Lo que dicen y lo que hacen... datos curiosos
Si quieres conocer bien a un hombre, es muy importante que te infiltres en su grupo de amigos. Ellos son de una manera contigo y de otra muy diferente cuando están juntos.
Hace algunos años conocí a un chico con el que tenía un amigo común. Salí con él un par de veces y, la verdad, era bastante aburrido. Era el típico tío insulso, con el que te da igual estar que no... por eso, empecé a rechazar sus invitaciones a salir.
Él, lejos de darse por aludido y dejar de llamarme, incrementaba su insistencia por semanas. Después de dos meses sin vernos, seguía bombardeándome a sms y a llamadas para ir al cine, cenar, tomar algo, pasear, teatro... cualquier excusa era válida. Yo respondía con "ya he quedado, lo siento", "estoy hasta arriba de trabajo", "no me encuentro bien" o lo que se me pasase por la cabeza.
Es cierto que hice mal en no ser sincera. Hubiese terminado mucho antes con todo aquello si le hubiese confesado la realidad: no me gustaba en absoluto y por eso no quería volver a verle... Pero en aquella época yo pensaba que ese tipo de verdades duelen demasiado como para decirlas en voz alta.
Se acercaba mi cumpleaños y, obviamente, nuestro amigo común me llamó para saber la hora y el lugar de la celebración. Todos los años viene con algún amigo suyo, para no sentirse fuera de ambiente, así que no me sorprendió en absoluto oírle decir que pensaba pasarse con el aburrido. Yo, que ya estaba con otro chico, le dije que sería mejor que el aburrido no fuese y le expliqué la situación. ¿Cual fue la respuesta de mi amigo? Me llamó egocéntrica. Me dijo que el aburrido pasaba de mí, que le importaba muy poco con quién estuviese o dejase de estar y que, de hecho, no había significado nada para él...
¿¿¿¿Perdona???? Osea, ¿qué eso era lo que iba diciéndole a sus amigotes? Sí, efectivamente... mientras a mí me bombardeaba a sms suplicándome una nueva cita, mientras me llamaba insisténtemente para volver a verme... mientras se arrastraba por el suelo que yo pisaba... mientras tanto, iba pregonando que yo no había significado nada para él.
Vivir para ver...
Tratando de comprender a los hombres...
Antes de nada, decir que he habilitado una cuenta de correo asociada con este blog, es hasta_lastetas@hotmail.com. Para cualquier cosilla que pueda surgir y necesiteis comentar conmigo... ¿de acuerdo?
Otra cosa es decir que, por algún extraño motivo, en los blogs de ya.com resulta imposible comentar. Creo que he solucionado el problema poniendo la plantilla antispam, pero no estoy segura... vosotros/as intentarlo y ya veremos si funciona.
Y ahora, el post.
El otro día me llamó una amiga por teléfono. Llevaba un tiempo sin saber de ella, así que estuvimos hablando largo y tendido hasta que, harta de tener el maldito auricular pegado a la oreja, decidimos quedar para tomar un café.
Como es inevitable en este tipo de reuniones entre amigas, una vez que el tema del trabajo y la vida cotidiana hubo concluido, comenzamos a hablar de hombres. Mi amiga estaba seriamente "pillada" por un tío de su oficina. He de decir que es la típica adicta al amor, suele encapricharse con tipos absolutamente imposibles para no sentir nunca la decepción que produce comprobar que tu hombre ideal es tan humano como cualquier otro. No obstante, es una chica maravillosa y guapísima, por eso, suele encadilar a los hombres que se propone con facilidad. No es de extrañar, por tanto, que cada vez busque objetivos más complejos.
El tío en concreto, tenía novia. Llevaba poco tiempo con ella pero, desde que conoció a mi amiga, no había dudado ni un solo momento en tontear con ella. Era el típico lanzado por mensaje, adicto a las llamaditas y a los emails "picantes". Claro está, no habían consumado su pequeño "idilio" virtual, pero mi amiga estaba cada vez más enganchada al tipo en cuestión.
Según mi amiga, quedaban con bastante frecuencia a la salida del trabajo para ir a tomar algo y charlar. Solía escribirla mensajes del estilo "te echo de menos, preciosa" o "hoy no puedo dejar de pensar en ti". Obviamente, mi amiga estaba completamente encaprichada con ese amor imposible que rozaba la posibilidad. Tenía la parte idílica pero no la rutinaria, era casi perfecto.
Un día, harta de la historia, decidió ser sincera con él. Le cogió y le confesó sus sentimientos (aunque yo sigo dudando de su veracidad más allá de un capricho duradero). Él se quedó con cara de bobo y la confesó que la correspondía. Textualmente dijo algo similar a: "Me gustas muchísimo, no dejo de pensar en ti desde que te conocí... pero no puedo dejar a mi novia. Me cae bien".
