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Haciéndome el sueco
Unas pequeñas notas de un postdoc perdido en Ikealandia
Acerca de
Acerca de cómo un gaditano con vocación de científico se marchó de postdoc a vivir venturas y desventuras a un lugar de la Suecia, de cuyo nombre no puedo pronunciar, y de cómo éstas son narradas.
Sindicación
 
Percepciones


Hoy podría estar en junto a la orilla de la playa de la Costilla, allí mismo, junto a la curva de Virgen del Mar, o podría estar por ejemplo en la playa de la Ballena, o la de Punta Candor, cualquiera de ellos me vale. Hoy no me resulta difícil dirigirme allí, volver a tener la sensación de los pies enterrados en la arena a esta hora de la noche, cuando todo se llena de la humedad del agua cercana, y la suave alfombra sobre la que camino es tan agradable al tacto, que siento perfectamente el frescor de los pies allí semienterrados, y me recreo en ello, jugando con la arena sobre mis dedos, siendo perezoso al andar, enterrando y desenterrando mis pies, y desde aquí tengo la certeza de que es una de las sensaciones más placenteras que puedo retener en mi mente, en mis veranos.

Hoy, no me cuesta aproximarme a mis recuerdos, bajar a ellos desde cualquiera de las escaleras que me llevan a esas playas, y ponerme a caminar por esas arenas mientras escucho la incansable respiración del mar; bajando y subiendo sus pulmones en cada ola que viene y va, sintiendo cada una de sus exhalaciones del aire de su interior en la brisa que chocan contra mi cara. Camino sin rumbo fijo, yendo hacia el espigón del Caracol o hacia los Corrales, no importa... todos los sitios son el mismo, esa frontera entre dos mundos, que nos empequeñece..., que nos diluye. Allí, en cualquier punto de ésos, me expreso con el silencio, el respeto de los actos de veneración, y me siento, o quizás me tumbo, junto a mis recuerdos, y empiezo a vislumbrar que hoy, precisamente, me es más fácil volver allí, porque estoy allí tanto como ahora estoy aquí delante del teclado, en una noche apacible en mitad del "tan lejos", quizás la más apacible, la más noche de verano que pueda haber en estas latitudes nórdicas.

Para alguien que se ha criado junto el mar, el verano tenía la naturalidad de volver a ese lugar cercano, pero vedado durante el resto del año. Recuperar un espacio, volver a conquistarlo en una guerra donde siempre éramos víctimas de las primeras quemaduras de carnes expuestas tras su larga ausencia frente al Sol en aquellos tiempos donde los peligros del astro Rey no existían en nuestras mentes... ese paso de cuerpos enrojecidos a morenos más o menos intensos era peaje obligado para cualquiera de nosotros, y no importaba. La playa para los que vivíamos allí la tomábamos con sorbos tranquilos, sabiendo que teníamos meses y meses para devorarla entera, porque durante ese tiempo no desaparecería. Nos educamos en bajar a la playa a la hora en que el Sol ya estaba de vuelta, éramos seres de atardecer playero, tenía el sabor de la merienda entre el primer y segundo baño del día, y concentrábamos nuestra máxima actividad a esas horas en las las sombras se iban alargando. Siempre he sido una persona que rindo mucho más por las tardes..., precisamente a esas horas, y ahora, lejos de esas meriendas, me pregunto hasta qué punto aquellos ritmos vitales de verano se quedaron incrustados en mí, para siempre, imperturbables, como el paso de las mareas.

El tiempo de aquellos juegos queda ahora en trozos de papel más o menos descoloridos, fotos maravillosas que andarán por algún rincón de mi casa. Pero aprendí a disfrutar de las horas donde el estío veraniego dejaba paso al remanso de la tarde. El verano en el sur es un horroroso horno que sin embargo, a cada tarde, para aquellos afortunados que teníamos el privilegio de vivir junto a ese mar a la hora en que éste tomaba distintos colores, nos liberaba del yugo del calor para devolvernos la vida. La tranquilidad del caminar de nuevo, sin bajar los hombros ni parapetarse, de haber sobrevivido a una nueva batalla contra las temperaturas, el alivio del descanso hasta el enfrentamiento del día siguiente. El veterano de ese combate buscó siempre la calma de los horribles días calurosos junto al mar, la cura, renaciendo al respirar ese aire húmedo y cargado de yodo. Y puede que, de esos ratos de agradecimiento, nació una fidelidad de por vida, una necesidad imperiosa de buscarla, a esa masa de agua madre para volver a bajar las pulsaciones de los cuerpos que buscan descansar. De ahí que inevitablemente, siempre me provoque la misma sensación de tranquilidad infinita, de paz cada vez que me arrimo a su vera.

