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Acerca de
A veces, escribir es una necesidad. Otras veces los dedos y la mente parecen atrofiarse, y enmudece el alma. Hay ocasiones en que el acto de escribir se convierte en algo tan íntimo que sentimos celos hasta del aire que rodea las páginas, y en otros casos, es tal la necesidad de comunicación que decidimos tenderlo todo en la azotea, para que todos los vientos esparzan cada letra, cada fonema, cada nota, cada verso y cada beso; algo así como si un día todas las tortugas del mundo decidiesen prescindir de su coraza y exponerse al sol, a la lluvia, a la noche a la voz de otros y otras. Algo así, como si ya nada importase lo suficiente como para mantenerlo en secreto, o como si importase tanto que no nos cupiese en el pecho. Mi blog será mi azotea.
Sindicación
 
Verso de agua
Prólogo

Contigo todo eran espinas
entre Vórtices y Vértices
de espuelas.

Todo eran PESADILLAS
de AIRE y turbulencias.

Porque fuiste Vértigo
de Viento
y Vuelo de Venas
abiertas.

Y fuiste navaja Viva
entre Sombras Muertas.
 
Verso de agua


I

Me elevo sobre las tres dimensiones
de un Viento
replegando arroyos de duda
sobre la alfombra mágica del Agua
con una nota de Aire
que dibuja aureolas de sangre
cuando desmayo abrazos
apenas esbozados
sobre colchas espinosas de vida.
 
Verso de agua


II

Y cabalgo de nuevo
sobre las verdades eternas
Regreso al Viento y al Agua
con un lamento entre labios
o un beso
de encías ensangrentadas.

Vuelo otra vez
sobre un cristal de arena
y campana
en memorables melodías
de cuerpos
dibujados por la niebla
sobre el Lodo
y las espinas
del ALMA.
 
Verso de agua


III

Pero no deseo
un abismo
de vientos rizados
sobre las olas del verso
sino el Agua
de manantiales primigenios
caminando pieles
y almas rebosantes
entre arbustos y flores blancas
de Besos
y abrazos de Alba.
 
Verso de agua


IV

Porque me alimento
con los brotes húmedos
de la semilla del Agua
y germino por cada poro
una dicha
cuando paladeo
firmamentos de hierba
masticando la sangre de los versos
con todos los dientes
y la lengua
de una MIRADA.
 
Verso de agua


V

Y tampoco es posible a vuestro días
respirar tanta Agua con poros de Sangre
ni mancillar mi mansión de espectros
vertiendo todo el Fuego de vuestras NOCHES
en ríos turbulentos de FANGO
o disipar un Aire Viciado de Vértigos
con caricias de Lluvia y alientos de ALMA.

Pero yo podré renacerme con las uñas de un Verso
masticando fonemas vivos
en cada Palabra
y forjar un Aroma Divino
con dedos dormidos
hasta esculpir la Felicidad
en un poema
y REVIVIR mi LUNA INMENSA
Sin Lágrimas.
 
Verso de agua.


VI

Por la saliva de un verso
húmedo de mares y llanto
salpico fonemas henchidos de Luna
con ríos y charcos
de lluvia
y redimo Vientos huecos
de vórtices y ramas
hasta sumergir con mi SANGRE
los Océanos de un Fantasma.

Pero ya no diviso Hipnales
ni bebo el Aire en un Poema
sino que con dedos mojados
buceo antorchas
con palabras mordidas
de incienso
hasta saciar con mi Alma
el Lago Dorado de un Canto de Agua.
 
Verso de agua


VII

La Aguas de Hipocrena
mojarán mis dedos y mi lengua.
Cubrirán mis labios
y mi cuerpo
con pestañas húmedas de Viento
y nadaré
al fin
hacia los abrazos de Hipnos
o Morfeo
para levitar sobre Orcos de Aire
y vórtices de Fuego.

 
Verso de agua


IX
Pegaso


Porque naciste de la Sangre
de Medusa Asesinada
cabalgaré sobre tus alas de Aliento
y Espuma
por sobre arenas y Mares
hasta nutrir mis desiertos más áridos
con todas las AGUAS IMPOLUTAS
que emanarán de los golpes
de tu Casco
en cada uno de mis Poros o Pétalos
o por cada una de mis Venas
dormidas.
 
Verso de agua.


X
Céfiro


Si soplaras mis labios mañana
con tu viento de sueños y espinas
nacería Amor
de mis poros dormidos
en deliquios
de Luna y Campana.

Y si tu Viento rozara mis dientes
con susurros risueños de brisa
brotarían de mi pecho en torrentes
lluvias de Agosto y Enero
y una vida de ensueños
y Rimas.
 
Verso de agua.


XI
Dédalo


Eres Agua
porque viertes Ángeles y Musas
por cada pestaña de Alma
que deslizas
en torrentes líquidos
de olas y mares divinos.

Porque tejes Alas
con cera y espumas
para volar abismos
de mentiras
de palabras
y vórtices infinitos.

Porque tendiste dedos
sobre mis lágrimas
en “Happy Days” de vértigos
y Delirios.

Y serás río en mi memoria
o lluvia en mis poros.
Lago Eterno
Siempre VIVO.
 
Verso de agua.


XII No Colgado

Un Ángel masticó el Azul de mi Brisa
con todas las pupilas del Agua.

Y yo
respiro su lluvia constante
en deleites de Música y Alma
por eso escribo con Dientes de Espuma
vertiendo mi sangre en cada Palabra
para nutrir cada hueco de su Viento
que exhala Lunas y pinta Alas
sobre la Piel desgajada de mis Sueños
y la costra hiriente de vuestras Máscaras.
 
Verso de agua


XIII
Atenea


Me arrojaré al Aire
sin uñas ni abrazos
sin labios ni mentiras.

Al vacío del tiempo en naves de Olvido
me verteré con Versos y Palabras.

Soplaré Velas
con mi Viento y mi Dicha
hasta perder estelas
en Miradas de Ceniza.

Y luego
Nadaré con vuelo tenue
de Mariposa encantada
hasta besar la Felicidad
en el palacio de Felicia
o en el Partenón de Atenea enamorada.
 
Verso de agua.


XIV

Yo puedo pintar
el vacío el Aire
en los ojos del tiempo
con la saliva dulce
de ríos incólumes y angélicos.

Y puedo esculpir un Olvido
a paso de piedras y avatares
o libar toda la sangre
de mis Versos
hasta exhalar bocanadas de polen
entre dientes rojizos
y cabellos de besos
porque diviso Lunas
y bebo estrellas
en los estambres divinos
de mares etéreos.

Y construiré mundos
con dedos y labios
aunque la noche termine en desaliento
mientras tenga plumas
y sábanas blancas
donde verterme
en cascadas
de letras
fonemas
y vientos

 
Verso de agua



XV No Diablo

No Nigrum

Ni caídos
ni negros
ni oscuros
ni opacos.

Nunca tus Ángeles
se desdibujaron
de Alas
ni de olas de espuma
ni de lágrimas blancas.

Nunca descendieron
al Aire
ni masticaron llantos
mordidos
de escarcha.

Etéreos siempre
siempre Egregios
levitando siempre
sobre el Fuego del Tiempo
exhalando Viento con su Aliento
y siempre sus pétalos
rezumando AGUAS
como abrazos y besos
de Versos y pestañas.

NIGRUM NO
Corriente divina
de Sendas Lácteas.
 
Verso de agua


XVI

Ángeles Cristalinos
Dientes de Luna
y Nube de Arena
rodando sables de Agua
sobre pedestales de brisa
o sonrisas blancas.

Labios de orilla
desvanecidos
en espirales de lluvia
y plata
forjando versos
con las pupilas
mientras masticas
Vientos
de espina
y Alma.

 
Cascada
 
Verso de agua


XVII
Porque un sueño en Deliquios
absorbe vuestros días
en semillas de AGUA
mientras un canto
os dibuja vidas y nubes
sobre la lluvia tenue de los versos
en Alientos de Sangre
hasta penetrar ese abismo
donde los sentidos
se sumergen en abstracciones
de VIENTO
y TIERRA
...y VIENTO.
 
