Hasta las tetas de poeta de bragueta y revolcón
Como ser mujer y no morir en el intento...
Acerca de
Tras muchas investigaciones, descubrí que no todos los hombres son iguales... ¡Los hay peores! Pero nosotras podemos hacer algo por evitar caer en sus trucos si nos ayudamos mutuamente... Para cualquier duda o sugerencia, no dudes en escribirme a hasta_lastetas@hotmail.com, ¿de acuerdo?
Sindicación
 
Cuando menos te lo esperas...

Si he de ser sincera, nunca en mi vida imaginé que me sentaría frente al ordenador para escribir lo que ahora mismo voy a escribir. De hecho, siempre creí que yo no era de esa clase de chicas, ya sabéis, de esas que se enamoran y son felices para siempre.

Soy una escéptica del amor, es evidente. Nunca creí en los cuentos de hadas ni en los príncipes azules, nunca creí que toda esa magia que nos vendía Disney fuera real, es más, sigo sin creerlo. La realidad no es perfecta, pero puede ser mágica igualmente. A veces no es necesario tener alas para volar.

Cuando toda tu vida y sus ejemplos, la vida de quienes te rodean y sus vivencias, todo lo que aprendes te enseña lo mismo, terminas por creerte esa realidad que tan bien conoces. Sabes, porque no eres tonta, que hay mundos paralelos con amor para siempre y tequieros llenos de sinceridad. Sabes que hay quién lo ha vivido pero, lamentablemente, nunca has sido tú ni nadie conocido. Son como leyendas urbanas de felicidad eterna.

Hallarse en ese punto de escepticismo es terrible. Terminas por no creer en nada ni en nadie, pierdes la fé con tanta eficacia que, cuando menos te lo esperas, ya no hay vuelta atrás. Aunque el mismisimo príncipe azul apareciera para llevarte a su cuento de hadas, tu seguirías pensando que es otro cerdo embustero y dejarías marchar su cariño con la seguridad de que, una vez más, has sobrevivido a un bache. Es horrible no tener ilusiones.

Lo que quiero decir es que, contra todo pronóstico, estoy enamorada. Él no es perfecto, ni mucho menos... él no es un príncipe azul, ni siquiera un príncipe incoloro. Él es la persona más normal del mundo es solo que, al pisar el mío, se vuelve mágico. Toda una vida buscando y, cuando menos me lo espero, aparece. Así, sin enviar un telegrama ni nada... y, claro, parece de mentira. Pero es real, tan real como el cariño que me demuestra en cada mirada, en cada abrazo, en cada beso... Y, sí, yo que nunca creí en el amor hoy llego aquí para deciros que teneis que tener cuidado, pero no miedo.
Hay mucho ladrón de sentimientos, mucha gente que os hará daño y os enseñará a desconfiar, a temer... pero no es la única verdad. El amor no es perfecto, pero es real. Solo hay que tener paciencia y un poquito de esperanza.

Saludos!!
 
Técnicas y desapariciones
¡¡ Por fin!! No había desertado, no me había olvidado del blog, no me había evaporado... al principio fueron vacaciones, después exceso de actividad laboral y, finalmente, un simple problema técnico para acceder al blog... por eso no actualizaba. Creo que ya lo he solucionado... (crucemos los dedos).

Deambulando por la red encontré la siguiente página . Se trata de un manual para "ser un sirvengüenza con las mujeres". Sinceramente, cuando empecé a leerlo, me pareció un mero entretenimiento, una gracia para hombres y mujeres... pero después de leerlo, al salir al mundo real, empecé a percibir ciertos comportamientos masculinos que aparecían fielmente reflejados en el manual.

Concretamente, me estoy refiriendo al método que aparece denominado como "a la gandola". Consiste, básicamente, en halagar a la mujer hasta niveles insospechados, con la finalidad de bajar sus defensas y conquistarla definitivamente, eso sí, con fines mucho menos éticos que los medios.

No sé que mujeres han conocido los usuarios fieles a este método pero, desde luego, no se encuentran entre mi círculo de amistades. Desde mi punto de vista, un hombre que te otorga piropos tan variopintos como "tus ojos son como lagos" o "tus hombros son como lunas" es, simplemente, rídiculo... aparte de un farsante y un cursi horripilante.

Me defino como una enemiga de los piropos, eso venía a deciros hoy. Sean de la clase que sea. Por supuesto, esos "piropos" barriobajeros y groseros tan explícitos y maleducados que provocan repulsa en la aludida, no son los únicos que detesto. Tampoco me gusta el halago fácil, el que está enfocado únicamente hacia puntos de la anatomía que son fáciles de piropear: ojos, labios, sonrisa,manos...Tiendo a pensar que la belleza de determinadas partes de la anatomía femenina es tan relativa que no existe un juicio de valor razonable que permita decidir si el individuo en concreto está siendo sincero o, simplemente, es un asiduo lector de manuales para sinvergüenzas.