Después de aquella conversación, mi amiga decidió dar por finalizada la relación. El tipo respondió haciéndose el ofendido, acusándola de estropear una amistad tan valiosa como la suya y negándose a aceptar la despedida.
Llegadas a este punto del relato, mi amiga me pidió una opinión sincera. Y yo, hablé así.
El tío es un crío, emocionalmente inmaduro, no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta. Se siente seguro con su relación y su pareja no representa un reto para él. Sabe que le quiere y que no va a dejarle. Tú, sin embargo, eres puro riesgo. Eres una mujer atractiva que puede abandonarle en cualquier momento. Se nota que no eres emocionalmente estable y que tu vida sentimental es similar a una montaña rusa. A ti, querida, no te van los compromisos... eso se huele. Le asusta, le aterra enormemente dejar la estabilidad que tiene por algo que puede o no puede ser. Es cierto que le gustas pero, sinceramente, si no piensa dejar a su novia por ti... ¿qué puede ofrecerte ese hombre? ¿Un hombre que cataloga a su propia pareja de "me cae bien" mientras no duda en tontear con otra? No te ofendas pero, viendo lo que ves, es triste que no hayas decidido alejarte de él mucho antes.
Nunca, nunca jamás te creas capaz de romper una relación. Si no deja a su novia por ti en el momento apropiado, no merece la pena seguir a la espera. Terminarán por romper porque, obviamente, es una relación condenada al fracaso... pero después, no serás más que el premio de consolación. Te mereces mucho más que eso. Mejor sola que mal acompañada, ¿no crees?
Por supuesto, siempre hay excepciones, como en todo. Es mi opinión, es lo que yo creo... seguramente tu pienses otra cosa y desde aquí te animo a expresarlo.
Un beso.
Otra cosa es decir que, por algún extraño motivo, en los blogs de ya.com resulta imposible comentar. Creo que he solucionado el problema poniendo la plantilla antispam, pero no estoy segura... vosotros/as intentarlo y ya veremos si funciona.
Y ahora, el post.
El otro día me llamó una amiga por teléfono. Llevaba un tiempo sin saber de ella, así que estuvimos hablando largo y tendido hasta que, harta de tener el maldito auricular pegado a la oreja, decidimos quedar para tomar un café.
Como es inevitable en este tipo de reuniones entre amigas, una vez que el tema del trabajo y la vida cotidiana hubo concluido, comenzamos a hablar de hombres. Mi amiga estaba seriamente "pillada" por un tío de su oficina. He de decir que es la típica adicta al amor, suele encapricharse con tipos absolutamente imposibles para no sentir nunca la decepción que produce comprobar que tu hombre ideal es tan humano como cualquier otro. No obstante, es una chica maravillosa y guapísima, por eso, suele encadilar a los hombres que se propone con facilidad. No es de extrañar, por tanto, que cada vez busque objetivos más complejos.
El tío en concreto, tenía novia. Llevaba poco tiempo con ella pero, desde que conoció a mi amiga, no había dudado ni un solo momento en tontear con ella. Era el típico lanzado por mensaje, adicto a las llamaditas y a los emails "picantes". Claro está, no habían consumado su pequeño "idilio" virtual, pero mi amiga estaba cada vez más enganchada al tipo en cuestión.
Según mi amiga, quedaban con bastante frecuencia a la salida del trabajo para ir a tomar algo y charlar. Solía escribirla mensajes del estilo "te echo de menos, preciosa" o "hoy no puedo dejar de pensar en ti". Obviamente, mi amiga estaba completamente encaprichada con ese amor imposible que rozaba la posibilidad. Tenía la parte idílica pero no la rutinaria, era casi perfecto.
Un día, harta de la historia, decidió ser sincera con él. Le cogió y le confesó sus sentimientos (aunque yo sigo dudando de su veracidad más allá de un capricho duradero). Él se quedó con cara de bobo y la confesó que la correspondía. Textualmente dijo algo similar a: "Me gustas muchísimo, no dejo de pensar en ti desde que te conocí... pero no puedo dejar a mi novia. Me cae bien".
Después de aquella conversación, mi amiga decidió dar por finalizada la relación. El tipo respondió haciéndose el ofendido, acusándola de estropear una amistad tan valiosa como la suya y negándose a aceptar la despedida.
Llegadas a este punto del relato, mi amiga me pidió una opinión sincera. Y yo, hablé así.