Río
 
Verso de agua


XVIII

Por el vértice
de una pupila desgajada
te me arredras
en memorias confusas
que me arrastran
hasta lo más centro
de cada vórtice de uñas
y cuerdas.

Pero concertados
para una Melodía de Olvido
o de Alientos inflamados de Agua
el Plástico y la Luz
en aleaciones de LUNA y VIENTO
cubren mis noches
con todo un ARROYO
de RIZOS y PESTAÑAS
cultivando BRISAS
sobre la sal de cada LÁGRIMA
 
Piscina
 
Verso de agua


XIX

Sois Como doradas láminas
deslizadas
sobre la faz de cada rayo
en detritos acuosos de Mares Dulces.
GOTA
a
GRAMO
vertiéndoos
sobre mi piel
que cual esponja
os absorbe
a sorbos
suaves.
Como lágrima al fuego
cuando palpitando desmaya
brisas
sobre la tenue nota
de un acento
que reclama nubes
entre susurros
de manantiales apenas destilados.
 
Verso de agua


XX

Tempestuoso el abrazo
funesto el fuego
y en torrentes de Agua
latidos de sexo
mordiendo la NOCHE
sin espumas ni azahares
sobre la vena henchida de los versos.
 
Verso de agua


XXI

Como a Tu Aire Mi Llama
Como Tu Fuego a Mi Olvido
Como a Mi Río Tu Brasa
Como Mi Agua a Tu Frío
Como a Tu Nieve Mi Cauce
Como Tu dedo al Mío.
Para Tu Alma un Sueño
y para Tu Carne
un Desafío.
 
Verso de agua


Redimidos por una lluvia incesante
apenas os quema el fuego
ni os penetran las palabras candentes
de una brisa de LUNA y AGUA.

Pero leve es la huella
en le polvo
cuando el charco se seca.
Y amarga la saliva de los versos
que por un ALMA repican
y no cesan.
 
Verso de agua.
Final.

Cabellos excomulgados
por LABIOS de SANGRE
y dedos sigilosos y hambrientos
desgarrando la NOCHE
por los intersticios
de la NOCHE.

Mientras me elevo
impertérrita
ante los cuerpos
o indolente y EGREGIA
DUERMO.
 
Muerte y vida
 
Puente


La piscina está delimita por la casacada y por este precioso puente.
 
Puesta de sol
 
Cae la noche
 
Murmullo de arroyos
 
La sierra
 
Tierra y asfalto
 
Sellando

Sellando cada célula
de horizontes blancos
en la noche mía.

Vertiendo palabras
y besos al tiempo
sobre almas pletóricas
de melancolía.

Lanzas al vuelo
silentes miradas
clavando destellos
con dulce armonía
sobre mis pupilas
teñidas de miedo
que huyen del viento
y de su porfía.
 
Os presento a la autora de tanto desvarío.

Narci petrificada
 
El Abencerraje
INDICE

1.- La novela morisca
1.1.- Características
1.2.- Expresiones del género

2.- El abencerraje
2.1.- Contexto histórico
2.2.- Estructura de la obra
2.3.- Temas
2.4.- Personajes
2.5.- Recursos y estilo

Bibliografía
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El Abencerraje
LA NOVELA MORISCA

De todos los modelos narrativos que podemos encontrar en el siglo de Oro, la novela morisca es el único, junto con la picaresca, verdaderamente autóctono y de indudable raigambre hispana, y ello se debe a que en la Península se dio con mayor virulencia que en cualquier otro lugar el contacto entre la sociedad cristiana y el mundo árabe.
La novela morisca es paralela al romancero, y la crítica tiende a considerar que está muy influida por éste, tanto en los temas como en los personajes protagonistas, quienes en ambos casos suelen ser moros. Otro posible influjo lo ejerce la narrativa del siglo XVI, de la cual la Novela morisca tomará elementos y recursos:
· De la novela de caballerías hereda el guato por lo heroico, los torneos, las hazañas guerreras, la caracterización del héroe, el mundo de aventuras... y, en general, la idealización de las virtudes guerreras. Pero aquí el caballero pelea contra personas de carne y hueso y las aventuras tienen un transfondo histórico.
· De la novela sentimental toma el concepto de amor platónico y la exaltación de la belleza. Pero en la morisca el concepto de amor está menos determinado por el código cortés, es un amor más humano, la mujer no es sólo objeto, sino también sujeto del amor. El final amoroso suele ser feliz, y no trágico, como en la sentimental. Ambas coinciden en la idealización del amor, en la fidelidad, en la grandeza de sus proporciones, en el aristocratismo de los amadores, en su belleza física y en sus virtudes.
La novela morisca esta más cerca de la sentimental que de la de caballerías: suelen ser de corta extensión, a veces intercaladas en novelas más largas, los enfrentamientos bélicos se dan contra hombres, y no contra gigantes, monstruos o hechiceras. No se toman las armas como pretexto para el amor como en la sentimental ni el amor como pretexto para las armas como en la de caballerías, sino que nos encontramos con perfecto equilibrio entre aventuras y amor que la caracteriza y distingue de cualquier otro modelo narrativo.
· En cierto modo, la novela morisca, también se acerca a la pastoril a pesar de la diversidad de sus argumentos, ya que sus libros impulsan la imaginación hacia dominios espirituales donde las criaturas se mueven por una misma ansia ilimitada de perfección. Ambos géneros aparecen entre 1550 y 1560, y la afinidad entre ambos fue captada rápidamente por quien en 1561, en la imprenta Fernández de Córdoba juntó El Abencerraje y la Diana de Montemayor en un mismo volumen.

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El Abencerraje
Características

- Idealización total de la visión del mundo.
- El amor es siempre virtuoso, fiel, honesto e inquebrantable.
- Los caballeros son valientes hasta el heroísmo, generosos, magnánimos, leales a las normas del honor incluso a costa de su amor... esto asemeja a la novela morisca, a la bizantina y a la pastoril y procede del neoplatonismo renacentista.
- Los personajes son arquetipos de perfecciones.
- La maurofilia, igual que en los romances fronterizos es una constante en estos relatos.
- Los moros son tratados en un nivel de igualdad con los españoles. Sus cualidades, guerreras o no, brillan por igual en ambas razas, y el vencedor es siempre generoso con el vencido.
- Anacronismo: las costumbres y hábitos de los moros brillan por su ausencia, su comportamiento es igual que el de cualquier cristiano, salvo en algunas invocaciones a Alá. Se podría decir de ellos que son nobles españoles vestidos de moros, que guardan un amor fiel e imperecedero a una sola dama, y aluden frecuentemente a dioses de la mitología grecolatina.
- No hay apenas perspectiva, ni penetración en el mundo árabe, sino españolización y cristianización del mismo. Esto se debe a que los fundamentos renacentistas imponen el resurgimiento mitológico y su neoplatonismo impide la existencia de la poligamia.
- La novela morisca puede ser considerada como una síntesis de la novela caballeresco-sentimental llevada al mundo árabe-español del reino granadino en el siglo XVI.
- La acción no sufre interrupciones. No hay digresiones moralizantes como en la novela sentimental.
- La estructura es lineal y plenamente renacentista.
- Igual que en las novelas idealistas (caballeresca, sentimental, pastoril y bizantina), el hombre es siempre maduro, permaneciendo sin cambio desde el principal fin del relato y, manteniendo así la interpolaridad propia de la épica que sólo logrará superar el Lazarillo.
- La concepción formal de la novela morisca procede de la “novela italiana” en tercera persona.
- El lenguaje es clasicista, sin excesos retóricos ni latinismos, equilibrado y sencillo, aunque aparezcan frecuentemente arabismos.
- Descripciones detalladas de juegos, fiestas, torneos, jardines y vestiduras,

Morales Olivier trata de individualizar este tipo de novelas a través de una serie de rasgos que tienen que ver con su desarrollo novelesco:
· Sustitución de la fantasía por la realidad.
· Están guiadas por los dictados de lo caballeresco y por la ensoñación del amor.
· Su norma es la belleza.
· Su fundamento, la generosidad.
· Es una prosa musical cercana a la poesía.

