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Haciéndome el sueco
Unas pequeñas notas de un postdoc perdido en Ikealandia
Acerca de
Acerca de cómo un gaditano con vocación de científico se marchó de postdoc a vivir venturas y desventuras a un lugar de la Suecia, de cuyo nombre no puedo pronunciar, y de cómo éstas son narradas.
Sindicación
 
DOS SEMANAS, Y SEGUIMOS...

Suecia, además de ser lugar con la mayor probabilidad de encontrarse paseando a una sueca que corta la respiración, y la mayor concentración de muebles de Ikea por kilómetro de territorio nacional, es un país lleno de contrastes y de mitos por derribar, y otros por crear. No voy a desvelar todos ellos en mi segundo capítulo del blog, obvio, todo, a su debido tiempo. Aunque he de decir que en las dos semanas que llevo por aquí, he escuchado y visto cosas innumerables tras la que siempre caía el mismo comentario "eso lo tengo que escribir...". Pero en su momento, todo en su momento. Por cierto, y ya que se me ha olvidado comentarlo antes, he sobrevivido a mis primeras dos semanas.

Diré que el viaje de llegada a Suecia ha sido uno los más agotadores que he tenido que hacer nunca. De Cádiz al aeropuerto de Málaga de madrugada para llegar tempranito al primer avión. De Málaga a Madrid, De Madrid a Copenhagen, y de Copenhagen a mi nuevo "hogar dulce hogar". Cuatro aeropuertos, subiendo, por el aire, bajando del aire, y vuelo otra vez porque me toca (lo que llamo un Boeing, Boeing, Boeing..., vaya). Todo ello, obvio, con sobrepeso en el equipaje, arrastrando tiestos de una lado a otro del globo, y eso que prácticamente he tenido que dejar gran parte de mis objetos personales detrás, a la espera de que vuelva en algún momento a por ellos. Mucha rebequita en las maletas, eso sí, que uno nada más se pone de un color azul-congelado de pensar en el frío que le va a caer encima... En total, 16 horas de viaje hasta llegar aquí. Ni que hubiera ido a China... Encima, mientras esperaba en Copengahen otro avión, perdí mis gafas de sol en cuestión de segundos. Me las dejé encima de una mesa y al volver, ya no estaban. No sé si fue alguien en concreto que tuvo su día, o fue el mismo destino que me decía -"chaval, donde tú vas no las vas a necesitar...".

Y efectivamente, y así debía de ser, llegué a Suecia de noche, sobrevolando luces de ciudad, y mientras mis nervios montaban su fiesta de bienvenida acelerándome el pulso y erizándome el pelo. Curioso, todo lo tranquilo que me sentí durante los preparativos del viaje se vino abajo en un simple momento, al contacto de las ruedas del avión con suelo sueco. Si en aquel momento me hubieran dicho si quería que el avión volviese a remontar para dar la vuelta, hubiera dicho que no... Joder, ya había tenido bastante viaje por un día!!! Pero, algún trocito de mí, obviamente, hubiera preferido volverse para pisar de nuevo la arena fresca de la playa al atardecer, junto al Chiringo de la Curva de Virgen del Mar...

