencia...te vi...
Sucedió en un día cualquiera, uno igual al anterior. Tú...yo...nuestro nido.
Era fin de semana...en primavera.
Nos despertó el sol, bastante elevado en el cielo. Tú corriste las cortinas...y todo comenzó: una luz intensa y vehemente, hirió mis ojos. Mi cabeza se sintió pesada, enorme. Casi no podía moverla sin que ese dolor intenso atacara.
Sólo en siluetas vi tu cuerpo que, aumentado contra el telón luminoso que ofrecía la ventana, se acercaba y se alejaba de mi.
Comencé entonces a perder las sensaciones, perder los sonidos...las manos.
Un silencio abrazador me dejó atrapada en la cama. Un silencio con dolor, que no me permitía abrir los ojos.
Mi cuerpo se hizo ligero y ya no te veía, no te oía, no te sentía.
Un estado febril hizo presa de mi y creo que hasta pude sentir cómo "algo" dentro de mi cuerpo se multiplicaba, me invadía y me ganaba.
Sentí fuego en mi cabeza y hielo en mis pies.
De pronto, floté en un espacio calmo, luminoso y multicolor. Mis ojos se abrían sólo para venir a buscar alguna imagen a la realidad, para atraparla y llevarla a ese espacio colorido, mezcla de dolor, fuego y silencio.
El hielo de mis pies, dolía. Las ropas de mi cama también dolían.
Y tú ahí...pero yo no te sentía. No en realidad...
En mi nube multicolor te soñaba...envolvías mis pies con grandes manos tibias y me quitabas ese dolor frío. ..atrapabas mis sienes con dedos de hielo y apagabas ese fuego en mi cabeza...con tus labios frescos humedecías mi boca ardiente y reseca...me envolvías amorfo y multicolor confundido en mi nube...y yo...casi insensible en ese sopor de inconciencia.
No se cuánto duró.
De pronto, un pinchazo en mi brazo, me recordó mi cuerpo. Un nuevo dolor se sumaba, pero desde mi escenario inconciente, intuí que era un dolor diferente...salvador.
Fue duro. Nunca antes había pasado, ni he vuelto a pasar, por tan extraño escenario de enfermedad.
Fue misterioso lo que sentí en esa "conciencia de fiebre" o esa semiconciencia de ese dolor generalizado del cual no tuve muy clara su topografía.
Más misteriosa fue aún, esa sensación de paz que sentí cuando por fin pude ver esos ojos claros que estaban frente a los míos...muy ...muy cerca...y esa boca deseada que se acercó aún más para decirme:..."te amo princesita"...y sólo eso veía...y sólo eso escuchaba...y me alegré de saber que ése era el remedio que necesitaba...tres veces al día...por el resto de mi vida.
***
Ahora, desde ese mismo refugio y asomada al mundo a través de esas mismas ventanas que pudieron verte entonces, recuerdo ese episodio...y me alegro de poder evocarlo.
Ahora, sólo quiero que estés siempre ahí "ojitos claros", con tu sonrisa coqueta y tu boca...para darme esa medicina salvadora...en todos y el último momento, muy, muy cerca mío...para repetirme "te amo princesita"...y me des paz...toda la paz que voy a necesitar entonces.
Por qué nacen mis recuerdos?...
Porque nuestra historia es mágica.
Porque llegaste a mi vida cuando ya no te esperaba.
Porque nuestro encuentro fue intenso...muy intenso.
Porque vivimos locura.
Porque se opuso el mundo entero.
Porque recobré mi vida, a pesar de eso.
Porque orbitaste mis días y me hiciste sentir "el centro".
Porque me llamaste "princesa".
Porque fuiste un atrevido.
Porque me robaste un beso.
Porque tomaste mi talle y fundiste nuestros cuerpos.
Porque invadiste mis sueños.
Porque volvió mi sonrisa.
Porque un día te perdí
y otro casi te pierdo.
Porque volviste a mi.
Porque han pasado los años y aún puedo sentir tu cuerpo.
Porque ese amor desenfrenado se ha vuelto un amor sereno.
Porque a veces las palabras, con los años se transforman en silencio.
Porque aún me seduce tu sonrisa.
Porque aún vibra por ti mi cuerpo.
Porque aún te encuentro bello.
Porque aún amo tus ojos con ese color intenso.
Tal vez quiero volver a la intensidad de otros tiempos.
Que los años no desgasten nuestro amor...
solamente nuestros cuerpos.
Mis recuerdos no son tristes...son nostalgias del recuerdo.
