El ginecólogo
Pensando en ese tipo de cosas comunes que tenemos que soportar todas las mujeres, recordé ese momento terrible que a todas nos llega tarde o temprano: La visita al ginecólogo.
De repente un día, me encuentro con una nota en mi agenda: Ginecólogo, 9:30. ¿Ginecólogo? Y...¿para qué pedí la cita? Porque, claro, tu pides la cita en Enero y no te la dan hasta Noviembre, como mínimo...
Total, que empiezo a hacer memoria y...¡claro! La pedí cuando estaba con XXX... para ver si me recetaba la píldora. Lo primero que pensé fue no ir porque, total, ya no necesitaba la píldora para nada... pero rápidamente me di cuenta de que podría necesitarla en cualquier momento (de ilusión también se vive) y era mejor tener la receta en mis manos, por si acaso...
El caso es que, esa mañana, me desperté horas antes. Yo estaba nerviosa. Ir al ginecólogo tiene todo lo malo de tener una cita. Tú quieres estar impecable. Te depilas, te duchas, te vuelves a duchar, te pones tu mejor ropa interior, te perfumas, te arreglas... Vamos, que parece que has quedado con George Clooney... y en el fondo, es lo que esperas. La televisión nos ha hecho mucho daño.
Yo pensaba que el ginecólogo iba a ser un madurito atractivo al más puro estilo Urgencias, con su bata blanca y su sonrisa de dientes perfectos... Cuando entré a la consulta y me encontré con la terrible realidad: El ginecólogo estaba a un paso de jubilarse... vamos, que en vez de George Clooney, me tuve que conformar con Tony Leblanc.
El médico, muy serio, comienza a preguntarme. ¿Nombre? ¿Edad? ¿Teléfono? Vamos, al más puro estilo discoteca... conciso y breve. Luego ya pasa a temas más privados. ¿A qué edad te vino tu primera regla? Ufff... !y yo que sé! ya no me acuerdo, no sé, trece años. ¿Con qué frecuencia mantiene relaciones sexuales? Esta fue la pregunta clave. Yo que estaba en etapa de decadencia lo primero que pensé fue ¿y este porqué ha deducido que yo no soy virgen? ¿Cuándo fue la última vez que...? Y al final pensé que tampoco era tan importante y le dije que "Eventualmente". Él me miró con cara de "Especifique, mujer", pero yo me mantuve en mis trece y no solté ni prenda... bueno, eso hasta que pronunció la frase terrible: "Pase detrás del biombo y desvistasé de cintura para abajo. Desabrochese también el sujetador". Así, de golpe... sin saber ni cómo se llama.
Me siento en la camilla y él ginecólogo me dice que coloque los pies en los laterales. Yo veía que me caía, que postura más incómoda. Con una sábana tapándome y la cabeza de un tío entre las piernas... y claro, yo llevaba un tiempo de secano...así que todo eran malos pensamientos hasta que el médico cogió el instrumental y comenzó con la citología. ¿Recordais lo que os dolió la primera vez? Pues mil veces peor. ¡Qué dolor! Luego te mete el dedo y comienza a inspeccionar y yo, mientras tanto, pensando que tiene delito que el primer tío que me toca en meses tenga que ser Tony Leblanc...
Cuando termina con la parte de abajo, pasa a la de arriba. "Súbase la camiseta y el sujetador". Y yo obedeciendo sin rechistar, soy una chica fácil. Te manosea bien manoseada y te dice "Ya puede vestirse". Y ya, ya ha terminado.
Si, chicas... a todas nos ha pasado o nos pasará tarde o temprano. Seguramente algunas me direis que no duele tanto, que soy una exagerada... no sé, quizás Tony Leblanc era un poco brusco y vosotras teneis a un George Clooney delicado y amable... (Si es así, pasadme el teléfono, por favor).
En fin, saludos para todas... ;)
La Ex
La ex es esa tipeja que siempre está incordiando en tu relación o en tu posible relación.
Puede manifestarse de múltiples maneras. Tan pronto su nombre se cuela en un lugar en el que ellos estuvieron antes como en un encuentro fortuito que le ha traido noticias de su vida.
Las peores, sin duda, son esas ex amigas... Esas con las que sigue quedando para charlar, que le llaman por teléfono, que le invitan al cine... ¿se puede saber por qué lo dejasteis? Fácil... lo dejó ella y aún no se sabe porqué.