¡Pero no! No hay nada como echarse encima 29 kilos de maletas, más los más de 10 de equipaje de mano (a cuya ecuación hay que restar el peso de mis gafas de sol...snifff) para atar los nervios y para hacerte ya de paso con una buena hernia. Menos mal que tenía un nutrido comité de bienvenida que no me esperaba. Una postdoc francesa que trabaja en mi grupo, una becaria eslovena también del grupo, y el novio de ésta, el cual me saludó con un "hola, que tal?!" inconfundiblemente español. De hecho su novia siguió la conversación con un "¿qué tal el viaje?".... muy bien pronunciado. Y uno que se da la vuelta y pregunta en la oficina de información del aeropuerto si aquello era Suecia, o el avión se lo llevó una corriente y me puso de vuelta en Málaga... Bastante despistado salgo de un avión (no dejaran nunca de parecerme maquinitas teletransportadoras con forma de supositorio alado, donde te metes, y a las horas cuando sales, todo ha cambiado a tu alrededor...) como para encima todos me hable en un idioma que me suena bastante... No es que me quejara, no..., es que no me lo esperaba!! Y yo que venía pensando cómo voy a sobrevivir aquí un invierno, y resulta que me encuentro con un tipo nativo de la zona de Cabo de Gata que lleva aquí casi cuatro años. Así que en mi español casero, genuinamente importado desde Cádiz, le dije -"quillo, si tu puedes..., yo también". Lo de la novia se explica perfectamente por las "transferencias horizontales lingüisticas". Ni "Home english", no, no. El mejor método para aprender un idioma es definitivamente llevándote el "diccionario" a la cama. Así que, si dentro de poco empiezo a soltar frases en sueco... es la cosa por aquí va de maravilla!!!!

Mi comité de bienvenida me dejó en mi primera casa provisional (lo de los alquileres en esta ciudad merece un mención especial que ya haré...), que no era otra cosa que una residencia de estudiantes de la universidad, en la cual tengo mi cuarto, con mi baño, y una cocina compartida con 9 más. Y resultó que mis compañeros de cocina son 9 tailandeses de Tailandia. Debe ser que aquí los reúnen por regiones y han debido de darse cuenta de las afinidades socio-culturales-lingüisticas entre un tío de Cádiz y 9 tais... (quizás, quizás, estos suecos son unos tíos muy listos...), lo cual le da a la cocina un aroma, al menos peculiar... Eso sí, la residencia posee sauna, un pub, lavandería y ventanas enormes en las habitaciones sin cortinas. Y yo que estoy en la planta baja, y que menos mal que duermo sin pijama... Eso sí, en la primera semana me pasaron unas cortinas monísimas azules con muchas ovejitas pintadas que le da a la habitación, al menos un toque "juvenil". Pero tiene sus ventajas, claro..., si no me entra sueño, siempre puedo ponerme a contar las ovejas de las cortinas.

He de decir que mi comité de bienvenida estaba compuesto por cero suecos, pero fue bueno ver que tras llevarme a mi "home, sweet home", me invitaron a que los acompañara a cenar por ahí. Yo, que ya venía cenado desde Dinamarca, y había salido de mi casa 16 horas antes, obviamente les dije que sí. No está la cosa para rechazar invitaciones. Me hubiera apuntado a una maratón si ese hubiera sido el plan. Y no es por desesperación, no, no (para eso todavía falta), sino para ir abriendo una pequeña grieta en sus vidas por la que colarme en previsión de un invierno que se acerca rápido y frío. Por cierto que entre una y otra cosa, y todo me pasa por hablar, ya me han dicho que me apunte a correr la media maratón de Goteborg, que casi todo el mundo en el grupo la ha corrido, al menos (al menos, what llu min, almenos!?!?!?!) una vez...je. Más vale que empiece a entrenar...

A falta de indígenas escandi-navos en la mesa en la que cenábamos aprovecharon para ponerme al día sobre este país y esta ciudad. De lo cual saqué información interesante: por un lado es cierto, sí lo es, nada de mito, que no me preocupara por las suecas, ellas ya se tirarían encima mía sin ningún reparo, a lo cual siguió una advertencia, ya que por lo visto las suecas tienen un instinto maternal muy encendido, y les da por querer tener niños de muy joven, lo cual debe de explicar lo de mi primo sueco fruto del primer contacto de un familiar mío con las mozas de estas tierras... Por otro lado me enteré que a los suecos no les gusta estresarse, y que la vida aquí, la describieron como "fácil". Un brasileño que se unió a la cena luego ha tenido reuniones con su jefe, preocupado éste porque el portugués estaba "demasiado concentrado en el trabajo, y que debía dedicar menos tiempo a trabajar, y más para socializar con el resto de sus compañeros". Es una cosa muy rara, pero no por ello deja de ser cierto que aquí las cosas funcionan de otra manera. Por ahora trataré de "investigar" este fenómeno y prometo documentarlo para un futuro, porque ese sistema de trabajo que resulta que funciona, debe poseer una especie de equilibrio magnifico, en el cual aparece una fuerte tendencia al modelo de trabajo español, pero debe de quedarse parado en algún punto previo con lo cual asegura la fórmula del éxito... Sí. He aquí que la primera noche se me derribó el mito de los suecos trabajando a destajo para hace Volvos, y mesitas de noche de Ikea (claro, que esas me parece que se hacen en todos lados, menos en Suecia). Sin embargo he de alegrarme que el mito derribado sea éste, y no el primero que he comentado sobre las suecas.

