Buscando versos
Buscando notas, versos, melodías...
solo hallé silencio en la noche oscura.
Mas es la noche poesía tan pura
que prendida en ella evito los días.
Y son al tiempo las noches tan frías
que en viento helado pierdo la cordura,
y no distingo fealdad ni hermosura
y tampoco penas de las alegrías.
Indolente el sueño apaga mis ojos
y más la muerte siento que la vida
Al contemplar del amor los despojos
me siento al cabo cansada y rendida,
y pido al hado llorando, de hinojos
recuperar a mi alma perdida.
solo hallé silencio en la noche oscura.
Mas es la noche poesía tan pura
que prendida en ella evito los días.
Y son al tiempo las noches tan frías
que en viento helado pierdo la cordura,
y no distingo fealdad ni hermosura
y tampoco penas de las alegrías.
Indolente el sueño apaga mis ojos
y más la muerte siento que la vida
Al contemplar del amor los despojos
me siento al cabo cansada y rendida,
y pido al hado llorando, de hinojos
recuperar a mi alma perdida.
Poesía dormida
Mi poesía ahora duerme.
Ha entrado en coma profundo.
Sus ojos resecos esperan vientos de azúcar
para renacer entre la brisa y el sueño.
Su piel,
en letargo de siglos,
se resquebraja desde los cimientos,
desde la propia sangre que dejó de circular por las venas
el día en que el verbo herido se ahogó en mi garganta.
Los versos laten impotentes
bajo necropsias de alma
siendo el único motor
que hace palpitar levemente
a un corazón gigante
que por momentos se pierde.
Ha entrado en coma profundo.
Sus ojos resecos esperan vientos de azúcar
para renacer entre la brisa y el sueño.
Su piel,
en letargo de siglos,
se resquebraja desde los cimientos,
desde la propia sangre que dejó de circular por las venas
el día en que el verbo herido se ahogó en mi garganta.
Los versos laten impotentes
bajo necropsias de alma
siendo el único motor
que hace palpitar levemente
a un corazón gigante
que por momentos se pierde.
Destilación

Destilaré un día mi alma dormida
hasta lograr el preciado aguardiente
que ha de manar de la uva exprimida,
como tu espíritu vivo y latente.
Rozaré con mis labios la bebida
respirando su aroma inmanente,
recobrando, a cada sorbo, la vida,
y alejando este sopor de mi mente.
Destilaré de tus versos la esencia
hasta lograr la palabra sublime
o algún bello verso que me aproxime
a melodías de gracia y cadencia.
Después, del alambique de tus labios,
libaré el dulzor de tus besos sabios.
Parafraseando el “Soneto de la dulce queja” de Lorca
Temo mucho cruzar a la otra orilla
y perder de tus labios el aliento,
o de tus palabras el dulce acento
rozando dulcemente mi mejilla.
Y temo más perder la maravilla
y el goce de sentir lo que ahora siento,
libre por fin de todo sufrimiento
y de fantasmas de barro y de arcilla.
Pero no temo sentirme perdida
en la hostilidad de un mundo acabado.
Yo buscaré, en el amor, la guarida,
recobraré cuanto se me ha escapado,
poniendo de nuevo el rumbo a mi vida
que mil lágrimas habían borrado.
La migraña

I
Toctoc, toctoc,toctoc...
La cabeza me está a punto de estallar.
Me palpitan las sienes.
Toctoctoc, toctoctoc...
Necesito apoyarla sobre una almohada.
Tres infusiones de tila y dos naproxenos y nada.
Una aspirina.
Antes la aspirina me bastaba pero ahora...
Bueno..., prefiero un sarpullido y un ojo hinchado, quizá también los labios. Cualquier cosa mejor que este dolor.
Ya van tres aspirinas y no cesa.
Ni un poco.
Quizá me quede por ahí algún tonopán. Es posible que hasta caducado pero puede que sirva.
Será mejor que vaya al centro de salud.
II
Debo tranquilizarme.
El médico dijo que debo tranquilizarme.
Me ha recetado orfidal y me ha dicho que trate de dormir. Que el sueño lo repara todo.
Que me olvide, que trate de olvidar el dolor, que me relaje, que me tumbe y me relaje.
Leer me relaja pero no puedo leer con este dolor de cabeza. La mirada se me nubla.
Imposible relajarme viendo TV. Tanta desgracia...
Música, eso es. Escucharé música.
Apagaré la luz. Pondré ese disco que siempre me ha ayudado. Quizá consiga olvidar.
Cómo olvidar.
Toctoctoctoc, toctoctoctoc...
El orfidal tampoco sirve de nada.
Cómo olvidar lo porvenir
III
La encontró la policía.
No, nadie les llamó.
Venían a darle la noticia y a interrogarla.
Nada hace pensar que sea un asesinato.
Parece que dormía plácidamente en su cama.
La novena de Beethoven sonaba sin cesar.
Ninguna muestra de violencia salvo ese enorme agujero en su oreja derecha y el corazón estampado en la pared del cuarto.
IV
El forense ha terminado con las autopsias.
Parece que falleció aproximadamente a la misma hora que su hija y sus nietos.
No, no puede haber sido el yerno, a menos que ese monstruo pudiera estar a la vez en dos lugares separados por 1000 Km.
Ella no tenía ninguna herida en el pecho pero el corazón no estaba en su tórax.
Sólo ese enorme agüero en la parte derecha de la cabeza.
No ha habido pérdida de masa encefálica, o al menos no se ha encontrado.
Lo cierto es que no había cerebro ni dentro ni fuera de su cabeza. Sólo el corazón hecho papilla y pegado a la pared.
Al parecer trabajaba desde casa con su pc. Según los vecinos era una de esas videntes de pacotilla que leen el futuro en la red conectando telepáticamente con sus clientes.
V
El yerno se ha entregado. Lo ha confesado todo. Ha contado con detalle y sangre fría como acabó con la vida de su mujer y sus tres hijos.
A la suegra apenas la conocía. Desde el día de la boda no había vuelto a verla ni había permitido que su mujer tuviera trato con ella. Dice que las brujas deberían ir todas a la hoguera.
Está en el psiquiátrico.
Asegura que alguien ha absorbido la mitad de su cerebro y se ha instalado en su cabeza.
Efectivamente el scanner demuestra que su cerebro se va reduciendo por minutos y está siendo sustituido por un extraño líquido bilioso que le supura por nariz oídos y ojos.
De su boca sólo brotan ya los nombres de sus hijos en forma de humo rojo.