El tío es un crío, emocionalmente inmaduro, no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta. Se siente seguro con su relación y su pareja no representa un reto para él. Sabe que le quiere y que no va a dejarle. Tú, sin embargo, eres puro riesgo. Eres una mujer atractiva que puede abandonarle en cualquier momento. Se nota que no eres emocionalmente estable y que tu vida sentimental es similar a una montaña rusa. A ti, querida, no te van los compromisos... eso se huele. Le asusta, le aterra enormemente dejar la estabilidad que tiene por algo que puede o no puede ser. Es cierto que le gustas pero, sinceramente, si no piensa dejar a su novia por ti... ¿qué puede ofrecerte ese hombre? ¿Un hombre que cataloga a su propia pareja de "me cae bien" mientras no duda en tontear con otra? No te ofendas pero, viendo lo que ves, es triste que no hayas decidido alejarte de él mucho antes.
Nunca, nunca jamás te creas capaz de romper una relación. Si no deja a su novia por ti en el momento apropiado, no merece la pena seguir a la espera. Terminarán por romper porque, obviamente, es una relación condenada al fracaso... pero después, no serás más que el premio de consolación. Te mereces mucho más que eso. Mejor sola que mal acompañada, ¿no crees?
Por supuesto, siempre hay excepciones, como en todo. Es mi opinión, es lo que yo creo... seguramente tu pienses otra cosa y desde aquí te animo a expresarlo.
Un beso.
Los principios...
El otro día tuve una cita. Sí, he de reconocerlo, soy humana y, como tal, mantengo relaciones con personas del sexo opuesto. El caso es que, a raíz de aquella cita, elaboré una teoría acerca de los comienzos y las primeras veces.
Es evidente que, al principio, todos/as queremos dar lo mejor de nosotros/as mismos/as. Yo, sin ir más lejos, pasé tres horas arreglándome y me compré un modelito para la ocasión. Es impensable mantener una relación de larga duración con ese ritmo de acicalamiento... tendría que pedir un préstamo para pagar mi vestuario y las cremas/potingues/accesorios necesarios para cada sesión intensiva de belleza.
Él rozó el límite de la perfección. Impecablemente vestido, educado en extremo, elocuente, agradable, interesante... Obviamente, había reservado sus mejores armas para aquella primera cita.
Pongamos como ejemplo una conversación interesantísima sobre sus últimos viajes. Es algo que, en una primera cita, resulta agradable. Sirve para romper el hielo, inicia discusiones sobre arte, política, cultura... puede desembocar en múltiples temas y evita con facilidad los temidos silencios incómodos, ¿verdad? En una segunda cita, este tema resulta cansino. Ya nos ha contado que estuvo en París el mes pasado. Ya sabemos que Nueva York es impresionante. Aburres.
En una primera cita, nada parece molestarte. Es impensable que dos personas discutan en su primera cita (aunque siempre hay excepciones). Se trata de agradar a tu acompañante para acceder a la posibilidad de repetir. Aparte, como es obvio, no existe un nivel de confianza suficiente como para comenzar una discusión por quién a comido más ensalada o quién debe pagar la cuenta. Sería absurdo. Como mucho, puedes llegar a ese punto de minidiscusión sobre quién paga, pero se saldará con un "paga tu la cena y yo las copas" o cualquier sistema que deje a ambos satisfechos. En una pareja establecida, la discusión versará sobre quién paga siempre y quién gasta más de los dos...
En la primera cita se trata de ser original. Por ejemplo, mi cita del otro día, terminó con un Haggen Dazz a medias en un mirador precioso. Fue divertido, diferente y algo loco... irrepetible, diría yo. Seguramente, el tipo lleve allí a todas, no lo dudo, pero le quedó bien. Si fuésemos pareja esta claro que ese tipo de cosas quedarían en la memoria de nuestro principio. Los hombre solo ponen la imaginación en juego cuando quieren conseguir algo.
Al principio, es imposible ser pesado/a. Por dos motivos: 1) Te da corte saturarle a llamadas/mensajes porque apenas existe confianza y 2)Él/ella está deseando que le escribas/llames. Cuando tienes pareja, resulta agotador encontrarte el teléfono contínuamente sonando con "Mi chico/a" escrito en la pantalla. Te sientes controlado/a y es algo que termina por agobiar.
Por no hablar de la emoción de los principios. Cuando empiezas una relación, tus ojos chispean y el corazón te tiembla al verte, el estómago se te llena de mariposas y todo es maravilloso. Tus amigas están hartas de escuchar su nombre, todo el mundo te nota más feliz, siempre tienes algo que contar... "Ayer me escribió un sms de buenas noches" o "Hoy no me ha llamado, quizás le pase algo". Por absurdo que sea el comentario, siempre encuentras la forma de nombrarle, sin embargo, cuando tienes pareja, no tienes nada que decir. He notado que mis amigas con novio solo hablan de ellos para ponerlos a caldo cuando hacen algo mal.