 
El Abencerraje
Expresiones del Género

La novela morisca es un género breve del que sólo se conocen tres relatos:
1 El Abencerraje.- publicado por primera vez en 1561 en Toledo, junto a La Diana de Jorge de Montemayor.
2 Ozmín y Daraja.- en 1599, incluida en el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.
3 Las guerras civiles de Granada.- de Pérez de Hita, en dos tomos, el primero publicado en Zaragoza en 1595 y el segundo en Alcalá de Henares en 1604.
Morales Olivier incluye en el género morisco otra serie de relatos como el del “Cautivo” que aparece en el Quijote y El Peregrino en su patria.
Otros críticos consideran moriscos: “La historia de Timbrio y Nísida” de La Galatea y los Falsos Cautivos del Persiles. Pero generalmente, la crítica no está de acuerdo, pues opina que estos relatos tienen otros recursos, como que los protagonistas sean una mora y un cristiano cautivo. Las relaciones de cautividad son más violentas y la relación que reflejan tienen más que ver con los turcos que con los moros propiamente dichos, la situación histórica no tiene nada que ver con las Guerras de Granada ni con la Rebelión de las Alpujarras, como en los tres casos que unánimemente se aceptan dentro del género morisco.
El resto son considerados relatos de cautiverio.

 
El Abencerraje
El Abencerraje

Si hasta ahora hemos tratado de definir el género morisco de una forma general, en adelante intentaremos hacerlo a través de una de las obras que lo constituyen: La historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa.
El Abencerraje es la obra que encabeza el género morisco y tiene una visión renacentista del mundo, visión que podemos captar en el optimismo de sus personajes, que no se ven obligados a convertirse al cristianismo, al contrario que en Ozmín y Daraja o en las Guerras Civiles de Granada. Estas obras participan de caracteres mucho más barrocos y, consecuentemente, el optimismo desaparece y los protagonistas acaban por adoptar la fe cristiana.
El Abencerraje se sitúa en la línea ideológica que reconoce al moro la condición de caballero, pues los méritos de la nobleza de linaje están por encima de las “leyes”.
La obra comienza con la violencia épica de un episodio de conquista, y acaba con una lección de cordialidad entre hombres de distinta ley. Sus personajes y argumento proceden de una situación histórica sobre la cual el escritor intensificó los rasgos de nobleza y caballerosidad; pero al mismo tiempo, se desvía de las estructuras político-sociales de su tiempo, ya que en ella predomina un intento de unión entre las dos culturas por medio del amor, la amistad y un encumbramiento moral que incorpora a los hombres a normas superiores de conducta. La novela no concuerda con la realidad de su época; lo que tiene de histórico El Abencerraje es el efecto imaginativo que pudo provocar en las experiencias compartidas de sus lectores (lo de 1560-1565), o sea, la “contradicción” poética. No sería lícito identificar la “tolerancia” de la Edad Media con la perspectiva limitada de unos españoles cuyo horizonte histórico abarca ante todo la conquista de Granada o la de México, la expulsión de los judíos, las comunidades, las guerras imperiales y la permanencia en España de numerosos moriscos. El sueño de “tolerancia” que nos ofrece El Abencerraje es pues, fruto de una “contradicción” básica provocada por una dolorosa conciencia de presente.
La figura de Abindarráez nos seduce como si fuera real; de ahí el concepto de “maurofilia literaria”, pero una auténtica maurofilia supondría dos cosas: simpatía por el moro y reconocimiento del moro como tal. Sin embargo, los romances fronterizos o moriscos ofrecen un punto de vista del campo enemigo en el cual el moro no aparece como moro independientemente de la visión totalizada del cristiano.
Literariamente, el asunto es muy heterogéneo. El Abencerraje no es una novela propiamente morisca ya que el personaje de Narváez es tan significativo como el de Abindarráez, y el conjunto del relato en modo alguno puede reducirse al ensalzamiento del musulmán caballeresco. El autor dibuja un retrato moral, una “biografía colectiva”, en la que los personajes árabes tan sólo participan como componentes. La división entre moros y cristianos queda anulada por motivaciones humanas más hondas.
 
El Abencerraje
Contexto Histórico

Según Mª Soledad Carrasco Urgoiti , La historia del Abindarráez representa un caso de transmisión y contradicción de hechos históricos semejante a los del Romancero. Además, el relato novelesco surge hacia la misma fecha, con ligeras variantes, en diversos textos de atribución desconocida o insegura:
— Edición Crónica, 1561 y Corónica, s. a. En casa de Miguel Ferrer, impresor de Toledo.
— Edición Diana, 1562. en la edición de La Diana de Jorge de Montemayor, impresa en Valladolid, 1562 (según el colofón) y 1561 (según la portada, por Fernández de Córdoba.)
— Edición Inventario, 1565. Antonio Villegas, en el libro misceláneo Inventario, impreso en Medina del Campo por Francisco del Canto.
— Manuscrito Historia del Moro (?). A fines del siglo XVI o comienzos del XVII se copia una versión muy reducida del asunto.
La crítica todavía no ha conseguido dilucidar el problema de transmisión histórica que plantea El Abencerraje. Tres son las referencias a la historia que aparecen en la obra:
1. Conquista de Antequera. Septiembre de 1410
2. Alusión a Don Fernando, luego rey de Aragón. Murió en 1416.
3. Narváez, conquistador y primer alcalde de Antequera, murió en 1424. se dice en la obra que era también alcalde de Álora, pero se trata de un anacronismo, pues Álora no fue domeñada hasta 1484.
Temiendo esto en cuenta, la línea fronteriza se ajusta exactamente en el relato a la posición que ocupó de junio de 1484 a abril de 1485, entre Álora, recién tomada, y los pueblos de Coín y Cártama. El hecho de que la acción se localice con precisión topográfica en estos lugares menores y se nombre más veces a Narváez como alcalde de Álora que de Antequera, siéndolo de las dos villas, indica que la novela atribuye a un personaje famoso un acto realizado seguramente por un caballero de menos nombradía que vivió en la misma región muchos años más tarde, y, por tanto, la identidad del héroe es un dato falso.
Suplantaciones semejantes son frecuentes en el Romancero, pero en este caso no conocemos ningún romance sobre el tema que sea anterior a El Abencerraje, conservándose únicamente un cantarcillo intercalado en el texto que simplemente recalca el emplazamiento de la acción: Nascido en Granada / criado en Cártama / enamorado en Coín / frontero en Álora. También es posible que el incidente que suscitó la novela llegara a conocimiento del autor por medio de algún cronicón o alguna relación que hoy se desconoce. En cualquier caso lo que sí parece claro es que un núcleo anecdótico particular, que hoy no es posible aislar de los elementos novelescos que lo envuelven, pero que podemos fechar hacia 1485, fue superpuesto tardíamente, con un grave error cronológico, a un fondo histórico general.
 
El Abencerraje
Estructura de la obra

La obra está estructurada en función del mensaje que trata de transmitirnos. Por tanto, como son tres los personajes que nos presenta, también son tres las partes que en ella se pueden distinguir, aunque estas sean a su vez susceptibles de nueva subdivisión:

Primera parte

a) Historia de Rodrigo Narváez y sus guerras.
b) Primer encuentro de Narváez y Abindarráez. El moro derrota a los cristianos y es a su vez derrotado por Narváez. La admiración del moro por el cristiano dará lugar a las confidencias de la segunda parte.

Segunda parte

a) El autor, tomando como pretexto el confidencial diálogo entre los dos héroes cede la palabra a Abindarráez, quien nos narra en primera persona la historia de su estirpe, es decir, su prehistoria, equiparando de alguna manera su propia fortuna a la de sus antepasados caídos en desgracia con el rey.
b) En el mismo tono confidencial, el moro descubre al alcaide cristiano sus cuitas amorosas, ofreciendo así una tierna imagen de amante además de la de esforzado guerrero que ya había evidenciado en la primera parte.