Y todo esto..., en el transcurso de mis primeras horas en Suecia. He de decir que lo que percibo ahora es que todo promete. La gente del laboratorio, que son mi primer contacto humano por estas latitudes, y los cuales describiré en un artículo posterior, me han recibido mejor de lo que esperaba, y, en general, creo que son gente interesante con las que poder dar el primer impulso necesario para afianzarme en estos lugares. Por ello, y porque además el frío te conserva el cutis, estoy seguro que todo, tanto lo bueno, como lo menos bueno, me espera a la vuelta de la esquina. Entiendo que es sólo una sensación, y que se basa en dos minúsculas semanas, pero bueno, por algo habrá que empezar!
 
VOLANDO VOY

Volando voy...
Y por el camino, yo me entretengo..., o por lo menos eso intento. Por eso quizás comienzo este trocito de ventana para quien quiera verla, leerla, criticarla, o aborrecerla. Cada uno sabrá. Me entretengo mientras vuelo. Mientras volando voy, aunque con el respaldo reclinado del asiento de la de delante, que duerme la siesta que yo podría estar pegándome, y la ratonera que ya de por si es el espacio que corresponde a cada uno de los pasajeros de este avión, creo que acabaré primero con dolores de espalda que con el primer párrafo... Pero por el camino, yo me entretengo, y porque además hace ya tiempo que dedicí que era el mejor momento para comenzar esta historia cuyo final nadie puede presumir, aquí me encuentro, y me entretengo escuchando al Michael Buble en honor a quien quiso que lo escuchara.
Y por el camino que trazo a 10 mil metros de altura, yo me lo pienso; ¿a donde diablos me largo? Hoy quizás, mientras contemplaba la última de las combinaciones de salida y de llegada que mostraba la última de las tarjetas de embarque que me dirigen, dando botes de aeropuerto en aeropuerto, a lo que será mi próxima vida durante al menos se supone unos tres años, sentí por primera vez la misma sensación de vértigo del que está perdido en mitad del bosque, sin puntos de sujeción, en una ruleta en la que he apostado mucho y que puede que salga rojo, o puede que negro. Dejar el cálido sur de donde uno procede para adentrarse de lleno en Suecia parece de entrada que saldrá negro. Pero me da por pensar en todo lo que me espera, lo bueno, lo malo, y lo más bueno. Tener la oportunidad de mezclarme entre escandinavos y empaparme de sus vidas, exprimirlas al máximo, y llenarme a mí mismo del reverso de la moneda que supone para un tipo del sur de España el frío norte de Europa, se me antoja una apuesta ganadora, un rojo seguro.
Ahora me entretengo acordándome de todo lo que dejo atrás, y la ruleta de nuevo apunta al negro. Dejo atrás una vida que más buena o mala, me gustaba, o por lo menos me gustaban los que participaban de ella, las personas y lugares que la construían y la enriquecían de manera que hacia meritoria vivirla. Dejo demasiado, y resultó que la apuesta se volvió más dura de lo que al principio suponía... Como los jugadores que no saben donde detenerse antes de darse cuenta de que lo ha perdido todo, avancé por este proyecto de futuro que tan bien tenía trazado y del que tan poco sabía, y por ello me asaltan las dudas, y todo lo que ahora estoy empezando tiene la misma textura vaporosa que las nubes que veo por la ventanilla, y que apenas me dejan ver lo que hay abajo. Pero por lo mismo sé que abajo hay suelo, firme y palpable, y aunque empiezo de cero, el andamiaje