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hablandoconmigo
Relatos, cuentos, poemas, ideas, reflexiones, sueños o pesadillas...
Acerca de
A veces, escribir es una necesidad. Otras veces los dedos y la mente parecen atrofiarse, y enmudece el alma. Hay ocasiones en que el acto de escribir se convierte en algo tan íntimo que sentimos celos hasta del aire que rodea las páginas, y en otros casos, es tal la necesidad de comunicación que decidimos tenderlo todo en la azotea, para que todos los vientos esparzan cada letra, cada fonema, cada nota, cada verso y cada beso; algo así como si un día todas las tortugas del mundo decidiesen prescindir de su coraza y exponerse al sol, a la lluvia, a la noche a la voz de otros y otras. Algo así, como si ya nada importase lo suficiente como para mantenerlo en secreto, o como si importase tanto que no nos cupiese en el pecho. Mi blog será mi azotea.
Sindicación
 
Eurídice I
Y eres del Fuego
y de la NOCHE
y tragas a dentelladas de Alma
todo el Incienso
de un cabello
en oleajes salados.
Y sucumbes al beso
y te evaporas
y levitas como el humo
desvaneciéndote en lo incierto
de un DESTINO
Pero no eres AGUA
sino LUMBRE
en el VÓRTICE
de un ABRAZO.

Nunca fuiste AGUA.
Sólo INVIERNO.


 
Eurídice II
Se vertió mi viento
entre las espinas
de bocas áridas
y vibró la Tierra
en espasmos subcutáneos
de pieles recién cristalinas.

Por eso
derramo
el livor
de un abrazo
con ojos lodosos
de Mar humedecido.
 
Eurídice III
Eres la Tierra
en seísmos atroces
abriendo labios dentados
y vórtices de lengua
para succionar mi sangre
y
D
E
S
C
E
N
D
E
R
M
E

Eres Sierpe
agazapada y acechante
sigilosa y cauta
brindándome la MUERTE.

 
Eurídice IV
Pero no permitiré
que las Ménades
rasguen Mi PIEL
ni Mi VIENTO
impediré con mis versos
la disección de Mis MIEMBROS
por tus hambrientas secuaces
y levitaré sobre tu Infierno
de quimeras etílicas
hasta que mis pupilas alcancen
los LABIOS del UNIVERSO.
 
Eurídice V
NAUFRAGA ORFEO
y sumérgete
y bebe
y danza aguas turbulentas
bajo un hechizo selénico
mientras Eurídice
respira
las tinieblas eternas.

Y MASTICA cada hueso de sus bocas
recita tu carne, hecha de Fuegos
en tanto que nutres
Vientos obtusos
con miradas oblicuas de hambre
en algún rincón del Infierno
 
Cripta de aire 1
Te mostraré los Túmulos del Viento
donde yacían apenas
los besos nonatos
de un labio escarnecido.

Diseminaré tus pestañas
sobre losas enlodadas
de espanto y espinas
y paladearás el fétido color
de una runa prohibida.

Pero no rozarán tus uñas
los dedos de antaño
ni hablarás jamás mi piel
ajada
en otras vidas.
 
Cripta de aire 2
Lleno de Aire
exhibes piel y labios
derramando tus aguas tofanas
sobre el lamento de mis gatos.

Nadas entre dos ríos
ordeñando piedras
hasta llevarte mi arroyo
a tu molino.

Y después de
empozar mis lágrimas
te sumerges en Agua de Azahares
y rielas sobre Mares en Calma.

Y ahora
Te bañas en jugo de Rosas
rociando con lo Lustral del Agua
a tus víctimas sacrificadas
 
Cripta de aire 3
Con toda la saliva
que cabe en los versos.
Con todos los dientes
que le crecieron a un poema.
Con la lengua toda
que palpita en un silencio.
Con todas las palabras
pronunciadas por las piedras.
Con toda mi Agua.
Con la sangre toda
de mis venas.
Te transcribiré en sombras
para esculpir un Olvido
o te dibujaré en el Aire
con miradas lodosas
de Mar Humedecido.
 
Cripta de aire 4
El Aire brama
muerde segundos
devora horas.

Tu Sepulcro aguarda.
Tu féretro abre dientes
hambrientos.