Tercera parte

a) El autor retoma el hilo de la narración para contarnos cómo gracias a la generosidad de Narváez, Abindarráez logra reunirse con su amada y cumplir su palabra de matrimonio. Junto a la consumación del matrimonio de los moros nos llega también la primera noticia del cristiano amante (anécdota de la dama de Antequera).
b) El héroe musulmán cumple la promesa hecha a Narváez de regresar a prisión a los tres días y, lo hace, además, acompañado de su esposa. Narváez tendrá así ocasión de dar nuevas muestras de benignidad consiguiendo para los amantes el perdón del padre de jarifa.

Como podemos comprobar se trata de una estructura lineal progresiva, llevada efecto mediante la gradual entrada en escena de los personajes:
1 Narváez.
2 Narváez y Abindarráez
3 Abindarráez y Jarifa.
4 Unión final de los tres personajes: Narváez, Abindarráez y Jarifa.

Las cartas que aparecen al final iluminan el significado de la obra y, relacionadas con elementos anteriores, acentúan la virtud de los personajes especialmente la de los protagonistas, que serían Abindarráez y Narváez, ya que son sus historias respectivas las que se van a narrar, dejando para Jarifa un mero papel funcional, como vértice de unión entre heroísmo y amor que sirve de excusa para poner de manifiesto las respectivas noblezas de conducta de los protagonistas.

La historia del alcaide nos viene dada a través de cuatro momentos que no son cronológicamente consecutivos:

- Hazañas anteriores a la acción
- Escaramuza con que se inicia la acción
- Anécdota de la dama de Antequera.
- Prisión de la pareja musulmana y desenlace.

La historia de Abindarráez dibuja la trayectoria de su vida. La trabazón motivadora de las distintas etapas de ésta no se presenta hasta un determinado momento y entonces aparece como resultado la decisión de Narváez. La vida del moro se nos ofrece a través de cuatro momentos cronológicamente consecutivos:

- Nacimiento en Granada.
- Adolescencia en Cártama.
- Matrimonio en Coín.
- Solución de los problemas en Álora.

En lo que se refiere a la estructura interna, esta obra resulta bastante paradójica, ya que la fortuna del Abencerraje se convierte en favorable a través de la prisión, y ello se manifiesta en dos momentos culminantes del relato, con lo cual el lector pasa de forma vertiginosa del clímax al anticlímax:

1º. En la primera parte, cuando Abindarráez es capturado por los cristianos, no suspira por la pérdida de la libertad, sino porque ha perdido “el bien” de reencontrarse con su amada. Pero la prisión se convierte en felicidad y les es permitido un plazo de tres días para consumar su matrimonio y volver a prisión.
2º. En el desenlace de la obra, la prisión vuelve a convertirse en felicidad: los esposos son perdonados por Narváez, quien, además, les consigue el perdón del padre de Jarifa, quedando así “los unos y los otros muy satisfechos y contentos y trabados con tan estrecha amistad, que les duró toda la vida.”

 
El Abencerraje
Temas

Dos son los temas centrales de la obra:

1º. El heroico.- relacionado con la común actividad de los caballeros, introduce motivos militares. Primero hazañas anteriores a la acción, y después, ya en el presente, aspectos de la vida en la frontera.
2º. El amoroso.- relacionado con las circunstancias de Abindarráez y Jarifa (y en un caso con las de Rodrigo de Narváez), introduce motivos que presentan el amor y explican sus efectos.
El primero sirve para sublimar el valor de los protagonistas y para suministrar patrones de conducta. El segundo, en cambio, para definir el amor de acuerdo con las ideas de la época. Ambos temas coinciden en una función más transcendente: tratan de la virtud y procurar explicarla.

Los temas se combinan con las historias de los dos héroes y, esta combinación da lugar a varios movimientos que encauzan la acción y dirigen el sentido:
El tema amoroso se proyecta sobre la historia de Abindarráez para llevar a los enamorados desde Cártama, pasando por la separación, hasta la unión definitiva; el mismo tema, al relacionarse mediante el episodio de la dama de Antequera con Rodrigo, produce un movimiento como el anterior, pero de dirección contraria: se encuentran los enamorados, aunque sólo para volver a separarse.
— Con el tema heroico sucede algo parecido: comienza con la libertad del moro y, pasando por la prisión, con la libertad termina; comienza con la gloria de los Abencerrajes, y después de su destrucción, gracias a Abindarráez, acaba con su restauración.

Todos los movimientos están determinados por la virtud e impulsados por ella. Así los personajes descubren su poder y lo magnifican; la Virtud pasa, por tanto, a ser otro de los temas centrales de la novela, aunque derivado de los dos temas principales.
La combinación de heroísmo y virtud en la persona de Rodrigo da lugar a otros subtemas que tendrán mucho que ver con el comportamiento de los personajes:

- Espíritu caballeresco: que se hace patente en la hidalguía de las conductas, en una generosidad sin límites, en la apostura del cuerpo y en las nobles cualidades del espíritu.
- Discreción: cumplimiento de promesas, cortesía, naturalidad de los gestos, magnanimidad (interés por las heridas del vencido, intercesión ante el rey de Granada a favor de los enamorados), magnanimidad también de Abindarráez al enterarse del nombre de su vencedor, gratitud (envío de obsequios y gentileza en el modo de recibirlos).
- Benignidad con el vencido: constante en la literatura e historia españolas. Una generosidad sin fronteras que es a la vez una reflejo del modo de ser hispánico. La solidaridad con el vencido es un signo característico de nuestra fisonomía espiritual desde la antigüedad hasta nuestros días. La exaltación de la voluntad individual y el enriquecimiento de la personalidad a través del alma, como requisitos indispensables al factor humano del poderoso, pensado por Séneca en la Roma Imperial se depura al pasar por mentalidad de nuestros ideólogos medievales y renacentistas; el senequismo se cristianiza, el hombre, hecho a imagen y semejanza de dios y, considerado por el humanismo como un microcosmos, necesariamente ha de estar integrado por todo un caudal de cualidades que lo dignifican, entre ellas la conmiseración, claramente percibida en Rodrigo de Narváez y también en Abindarráez. Y, por supuesto, también son evidentes en ambos personajes:
· La generosidad, que los lleva a emprender actos virtuosos.
· La composición de ánimo, que impide que la ira o la saña se convierta en dueña de sus actos.
· La grandeza de corazón, que no les permite a los protagonistas cometer actos bajos.

El heroísmo se ha de fundar en la justicia de las acciones, pues precisamente la justicia será quien los lleve a usar templadamente de la victoria, sin que la victoria cause mudanza en el vencedor. El hombre esforzado no debe ensoberbecerse al vencer, pues si lo hace será vencido por la propia victoria. El vencedor debe tratar al vencido con clemencia “y de ella usará Dios con él” .

- Otro subtema, derivado de la conducta heroica y virtuosa de Narváez ,sería el que generalmente la crítica acepta como Maurofilia. Aunque realmente no se trata del surgimiento de un cariño más o menos fraterno entre el héroe moro y el cristiano, sino de una competitividad en cuanto a nobleza entre dos hombres de distinta ley pero de linaje semejante y de cualidades humanes similares: Abindarráez no aparece como el musulmán enemigo, o como el morisco con quien los cristianos han de convivir con todos los inconvenientes que ello pudiera acarrear, es, por el contrario, un caballero “cristiano” vestido de moro; tampoco Narváez se nos presenta como el guerrero cristiano odiado por los musulmanes como auténtico enemigo, el propio Abindarráez se consuela al enterarse que ha sido vencido por él y, además, goza también de la admiración del rey de Granada, quien al recibir la carta del alcaide solicitando el perdón para los enamorados afirma:
“- No te acongojes, aunque tengas por qué; sábete que ninguna cosa me pediría el alcaide de Álora, que yo no lo haga. Y así te mando que vayas luego a Álora y te veas con él y perdones tus hijos y los lleves a tu casa, que, en pago de este servicio, a ellos y a ti haré siempre merced.” (Pág. 134)

Por tanto, más que de Maurofilia, podríamos hablar del tema de la amistad entre dos héroes nobles y esforzados. Amista, que por otra parte, nos está insinuando alegóricamente que amor y armas son elementos perfectamente compatibles, que no necesariamente se excluyen ni has de enfrentarse: al principio de la novela, Rodrigo se mueve en una acto de guerra, mientras el Abencerraje lo hace en un acto de amor, al final serán las armas, es decir, Rodrigo, quien proporcione al amor, Abindarráez y jarifa, la máxima felicidad. Las armas pueden fácilmente vencer al amor, pero si el amor es puro y correcto, no dudan en ponerse cortésmente a su servicio.