Y ahora, sentado en el balcón de mi casa, viviendo esta noche, sé que estoy cerca de esa masa líquida madre, y no sólo porque en breves días allí viajaré, y no sólo por la cercanía del otro que aquí me observa, sino porque capto en el aire esas mismas sensaciones que viven en mis recuerdos. He conseguido esta noche, tras varios de días de masticar esta sensación en ese mismo balcón gracias a mi pobre pie inmovilizado, darme cuenta de que hay mucho de parecido entre una noche de verano como ésta y las que antes describía. Existe la paz de la lucha acabada, la satisfacción idéntica del superviviente, y esa misma sensación viene de caminos cruzados, de direcciones opuestas al fin reencontradas. Esos días de calor horrible, y esos otros de frío inhumano se encuentran en esta tarde-noche, aquí en el "tan lejos", también allí, junto a mis recuerdos que muy pronto extenderé. Percibir esas sensaciones por primera vez, tan familiares, en este suelo que antes me rechazaba como si fuera un cuerpo alérgeno, curva un poco más los mundos para acercarlos, y hoy, puedo percibir tan cerca los recuerdos respirando este aire, que todo parece posible, incluso caminar sobre la arena fresca en dirección al espigón del Caracol, o los Corrales, qué más da?


Hasta pronto.





 
Comentario:
Es bello el mar, su olor y su sonido, me reconfortan como a tí, pero a la vez me inquieta.
Hasta pronto amigo.
Besos
 
Comentario:
Aquí te estaré esperando...tal vez podamos pasear juntos por la playa. Besos salados!!!

P.D: ¿Cuando llegas?
 
Comentario:
Eyyyyyyyyyyyy, te cuento hace un levantazo de morirse, ni playita ni ná, todo lleno de arena por el puñetero levante. La gente está ya jartita, ni un alma por los espigones, todo lleno de borreguitos blancos provocados por el viento...La escalera de caracol está medio enterrada por el temporal del levante, así que imagina, eso sí supongo que en la punta de San Felipe será peor, así que ni dobladito ni ná...
Quillo que con la caló que hacee la gente tiene las neuronas derretidas, así que cuando amaine el viento, y haga levante flojito, seguro que tendremos un mar magnífico...
Animo!!
Te mando un poquito de olor a mar con algas enlatado, de ése que te hacía parar para sentir el mar..
Un beso
 
Comentario:
Ayer volví de Finlandia y te comprendo perfectamente. Me acordé de tí porque hicimos escala en Estocolmo.

¿Qué tal va tu lesión?

Espero que mucho mejor.

Besos
 
Comentario:
Bones sinking like stones
All that we've fought for
Homes, places we've grown
All of us are done for

We live in a beautiful world
Yeah we do
Yeah we do
We live in a beautiful world
....
....

There's nothing here to run from
Cause here
Everybody here's got somebody to lean on

(Coldplay)
 
Comentario:
Yo siempre he sido de playa mañanera. La playa por la tarde me daba como tristeza.

Espero que puedas disfrutar pronto de tus paisajes natales.

Besos.
 
Comentario:
En la época en que yo estudiaba en Brujas, lo que más echaba de menos era el recuerdo de Cádiz, donde mi entonces novia vivía y trabajaba. Y aquellos paseos por la costa: casi puedo entender lo que debe suponer estar en Escandinavia añorando las ortiguillas de Rota, los pinares de Punta Candor o andar con las chanclas de goma por entre los corrales. Y, por encima de todo, la LUZ de aquella costa.
Lo que ahora se llama Costa Ballena no me da ninguna añoranza, en cambio.

Procura cargarte de nuevos recuerdos que te alumbren cuando lleguen esas noches interminables de noviembre.
Saludos
 
Comentario:
Vivo cerca del mar, lo huelo cada mañana, para mi es algo tan natural que nunca se me hubiera ocurrido pensar en otro marco para mi vida.

Simplemente delicioso.
 