Luego están esas ex maravillosas, aquellas que no eran como tú, con las que la convivencia era más sencilla... y tú no comprendes porqué, cada vez que discutis, sale a relucir que con su ex no le pasaba... pues vuelve con ella, ¡joder!
Las ex a muerte, esas que causan su ira con solo pronunciar su nombre. Cuidado... posiblemente, aún sienta algo por ella (aunque sea odio). Una historia que acaba con demasiado rencor y muy pocas ganas de volver a encontrarse... Terminarás por sumarte a su odio y cogerle manía a la ex. Bueno, creo que no tenerle manía a una ex es imposible.
Nosotras, para colmo de males, somos retorcidas... Nos encanta preguntarle por ella, saber qué hacían o dejaban de hacer juntos... Es una forma más de conocerle, ¿no? Pues no. Una de dos, o repite los mismos esquemas contigo o es completamente distinto. Cualquiera de las dos cosas te va a molestar y lo sabes. Si es igual, porque te sentirás menos especial y, si es diferente, porque te sentirás menospreciada... Nunca nos basta con lo que tenemos.
Pero claro... todas somos ex. Si lo piensas bien, tú odias a la ex de tu pareja... pero la pareja de tu ex, te odia a ti. Es un círculo vicioso de odios mutuos. Solo te salvas si nunca has tenido un ex al que hayas marcado tanto como para ser "su ex". Entonces, tranquila, no te odiarán tanto como a una EX.
Y ahora, un consejillo...(hay que estar alerta con las ex, son peligrosas)
Conoces a un chico, te gusta, empiezas a quedar con él. Cuando la relación se intensifica, él te confiesa que acaba de salir de una relación y que aún no se siente preparado para empezar una nueva. Ándate con pies de plomo pero, si encima te dice a los pocos días que va a quedar con su ex para hablar... Olvídate de él. La ex se ha enterado de que está contigo y hará todo lo posible por recuperarle. Las ex son así, ni contigo ni sin ti... Ellas le habrán dejado, pero no van a permitir que, a los pocos días, estén con otra... Así que tratarán de recuperarle aunque solo sea para volver a dejarle esta vez, solo.
Lo mejor que puedes hacer, es huir de los chicos que acaben de romper con su novia... primero que se aclaren y luego, ya veremos...
Besitos para todas y todos... hasta para esas ex malignas!! ;)
Puede manifestarse de múltiples maneras. Tan pronto su nombre se cuela en un lugar en el que ellos estuvieron antes como en un encuentro fortuito que le ha traido noticias de su vida.
Las peores, sin duda, son esas ex amigas... Esas con las que sigue quedando para charlar, que le llaman por teléfono, que le invitan al cine... ¿se puede saber por qué lo dejasteis? Fácil... lo dejó ella y aún no se sabe porqué.
Luego están esas ex maravillosas, aquellas que no eran como tú, con las que la convivencia era más sencilla... y tú no comprendes porqué, cada vez que discutis, sale a relucir que con su ex no le pasaba... pues vuelve con ella, ¡joder!
Las ex a muerte, esas que causan su ira con solo pronunciar su nombre. Cuidado... posiblemente, aún sienta algo por ella (aunque sea odio). Una historia que acaba con demasiado rencor y muy pocas ganas de volver a encontrarse... Terminarás por sumarte a su odio y cogerle manía a la ex. Bueno, creo que no tenerle manía a una ex es imposible.
Nosotras, para colmo de males, somos retorcidas... Nos encanta preguntarle por ella, saber qué hacían o dejaban de hacer juntos... Es una forma más de conocerle, ¿no? Pues no. Una de dos, o repite los mismos esquemas contigo o es completamente distinto. Cualquiera de las dos cosas te va a molestar y lo sabes. Si es igual, porque te sentirás menos especial y, si es diferente, porque te sentirás menospreciada... Nunca nos basta con lo que tenemos.
Pero claro... todas somos ex. Si lo piensas bien, tú odias a la ex de tu pareja... pero la pareja de tu ex, te odia a ti. Es un círculo vicioso de odios mutuos. Solo te salvas si nunca has tenido un ex al que hayas marcado tanto como para ser "su ex". Entonces, tranquila, no te odiarán tanto como a una EX.
