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Haciéndome el sueco
Unas pequeñas notas de un postdoc perdido en Ikealandia
Acerca de
Acerca de cómo un gaditano con vocación de científico se marchó de postdoc a vivir venturas y desventuras a un lugar de la Suecia, de cuyo nombre no puedo pronunciar, y de cómo éstas son narradas.
Sindicación
 
COSAS DE SUECOS,...Y SE SUECAS, CLARO. Capítulo II. A qué huelen los bares que no huelen.


Una nota inicial:

Mi querida Charlie. Lamento en el alma mañana no compartir TU momento como así me hubiera gustado, como así debía de haber sido. No me parece justo no apoyarte en TU momento, como tú lo hiciste en el mío. Lo único que puede hacer es que mañana, cuando te subas ahí arriba para comerte con papas a tu tribunal, y sin pan para empujar, porque ni falta que te importa, todo el acopio de energías positivas que llevo guardado desde hace un montón de rato lo lanzaré con todas mis fuerzas para que te lleguen. Tú, que tantas veces me llenaste de esa energía positiva cuando la necesité (perdí la cuenta de las veces hace mucho tiempo), mañana, cuando estés defendiendo tu Tesis, trataré de hacerte llegar las que te debo. Estas que te sale, Charlie, mañana será como dar un paseo por la Acera del Darro, lo sé.

Fin de la nota inicial.

He de decir, y espero no destruir la ilusión de alguno, o quiero creer que puede que de alguna, que el vikingo de cuernos, coletas, barba larga, y rudo comportamiento pasó a mejor vida. Existen, ciertamente, aquellos escandi-navos que llevan coletas, aquellos que tiene barbas largas, e incluso, no lo dudo, es más, doy una de las manos que utilizo para estos ratos de discurrir, que existen aquellos que llevan y lucen cuernos, unos divisables con cierta lejanía, y otros divisibles por el números de fines de semana del año. Pero el escandi-navo actual se caracteriza por su rica diplomacia y su saber estar en situaciones de compleja salida. El escandi-navo de hoy desarrolló la textura del pez para afrontar un problema, y la reacción de un galápago para oponerse a ellos. No es engañoso, ni menos cierto que tal conjunto de propiedades se sumen para generar ese estado tan conocido, y que humildemente tomé prestado para dar título a este Blog.

A día de hoy, el escandi-navo medio no corta cabezas, sino que prefiere asumir lo que le colocan sobre ella, y no es de extrañar por tanto que las grúas de los orgullosos astilleros de esta ciudad hace treinta años que sólo sirvan para rellenar un espacio histórico dentro del paisaje, y algún que otro beneficioso negocio de puenting veraniego. Comparaciones son odiosas, pero aquí no hubo puentes de Carranza que cerrar como protesta, porque todo se asumió. No hubo guerra de guerrillas, ni barricadas en lucha por los sustentos de una ciudad entera, porque ya aparecería otra cosa de la que enriquecerse. En definitiva, y chirigoteando, que es gerundio, aquí nadie entonó el "Cuatro, tres, dos, uno, cero... a ver quien tiene aquí cojones de cerrar Astilleros", y perdonen la frase, pero el que la lleva la entiende, y el que no, no pasa nada, porque sobra en el tratamiento general de este episodio que poco a poco se aleja de su intención inicial y que ahora mismo, trataré de retomar.



Y es que, ahora que es tema de discusión en los países ibéricos, y más rápido se prenden las opiniones airadas, a favor o en contra del tema en cuestión, que la punta del cigarrillo, protagonista y motivo de tales polémicas. Diré que desde hace meses, entrar en cualquier local o sitio cerrado en Suecia significa respirar sin el humo del tabaco, y, pasando de dar opiniones a favor o en contra (me voy haciendo el sueco, me voy haciendo...), por lo menos puedo decir que es un gustazo llegar a casa si oler a humos, o confundir el aroma de las ropas de la noche anterior con el de un cenicero. Desde julio, suecos y suecas deben, hacen y respetan sin queja alguna, salirse a la calle a fumar. Nadie protestó, nadie se salta las normas, y es por ello que me toca, como espíritu inquieto , analista de situaciones, y observador en general, describir lo que podría ser el mañana que tan cercano se presenta en nuestras fronteras. Porque, si bien el ambiente sin humos puede suponer para muchos un motivo de satisfacción, es mi misión actual, como testigo de tales circunstancias que pronto caerán sobre los lugares de ocio de toda nuestra península, alertar de los efectos que ello conlleva y que no se han tenido en cuenta, porque nadie calculó dichos riesgos que ahora son realidades con las que convivir en estas latitudes.