A caballo entre el tema heroico y el amoroso, encontramos el tema de la Fortuna, relacionado directamente con los Abencerrajes, de los cuales se dice que: nunca hubo ninguno “escaso ni cobarde ni de mala disposición. No se tenía por Abencerraje el que no servía dama, ni se tenía por dama la que no tenía Abencerraje por servidor. Quiso l Fortuna, enemiga de su bien, que de esta excelencia cayesen... (Pág. 114).
La adversa Fortuna derribó a los Abencerrajes, acusados falsamente, de haberse conjurado para matar al rey. Abindarráez se queja de ella en los siguientes términos:

“Vees aquí en lo que acabó tan esclarecido linaje y tan principales caballeros como en él había; considera cuánto tarda la fortuna en subir a un hombre, y cuán presto le derriba; cuánto tarda en crecer un árbol, y cuán presto va al fuego... “ (Pág. 115)

Esa misma Fortuna, heredada de su linaje, es la que persigue al moro enamorado, y es de ella de quien se lamenta y no del cristiano que lo ha derrotado, la suerte adversa le persigue:

“Quiso la fortuna, envidiosa de nuestra dulce vida, quitarnos este contentamiento en la manera que oirás.” (Pág. 119)

“..., y si tu me venciste, no fue por esfuerzo, que no es posible sino porque mi corta suerte o la determinación del cielo quisieron atajarme tanto bien.” (Pág. 121-122)

El propio Narváez reconoce la desgracia que la diosa implacable ha derramado sobre su cautivo y decide ayudarle en su lucha contra ella:

“- Abindarráez, quiero que veas que puede más mi virtud que tu ruin fortuna. Si tú me prometes como caballero de volver a mi prisión dentro de tercero día, yo te daré libertad para que sigas tu camino, porque me pesaría de atajarte tan buena empresa.” (Pág. 122)

Esta sería otra prueba evidente del poder de las armas en manos de la caballerosidad, no sólo puede vencer al Amor sino que también puede vencer a la Fortuna aliándose con el primero.

En lo que se refiere al tema amoroso, la novela refleja un claro neoplatonismo y se mueve dentro del código del amor cortés, lo cual se percibe en el tono en que Abindarráez describe sus amores con Jarifa (alusiones a la mitología; el amor como enfermedad, etc.) y en la conducta del moro, a quien su fuerza en la lucha con los cristianos le emana de su gran amor.

En relación directa con el tema del Amor encontramos otros subtemas que, además, ponen de manifiesto el aspecto paradójico de la obra que ya anunciábamos en el epígrafe de la estructura:

- Relaciones incestuosas, entre Abindarráez y Jarifa, que comienzan a amarse cuando todavía creen ser hermanos: “A mí sola vuestra hermosura me obliga, que antes esa hermandad paresce que me resfría algunas veces” (Pág. 117); y, sin embargo, cuando ese amor ambiguo podría convertirse en un amor lícito, es decir, cuando descubren que no son hermanos: “..., aquel amor limpio y sano que nos teníamos, se comenzó a dañar y se convirtió en una rabiosa enfermedad, que nos durará hasta la muerte” (Pág. 119)

- Triángulos amorosos:

· Narváez se enamora de una dama casada sin saberlo, ella primero lo rechaza, pero al ver que su propio marido le admira y alaba termina por darle una cita. Todo parece indicar que Narváez va a caer en el pecado del adulterio, aunque sea inconscientemente, sin embargo, el héroe renuncia a su amor a favor de su virtud, por lo cual el triángulo físico (entre personas) queda borrado antes de llegar a producirse. (Episodio de la dama de Antequera)

· Algo semejante ocurre con Abindarráez y Jarifa: después de consumado el matrimonio de ambos amantes, el moro se deja escapar un suspiro y la esposa cree que otra mujer ocupa el pensamiento de su amado; pero también esta vez es la virtud el otro vértice del triángulo, Abindarráez ha de cumplir la promesa dada a Rodrigo y para ello tiene que sacrificar su amor.

El paralelismo entre ambas situaciones es indiscutible, no obstante se diferencian en un aspecto sumamente trascendente: en el caso de Abindarráez, amor y virtud no son incompatibles, es más, el amor apoya a la virtud y Jarifa está dispuesta a entregar su libertad con tal de no perder a su amor.

- Relaciones paterno-filiales: las relaciones entre Jarifa y su padre son de mutuo amor y respeto:

<“... Este tenía una hija, casi de mi edad, a quien amaba más que a sí, porque allende de ser sola y hermosísima, le costó la mujer, que murió de su parto” (Pág. 116)
Si Jarifa desobedece a su padre, lo hace por el amor que siente por Abindarráez, y sabiendo que su padre no aceptaría la boda:

“..., aunque esto, según entiendo, será muy contra su voluntad, que como no tiene tanto conocimiento de vuestro valor y experiencia de vuestra virtud como yo, quisiera darme marido más rico, mas yo vuestra persona y mi contentamiento tengo por la mayor riqueza del mundo”. (Pág. 124-125)

- Teocentrismo de la monarquía. Tanto este aspecto como el anterior, apuntan de alguna manera a lo que será el teatro del Siglo de Oro, por lo cual no resulta extraño que Lope adaptase la obra a la escena. El perdón le llega a los desposados gracias a la mediación de Rodrigo, pero en último extremo, es el rey de Granada quien obliga al alcaide de Coín a dicho perdón:

“El moro lo sintió en el alma, mas viendo que no podía pasar el mandamiento del Rey, volvió de buen continente y dijo que así lo haría, como su alteza lo mandaba.” (Pág. 134)

- Justicia poética, que también sería propia del teatro: cada uno de los personajes recibe la justa recompensa a su virtud, a su heroísmo y a su amor, quedando, por consiguiente, vencida la diosa Fortuna.

 
El Abencerraje
Personajes

Si como hemos visto, son dos las historias que se nos narran a lo largo de la novela –una de amor y otra de armas-, dando lugar a dos temas centrales –el amoroso y el heroico-, comprobaremos ahora que son tres los personajes usados por el autor para unir ambos temas y ambas historias.

En primer lugar nos es presentado por el narrador Rodrigo de Narváez:

“... en tiempo del infante don Fernando (...) notable en virtud y hechos de armas...” (Pág. 104)

Pasa de lo particular a lo general. Narváez no es un caso aislado de heroicidad en España: “España tiene en tan poco el esfuerzo, por serle tan natural y ordinario...” (Pág. 104), es decir, las hazañas realizadas por Rodrigo pudo haberlas realizado cualquier otro español y, por tanto, los hechos que se van a narrar a continuación pudieron ser obra de cualquier otro caballero. De alguna manera el autor está disculpándose a sí mismo cualquier posible anacronía histórica. Después de esta digresión, vuelve a lo particular: Narváez era alcaide de Álora y de Antequera, aunque:

“Lo más ordinario residía en Álora, y allí tenía cincuenta escuderos hijosdalgo a los gajes del rey para la defensa y seguridad de la fuerza; (...). Tenían todos ellos tanta fee y fuerza en la virtud de su capitán, que ninguna empresa se les hacía difícil, y así no dejaban de ofender a sus enemigos y defenderse de ellos; y en todas las escaramuzas que entraban salían vencedores, en lo cual ganaban honra y provecho, de que andaban siempre ricos.”