Y ahora, un consejillo...(hay que estar alerta con las ex, son peligrosas)
Conoces a un chico, te gusta, empiezas a quedar con él. Cuando la relación se intensifica, él te confiesa que acaba de salir de una relación y que aún no se siente preparado para empezar una nueva. Ándate con pies de plomo pero, si encima te dice a los pocos días que va a quedar con su ex para hablar... Olvídate de él. La ex se ha enterado de que está contigo y hará todo lo posible por recuperarle. Las ex son así, ni contigo ni sin ti... Ellas le habrán dejado, pero no van a permitir que, a los pocos días, estén con otra... Así que tratarán de recuperarle aunque solo sea para volver a dejarle esta vez, solo.
Lo mejor que puedes hacer, es huir de los chicos que acaben de romper con su novia... primero que se aclaren y luego, ya veremos...
Besitos para todas y todos... hasta para esas ex malignas!! ;)
Yo creo qUe no
El otro día leí un libro que me hizo reflexionar. Se titula: "Manual de la perfecta cabrona" (de Elizabeth Hilts).
Os voy a copiar el fragmento que me hizo comprar el libro...
Desde el día de mi nacimiento me entrenaron en las habilidades del encanto. La frase que mi madre me repetía más veces era: «Elizabeth, compórtate»,
Y lo intenté. De verdad. Procuré ser un ejemplo de amabilidad: una Melania Wilkes, una Beth de Mujercitas (¿o era Amy?), una Mary Ingalls... Aprendí de memoria los nombres de los componentes de la familia más tóxica, los Encanto: Actuar, Hablar, Sentarse, Pensar e, incluso, Vestir.
Hablar con Encanto fue difícil. Intenté mantener un tono de voz bajo y bien modulado. Cuando eso no funcionó, lo subí una octava, lo que me obligó a susurrar. Yo creía que sonaba más dulce; todos los demás, que tenía laringitis.
Vestir con Encanto casi me hizo perder la razón. ¡Encanto... cuando lo que yo quería era usar blusas cortas! ¡Escotes! ¡Ropa entallada! Pero, al final, fue el viejo Actuar con Encanto el más tóxico de la familia. Simplemente, no podía hacerla. Me reía estrepitosamente; decía lo primero que se me pasaba por la cabeza. Cuando era adolescente, mis amigas solían decirme: «¡Deja de hacer el ridículo!», y en los momentos en los que era necesario guardar una discreción extrema, me daban un codazo y siseaban: ¡Liiiiiiz!».
En privado se morían de risa al recordar las (innumerables) veces que saqué los pies del tiesto.
Además, todas sabíamos la verdad: eran las cabronas quienes se llevaban el gato al agua. Por ejemplo, Escarlata O'Hara: ella era la estrella de la película, ¿no es cierto? Y se llevó la mejor parte. Puede que Melania se quedara al final con Ashley, ¿pero quién quiere un Ashley? Cualquiera con un poco de visión puede darse cuenta de que Ashley era... Ashley.
Pero los convencionalismos del encanto siguieron acosándome hasta que sucedió ESO. El incidente que por fin me hizo ver que el encanto podía ser tóxico.
El suceso tuvo que ver con un hombre. En mi caso, la frase puede completarse si al final añadimos "por supuesto». Confesar lo que pasó me resulta muy embarazoso, pero sé que debo hacerla. He aquí lo que ocurrió: me dejaron plantada.
Sí. Me quedé sentada en mi sofá un sábado por la noche, después de haberme probado y quitado sucesivamente cinco conjuntos diferentes y fabulosos. Llamé a su casa, me respondió el contestador. Dejé un mensaje: «Hola, son casi las 9:00. Se te ha debido de haber hecho tarde. Nos vemos aquí». 9:15, 9:45. Me fui a mi cuarto a las 10:30, me quité el maquillaje y me metí en la cama, donde me quedé dando vueltas, pasando de la preocupación a la ira, y otra vez a la preocupación durante toda la noche.
Al día siguiente, él llamó con una excusa muy poco convincente. «Me comprendes, ¿verdad?».
Por supuesto. Lo comprendía totalmente. Pero, aun así, lo perdoné porque era muy guapo y me gustaba de verdad. Y porque a nadie le gustan las cabronas. ¿Cómo podría una chica tan maja como yo estar mucho rato enfurruñada? Me pidió otra oportunidad y se la di.