Caminas ávido
hacia mi olvido
masticando cenizas
de muerte.

Y pronto yacerás
bajo la Tierra
para abonar mis lirios
y cipreses.

Porque brama el Aire
con gargantas áridas
devorando fechas
mientras siego mieses
y el tiempo te abraza
con garras de Sangre
masticando tus labios
con fonemas AUSENTES.


 
Cripta de Aire 5
Polvo al Polvo
Ceniza a las Cenizas
Aire al Aire

Pintar al Demonio
es darle vida.
Escribir una amistad
es engendrar
el Agua con una Luna.

Recitaré tu Olvido
y olvidaré tus versos.

Enterraré tu nombre
y serás Imagen
hueca
y sin Aliento.
 
Cripta de aire 6
Qué triste esa Luna descalza
caminando
sobre el fango metálico
de Noches Vacías.
Qué Inmensa esa Noche
sin Luna.
Qué neutra la vida
sin Viento.
Que Muerte
sin vida
tan fría.
Qué lejano el llanto
de gatos espumosos
llenando amaneceres hambrientos.
Qué largo el Camino
hacia el Túmulo exacto
en yermos Orcos
sin fuego
sin Ceniza.
Qué sorda la música
de estos versos.
Qué Muda...
Clama la Tierra
un Nombre.
Caminan unos Pies
CAMINAN.
Descalzos en el aire opaco
sin Horizonte
CAMINAN.
 
Cripta de aire 7
Eclipse de Viento
o tempestad callada
de ceniza inquieta
desmigajando
los
miembros
todos
de un Sueño
en arenas incorpóreas
o cuerpos virtuales
que pierden la Luz
cada vez que una Tormenta
bloquea la corriente
que engendra y alumbra
NO-REALIDAD
o apariencia de
VIDA
Pero las tempestades
no braman OCASOS
Ni palpitan crepúsculos
o sales agónicas.
Sino que vierten iracundas
un llanto metálico
de yemas y encías
mientras la Tierra
muerde uñas
y dientes
hasta morir de Aguas Ácidas
o POESÍA.
 
Cripta de Aire 8
No es fácil
que un hueco húmedo
de hilos obtusos
se disemine
sobre las espinas
VIVAS
de mamilarias florecidas.

Porque mil corazones acuosos
preñados de Primavera
habitan lo más Centro
lo más blando
de un esqueje
apenas
emancipado
sobre la tierra.
 
Cripta de aire 9
Cuándo
cuándo gritarás al fin
ese arroyo
que brama entre tus labios...
 
Cripta de Aire 10
Aunque la Tierra se vista de Luna
la carne de espinas
y el Alma de viento
jamás verteré mis Aguas
sobre ojos henchidos de odio
ni en pozos oscuros sin fondo.
Porque no florecen rosas
ALLÍ
en donde no penetran soles.
Ni cantan los pájaros
en donde nunca amanece.

Siempre tenderé abrazos
a los dedos dormidos.
aunque sea Olvido la Ausencia
y el Silencio sea Olvido
 
