Teoría de lazos
He aquí una pregunta que seguramente a cualquier experto fetichista le debe parecer una obviedad semejante a la tabla del uno: ¿por qué la gran mayoría de las prendas de ropa interior femenina van provistas de uno -o varios- lacitos? Sí, sé que existen contraejemplos a esta ley que acabo de esbozar, pero eso no hace sino ratificar su verificabilidad. Como toda ley que se precie (las referentes a la venustidad no han de ser una excepción) ha de poder ser encasillada en convenientes constantes y variables. De momento, dejando de lado tan elevado propósito, me dispongo a elucubrar alguna de las causas antropológicas del lazo, y no me refiero a la causa final, que esa ya la conocemos todos, sino a la más esquiva causa formal. He aquí algunas hipótesis que someto al juicio del lector/a más interesado:
a) El lazo sugiere en el hombre la inmediata asociación de la prenda femenina con el envoltorio de un objeto precioso, añadiendo de esta manera un valor simbólico al atributo custodiado celosamente por la lingerie.
b) El lazo es un vestigio gibarizado de aquellas inacabables lazadas que comprimían la anatomía femenina en los siglos precedentes y con los que había que batallar antes de lograr la desnudez absoluta, algo así como la basura genética que decora nuestro ADN, el apéndice, o la misa de los domingos.
c) Se trata de una burda estrategia comercial propiciada por las grandes marcas de lencería. Si uno quiere prescindir del omnipresente adminículo por tozudez o por una simple cuestión de gusto debe entonces gastar desorbitantes cantidades de dinero. Las excentricidades se pagan.
a) El lazo sugiere en el hombre la inmediata asociación de la prenda femenina con el envoltorio de un objeto precioso, añadiendo de esta manera un valor simbólico al atributo custodiado celosamente por la lingerie.
b) El lazo es un vestigio gibarizado de aquellas inacabables lazadas que comprimían la anatomía femenina en los siglos precedentes y con los que había que batallar antes de lograr la desnudez absoluta, algo así como la basura genética que decora nuestro ADN, el apéndice, o la misa de los domingos.
c) Se trata de una burda estrategia comercial propiciada por las grandes marcas de lencería. Si uno quiere prescindir del omnipresente adminículo por tozudez o por una simple cuestión de gusto debe entonces gastar desorbitantes cantidades de dinero. Las excentricidades se pagan.
Las Euménides II
"Sólo deseo la muerte al que ha hecho esto con mi marido, y espero que se muera", palabras literales de una víctima del terrorismo vasco, aunque podría ser pronunciado por cualquier mujer en cualquier lugar del mundo a la que le han matado un marido. La frase ejemplifica como ninguna otra un principio estructural de equivalencia (Levi-Strauss estableció un principio semejante en el caso del don, del regalo), algo así como una ley de conservación de la violencia según la cual la aspiración de toda víctima es convertirse en verdugo de su victimario. Estoy convencido de que esa ley se da en términos generacionales e históricos. Los mártires cristianos extraídos de la plebe, auténticos parias de la ciudadanía, acabarían imponiendo su religión al imperio. Hasta el propio sistema democrático parece basarse en una alternancia de partidos políticos que se erigen en epítome de víctimas (perdedores) y verdugos (ganadores) electorales, confiados los primeros en tomarse la revancha a las primeras de cambio. Cada triunfo parcial, cada afrenta, cada crimen sin castigo siembra la semilla de una futura violencia. Las Erinias encargadas de la venganza en cuestiones de crímenes de sangre, recordemos, eran llamadas asimismo "Euménides", es decir, "Las Benévolas". Ese doble apelativo da muestras de su ambigüedad. Lo que es vivido como terrible castigo por el criminal aparece como justa y tonificante retribución por parte de la víctima.
Gazpacho
Recibo una llamada de una empresa de televenta. La amable telefonista se muestra interesada en endosarme tres libros de medicina natural, comida dietética y asuntos de similar pelaje. Nada que no le haya pasado a cualquiera de nosotros. Lo curioso es la retórica desplegada por la televendedora. A velocidad de vértigo se profieren expresiones como "totalmente gratuito", "se mostrará encantado", "tan sólo seis euros", "gastos de envío". Los latinos usaban la expresión: ex absurdum sequitur quodlibet, o sea, del absurdo -como si se tratase de una chistera maravillosa- puede deducirse cualquier cosa. Un ejemplo:
yo soy mortal
yo soy inmortal
ergo
soy un kinder sorpresa
Traducido al caso que nos ocupa:
totalmente gratuito
sólo seis euros
ergo
compro tres libros de pastas duras
sobre un tema que no me interesa
Lo peligroso es que esta extravagante retórica no se reserva tan sólo a la venta por teléfono sino que es patrimonio compartido de mercachifles y manipuladores varios. La política entra de lleno en el terreno de la perversión cuando hace uso de esta estrategia que no es otra sino la doblelengua del Gran Hermano de Orwell. De alguien confuso puede obtenerse lo que se quiera y el más pintado puede esperarte detrás de la esquina con su particular minnipimer para convertir tu cerebro en un finísimo gazpacho.
