Regreso
Después de varios meses de ausencia, por motivos que no vienen al caso, retomo mi blog con ánimos nuevos, esperando quizá quedar constancia de una existencia, de la mía en este caso, y preguntándome al mismo tiempo si realmente existimos al margen de nuestros propios pasos, o si por el contrario lo único real o existente son las huellas que dejemos en el corazón de otros, que como yo, como nosotros, encuentran en este medio un camino para la evasión y para el autoreencuentro.
QUÉ HACER....

¿Qué hacer?
Qué hacer sino hundir los pies en la arena
y mojar los dedos dormidos.
Qué hacer sino tomar las piedras
y con caricias
arrojarlas al viento.
Y tenderse en la hierba
un sueño
mojado de río
esperando
esperando las realidades y los deseos
masticando prohibidos placeres
Trazando verdades sobre las dudas
Sonriendo al horizonte
Qué hacer sino amar
Qué hacer sino llorar una sonrisa
Qué hacer sino reír un llanto
Qué hacer sino vivir
contemplando el rojizo ocaso
como horizonte de libertad.
Buscando un verso I

Tuve un verso que perdí en el tiempo
entre brumas nocturnas y batir de alas.
Tuve palabras que se apagaron
oscuras sílabas que se llevó el viento
fonemas muertos por ciegas balas.
Tuve un verso que vivió en las sombras
que habitó en un sueño
que murió de hambre.
Tuve una pobre rima incierta
abortada en sus intentos
que perdió la voz y el metro
torciéndose como alambre.
Busco incansable la forma
atrapo al vuelo las ideas
acaricio las mareas
buceo bajo la norma.
Mas nunca encuentro la horma
que se adapte a mi medida
y sigo andando perdida
buscando el verso prohibido
entre memoria y olvido
entre la muerte y la vida.
Encuentros en la Red I

En un lugar de la red de cuyo nombre no quiero acordarme, encontré, hace algún tiempo, a un joven Elfo de luz, apuesto y arrogante, del tamaño de un humano y de tan incierta edad como todos los de su especie y rango.
Barajaba a placer el léxico de dos lenguas, especialmente en su monotema favorito; mentía como bellaco; bebía como cosaco; y emitía vibraciones tan confusas como las de todos los duendes, gnomos y diablillos que tal mundo habitan.
Era travieso y disponía de todo el poder que el uso de la palabra otorga a los seres invisibles, así como de la belleza iridiscente de lo intangible e inefable.
Se coló en mis noches como lo hacen los sueños más inesperados e inoportunos, robándome valiosas horas, de estudio, meditación y descanso, y jugando con ellas a reducirlas a la mínima expresión; a cambio de ello, me alejó paulatinamente del mundo de las sombras de dónde él mismo procedía. Sin darme cuenta abandoné los distintos canales de chat, los foros y hasta dejé de navegar por los océanos virtuales de lo desconocido, lo exótico o lo remoto.
Conocí su condición desde el primer instante, y desde el primer instante supe, que en cualquier momento dejaría de viajar por las distintas dimensiones y desaparecería de la misma manera en que había surgido de la nada en una de mis noches de insomnio y clarividencia.
Era listo, audaz, perspicaz y persistente; pero con todo ello, apenas llegó a sospechar que mi condición tampoco era totalmente humana.
Tuvo mi corazón entre sus manos, bajo su despreocupada custodia, durante todo un fin de semana, y sin embargo, su espíritu inquieto y su anhelo de reírse a costa de la ingenuidad de los hombres, no le permitieron darse cuenta de que el corazón que se le había encomendado pertenecía al alma niña de una poetisa, en crisis, pero poetisa a fin de cuentas, y que por tanto, conocedora de todos los recovecos de los sentimientos y pasiones, tanto humanos como divinos, había captado, asumido, y manipulado todos sus juegos desde el primer encuentro.
Aún ahora, después de habérselo repetido en distintas ocasiones y circunstancias, no consigue entender que se halla ante una de las Camenas, ante alguien que cada mañana bebe el agua de las mismas fuentes que protege, aguas con los poderes adivinatorios que la intuición otorga a quienes saben o sabemos jugar el juego de lo esotérico y misterioso.
Decía mi joven Elfo estar enamorado de mi interior, y sentía una morbosa curiosidad por mi exterior. Ni siquiera sospechaba lo difícil, lo prácticamente imposible de sus contactos, sexuales, o de cualquier otro tipo, con un ser de especie ajena a la suya, nunca se detuvo a observar el sinfín de tabúes que rodeaban a su raza y a la mía. No sabía que estaba condenado a relacionarse solamente con seres de su misma condición. Mi niño tonto, o my silly child, como con frecuencia lo llamaba en nuestras noches sin luna, mientras cabalgábamos por el ciberespacio, no se había dado cuenta de que su belleza era efímera, mientras que la mía perduraría por todos los siglos de mi existencia, precisamente porque no era perceptible a los sentidos físicos ni de humanos ni de otros seres, sino que estaba encerrada en el mismo corazón que él había abandonado al frío de las calles solitarias de su ciudad.
En este momento, soy yo quien tiene su corazón a mi cargo, acurrucado en mi lecho, recibiendo los rayos de sol de mediodía que entran por las ventanas de la vida, abiertas de par en par; aunque probablemente, de eso, tampoco se ha dado cuenta todavía.
Epílogo.
Efectivamente, ni siquiera te habías dado cuenta de que te alejabas dejando tu corazón a mi cargo y, evidentemente no quiero ni puedo ser responsable de él el resto de mis días, por tanto te lo devolví, como regalo de cumpleaños.... tus fuerzas eran ya tan escasas que ni siquiera hubo respuesta, quizá un adiós entre dientes y un beso entre labios. Y dejaste de viajar por las distintas dimensiones, desapareciendo de la misma manera en que habías surgido de la nada en una de mis noches de insomnio y clarividencia.
Adiós Elfo querido, fue todo un placer, pero allí donde el placer acaba, sólo queda el desasosiego y un enorme agujero en la memoria que ya nada puede llenar.
¿Sentir es vivir?
Solo dejándonos arrastrar al sentimiento puro podemos asegurarnos de estar vivos, pero ¿qué ocurre cuándo sentir nos da miedo? ¿Cómo saber entonces que no hemos muerto al menos en parte? ¿Merece la pena sentirnos vivos si el sentimiento sólo causa dolor?
Creo que me he levantado petarda esta mañana.
Creo que me he levantado petarda esta mañana.
Besos y flores
Supongo que llevo unos días con las flores mustias y los besos enquistados en algún lugar del alma. Se me han secado los labios y la piel, agrietada como tierra árida, duele...
Supongo que entendí que repetir el saludo cotidiano se convierte en un tópico irritante que acaba por no significar nada ni para quien lo pronuncia ni para quien lo recibe y se ve o no obligado a contestar, según su estado de ánimo o según su sentido de la diplomacia.
Supongo que ya no habrá más besos ni flores ni sobre la mesa del desayuno ni sobre la almohada. Pero tampoco despediddas. No me gustan.

Supongo que entendí que repetir el saludo cotidiano se convierte en un tópico irritante que acaba por no significar nada ni para quien lo pronuncia ni para quien lo recibe y se ve o no obligado a contestar, según su estado de ánimo o según su sentido de la diplomacia.
Supongo que ya no habrá más besos ni flores ni sobre la mesa del desayuno ni sobre la almohada. Pero tampoco despediddas. No me gustan.