A LAS 11 BAJO EL RELOJ

Un mensaje en el contestador.
- Sonia. El sábado a las 11 te espero bajo el reloj de la iglesia. Eres mi gran amor.
Es domingo. Son las 11:30 de la noche del domingo y llego a casa después de una aburridísima cena familiar. Hoy ha sido la onomástica de la mamá de David. David es mi novio, bueno, al menos lo era hasta hace media hora. Siempre acabamos discutien-do después de cada una de esas cenas, ocurrió lo mismo en el cumpleaños de su pa-dre, en el aniversario de su hermana, en la última Nochebuena. Qué digo yo que para qué lo celebran todo en familia si al final, las reuniones sólo sirven para que cada oveja se quede sin pareja al menos por unas horas, o días, o..., bueno la última vez, David y yo nos quedamos desparejados tres meses, y de aquello hace ya otros tres. Quizá sea eso, ya iba tocando otra pelea. En fin, me voy a dormir.
Y ahora que lo pienso, quién será el memo ese del mensajito. Algún chalado.
Pero mira, pues nunca está de más saber que aún puedo encontrar sustituto si esto no se arregla. Pero es que David es tan calzonazos, si es que es una familia de locos. ¿Pues no pretendía su padre acompañar a su hermana y al novio en la luna de miel para enseñarle él mismo lo mejor de Alemania? Es que Ana es distinta, es más fuerte y al final, por las buenas o las malas consigue hacer entrar en razón a su progenitor. En cambio David... bufff, David sólo ve por los ojos de su mamá, y para colmo pretende que yo haga lo mismo. A veces creo que tiene el complejo de Edipo ese. Debería irme a dormir, pero estoy desvelada. Discutir me pone nerviosa. Quizá David me llame por teléfono para pedir disculpas. Se ha pasado diez pueblos diciéndome que debería aprender a ser una dama como su madre, y que no le llego ni a la suela de los zapatos y... bueno, es que estaba muy excitado por lo de la cena. Y no, no tenía razón su ma-dre. Quién me explica a mí por qué debo comer marisco si tengo alergia, que me expli-que alguien por qué no es de buena educación dejar en el plato algo que sabes que puede matarte. Y nada, que su madre no puede entenderlo, que dice que esas excusas son de mal gusto, que hay que probarlo todo por poquito que sea, que es de críos no comer algo por manías, que si no lo pruebo no sé si me gusta... y yo diciendo que los he probado y acabé en el hospital, que hasta el olor me produce urticaria; y David di-ciéndome que no sea caprichosa, que le dé el gusto a su mami, que por un pedacito no me voy a morir. Dios, si ya estuve dos veces al borde de palmarla, y mi problema de corazón es secuela de aquello.... Si a David se lo he contado mil veces...
Y ese mensaje quedó grabado a las 11 en punto de esta noche. Pero no sé si la cita es para el sábado a las 11 de la mañana o de la noche. ¿Quién será ese subnormal?
Bueno, ahora sí me voy a dormir.
************ ************** ****************

Sábado, 11 de la mañana. Bajo el reloj de la Iglesia.
David no me ha llamado en toda la semana. No sé qué hago aquí, pero aquí estoy. Supongo que por curiosidad más que nada. ¿Quién será... cómo será el tipo del men-saje? Seguro que no aparece. Es posible que se refiriera a las 11 de la noche. Las 11 de la mañana es una hora extraña para una primera cita. Debe haber misa ahora, hay mucha gente dentro, creo que se está celebrando una boda. ¡Uy!, ¿será eso un buen augurio? Pero qué tonta soy, a veces parezco una cría. Vaya, alguien ha perdido una carta. ¿Será una carta de amor? En el sobre pone mi nombre ¡Qué romántico! debe ser de ese admirador secreto. Bien pensado el chico tiene estilo. Creo que empieza a gus-tarme. Ay, me tiemblan las manos, qué nervios.
"Querida Sonia, has sido y siempre serás el gran amor de mi vida, por eso espero que entiendas que no puedo consentir que jamás seas de otro".
¡Qué dice este imbécil! Me voy de aquí echando leches.
Anda, ahí salen los novios, pues ya que estoy me espero a verlos, me gustan los tra-jes de novia y las lagrimitas de emoción de todos, y el arroz... ya vienen, ya vienen. Qué superemocionantes son las bodas.
¿David?, ¿Daavidddd?, Da-vid, Da......... es Da...... ¡Dios mío, la carta era de Da... el mensaje era de Da... es Dav.... ¡
El reloj de la Iglesia está dando las 11 en punto de la mañana y entre la multitud que aplaude a los novios, una joven se desploma justo al sonar la última campanada.
El novio busca sobre las cabezas de la gente, luego mira a la novia, sonríe y le susu-rra al oído:
- «A partir de este momento (las 11 de la mañana de este sábado) ja-más tendré ojos para otra mujer..»