yo soy mortal
yo soy inmortal
ergo
soy un kinder sorpresa
Traducido al caso que nos ocupa:
totalmente gratuito
sólo seis euros
ergo
compro tres libros de pastas duras
sobre un tema que no me interesa
Lo peligroso es que esta extravagante retórica no se reserva tan sólo a la venta por teléfono sino que es patrimonio compartido de mercachifles y manipuladores varios. La política entra de lleno en el terreno de la perversión cuando hace uso de esta estrategia que no es otra sino la doblelengua del Gran Hermano de Orwell. De alguien confuso puede obtenerse lo que se quiera y el más pintado puede esperarte detrás de la esquina con su particular minnipimer para convertir tu cerebro en un finísimo gazpacho.
Las Euménides
Reflexión al hilo de "Avions nous oublié le mal?", libro de J. P. Dupuy y que debería ser obligatorio en las escuelas y en el congreso de los diputados. A propósito de la caída -demolición, digamos- de las Twin Towers, Dupuy pone de manifiesto el sentimiento de venganza que acaba justificando el acto criminal de los suicidas. Los américanos lanzaron las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki y Bin Laden, cual Orestes conducido por las Erinias, se apresta a la venganza. Principio de conservación de la violencia entre los verdugos y las víctimas. Revelador darse cuenta de que la verdadera catástrofe tras el 11-S fue constatar que el papel de las víctimas de la historia ha dejado de estar claro (el pueblo judío es otro interesante ejemplo de lo que digo). Erosión en los cimientos de la comunidad biempensante, dispuestos siempre a comprender a los desfavorecidos de la sociedad o la historia (actitud loable donde las haya. Lo que quiero decir es que un ultrajado al que se le da de comer no deja de ser un ultrajado sino que se convierte sencillamente en un ultrajado bien alimentado, sin que por ello se vea mermado necesariamente su ánimo de revancha). Basta darse una vuelta por las aulas para caer en la cuenta de que el mal existe y el que siga pensando que el hombre es bueno por naturaleza y que la sociedad es quien lo corrompe siempre tiene la posibilidad de darse una vuelta por mi desdobe de 2º A-B ESO para caerse del guindo. Pensar entonces qué sucede cuando las víctimas se equiparan o incluso superan en violencia a sus verdugos, menudo dilema que nos toca a nosotros, occidentales "triunfantes", resolver o digerir. Lo primero que habría hacer es meditar en esa bonita frase de que las "víctimas siempre llevan la razón". Quizás la única salida a este cul de sac venga de la mano de algunas víctimas (muy pocas) dispuestas verdaderamente a olvidar, como aquel guardia civil al cual una bomba terrorista destrozó (literalmente) un hijo y que a pesar del dolor reconocía que convertirse en victimario, en ejecutor de sus verdugos, no le era posible, que aquello no podía ser. No poner la otra mejilla sino darse la vuelta y encontrar en ello una curiosa manera de dignidad, la de renunciar a atizar el rescoldo de una de las hogueras que incendian de tanto en tanto la historia.
Estresing
Abandono definitivamente mi antiguo proyecto de crear una academia, una especie de Lyceo platónico donde se impartan clases magistrales de silencio (el alumno podría optar por un curso presencial o a distancia). Mi nuevo proyecto se llama estresing, un deporte de riesgo que puede practicarse en cualquier sitio (escuela, oficina, en la placidez del hogar...) y que consiste en alcanzar niveles intolerables de estrés, especialmente recomendado para adolescentes retozones y con propensión a la incuria. Evitaría de esta manera que acabaran convertidos en carne de cañón, en víctimas sumisas de la vorágine que los cerca y manipula, sin tiempo para lanzar siquiera al aire una venenosa dentellada. Ensayo algunos lemas a modo de decálogo, rudimentaria filosofía imprescindible en toda secta o empresa. Verbigracia,
1.- Morir con las botas puestas.
2.- No es suficiente, nunca es suficiente.
3.- ¿Quieres seguir siendo toda tu vida la misma mierda?
4.- Tu compañero acabó antes.
5.- No estás motivado.
6.- No te preocupes, le puede pasar a cualquiera (palmada en la espalda, al tiempo que enviamos una sonrisa condescendiente a la concurrencia)
7.- No dejes para dentro de un rato lo que puedas hacer ya.
8.- Tienes lo que te mereces.
9.- Casi lo consigues, muchacho (sin levantar la vista del sudoku. Mejor si el muchacho se acercaba con rostro de devota alegría).