Se pretende convertir a Rodrigo en una figura ejemplar. Su persona y su historia se dibujan sin detalles, no se refieren pormenores, sino que se presenta lo que esencialmente lo caracteriza, convirtiéndolo así en un arquetipo de heroísmo extratemporal y prestigioso. La profesión de Rodrigo es la de militar y como consecuencia su historia es bélica; narra ésta triunfos y conquistas, y pinta el presente como un premio que consagra las acciones del pasado y que las testimonia. El alcaide aparece como famoso caballero, como militar valiente y esforzado, resumen de sus características de héroe arquetipo y compendio de virtudes, que el propio Abindarráez le reconoce:

“..., aunque nunca os vi sino ahora, gran noticia tengo de vuestra virtud y experiencia de vuestro esfuerzo”; (Pág. 112)

Narváez nos introduce desde el principio de la novela el tema heroico con todas las características que en el epígrafe anterior le hemos atribuido y que se pondrán de manifiesto cuando él y sus escuderos se encuentren con Abindarráez.

A partir de la página 107 aparece en escena el moro, de quien el narrador se limita a darnos una descripción física, tanto de cuerpo como de vestiduras. Lo cual resulta lógico, pues si quien nos está contando la historia era cristiano, consecuentemente conocería la historia y hazañas de su hermano de Religión pero no las de un enemigo de raza e ideales. Abindarráez se presenta a sí mismo a través de una cancioncilla (pág. 108), y más adelante en el momento de contarle a su vencedor la fortuna de su linaje, pero esto, claro está, no sin antes haber dado muestras de su virtud y valor como guerrero. Su derrota queda justificada por la fortuna que le persigue a él y a todos los suyos y por el cansancio de la pelea, pues “el alcaide venía de refresco” (pág. 110).

La valentía y coraje del moro no necesitan de explicaciones por parte del narrador, sino que se evidencian desde el mismo momento en que aparece peleando con varios cristianos a los que vence, a pesar de que le superan en número; lo importante de la vida de Abindarráez no es su faceta guerrera, por eso basta con un ejemplo concreto: el presente; al contrario que en el caso de Narváez, donde lo más importante era lo bélico, para el moro vencido, lo más importante es el amor, y será él mismo quien narre sus desventuras amorosas vinculándolas con la historia de loa Abencerrajes al referir el principio de sus desdichas:

“Resultó de este infelice saco que ningún Abencerraje pudiese vivir en Granada...” (Pág. 115)

Abindarráez continúa la historia de sus antepasados, porque el moro encarna a los Abencerrajes y los presenta. Pero no se trata de convertirle en un arquetipo, como ocurría con el héroe cristiano, se le incluye desde el comienzo en lo limitado de sus circunstancias; con su historia se introduce el tema amoroso dibujando el estado sentimental de Abindarráez y Jarifa en distintos cuadros consecutivos: en la niñez, en la adolescencia, en la despedida, en la separación; y en cada una de las situaciones se estudia el amor y se describen sus efectos acudiendo a la mitología grecolatina:

- La fábula de Sálmacis y Hermafrodito.
- La de Píramo y Tisbe.
- Abindarráez se compara a sí mismo con Narciso.

El nacimiento del amor se presenta con Píramo y Tisbe como fondo, y se explica como resultado de la conformidad espiritual de los amantes, determinada por la situación en la que los falsos hermanos se encuentran . Pues ésta, al reducir el universo al mundo de los niños, da lugar a un sentimiento que paulatinamente va aumentando, la fábula de Píramo sirve para indicar las características del amor en su nacimiento: lo natural de su aparición y lo desconcertante y engañoso de las circunstancias.

Con la fábula de Sálmacis se estudia el amor en el momento en que como amor empieza a dibujarse: “¡oh quién fuera Troco para parecer ante esta hermosa diosa!” (Pág. 117). El amante anhela la unión absoluta con la amada, definición en que se apoya la novela y que coincide con una de las que el Renacimiento había repetido, la que explica el amor como transformación del amante en el objeto amado, para que éste a su vez se transforme en el amante. El amor comienza a convertirse en pasión, y volviendo sobre el carácter engañoso que se le había adjudicado, se señala lo que hay en él de confusión y de pérdida, y, por consiguiente, el dolor que ahora lo caracteriza.

Tanto la fábula de Sálmacis como la de Narciso insisten, combinándose, en la confusión que del amor se deriva.

Con el amor de adolescencia desaparecen los engaños que confundían a los amantes, pero la confusión continúa y se hace aún más desconcertante, se dibuja el amor como laberinto, como fuente de sufrimiento, de angustia y de desgracia; el amor se convierte en enfermedad perturbadora, por eso se alude a la tortura de los celos, al temor de los enamorados, a la angustia que la presencia de la amada produce, a la desesperación que de su ausencia se deriva: la Fortuna acaba con su “dulce vida”.

Justo en la despedida se presenta el matrimonio como solución a todos los problemas, pero a ese matrimonio no se le atribuye un sentido religioso, su poder emana de la realidad a la que alude y representa: la unión de los enamorados sin limitaciones ni obstáculos.

El encuentro entre lo heroico y lo amoroso se produce en el momento en que Abindarráez se dirige a consumar su matrimonio. Rodrigo penetra así en el mundo amoroso de Abindarráez y Jarifa, primero para separarlos, pero al final para ayudarlos a unirse burlando a la cruel Fortuna; y al mismo tiempo, con ese encuentro, el moro participa del mundo heroico al verse obligado a hacer uso de las armas para poder llegar hasta el amor. Jarifa es así el punto de unión entre lo bélico y lo amoroso, ella es el eslabón que une a ambos héroes y que les permite demostrar su virtud y su caballerosidad.
Jarifa es, de los tres, el personaje más pasivo de la obra; no nos la presenta el narrador, como a Rodrigo, ni se presenta a sí misma, como Abindarráez, sino que nos es presentada por su esposo antes de que ella entre en escena, y lo hace comparándola con Venus, en un tono totalmente platónico, localizando las escenas amorosas en “locus amoenus” (huerto con jazmines y fuentes), y destacando en ella la belleza como si fuera ésta la más elevada de sus cualidades; pero al final de la obra, también Jarifa participa de los dos temas centrales: ha desobedecido a su padre por servir al amor, y por el mismo motivo está dispuesta a entregar su libertad heroicamente. Es ella, además, quien introduce el único dato morisco que aparece en la novela: la aceptación de la poligamia: “...; y si sirves otra dama, dime quién es para que la sirva yo” (pág. 126).

A lo largo de la novela, encontramos otros personajes, pero su papel es meramente funcional:

- Los escuderos de Rodrigo, que sólo sirven para hacer patentes las cualidades guerreras del moro;
- El viejo caminante que narra la anécdota de Rodrigo con la dama de Antequera, demostrando así que el héroe no sólo es virtuoso con las armas, sino también en lo que a relaciones humanas se refiere;
- El Rey de Granada, que es la llave movida por Narváez para hacer posible la felicidad final de los amantes;
- Y el alcaide de Coín, padre de Jarifa, que comienza siendo un obstáculo para el amor, pero acaba por aceptarlo de una forma pasiva.
 
El Abencerraje
Recursos y Estilo

El Abencerraje goza de un estilo depuradamente renacentista, donde todo se amolda a la realidad y nada está excesivamente exagerado ni en los momentos apacibles ni en los turbulentos; se dan algunas notas coloristas de descripción de vestimentas y jardines. Es un estilo que se amolda a los estados del alma procurando ganar en suavidad y ternura a través de fórmulas interrogativas, de exclamaciones, soliloquios, construcciones repetitivas etc.

La expresión es ágil y fluida, con una notable adecuación entre los elementos psicológicos y los constructivos.

El amor que nos transmite es limpio y sano, un gusto “fundado sobre el bien”, lo pasional llega a alcanzar un súbito grado, pero sin rebasar los módulos de la época.