Temores...
Y mientras vivimos y hacemos nuestra historia día a día, yo simplemente te veo, te miro y simplemente recuerdo...recuerdo...
Hubo una vez una duda, un temor y una pena...y yo te escribí.
TE ESPERO
Qué hacer si ya no te encuentro?
Si ni siquiera te busco
y siento que no te tengo.
Qué pasa con nuestros sueños?
A dónde van las palabras,
las risas, las caricias y los besos?
Y nuestros cuerpos unidos?
Y esos secretos momentos?
Y ese sendero en la playa
que caminamos a oscuras:
¿será testigo en el tiempo
o se quedará esperando,
como yo,
ese soñado regreso?
Y qué haré del día y la noche?
Y cómo encontraré el sueño
para poder descansar,
poder, tal vez olvidar
y no morir en recuerdos?
O no quedarme despierta
sintiendo que aún te espero?
El sonido de palabras
se queda sólo en silencio
y mi vida transparente
se pone turbia de miedo
y mi mundo ya completo
queda vacío y sin tiempo.
...
Gracias a Dios, hemos vuelto a ese sendero en la playa y todo se ha transformado en recuerdo.
Era Yo una vez...
Hasta ayer. Desde hoy otra historia.
Te vi...te saludé...fuiste un ser encantador desde ese mismo instante. Mágico instante en nuestras vidas.
No pensé, no proyecté...sólo fui presencia, seducción, provocación.
No pensaste, no proyectaste, sólo sonreiste sensual y decidiste provocarme.
¿Por qué te volviste a mirarme así? ¿Por qué me volví yo?. Nos sorprendimos...atrevidos...y todo esto comenzó.
Recuerdo días de locura, encuentros al límite, sed, adicción a nuestros cuerpos, que jóvenes, respondían y alentaban nuestros deseos tan terrenos.
Fui feliz...muy feliz. Volvió la sensación visceral de antaño...volvió la adolescencia.
Nada nos ataba, nada lo impedía...y pudimos amarnos...amarnos incansablemente en el día, en la tarde, al despertar...era locura.
El relajo llegó a ser sólo la pausa que antecedía a un desenfrenado renacimiento.
Tiempo de tu piel y la mía, fundidas, ardientes; tiempo de palabras al oído, susurradas, atrevidas, insitantes; tiempo de tus manos y tus piernas y las mías enredadas, confundidas; tiempo sin tiempo, sin contexto...nuestro tiempo...
Que ya ha pasado. Ahora...lo recuerdo, lo revivo. Ya no somos los mismos.
De vez en cuando cierro mis ojos y comienzo a recorrer esos pasillos, bajo a ese subterráneo, vuelvo a esa playa, a esa alfombra en la penumbra, a esa sala de cocina...todos esos rincones en los que nos descubrimos y nos convertimos en uno...Y VUELVO A SER FELIZ.
Te vi...te saludé...fuiste un ser encantador desde ese mismo instante. Mágico instante en nuestras vidas.
No pensé, no proyecté...sólo fui presencia, seducción, provocación.
No pensaste, no proyectaste, sólo sonreiste sensual y decidiste provocarme.
¿Por qué te volviste a mirarme así? ¿Por qué me volví yo?. Nos sorprendimos...atrevidos...y todo esto comenzó.
Recuerdo días de locura, encuentros al límite, sed, adicción a nuestros cuerpos, que jóvenes, respondían y alentaban nuestros deseos tan terrenos.
Fui feliz...muy feliz. Volvió la sensación visceral de antaño...volvió la adolescencia.
Nada nos ataba, nada lo impedía...y pudimos amarnos...amarnos incansablemente en el día, en la tarde, al despertar...era locura.
El relajo llegó a ser sólo la pausa que antecedía a un desenfrenado renacimiento.
Tiempo de tu piel y la mía, fundidas, ardientes; tiempo de palabras al oído, susurradas, atrevidas, insitantes; tiempo de tus manos y tus piernas y las mías enredadas, confundidas; tiempo sin tiempo, sin contexto...nuestro tiempo...
Que ya ha pasado. Ahora...lo recuerdo, lo revivo. Ya no somos los mismos.
De vez en cuando cierro mis ojos y comienzo a recorrer esos pasillos, bajo a ese subterráneo, vuelvo a esa playa, a esa alfombra en la penumbra, a esa sala de cocina...todos esos rincones en los que nos descubrimos y nos convertimos en uno...Y VUELVO A SER FELIZ.