Comentario:
Qué íntima y delicada tu reflexión. La siento cercana aunque sea incapaz de expresar esos sentimientos con ese ajuste, con esa nitidez, precisión y belleza. Leerte es como sentir tu pulso, lento, plácido, tranquilo y esa respiración serena impregnada, espero, de aire algo más puro o por lo menos bastante más fresco que el que aquí tenemos.
Me encanta cómo plasmas, mejor dicho, como ahora sientes esa cercanía, con esa curva que aproxima los mundos. Sólo se entiende cuando somos capaces de vivir en otro mundo sin dejar de ser lo que somos pero añadiendo de lo que nos rodea aquello que para nosotros nos enriquece y nos hace volver a la tierra a reconquistar tesoros escondidos que sólo se encuentran si te has alejado; jamás si te quedas, si has hecho el esfuerzo de marcharte y volver. ¿Sabes? Creo que vas a sentir la arena en tus pies como una auténtica bendición: por los recuerdos y porque a ese tobillo tan maltrecho le sentara la sal, tan bien!!!

Cómo he disfrutado con ese post tuyo quizá porque también me han bañado algunos mares y uno, ahora mismo, me continua bañando. Gracias Telmo!

Desde mis azules,
 
Comentario:
Qué le pasa a tu pie?? Bueno, espero que vaya muy bien todo por el sur :)

Yo tb rindo más por las tardes ;) Muchos besossss
 
Comentario:
Has dibujado con tus palabras una playa...y con ellas todos hemos sido caracolas, incrustadas en la arena escuchando el rumor marino de tus versos...

El "tan lejos", no existe Telmo, vive en tu interior, y con tus palabras lo has convertido en un "tan cerca" más próximo si cabe...

Si el mar lo supiera se sentiría orgullo de tener un tan digno trovador...

Besos, Rous.
 
Comentario:
Caray, es la tercera vez que intento escribir un comentario y no se graba, y cada vez lo resumo más.... así que sólo decir que es verdad que la cercanía del mar te sumerge en una sensación muy especial, positiva y reafirmante y reconfortable. Lo puede comprobar, por última vez, en la Malagueta, cuando aun no estaba masificada por ser el mes de abril.

Un saludo y que se mejore tu tobillo.
 
Comentario:
Por cierto, se me olvidaba decirte... las fotos que tienes son preciosas!!!! Me encantan.
 
Comentario:
Desde Castilla no veo el mar, no siento su brisa, no huelo el salitre... pero en otra vida estoy segura de que nací en un lugar donde el mar acariciaba mis pies, donde su olor mi empapaba el pelo, donde la brisa ondulaba mi falda... seguro, que en otra vida futura volveré a ese mar que me enamora...
Besos... y ese tobillo cómo va?
 
Comentario:
Por unos momentos, hasta conseguiste que me gustara el mar y el calor...

1beso

p.d. ese tobillo??
 
Comentario:
Cuando el sol se pone en el mar, te dice que mañana será otro día. Esa paz no tiene precio, esa respuesta tampoco.

Echo de menos tu mar... puesta a elegir me quedo con tu tierruca gaditana.

Saludos al lado de tu sur.
 
Comentario:
Precioso post dedicado al mar...

¿sabes?..vivo en Tarragona, tengo el mar al lado y no voy nunca a la playa (sobre todo en verano, demasiada masificación)...pero el otro día me convencieron para ir a ver el concurso de fuegos artificiales que cada primera semana de julio, se hace en mi ciudad.

Y ahí me fuí con una amiga y su marido, a sentarme en la playa del Milagro, a ver la maravillosa sinfonía del mar y el fuego...Tuve suerte, fue el único día que el viento nos ayudó un poquito e hizo que se fuera el humo y los fuegos de colores se vieran preciosos...

Y como soy una sentimental, me emocioné viendo toda una ciudad reunida en torno a una playa y a la magia del color...y volví a sentir, como el mar...mi mar Mediterráneo me apacigua cuando más lo necesito...

Besitos catalanes...feliz verano y feliz viaje

 
Comentario:
Es cierto no he nacido tan cerca del mar. Conozco esos rincones. Sé q la tarde junto al mar, es el premio del q ha llegado a pasar un día d calor horroroso. Es una victoria poder disfrutar del atardecer junto a la madre mar. Es cuando reflexionas y puedes respirar. Un abrazo,
No