Es una novela bipolar entre lo amoroso y lo heroico, entre la realidad y el idealismo pero en su justo punto medio. La historia desequilibra en su favor la subjetividad poética, y se inclina hacia el lirismo, por lo cual a pesar de su información histórica lo poético pasa a ocupar el primer plano. En vista de ello, la posición ambivalente de la Historia de Abindarráez y Jarifa, claramente se inclina hacia lo estético y nos induce a definirla como “poema en prosa.

Como recursos más destacados, podemos señalar:
Ø La comparación con el mundo grecolatino para ensalzar el heroísmo de los españoles en general y de Rodrigo de Narváez en particular.
Ø Arenga dirigida por Rodrigo a sus escuderos, cargada de elementos retóricos: “-Paresceme, hijosdalgo, señores y hermanos míos...” con la cual el capitán da órdenes a sus hombres pero poniéndose a la altura de éstos para captar su benevolencia y ganarse su voluntad.
Ø Canción que va cantando Abindarráez cuando es sorprendido por los cristianos, con la que no sólo se anticipa la condición de moro del cabalero, sino también su estado anímico:
“Nacido en Granada,
criado en Cártama,
enamorado en Coín,
frontero en Álora”.

Ø “Traía el brazo derecho regazado y labrada en él una hermosa dama...” con esta parte de la descripción física de Abindarráez se manifiesta también su condición de enamorado y, de forma simbólica, se anuncia de dónde procede la fuerza del brazo del joven, que de hecho no es vencido por su adversario hasta que recibe una herida en ese brazo:

“Él, en recibiendo el golpe, arremetió a él y dio una herida en el brazo derecho, y cerrando luego con él, le trabó a brazos y, sacándole de la silla, dio con él en el suelo”
Ø paralelismo entre la desgracia de Abindarráez y la de los Abencerrajes.
Ø Alusiones mitológicas para definir el amor de Abindarráez y Jarifa.
Ø Ornato de distribución inversa:

“No se tenía por Abencerraje el que no servía dama, ni se tenía por dama la que no tenía Abencerraje por servidor.”
Ø Unión de anáforas y comparaciones antitéticas para enumerar las calamidades de los Abencerrajes:

“Vees aquí en lo que acabó tan esclarecido linaje y tan principales caballeros como en él había; considera cuánto tarda la Fortuna en subir un hombre y cuán presto lo derriba; cuanto tarda en crecer un árbol y cuán presto va al fuego; con cuánta dificultad se edifica una casa, y con cuánta brevedad se quema”.
Ø Repeticiones y paralelismos antitéticos para expresar los efectos del amor:

“Ya en este tiempo nuestros pasatiempos eran diferentes; ya yo la miraba con recelo de ser sentido, ya tenía invidia del sol que la tocaba. Su presencia me lastimaba la vida, y su ausencia me enflaquecía el corazón.”
Ø Enumeraciones: “Señora mía, alma mía, solo bien mío.”>“..., yo quiero ser tuya hasta la muerte; tuyo es mi corazón, tuya es mi vida, mi honra y mi hacienda; ...”
Que anuncia y reitera la entrega de jarifa a su enamorado.
Ø Ambos enamorados tratan del amor en términos propios del amor cortés y de la poesía de cancionero: prisión de amor, muerte de amor, Abindarráez sólo es vencido por el amor, y además, se considera a sí mismo vasallo de su señora:

“- He querido, Abindarráez, que veáis ñeque manera cumplen las captivas de amor sus palabras,...”

“- Matarme bien podrás –dijo el moro- que en tu poder me tienes, mas no podrá vencerme sino quien una vez me venció.”

“- De suerte, señora, que vuestro captivo lo es también del alcaide de Álora;...”

“Pues nunca Dios quiera –dijo Jarifa- que, yendo vos a ser preso, quede yo libre, pero no lo soy.”

Ø Las tres cartas finales introducen el intimismo del estilo epistolar, tan propio para el análisis de la propia conciencia, y en este caso sirven además como epílogo de la obra, son la evidencia de la felicidad que los enamorados alcanzaron gracias a la virtud de un caballero que supo anteponer los valores humanos y los sentimientos a la rivalidad entre las distintas “leyes” o religiones.

En general toda la obra se mueve en un continuo Clímax-anticlímax:
— Amor imposible de los falsos hermanos / amor feliz gracias a Narváez.
— Abindarráez es capturado p9or los cristianos, lo cual parece que le va a impedir el reencuentro con la amada / es precisamente el héroe cristiano quien le facilita ese encuentro.
— Narváez está apunto de cometer adulterio / vence la virtud y Narváez se convierte en guardián de la honra del marido de la dama.
— Los dos amantes van juntos a prisión / esta prisión se convierte en Felicidad.

Todos estos finales felices, salvando las adversidades, pretenden plasmar una confianza total y absoluta en el hombre, en sus valores espirituales y en sus actos. Cuando hay virtud y nobleza en todos los hombres, cualquier suceso concluye felizmente.

La novela es, pues, la afirmación renacentista de optimismo, de la confianza en el hombre y en sus posibilidades. Supone el triunfo del homocentrismo renacentista.

 
El Abencerraje
Bibliografía

- Alborg J.L. .- “La novela morisca”, en Historia de la Literatura Española I.- Edad Media y Renacimiento. Madrid, Gredos 1986 (Págs. 934-936)

- Carrasco Urgoiti, Mª Soledad.- “El Siglo de Oro. Novela morisca”. En el Moro de Granada en la Literatura. Granada. Universidad de Granada. 1989. (Págs. 55-62)

- Gimeno Casalduro, J. .- “El Abencerraje y la hermosa Jarifa: composición y significado”. En La Creación literaria de la Edad Media y el Renacimiento. Madrid. Ediciones José Porrúa, S.A. 1977. (Págs. 83-112).

- Morales Olivier, L. .- “Antecedentes y Valoración de la novela hispano-morisca” y “Las novelas de la Guerra de Granada”. En La Novela Morisca de Tema Granadino. Madrid. Universidad Complutense de Madrid (Fundación Valdecilla). 1972. (Págs. 15-67).

- Teijeiro Fuentes, M.A. .- Moros y Turcos en la Narrativa Áurea (el tema del cautiverio). Cáceres. Universidad de Extremadura. 1987.

- EL ABENCERRAJE.- Ed. de Francisco López Estrada. Madrid. Cátedra (Letras Hispánicas). 1983.

 
Bello y fugaz
I

La vida por la ventana
en coágulos de lumbre y leña
despeñando ababoles y sueños
por acantilados y peñas.

Los sueños por el olvido
a borbotones de sangre y vino
descolgando todas las olas
sobre rincones de olvido

Y por la sangre los vientos
por la saliva el frío
por cada labio la muerte
de un amor triste y prohibido.

 
Bello y fugaz
II

Arrópame con tu cuerpo
tiéndeme bajo tu alma
subyuga todos mis sueños
y deja libres mis alas.

Vuelve del revés mi piel
atraviesa mis entrañas
perfora todos mis huesos
y deja libres mis alas.

Ámame tal como soy
con mis miedos y mis trampas
o déjame volar al viento
entre versos y palabras.
 
Bello y fugaz
III

Me duele cada verso
cada verso me duele
como espina en la garganta
como puñal en el pecho
como ilusión que se escapa.

Y me duelen los besos
los besos que nunca di
y los que se llevó la nada
también los que no han nacido
y los que sin nacer me matan.

Y me duele incluso el viento
cuando susurra tu nombre
y más me duelen las olas
que repiten tus palabras.
Pero no hay dolor mayor
que vivir sin tu mirada.

 
Bello y fugaz
IV

Ven y lléname de gozo
dame el sol de tu mirada
la luna de tu aliento
el calor de tus palabras.

Ven y siéntate a mi lado
miremos juntos el fuego
bebamos juntos la vida
lleguemos juntos al alba.

Qué se enciendan los volcanes
que se prendan las lianas
que se iluminen los cielos.
¡Por fin me regresó el alma!
 
Bello y fugaz
V

Bello y Fugaz
como nube cargada de lluvia
que pasa y se aleja.