10.- No llores, mariquita.
Naturalmente yo sería el sensei, el maestro. Las diez primeras inscripciones son gratis. Las cuotas se duplicarían cada mes siguiendo la escrupulosa y atosigante ley exponencial. ¿Alguien se apunta?
1.- Morir con las botas puestas.
2.- No es suficiente, nunca es suficiente.
3.- ¿Quieres seguir siendo toda tu vida la misma mierda?
4.- Tu compañero acabó antes.
5.- No estás motivado.
6.- No te preocupes, le puede pasar a cualquiera (palmada en la espalda, al tiempo que enviamos una sonrisa condescendiente a la concurrencia)
7.- No dejes para dentro de un rato lo que puedas hacer ya.
8.- Tienes lo que te mereces.
9.- Casi lo consigues, muchacho (sin levantar la vista del sudoku. Mejor si el muchacho se acercaba con rostro de devota alegría).
10.- No llores, mariquita.
Naturalmente yo sería el sensei, el maestro. Las diez primeras inscripciones son gratis. Las cuotas se duplicarían cada mes siguiendo la escrupulosa y atosigante ley exponencial. ¿Alguien se apunta?
Gemelos

Resulta curiosa la cantidad de gemelos que pueblan los mitos. Atreo y Tiestes, Rómulo y Remo, Eteocles y Polinices y un largo etcétera. Dos criaturas nacidas de un mismo huevo. El paso del uno al dos. La fenomenología es diversa. Encontramos el caso de los gemelos rivales que disputan por una ciudad y que buscan la mutua aniquilación (de donde hay que concluir que las más de las veces la instauración de una dinastía o de una civilización se asienta sobre un rastro de sangre) o -más extraño- el de los gemelos que colaboran en la tarea civilizadora (Zeto construía piedra a piedra la muralla de Tebas al son de la música de su gemelo Anfión). Concordia y discordia (gemelas también del mismo huevo, como todos los pares de opuestos) se disputan el imaginario de la dualidad, aunque la segunda se lleve la palma, quizás porque narrativamente (al fin y al cabo hablamos de mitos) sea más interesante.
Edipo y la esfinge

Proclamo mi absoluta admiración -aunque no, no es admiración sino fascinación, encantamiento, qué se yo- por Gustave Moreau, admiración compartida entre otros por el Huysmann de "A contrapelo". A pesar de su decadentismo, de su barroquismo, de sus incrustaciones kitsch de TODO A CIEN, o quizás por todo ello (y mucho más) me rindo a los pies de este caballero. Éste es sólo un ejemplo. La esfinge encaramada al pecho de Edipo que sostiene la peligrosa carga con una mirada y una postura impasible. Y es que Moreau nos pinta a un Edipo que ha hecho del enigma su hábitat, su pan nuestro de cada día. De ahí el rostro enamorado de la esfinge, encantada de haber encontrado a alguien que sepa guardar un silencio retador ante su pregunta, alguien que sabe que lo mejor para no sucumbir al poder maléfico del enigma es no dar ninguna respuesta, mucho menos esa vulgaridad que nos ha legado el mito: el hombre. Como si el hombre pudiese ser la respuesta a alguna pregunta. Los restos de los que esperaban resolver el misterio se amontonan en la parte inferior del cuadro (en esta reproducción no se ven, mis disculpas). Una mano sin rostro se aferra a una roca al borde del abismo.
El círculo vicioso
Siempre me ha seducido el diccionario. De pequeño pasaba momentos entrañables perdiéndome en definiciones, aprendiendo el sentido de las palabras como quien contempla mariposas hermosísimas clavadas en el corcho de un entomólogo. Eso me ha permitido ir desvelando poco a poco sus secretos, su oculta filosofía. Propongo un ejemplo. Lo que ahora llamaríamos una "cadena de búsqueda":
Lacedemonio: Natural de Lacedemonia.
Natural: Perteneciente a la naturaleza o conforme a la cualidad o propiedad de las cosas.
Naturaleza: Esencia y propiedad característica de cada ser.
Ser: Esencia o naturaleza.
Y ya tenemos el círculo vicioso, el hyperconjunto, la pescadilla que se muerde la cola, el ouroborós, o como queráis llamarlo. Distintos nombres para un mismo enigma: el del sentido.
Lacedemonio: Natural de Lacedemonia.
Natural: Perteneciente a la naturaleza o conforme a la cualidad o propiedad de las cosas.
Naturaleza: Esencia y propiedad característica de cada ser.
Ser: Esencia o naturaleza.
Y ya tenemos el círculo vicioso, el hyperconjunto, la pescadilla que se muerde la cola, el ouroborós, o como queráis llamarlo. Distintos nombres para un mismo enigma: el del sentido.