Hace ya algún tiempo tuve un par de citas con cierto individuo. Un día, cogiéndome las manos, me dijo..."tienes unas manos preciosas". Yo le miré a los ojos y le dije "¿Por qué?".... "No sé... porque sí". Tiempo después, empezó a salir con una conocida. Un día, hablando, me confesó que también había piropeado sus manos. Nos reimos bastante del tema. Desde luego, es mucho más original que halagar una mirada o una sonrisa...

Con esto, no quiero decir que halagar a una mujer sea malo... solo que no debe ser un medio para conseguir un fin, sino un comentario real,sincero y medido. No somos atn vanidosas ni tan ignorantes como se nos pinta en este manual. La mayoría fingimos aceptar con agrado los piropos para no otorgar mayor trascendencia al asunto.

Obviamente, puede que me equivoque...puede que haya tipos sinceros que encuentren tan perfecto todo en una mujer que no duden en plocamarlo y repetirlo sin parar. Puede que existan mujeres que crean a pies juntillas que sus manos, su boca, sus ojos... son elementos mágicos de la naturaleza que les rodea... y, por supuesto, siempre hay quién vive aún en el romanticismo, el espíritu de Bécquer sigue vivo en mucho caballero actual... para gustos los colores, esto solo son mis opiniones.

Un saludo!
 
Un año ya...
Hace aproximadamente un año que empecé a escribir en este blog. La verdad es que no pretendía convertirlo en un icono feminista ni nada por el estilo. Simplemente me apetecía escribir lo que pensaba sin preocuparme de lo que los demás pudieran pensar... es parte de la magia de internet, expresarse bajo el anonimato que la red proporciona.
Desde que comencé este blog he visto de todo. Hay quién me felicita y se muestra de acuerdo con mis opiniones. Luego están mis detractores, mujeres y hombres ofendidos por mis textos. Para mi asombro, también hay quién me pide consejo o ayuda en asuntos amorosos.
Yo no soy una experta en el amor. Tengo mis debilidades y cometo errores, como todos. A veces soy la fuerte y a veces la más débil. He sido la mujer enamorada y la mujer liberada. He sufrido por amor y también lo he disfrutado. He conocido hombres maravillosos a los que he herido vilmente y he conocido hombres detestables a los que he amado con toda mi alma. La cara y la cruz de una misma moneda.

A quienes me regalan buenas palabras y me leen con frecuencia: gracias. Sé que escribo poco, debido a mi horrible horario laboral y mi absoluta dejadez, pero sois uno de los motivos para que siga haciéndolo y no me haya olvidado ya del asunto... como de tantas otras cosas.

A quienes me critican: gracias. Me enseñais la otra realidad: hombres honrados que luchan por desmarcarse del resto, mujeres fuertes que son capaces de disfrutar sin restricciones de su sexualidad, relaciones perfectas, felicidad desbordante... Sé que, en ocasiones, soy muy radical y no reparo en otras alternativas. Las conozco y sé que existen... pero es imposible abarcar todas las posibilidades existentes en un tema tan complejo como las relaciones personales.

A quienes me han pedido alguna vez consejo: mil gracias. Yo no soy psicóloga ni tengo la llave de la felicidad guardada en la mesilla de noche. Yo soy una mujer más. Probablemente no os haya dicho nada que no os pudiera haber sugerido vuestro mejor amigo/a. Es tan simple como que la realidad, desde fuera, es mucho más sencilla de analizar.

Gracias a todos y todas. Feliz verano (o lo que queda)
 
Reflexiones de verano
El otro día, cuando estaba en la piscina tomando el sol, empecé a pensar que tenía que actualizar el blog y me puse a buscar tema.
A mi lado, había un grupo de chicas que hablaban (a voces) sobre chicos. Una de ellas comentaba al resto del grupo, que escuchaba con atención, que el chico con el que estaba saliendo no respondía a sus llamadas. Obviamente, no puede enterarme con exactitud de los detalles de la relación, pero aquel fragmento me bastó para desarrollar el tema que, a continuación, procedo a exponer.

(Si me vas a decir que no siempre sucede así, que es un tópico, que hay excepciones... por favor, deja de leer aquí. Sé que hay excepciones. Sé que hay de todo. Generalizo porque, si tuviese que exponer cada caso particular, no acabaría nunca. Pongo un ejemplo, simplemente).



Creo que es algo que todos hemos vivido: comienzas una "pseudorelación" con otra persona, salis algunas veces, compartís unas risas, teneis sexo, cine, cenas románticas... pero sin alcanzar ese nivel de compromiso que implica dar explicaciones, saber la ubicación concreta de la pareja a cada instante o recordar el cumpleaños de tu suegra.

Son relaciones raras porque terminan por llegar a un punto límite en el que existen dos salidas posibles: se formalizan o se rompen.

Ahora, pensemos que deseamos finalizarlas... ¿cómo lo haremos? La respuesta lógica, a mi juicio, es evidente: se coge al otro miembro y se conversa al respecto. Exponemos nuestro punto de vista, declaramos nuestra decisión y procuramos, o no, conservar la amistad que pueda quedar después de la pseudorelación.