Fugaz y bello
como el fuego que late
y se extingue.

Fugaz como soplo de viento
en la sien.

Bello como el ocaso
que derrama toda su sangre
sobre los poros dormidos
de la vida y el sueño.

Lo bello es fugaz
como el deseo
como el beso
como el verso
como el susurro leve del ave
que vuela sobre mi piel
cuando tu aliento
pronuncia mi nombre
y se va.

 
Las buenas palabras para Lena

Hay quien trae las palabras como un viento animoso,
un susurro del alma que moviera campanas
de gozo, de la fiesta, de cosecha resuelta.

Hay quien trae las palabras como gaviotas altas,
recortadas al cielo, dibujando alegría,
anunciando el verano, bendiciendo la brisa.

Hay quien trae las palabras cual consejo y consuelo
al que ve los precisa, y no tiembla, y no duda,
y dice con justicia lo que ésta demanda.

Así son tus palabras: bandada de verdades,
¡que viajen lejos, lejos, que nadie las enjaule!
Palabras de tu alma, consuelo de la mía.

Blanca Barojiana
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Para Blanca
Hay quien lleva los versos como fuente las aguas,
quien domina la estrofa como Fénix de Ingenios
quien alienta al caído y alimenta los sueños.

Y hay quien vuela tan alto que a mi luna roza
prodigando caricias al sol más ardiente
mientras blanda, una nube, su gran verbo goza.

Hay quien llena de cantos las esquinas del orbe
y recoge cosechas que agostadas quedaron
y tranforma mis cenizas en versos alados.

No permitas nunca, Blanca, que te estorbe
la inquina, ni el miedo, ni odios que pasaron
y sigue danzando en vientos elevados.

No pierdas tu fuerza y tampoco el coraje
de pasar por la vida corta de equipaje
luciendo cual eres: sensible y bravía,
colmando de verdades tu alma y la mía.

Lena
 
LA RONDA
Que me ronde ese moreno
tengo yo que conseguir,
es rico de bolsa y cuerpo,
de los pocos que hay aquí.

Con poco que me insinúe
en mis redes caerá,
con dos caídas de ojos
y un poquito contoneo
con mis mieles soñará.

¡Se pasa de moreno y alto
y tiene un gran olivar,
lindando justito al mío!;
¡que buena finca se hará,
cuando sea mi marido!.

Tiene unos ojazos verdes
como sus campos de trigo,
y ya es casualidad
el que linden con los míos.

Su figura es de torero
con talle fino y esbelto,
-su cuenta si está bien prieta-
y además tiene dos casas,
cerca del Ayuntamiento.

Preguntaré por el pueblo
-y no me quiero informar-,
al no ser interesada
no he de poner mucho empeño,
en el tema dineral.

Se que se llama Juan
Rodríguez de Casablanca,
yo Esperanza y Todo-Mío.
Cuando se case conmigo
haré gala a mi apellido.

Este cuento no es real
es una historia pensada,
para poder demostrar
lo que llega a cavilar,
una viuda...enamorada.

Emilio Medina.
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El Viudo
¿Y un viudo como cavila?
¿Nos lo puede usted contar?
¿O sólo las viudas piensan
y los tíos no saben pensar?

Pensó un viudo que tenía
dos chiquillos que atender:
me buscaré una maría
que me sepa entretener
que me cuide a los chavales
y me haga la comida
que me limpie los zapatos
y que me alegre la vida.

He de buscarla bien joven
y hermosa si puede ser
que sea la envidia de todos
y además me ha de querer.

Que tenga muchos olivares
y que sepa trabajar
y con su sueldo y el mío
ya me sabré administrar.

Además ha de ser elegante
obediente y muy discreta
pero atrevida en la cama
con buen culo y buenas tetas.

Con eso yo me conformo
que no me gusta exigir
pues con mis cincuenta años
mucho no puedo pedir.
........ ......... ........

Siguió el viudo cavilando
a quien podría desposar
"no ha de ser inteligente
eso por descontado
pues si lo es dirá la gente
-en cuatro meses astado-"

Tampoco ha de tener hermanos
que la quieran defender
así yo con su fortuna
podré hacer y deshacer.

Así se fijó en la Felisa
la más linda del lugar
que además de huerfanita
era tonta de verdad.

Era guapa y buena moza
aunque un poco cortita,
tenía veinticinco años
y le decían solterita.

Cono no quiero aburrirle
otro día seguiré
y un final a esta leyenda
seguro que encontraré.

......... ......... .......

Sigamos con la historia
del viudo cavilador
que se prendó de Felisa
y a desposar la llevó.

Fueron las bodas sonadas
con mucho bombo y platillo
to’el pueblo contento estaba
menos el tío Paquillo
que por ser el albacea
lanzó un día el rumorcillo
de que era Felisa tonta
y no tenía buen juicio
y así siguió administrando
los bienes de su hermanito.

Se celebró una gran fiesta
con corderos y cabritos
con los más tiernos capones
y unos cuantos cochinillos.

El buen pitarra corría
por la llanura y el monte.
Para no perder el norte
se sirvió también coñac
y un buen cava de verdad.

La tarta fue de 10 pisos
con vainilla y chocolate
bien borrachita de güisqui
y nata pa tras y pa’lante.

Llegada la madrugada
todos fueron a dormir
y la novia acongojada
no hacía más que gemir.

Se ha quedado frito el viudo
con el cuerpo pa'l arrastre
que llegando cierta edad
no hay quien aguante estos lances.

Pero como la Felisa
era más bien avispada,
pues una cosa es la cierta
y es otra cosa la fama,
y como el amor aguza
los sentidos y el ingenio
haciéndose la ingenua
y la nenita asustada
coló en la cama de Eugenio
su cuerpiño de serrana.

Era hijo mayor del viudo
y Eugenio Andrés se llamaba.
Tenía buen porte el muchacho
y una hombría bien dotada.
Contaba con veinte añitos
y medicina estudiaba
becado por su talento
y dedicación sin tacha.


Consumáronse las bodas
aunque no el matrimonio
que por eso al otro día
lo anuló don Antonio,
el curita que el paraguas
olvidó en la mancebía.
Pero es esa una historia
que Emilio ya contó un día.

Y así termina el cuento
del viudo golosón
que por querer novia joven
cornudito se quedó.

Lena
 
La Luna extraviada en la bahía


Lena, señora, escuchad

Navegando he conocido

Puertos muy empobrecidos

Y otros de gran entidad

Vos no sois puerto ni abrigo

No salís de lo escondido

Ni mostráis fragilidad

A vos llegar no se puede

Y no por que llueva o nieve

Es por vuestra ubicuidad

¿Vais o venís? No está dicho

No navegáis por capricho

No es por vuestra vanidad

En la mar hallar se debe

A más de un sabio percebe

Que de vos podrá contar

Cuentos, historias, inventos

Que vuestros pasos a cientos

Quizá fuera a calcular

Pero vos, que sois discreta

Con gesto de anacoreta

Al punto le haréis callar

Y nos dará una rabieta

Por no lograr la saeta

En la diana clavar



José Javier Mesa.

 
La Luna extraviada en la bahía


Ya le escucho don Javier

y me deja usted perpleja,

siendo yo ya luna añeja

con ajado capitel.



Mi reflejo se proyecta

en mil mares a la vez.

Todos me ven y me siguen

sin lograr rozar mi tez.



Pues como sombra navego

sin que las aguas me rocen,

condenada a deambular

sin que marinos me gocen.



Con su canto, las sirenas

engañan a navegantes,

yo tan sólo les confundo

con mi imagen refractante.



Los percebes a la roca

siempre viven adosados,

sólo me han visto de lejos

pero les tengo asombrados.



No es mi intención ser ufana

ni orgullosa ni arrogante,

pero está en mi condición

habitar cielos distantes.



Su canto de luna y mares

me ha llenado de emoción.

Y cuando llora la luna

el sol se pone tristón.



Por eso galante vate

debo secar mis lágrimas

o se borrará la pátina

de mi cara de ababol.

Lena