Sí, sí, habéis acertado: volvió a pasar lo mismo. ¡Y esta vez estallé! Enfurecida, llamé para maldecir y despotricar en su contestador hasta que se cortó la llamada. Después volví a marcar para gritar un poco más. Al final, agotada, el entrenamiento de tantos años hizo su aparición. «Lo siento, pero estoy hecha polvo», susurré con voz ronca por teléfono. «Por favor, llámame».
¿Lo veis? ¿Habéis visto lo que hice? Ni yo misma puedo creerlo. ¡Pedí perdón! ¡Le dije a su contestador que estaba hecha polvo! No estaba hecha polvo, ¡estaba furiosa! Pero, ¿sabéis?, él era guapo, y pensé que, quizá, me gustaba de verdad, y que jamás volvería a tratarme mal si le demostraba lo maja que yo era.
A la tercera fue la vencida: ¡por fin, la gota que colmó el vaso!
¡Sí! Y cuando me di cuenta de lo que había hecho, decidí en el acto que había llegado el momento de dejar a un lado el encanto tóxico. Había llegado la hora de emular a las perfectas cabronas que en el mundo habían existido. Tomaría ejemplo de las páginas del libro de su vida, como mi madre solía decir.
Pero ese libro no existía.
Hasta ahora.
Os dejo reflexionar al respecto... Saludos!!
Os voy a copiar el fragmento que me hizo comprar el libro...
Desde el día de mi nacimiento me entrenaron en las habilidades del encanto. La frase que mi madre me repetía más veces era: «Elizabeth, compórtate»,
Y lo intenté. De verdad. Procuré ser un ejemplo de amabilidad: una Melania Wilkes, una Beth de Mujercitas (¿o era Amy?), una Mary Ingalls... Aprendí de memoria los nombres de los componentes de la familia más tóxica, los Encanto: Actuar, Hablar, Sentarse, Pensar e, incluso, Vestir.
Hablar con Encanto fue difícil. Intenté mantener un tono de voz bajo y bien modulado. Cuando eso no funcionó, lo subí una octava, lo que me obligó a susurrar. Yo creía que sonaba más dulce; todos los demás, que tenía laringitis.
Vestir con Encanto casi me hizo perder la razón. ¡Encanto... cuando lo que yo quería era usar blusas cortas! ¡Escotes! ¡Ropa entallada! Pero, al final, fue el viejo Actuar con Encanto el más tóxico de la familia. Simplemente, no podía hacerla. Me reía estrepitosamente; decía lo primero que se me pasaba por la cabeza. Cuando era adolescente, mis amigas solían decirme: «¡Deja de hacer el ridículo!», y en los momentos en los que era necesario guardar una discreción extrema, me daban un codazo y siseaban: ¡Liiiiiiz!».
En privado se morían de risa al recordar las (innumerables) veces que saqué los pies del tiesto.
Además, todas sabíamos la verdad: eran las cabronas quienes se llevaban el gato al agua. Por ejemplo, Escarlata O'Hara: ella era la estrella de la película, ¿no es cierto? Y se llevó la mejor parte. Puede que Melania se quedara al final con Ashley, ¿pero quién quiere un Ashley? Cualquiera con un poco de visión puede darse cuenta de que Ashley era... Ashley.
Pero los convencionalismos del encanto siguieron acosándome hasta que sucedió ESO. El incidente que por fin me hizo ver que el encanto podía ser tóxico.
El suceso tuvo que ver con un hombre. En mi caso, la frase puede completarse si al final añadimos "por supuesto». Confesar lo que pasó me resulta muy embarazoso, pero sé que debo hacerla. He aquí lo que ocurrió: me dejaron plantada.
Sí. Me quedé sentada en mi sofá un sábado por la noche, después de haberme probado y quitado sucesivamente cinco conjuntos diferentes y fabulosos. Llamé a su casa, me respondió el contestador. Dejé un mensaje: «Hola, son casi las 9:00. Se te ha debido de haber hecho tarde. Nos vemos aquí». 9:15, 9:45. Me fui a mi cuarto a las 10:30, me quité el maquillaje y me metí en la cama, donde me quedé dando vueltas, pasando de la preocupación a la ira, y otra vez a la preocupación durante toda la noche.
Al día siguiente, él llamó con una excusa muy poco convincente. «Me comprendes, ¿verdad?».