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No sé qué estoy haciendo aquí.
No sé por qué he vuelto a este lugar.
Hoy hace justo un año y son casi las 11 de la mañana.
No sé muy bien qué ha sido, pero algo me ha empujado. Mis pasos han tomado la decisión por sí mismos. Yo apenas me daba cuenta que caminaba. En realidad sólo había vuelto a esta ciudad a recoger mis cosas. Los restos de mi antigua vida. De aquella vida que terminó hace hoy un año.
Ahora, a punto de empezar una vida nueva, es posible que necesite reconciliarme con el pasado.
Mi corazón late con fuerza, pero los médicos aseguran que no hay problema. No de-bo dejar la medicación, pero el rechazo está descartado por completo. Dicen que jamás un trasplante ha sido tan exitoso, que es extraño que mi cuerpo lo haya aceptado tan bien sin provenir de un miembro de mi familia.
Fue todo tan extraño. Ya nadie esperaba que pudiera sobrevivir más de un par de días y, sin embargo, aquí estoy, con un corazón que me es ajeno, pero que siente co-mo si fuera propio y late en mi pecho al mismo ritmo que mis pensamientos y recuerdos lo hacen en mi mente.
Volví a nacer aquel día. Nací otra vez en todos los sentidos. Yo, que nunca tuve una familia y me crié en un orfanato, hogar, lo llaman algunos, me encuentro a mis 24 años con unos padres y un corazón nuevo. Una vida nueva.
Lo único que siento es no haber conocido a Carolina. Debió ser una chica maravillo-sa, como lo son sus padres y su hermano.
Nunca me han contado con detalle como murió. Según, Rosa, su madre, mi madre ahora, es mejor que no conozca los detalles, podría obsesionarme. Creo que en reali-dad es ella quien no quiere recordar y prefiere ver en mí, sobre todo, el corazón de esa hija suya perdida, pero no por completo, puesto que una parte de ella en mí vive.
Lo leo en sus ojos cuando me mira. Fue su condición para acceder a la donación. Quería saber a quién se le implantaría el corazón de su hija. Yo nada podía opinar puesto que estaba inconsciente, y no tenía familia que opinara por mí. Aquello iba en contra de las normas del hospital, pero al final, entre el empeño del cirujano quien ale-gaba que más valía una vida que un secreto profesional, y las influencias de don To-más, mi futuro suegro, mi padre ahora... pues todo se arreglo y aquí estoy. Justo un años después, sin explicarme aún qué ocurrió. Sin entender porqué David actuó así. En realidad ya no importa.
David es ya sólo una parte de la vida de la otra Sonia. Ahora mi corazón es de To-my. A veces me pregunto si el hecho de que Carolina y su hermano se quisiesen tanto ha influido en que yo ahora lo ame también. Su madre dice que he salvado a su hijo del abismo hacia el que cabalgaba desbocado, pero yo creo que es él quien me ha salvado de mi dolor, de mi rencor hacia David y hacia esa esposa suya a quien ni siquiera co-nozco. Sólo espero y deseo que sean tan felices como yo lo soy ahora.