La noticia saltó pronto en la prensa, y el tema se expandió como la pólvora, o como los polvorones en estas fechas entrañables. Los periódicos dedicaban titulares, y los mayores expertos en nada en concreto debatían y debatían. Las universidades crearon departamentos dedicados en cuerpo y alma a investigar el fenómeno y encontrar soluciones prácticas o inútiles con la que restaurar el equilibrio atmosférico de las profundidades abisales de los garitos oscuros, vacíos de humos por primera vez desde que allí se tiran cervezas... Y es que un garito cerrado, siempre olió a humo aquí, y así olerá hasta que nos comamos la última pepita de uva en la Puerta del Sol. Un humo de tabaco que hasta ahora ha servido para enmascarar otros olores que abundan y coexisten el las esquinas de los bares, intimidados antes por el tabaco, ahora libres y con atmósferas abiertas, pululan de lado a lado sin cortes ni restricciones que las ahumen. Porque, ¿quien hasta ahora se ha parado a pensar que un bar nocturno, con las luces encendidas y la música apagada, no es más que una sala llena de gente? Gente que bebe, que baila, que suda y que esconde bajo el camuflaje de los altavoces otras sonoridades gaseosas menos rítmicas. Imaginen por un momento estar en un bar o garito nocturno, tratando de flirtear con sueca o sueco de turno, tratando de decir cosas interesantes pero sin posibilidad alguna de encontrar inspiración, porque a cada una de esas inspiraciones se traga lo que emana del baño de caballeros que se encuentra a 5 metros de distancia. Imaginen que convencen a tal persona-víctima de turno para que se dirijan a la pista a retozar los cuerpos (verticalmente por ahora...) y de cada uno que levanta el brazo a su alrededor surgen anti-anuncios de desodorantes. ¿se lo imaginan? Yo no, porque no me hace falta imaginarlo. Me imagino en cambio esos bares en los que solía moverme las noches de verano, en sitios llenos de calor asfixiante, de playa y de playeros, todos en masa en el mismo local de moda, todos muy, muy juntitos, y sin humos que nos proteja de nuestros semejantes.

Sinceramente, el tema me parece lo suficientemente serio como para dejarnos de Estatuts, y plantearnos remedios que engloben a los países hispánicos. Hay que innovar soluciones antes de que el asunto nos explote de lleno en las narices (nunca mejor dicho...). Yo desde aquí promuevo una seria discusión, una tormenta de ideas planteadas desde la gravedad del tema que nos ocupa y dejo abierta la discusión que espero de sus frutos beneficiosos. Como primer paso, propongo que se inventen los cigarros de Ambi Pur, y que acolchen las paredes de las discotecas con plantillas Devorolor. Sinceramente, creo que es una solución tan seria, como el problema que hace plantearla.


Hasta pronto.


 
Comentario:
como ex-fumadora me viene de perlas la ley...esto es ser egoista??
 
Comentario:
Yo estoy súper a favor de esta ley, ayer, sin ir más lejos estuve en un concierto de estos gigantes, llenos de niños y todos apelotonados... y el señor de mi lado venga a fumar y una peste y un asco de humo todo el rato rondándonos...

Qué ganas tengo de que sea el dá 1!!!

Un besooo
 
Comentario:
Joooo... y yo que soy no fumadora, no había pensado esto, la verdad.

Bueno, al menos puedo elegir: ¿olor a tabaco u olor a sobaco?

Besos de una maia.
 
Comentario:
Aprendes a hacerte el sueco estupendamente, si.
A mi el tema de la ley anti tabaco comienza a cargarme un poquito, más que nada porque los telediarios han encontrado un filón y porque tiene un trasfondo mayor del que aparenta. Es cierto que el humo del tabaco molesta, a los no fumadores pero también a los fumadores. En muchas ocasiones es una cuestión de respeto y de intentar no echarle a la cara los vapores a la persona que tienes enfrente. Así mismo encuentro lógico que no se pueda fumar en el lugar de trabajo, por mera convivencia.
Lo de los bares...bueno, creo que allí las normas deberían ser más flexibles. Pero si no lo son, ajo y agua, a hacer amigos a la calle. De momento, yo seguiré fumando donde me dejen.
Lo de la ropa...muchos descubrirán que el olor a humo tapaba el olor a fritanga. Me temo que la ropa seguirá andando sola hacia la lavadora.

Hablando de olores y como usuaria del transporte público, me pregunto para cuándo una ley que obligue a la gente a ducharse todos los dias.

muchos saludos
 
Comentario:
jajaja!! tu solucion es buena e! XD. No sé, es que yo el bar al que solemos ir a escogido ser fumador entonces no voy a tener problema ahi... que no se pueda fumar en los restaurantes? no me importa, ahora tampoco fumo mientras se come...

un besazo guapo!

P.D.:para cuando el 3er capítulo??? que ansiosa soy... jejeje

P.D.: la foto que has puesto en el post es muy bonita, dice mucho
No