Por supuesto. Lo comprendía totalmente. Pero, aun así, lo perdoné porque era muy guapo y me gustaba de verdad. Y porque a nadie le gustan las cabronas. ¿Cómo podría una chica tan maja como yo estar mucho rato enfurruñada? Me pidió otra oportunidad y se la di.
Sí, sí, habéis acertado: volvió a pasar lo mismo. ¡Y esta vez estallé! Enfurecida, llamé para maldecir y despotricar en su contestador hasta que se cortó la llamada. Después volví a marcar para gritar un poco más. Al final, agotada, el entrenamiento de tantos años hizo su aparición. «Lo siento, pero estoy hecha polvo», susurré con voz ronca por teléfono. «Por favor, llámame».
¿Lo veis? ¿Habéis visto lo que hice? Ni yo misma puedo creerlo. ¡Pedí perdón! ¡Le dije a su contestador que estaba hecha polvo! No estaba hecha polvo, ¡estaba furiosa! Pero, ¿sabéis?, él era guapo, y pensé que, quizá, me gustaba de verdad, y que jamás volvería a tratarme mal si le demostraba lo maja que yo era.
A la tercera fue la vencida: ¡por fin, la gota que colmó el vaso!
¡Sí! Y cuando me di cuenta de lo que había hecho, decidí en el acto que había llegado el momento de dejar a un lado el encanto tóxico. Había llegado la hora de emular a las perfectas cabronas que en el mundo habían existido. Tomaría ejemplo de las páginas del libro de su vida, como mi madre solía decir.
Pero ese libro no existía.
Hasta ahora.
Os dejo reflexionar al respecto... Saludos!!
Suele pasar...
Ese chico te gustaba de verdad. No sé, era casi perfecto. Le conociste y, es posible, que llegaras a tener algo con él. ¿Dos o tres citas? ¿Un par de "rollos"? ¿Sexo? O puede que te quedases con las ganas, nunca se sabe. El caso es que él sabía que te gustaba. Tú tampoco te esforzabas por disimular. Le llamabas... Uff, mejor no recordar la factura de aquel mes... Le escribias mensajitos constantemente. Nunca rechazabas una cita, por descontado. Si tenías que faltar al gimnasio, faltabas. Perdías clases o llegabas tarde a reuniones. Todo importaba poco porque habías quedado con él. Él era, lamentablemente, tu prioridad.
¿Qué pasó? No importa demasiado, ya no... Simplemente las cosas terminaron por quedarse en nada. Él dejó de llamarte y tú... tú te cansaste de insistir. Te dejaste perder.
Ahora estás con otro. Puede que te guste tanto como él o puede que no. El caso es que estás bien. Tienes tu trabajo, el gimnasio, la autoescuela, tus amigas... tienes todo lo que necesitas. Estabilidad, seguridad, tranquilidad...
Y vuelve. De repente, sin venir a cuento, él vuelve. Te llama o te escribe, o ambas cosas... ¿qué tal estás? ¿cómo va todo? Y todo aquello que creías haber olvidado, vuelve. Recuerdas... relees sus mensajes, buscas en tu cajón aquello que te regaló o que le quitaste, las entradas de la última película que visteis juntos, el libro que te recomendó, aquella canción que tanto te recordaba a él... Y le dejas entrar un poquito en tu vida. Pero tu vida ya no le pertenece, tú ya no eres la misma y te cuesta, te cuesta recordar como eres ahora...
¿Qué busca? Te echa de menos, te dice que ha cambiado, que quiere volver... y tú te lo piensas, te vuelves loca sopesando pros y contras, recordando, planeando, soñando, divagando...
Esto nos ha pasado a todas alguna vez, ¿verdad? Nadie sabe porqué, pero las personas que más daño nos han hecho, que más nos han marcado, vuelven... Vuelven para dolernos más, vuelven cuando ya no son lo que eran y se sienten menos... Vuelven para repetirse, para ser de nuevo lo que fueron, para volver a doler... La gente no cambia. Nunca cambia.
Bueno, hoy os quiero pedir precisamente eso... que me conteis vuestra historia, lo que os pasó, qué decidisteis, como marcharon las cosas... También me vale la historia al revés, por supuesto,... ¿por qué volviste? ¿qué te hizo reflexionar? Os dejo hablar... y ya me callo.
Besos para todos y todas.
Pdta: La historia es, obviamente, aplicable al caso inverso... es decir, mujer que regresa, hombre que espera. Para los chicos, que siempre os quejais.