********************* ********************** ***********************
- Jamás debí hacerlo. Nunca me libraré de esta pesadilla. Cada día vengo aquí. Y cada noche desespero en sueños. Este lugar es mi infierno. Este reloj es el inicio de todas mis pesadillas. El final de mi vida. Las campanadas... cada una de estas cam-panadas dando las 11 de la mañana me recuerdan a Sonia. Mamá tuvo la culpa.
- David. Estoy aquí, contigo. Soy Ana. ¿No me reconoces? Estas en tu cuarto, cielo, bueno en el de este hospital. Pero te prometo que te llevaremos a casa en cuanto los médicos nos digan que has vuelto a la realidad
- ¿Cuál es la realidad? La única realidad es que he matado a todas las mujeres de mi vida. Sólo tú has sobrevivido. ¡Aléjate, aléjate de mí! O serás la siguiente. Vete hermana, vete y déjame.
Tan solo teníamos tres años cuando papá y su amigo hablaron de un posible matri-monio entre ambos durante una Noche vieja. Sólo una charla entre amigos que mamá aprovechó para hacerme creer que no cumplir esa palabra era mancillar el honor de mi padre.
Si ni siquiera nos conocíamos. Desde los 7 años ella había estado fuera, a veces viajando con sus padres y luego en un colegio de Suiza. Era tan bella. Casi tanto como Sonia. Volvió justo en esa etapa en que Sonia y yo estábamos reñidos por aquella es-túpida discusión sobre si las mujeres debían o no, trabajar después de tener su primer hijo. Mamá siempre con sus tonterías. Tres meses sin vernos. Luego me llamó pero mamá ya estaba preparando la boda, todo estaba casi listo.
Mamá decidió que lo mejor era conseguir que fuera ella quien me dejara a mí, por eso la invitó a aquella cena por su onomástica. Por eso aquel numerito del marisco. Recuerdo, sin comprenderme a mí mismo, que por un momento desee que comiera aquel pedazo de langosta. Así todo acabaría. Su corazón no podría aguantar otra crisis y se habría acabado el problema. Pero Sonia era una mujer fuerte y decidida. Me miró fijamente, con sus pupilas brillantes, insultantes, pero no dijo nada. Sólo se fue. Dios mío, se fue. Y yo me casaba en siete días. No podía soportarlo. Yo me casaba, y ella, ella... acabaría por superarlo y quizá se enamorase de otro. Yo la quería. La quería tan-to.
La llamé por teléfono y la cité aquí el mismo día de mi boda. No sabía muy bien por qué. No sé si esperaba que ocurriera lo que ocurrió. Yo no quería su muerte. Quería, quizá que impidiese esa boda. Quizá pretendía saber si realmente me quería viendo su reacción. Quería tener constancia de su amor pero es cierto que me atormentaba la idea de verla con otro hombre... ¿hombre...? Ya ni siquiera sé si soy realmente un hombre o un monstruo. No hubiera soportado verla con otro. La prefería muerta. Pero la culpa fue de mamá.
Mamá decía que “mi nueva novia” era mejor partido. Que heredaría los negocios de su padre, que su hermano no llegaría a viejo con la vida que llevaba y que Sonia, en cambio, no era nadie, sólo el error de alguien, que no debió nacer nunca y que por eso su madre la abandonó.
Mamá decía que debía olvidarla, que nunca me haría feliz.
Mamá decía que mi futura esposa era la mujer de mi vida, que era perfecta, guapa, culta, inteligente, de buena familia, rica, sobre todo rica; que los negocios de papá no iban bien, y que un matrimonio con ella, y la alianza con los García-Serrano devolvería el prestigio a nuestra firma y sería la salvación para todos.
Lo que no dijo mamá es que moriría al día siguiente de la boda, que sus padres me culparían a mí de esa muerte porque en realidad no era lógico que su hija hubiera sali-do del hotel en salto de cama, de madrugada, y hubiera conducido a esa velocidad al día siguiente de su noche de bodas. No era lógico que yo... que yo la llamase Sonia en nuestra primera noche juntos. ¡Nada fue como decía mamá! Mi esposa quiso saber quién era Sonia y se lo conté todo. Le conté cuánto la amaba y como yo había sido responsable de su muerte, y por qué. Y ella se fue, llorando, gritándome, llamándome monstruo, asesino y no sé cuantas cosas más. Pero la culpa había sido de mamá.
Pobre mamá. La enterramos el sábado siguiente al de mi boda con Carolina.
Un guiso de setas tuvo la culpa. Le gustaban tanto. Yo las cogí especialmente para ella, yo quería mucho a mamá. La culpa fue de una seta intrusa.




 
LOS TOMATES DE SATANÁS
Capilla Vernácula.
La huerta estaba decidida a emporcarme la vida. Los tomates parecían cerezas, los zapallos, mondongo. Hice todo lo posible. Incluso rogué, de rodillas, bajo la tarde incandescente. No hubo caso. Ninguna verdura resultó. La vendí el año pasado.
Mi único consuelo es pasar con el auto y ver, a lo lejos, al nuevo propietario, de rodillas en la tierra.
Norbeto Olaizola


Un caluroso día de verano, volví a visitar la que había sido mi huerta, crucé la valla con una sonrisa sarcástica en la comisura de mis labios, dispuesto a pasar un buen rato a costa de la desesperación del nuevo propietario; miré a ambos lados y descubrí, con sobresalto, unas extrañas plantas con sus enormes frutos arrastrando por el suelo.
Sin dudarlo, sin dedicar una segunda mirada a aquellos engendros, me dirigí al hortelano y le pedí explicaciones:

-¿Qué es esto? ¿Cuál es la maldición que echaste a mis tierras? Nunca me resultaron muy productivas, pero al menos, conseguí arrancarles algunos tomates rojos, no demasiados, como cabezas de alfiler en muchos casos, nunca más gordos que cerezas, pero tomates, con su piel suave, su jugo, sus pepitas, su sabor sin igual, rojos, rojos... ¿Qué has hecho, maldito? ¡Has profanado los campos de mis padres!

