No se vayan todavía, aún hay más
Señores. Se acabó. He agotado el espacio reservado a este blog. Pero no pasa nada. Simplemente transmigro a otro cuerpo, como ser espiritualísimo que soy. Basta con que hagan click aquí y la cosa está hecha. Su Hautoría no se crea ni se destruye, únicamente se transforma.
Prueben, prueben.
Ah, y gracias a ya.com (pese a sus limitaciones) por su hospitalidad durante todo este tiempo.
Prueben, prueben.
Ah, y gracias a ya.com (pese a sus limitaciones) por su hospitalidad durante todo este tiempo.
Hiperconjuntos II
Ya he hablado en este blog alguna que otra vez de esos extraños conjuntos matemáticos capaces de contenerse a sí mismos. Aunque no tan extraños, ya que la subjetividad no es más que una cierta variedad de hiperconjunto. Por ejemplo, decimos "ayer hice esto" sin sorprendernos de que el yo que hace la afirmación (el actual) está contenido en el yo que anduvo el día anterior haciendo aquello o esto otro. Pues bien, el último hiperconjunto que he descubierto no es otro que la Bolsa, el llamado Ibex. En efecto, la propia Bolsa cotiza en Bolsa (pueden encontrarla bajo el nombre de Bolsas y Mercados españoles). De este modo la Bolsa queda conformada como una especie de sujeto que puede reinvertir en sí mismo. Que puede levantarse un día, darse una palmadita en la espalda y decirse algo así como "eres un tipo realmente estupendo" (tradúzcanlo como una inmobiliria que vende parte de sus activos para reconvertirlos en acciones de Bolsas y Mercados españoles). Reinterprétese, a la inversa, el sujeto como un desplazamiento energético de alguno de sus componentes. Una articulación -por ejemplo- no funciona bien y envía energía, se reterritorializa en esa parte del cerebro donde se aloja la conciencia. Algo así debe ser el YO. Hay por ello yoes alcistas y yoes a la baja. El cuerpo es un mercado continuo. Vivimos alarmados por la posibilidad del crack.
La balsa de Medusa
Si alguien se preguntaba qué hacía el administrador de este blog cuando no lo actualizaba (o sea, casi todo el tiempo), aquí les dejo una prueba de que no andaba por ahí perdiendo el tiempo (aunque nunca se sabe). Si alguno de ustedes anda por Madrid el 21 o 28 de este mes y no encuentra nada mejor que hacer puede pasarse a ver la primera obra de teatro escrita por el hautor de este blog. Les dejo más información en el siguiente enlace:
La balsa de Medusa en el Espacio escénico DT.
Estaré encantado de saludarles.
La balsa de Medusa en el Espacio escénico DT.
Estaré encantado de saludarles.
Arte entrópico

He aquí la foto -pensante- de Pinoncelli, artista amante del happening que tuvo la ocurrencia de orinarse allá por 1993 en el famoso orinal duchampiano. Juzgado y absuelto por los tribunales, admitió haber cometido su acto artístico con el fin de devolver la obra de arte de Duchamp a su uso cotidiano. Más allá de la gamberrada, la acción de Pinoncelli revela a mi parecer algo de enorme importancia, esto es, que ciertas obras de arte pueden dejar de serlo a través de un acto tan sencillo como puede ser una micción controlada. Pinoncelli deshizo el encanto aurático con el que Duchamp había dotado a au orinal, lo devolvió a su condición ontológica original, es decir, la de objeto que sirve para aliviar la vejiga. Así de sencillo. Lo cual nos lleva a una acuciante pregunta: ¿puede en realidad negarse a una obra de arte su existencia como tal? En ese caso, ¿se trataba en realidad de una obra de arte? Quizás lo más lógico sea pensar que el "aura" del orinal de Duchamp era fácilmente deconstruible, mucho más que el Partenón de Atenas o que -incluso- un búcaro etrusco.
Inconsciente urbano
Tras la operación estética emprendida por el señor Gallardón sobre el rostro de la capital del reino, ahora descubrimos, rotura a rotura, que las profundidades de la ciudad están hechas un asco (tuberías, alcantarillas...). Me viene a propósito a las mientes la teoría psicoanalítica del Dr. Freud, pero llevada al terreno de la urbe. Una ciudad puede ser hermosa, pero tener un inconsciente más turbio que el del asesino de la baraja. Y a Madrid le pasa algo parecido. Menos mal que alguien ha decidido gastar al fin unos milloncejos de euros en psicoanalizarla, es decir, en desratizar y desinsectar las alcantarillas. Quizás el diagnóstico resulte ser un complejo de Edipo (papá Carlos III o papá Tierno Galván) o una neurosis de caballo, o las dos cosas al mismo tiempo. Es sólo que me parece que han calculado mal. Ya sabemos la pasta que cuesta un psicoanalista. Y esto no da ni para una bolsa de pipas.