Esta, como ya he dicho, es la respuesta lógica. La respuesta habitual suele ser diferente. Normalmente, se opta por la pérdida progresiva de contacto. ¿En qué consiste? Es sencillo, repentinamente, X no tiene tiempo para quedar. Z deja de proponer tantas citas como antes. W se tiene que ir antes a casa. K se va de viaje con duracción indeterminada. M no recibe tus mensajes... y así, infinidad de excusas. Todo vale para escaquearse y no decir la verdad: queremos finalizar la relación.

Es una actitud cobarde, mezquina y egoísta. Buscamos el cansancio, que la otra persona acabe resignándose y abandonando, que nos dejen... el camino fácil. ¿Por qué? No soy capaz de justificarlo, pero es así... lo peor es que, probablemente, todos hayamos sido víctimas de esa huida alguna vez... y, obviamente, también habremos sido los verdugos en otra ocasión.

Besos para todos/as.



 
Un maldito recuerdo: Vivencias personales

El otro día tuve una pesadilla horrorosa. Bueno, en realidad, fue un recuerdo en forma de sueño.

Todo sucedió hace tiempo, cuando yo rondaba los diecisiete años. Por aquel entonces yo salía con un chico, llevábamos cuatro meses juntos y estaba muy emocionada con la relación.

Era una chico fabuloso: simpático, ingenioso, divertido, original... todo lo que yo, en mi juventud, podía pedir. No hacíamos grandes cosas juntos, pero conseguía que todo pareciese mágico, desde ir al cine hasta comer un helado.

Me trataba con mucho respeto. Basta decir que, hasta el segundo mes, me pedía permiso para besarme. Por supuesto, no habíamos tenido sexo y ni siquiera se había planteado el tema. Paseábamos cogidos de la mano, nos besábamos al llegar al portal... todo muy casto y puro.

Una noche, fuimos a una fiesta juntos. Yo bebí más de la cuenta y él hizo lo mismo por su parte. Yo no estaba acostumbrada al alcohol, así que no tardé en empezar a sentirme mal y marearme. Él me acompañó hasta un parque cercano para que me diese el aire un poco y se me pasase el mareo antes de irme a casa.

Era un parque pequeño, con cuatro bancos, dos farolas y tres columpios. Era un parque por el que no paraba de pasar gente, la mayoría, borrachos de la fiesta que buscaban un arbusto para mear sin esperar la cola de los servicios.
Nos sentamos en el parque y él me empezó a besar. Yo tenía la cabeza completamente ida y sentía que, en cualquier momento, iba a desmayarme. No quería besarle pero tampoco me sentía con fuerzas para protestar.

De repente, una pareja ocupó el banco de al lado. Ella llevaba una falda corta, él tenía los vaqueros por la rodilla. Ella empezó a botar sobre él y nosotros, sorprendidos, pudimos ver a la perfección como follaban, completamente fuera de control, ante la atónita mirada de todos los que en el parque nos encontrábamos.

A mí, sinceramente, me dio bastante lástima. Pensé en la chica, en el bochorno que sentiría al saber que toda aquella gente la había visto follando con un desconocido en un parque (me formé la idea mental de que era un desconocido, no sé porqué razón). Me puse en pie, no quería presenciar aquello.

Mi supuesto novio se negó, estaba completamente alucinado con la pareja, no podía dejar de mirarlos. "Podríamos ser tú y yo ahora mismo, si quisieras" me dijo. Yo me quedé paralizada, me levanté, me fui caminando a casa, sola, mareada, asqueada, llorando... y con la intención de no volver a verle.

Obviamente, al día siguiente me llamó, me pidió disculpas, achacó todo al exceso de alcohol, ... y yo le perdoné, quise creerle.
Un mes más tarde, rompimos. Se folló a la chica del banco y tuvo la cara de echarme la culpa a mí, por no darle lo que necesitaba.

Entonces comprendí una cosa: debí haber sido fiel a mi primera intuición. Me trató bien, me respetó y me cuidó hasta que comprendió que, de aquella manera, no conseguiría lo que esperaba de mí: sexo.
Yo buscaba amor, él buscaba orgasmos rápidos en parques públicos. No éramos compatibles.
La vida me dio una maravillosa lección: nunca te juntes con una persona que no busca lo mismo que tú, alguien puede salir herido. Es mejor tener las cosas claras, saber qué deseas de esa relación realmente.
Han pasado muchos años y he mantenido muchas relaciones desde entonces, en todas se ha verificado esa teoría.
La gente debería ser sincera e ir con la verdad con delante, ahorraríamos muchas rupturas de corazón innecesarias.
No está bien engatusar con palabras de amor a una chica para conseguir sexo con ella, a sabiendas de que ella busca una relación formal... al igual que, tampoco está bien, darle sexo a un chico con la finalidad de enamorarle y retenerle. Son dos comportamientos que terminarán por destruir cualquier tipo de relación entre esas personas.

Espero haberme explicado. Un saludo!