-Señor -contestó el campesino aturdido- yo decidí no plantar tomates, son muchos ya los tomates que se cultivan en esta comarca, no habría venta. Así que planté las semillas de un delicioso fruto que probé en uno de mis innumerables viajes como temporero, y ya ve el resultado, parece que está tierra es buena para sandías, todo lo demás lo hicieron estas manos acostumbradas al trabajo rudo y a regar con sudor y lágrimas cuanto depositan entre los terrones.

-¿Sandías? ¿sudor? ¿lágrimas? ¡Alianzas con el diablo son las tuyas!, ¡Fausto, brujo, endemoniado! Tus tomates son verdes, gigantescos, pero verdes, de piel dura, lisa pero dura y gruesa como la piel del diablo... ¿Regados con tus propios excrementos, dices? ¿Pretendes arrastrarnos a todos a tu infierno?

-Pero señor, ¡qué son sandías! y...- replicó el insolente campesino tomando una entre sus manos y abriéndola al medio.

-¡Rojos como sangre por dentro, y repletos de dientes negros de Satanás! ¡Tus tomates están malditos! ¡Maldito tú que posaste en mis campos tus uñas y engendraste en la tierra el fruto de tus pecaminosos tratos con sólo Dios sabe qué súcubo!

Dicho esto, di media vuelta y salí de la finca en dirección al poblado. A la mañana siguiente, la aldea entera apareció llena de pintadas, panfletos y carteles en los que se advertía a los lugareños y a cualquiera que por allí pasase del peligro de aquellos diabólicos tomates, jamás vistos antes en lugar alguno por ojos mortales y que encerraban entre su carne, de apariencia jugosa, las semillas de Lucifer, negras como dientes de bruja.

Durante algún tiempo, nadie osó probarlos, nadie se aproximaba a menos de cien metros de la parcela que había sido mía en otro tiempo, y casi llegué a olvidar el incidente, pero con el tiempo, el miedo y el recelo inspirados por aquellos avisos, se fue evaporando. El tozudo campesino había seguido allí, sembrando sus extraños tomates, casi arruinado, pero sin cejar en su empeño. Sus tomates de Satanás crecían ya y se multiplicaban por toda la finca.
Al parecer, una tarde, un niño de corta edad se perdió en los campos y sus pasos o el caprichoso destino lo llevaron hasta mi antigua parcela. El calor sofocante, el hambre, la inocencia o la ignorancia, o quizá todo ello a la vez, le impulsaron a golpear con una piedra aquellos endiablados tomates gigantes hasta conseguir estallar su coraza, y así fue como todos empezaron a perder el miedo que yo me empeñaba en mantener latente.
Días más tarde, fue toda una panda de chiquillos la que se adentró en aquellas tierras, pidiendo al hortelano que les dejara probar aquel fruto que había matado la sed de su pequeño amigo, manteniéndolo con vida y saciado durante el tiempo que estuvo perdido.
Después, sus padres y abuelos, en agradecimiento, e ignorando los pasados recelos, compraron algunas de aquellas nefastas bolas y se hicieron eco de sus cualidades inimitables, de su sabor único, de la bondad de sus jugos, de la generosidad de su bocado, de sus deliciosos efectos en el cuerpo y el espíritu...
Y por fin, todos acabaron sucumbiendo a la tentación... y ahora..., todos..., sí..., también yo, comemos y sembramos sandías. Es tan refrescante su sabor, sienta tan bien después de una noche de excesos, y hasta dicen que es buena para prevenir los entripados. Así que ¿Qué coño? A escondidas..., pero ¡también yo como sandías!.., Aunque siga imprimiendo panfletos en contra de su cultivo y consumo y aprovechando cualquier oportunidad para advertir contra los peligros que encierran entre sus carnes rosadas y frescas. Pero a escondidas, devoro sandías y, hasta he recogido algunas de esas negras semillas para intentar producirlas yo mismo. Por supuesto, en secreto.