de mi propia vida, que soy yo mismo, se viene conmigo en el avión, y sé que más tarde o más temprano se llenará de nuevas facetas, gentes y lugares, rutinas y hechos esporádicos que acabarán por rellenar la estructura que soy yo, y que ahora viaja. Porque tanto como se deja atrás nunca pasa en balde, y acaba sirviendo para crear una argamasa más fuerte con la que acabas construyendote. Sé que todo lo que queda atrás en el fondo me deja como legado un poso que ya no sé distinguir con lo que yo era, porque al fin y al cabo, todo queda fundido en una solo material. Soldadura flexible, pero tremendamente fuerte que debe servirme para sobrevivir a los escandi-navos. Y eso, para el que aún haya continuado leyendo, es una ganancia segura. Todo al rojo, que gano. Porque en definitiva hoy le he puesto rumbo norte a mi vida.
Y tan seguro estoy de ello, que creo merece la pena hacerlo saber. Hoy comienzo a hacerme el sueco. Hoy empiezo mi estancia como investigador postdoctoral en un país extranjero. Hoy no soy ni más ni menos como otro que se suma al montón de individuos e individuas, de bichos raros que componen el nuevo modelo de emigrante que entonan el "adiós, España querida...", conscientes y en cierta medida reflejados de lo que atrás digo (o puede que no, porque no puedo hablar por todos los que salen en sus respectivos aviones), pero todos ellos (espero..., ojalá sea así) con el depósito lleno del combustible del que se provee la ilusión, rozando el borde de la temeridad, comenzando un trabajo en algún lugar del "goglee earth" con el que tratar de hacer los máximos méritos posibles para luego hacerse un hueco, en un posible y lejano futuro, en un mundillo lleno de miserias, como es el de la Ciencia en este santo país. Hoy comienzo otro capítulo de la vida llena de tribulaciones del que quiere dedicarse a esto, y del que acabo de terminar de revolcarme en su primera parte en el periplo de "puto becario". Un capítulo nuevo que, a los que están fuera de este mundillo puede que entiendan, o puede que no. Pero a su vez, es el mismo mundillo que me lanza al exterior es la excusa que me sirve, lo que me da ganas de devorar experiencias, y con intención además de relatarlas. Y por ello abro este trozo de ventana a "Ikealandia" vista por los ojos de un postdoc recién allí-estrenado.
Con lo que yo escribo y escriba aquí no pretendo agradar a nadie, ni que lo que diga guste ni más ni menos. Mis intenciones son, como lo he dicho al principio, las de entretenerme en este viaje de largo recorrido, de años de ida, y ya veremos cuantos de vuelta. Crónicas largas, para publicar en mi propia guía "Lonely Planet style" que en un futuro se escribirá sobre los escandi-navos. No me preguntéis ni os hagáis idea de lo que aquí puede salir. Probablemente algún día tendré ganas de darle un toque irónico, casi cómico (ya veremos si lo consigo...), reirse de uno mismo y de lo que le rodea es el un síntoma absoluto de ser consciente de qué bicho raro eres. Tampoco me extrañaría que algún que otro episodio salga gris, u oscuro, depresivo como el oscuro invierno al que me lanzo a 800 kilómetros por hora. El que quiera y le apetezca que lea lo que su cuerpo le indique. Además, nunca se sabe qué será, será, de este blog, siquiera si sobrevivirá el primer mes, el segundo, o se muera antes de echar raíces. Todo ello, ya se verá. Al fin y al cabo, todo esto es sólo para entretenerse...

Hasta pronto entonces.