Por eso, he llegado a la conclusión siguiente: Los principios son perfectos. Quizás por eso resulte tan agradable deambular de principio en principio sin llegar nunca a ese estado intermedio que conlleva la estabilidad.
Hablo en todo momento de relaciones sentimentales, no de rollos de una noche u otro tipo de relaciones sexuales. Es obvio que, en ese caso, van a tratar de mentir lo máximo posible para conseguir su objetivo en el menor plazo de tiempo posible... y ahí yo no me meto.
Y vosotros/as... ¿sois de principios, nudos o desenlaces? ;) Un beso para todos/as.
Es evidente que, al principio, todos/as queremos dar lo mejor de nosotros/as mismos/as. Yo, sin ir más lejos, pasé tres horas arreglándome y me compré un modelito para la ocasión. Es impensable mantener una relación de larga duración con ese ritmo de acicalamiento... tendría que pedir un préstamo para pagar mi vestuario y las cremas/potingues/accesorios necesarios para cada sesión intensiva de belleza.
Él rozó el límite de la perfección. Impecablemente vestido, educado en extremo, elocuente, agradable, interesante... Obviamente, había reservado sus mejores armas para aquella primera cita.
Pongamos como ejemplo una conversación interesantísima sobre sus últimos viajes. Es algo que, en una primera cita, resulta agradable. Sirve para romper el hielo, inicia discusiones sobre arte, política, cultura... puede desembocar en múltiples temas y evita con facilidad los temidos silencios incómodos, ¿verdad? En una segunda cita, este tema resulta cansino. Ya nos ha contado que estuvo en París el mes pasado. Ya sabemos que Nueva York es impresionante. Aburres.
En una primera cita, nada parece molestarte. Es impensable que dos personas discutan en su primera cita (aunque siempre hay excepciones). Se trata de agradar a tu acompañante para acceder a la posibilidad de repetir. Aparte, como es obvio, no existe un nivel de confianza suficiente como para comenzar una discusión por quién a comido más ensalada o quién debe pagar la cuenta. Sería absurdo. Como mucho, puedes llegar a ese punto de minidiscusión sobre quién paga, pero se saldará con un "paga tu la cena y yo las copas" o cualquier sistema que deje a ambos satisfechos. En una pareja establecida, la discusión versará sobre quién paga siempre y quién gasta más de los dos...
En la primera cita se trata de ser original. Por ejemplo, mi cita del otro día, terminó con un Haggen Dazz a medias en un mirador precioso. Fue divertido, diferente y algo loco... irrepetible, diría yo. Seguramente, el tipo lleve allí a todas, no lo dudo, pero le quedó bien. Si fuésemos pareja esta claro que ese tipo de cosas quedarían en la memoria de nuestro principio. Los hombre solo ponen la imaginación en juego cuando quieren conseguir algo.
Al principio, es imposible ser pesado/a. Por dos motivos: 1) Te da corte saturarle a llamadas/mensajes porque apenas existe confianza y 2)Él/ella está deseando que le escribas/llames. Cuando tienes pareja, resulta agotador encontrarte el teléfono contínuamente sonando con "Mi chico/a" escrito en la pantalla. Te sientes controlado/a y es algo que termina por agobiar.
Por no hablar de la emoción de los principios. Cuando empiezas una relación, tus ojos chispean y el corazón te tiembla al verte, el estómago se te llena de mariposas y todo es maravilloso. Tus amigas están hartas de escuchar su nombre, todo el mundo te nota más feliz, siempre tienes algo que contar... "Ayer me escribió un sms de buenas noches" o "Hoy no me ha llamado, quizás le pase algo". Por absurdo que sea el comentario, siempre encuentras la forma de nombrarle, sin embargo, cuando tienes pareja, no tienes nada que decir. He notado que mis amigas con novio solo hablan de ellos para ponerlos a caldo cuando hacen algo mal.
Por eso, he llegado a la conclusión siguiente: Los principios son perfectos. Quizás por eso resulte tan agradable deambular de principio en principio sin llegar nunca a ese estado intermedio que conlleva la estabilidad.
Hablo en todo momento de relaciones sentimentales, no de rollos de una noche u otro tipo de relaciones sexuales. Es obvio que, en ese caso, van a tratar de mentir lo máximo posible para conseguir su objetivo en el menor plazo de tiempo posible... y ahí yo no me meto.
Y vosotros/as... ¿sois de principios, nudos o desenlaces? ;) Un beso para todos/as.





