Estéticas
Félix de Azúa habla de la estetización de la realidad. Antes la estética se ocupaba tan sólo del arte. Ahora la estética es un lugar privilegiado hacia el que se abalanzan disciplinas en apariencia tan alejadas como la economía o la política. La estetización del objeto genera una especie de plusvalía. Todas las empresas saben lo importante que es "tener una imagen". No puede haber un proyecto empresarial sin logotipo. Por estetizarse se estetizan hasta las procesiones de Semana Santa, algunas de las cuales unen a su carácter religioso una componente mediática. Estar en primera fila es entonces un anhelo costoso de satisfacer (a veces hasta 500 euros, según las últimas noticias). No basta con que algo sea bueno (útil), tiene además que ser hermoso. Y la belleza, naturalmente, se paga.
Tiresias
Pascal Quignard dice: siempre nos falta una imagen. Ésta es, paradigmáticamente, la de nuestro engendramiento, la de nuestra muerte. Ante este hecho Quignard propone dos únicas soluciones: el sexo y el espanto. La primera es la de la asunción de la incompletud de nuestro imaginario, una conciencia trágica y lúdica a un tiempo que admite al sexo como vía para crear y recrearse con imágenes en ausencia de la imagen original. La negación de este supuesto desemboca en el espanto, ante el hecho de haber sido engendrados, ante el hecho de nuestra propia muerte. Una actitud que desemboca en la paranoia o la neurosis colectiva. Tiresias, recordamos, encuentra en su paseo a una pareja de serpientes apareándose. Molesto con la imagen las golpea con el bastón y mata a una de ellas. Entonces sufre él mismo una metamorfosis y durante siete años adquirirá el sexo de una mujer. Porqué serpientes. Tiresias es nieto de Udeo, engendrado por la siembra de los dientes del dragón efectuada por Cadmo. Udeo es por tanto un esparto (sembrado, literalmente). Tiresias es descendiente de la gran serpiente. De alguna manera ante la contemplación de las serpientes apareándose asiste al espectáculo de su propia generación. Y rechaza la imagen hasta el punto de golpearlas y matar a una de ellas. Rechaza la última unidad de los contrarios (macho/hembra) y por ello debe sufrir el castigo de verse él mismo transformado en su contrario. Una curiosa suerte de aprendizaje.
La ministra
Dominical del País. Reportaje acerca de la ministra de Sanidad. Una tal Elena Salgado. No se pierdan el titular: La ministra se propone una cruzada para salvaguardar la salud de los españoles. Primero fue la ley antitabaco (esos señores y señoras que apestufaban (sic) a los no fumadores con sus malos humos, después: la obesidad, la anorexia, extirpar todo mal hábito, toda mala costumbre que atente contra la sacrosanta salud. La ministra presume sin rubor (sic) de sus matrículas de honor. Eso sí, flojeaba en filosofía. Era la única chica de ingeniería. Sus compañeros eran "a menudo" (atenuante no sabemos si introducido por la ministra o por el varón reportero) rudos y machistas. Rememora sus tiempos de estudiante. En aquella época todos eran rojos (una costumbre que desaparece con el tiempo, le falta añadir). Discutían sobre Marx y Heidegger (imaginamos que sobre Heidegger hablarían sus compañeros rudos y machistas mientras ella tomaba notas acerca del dasein , el andenken y el ereignis). Siempre estuvo a bien con la casta empresarial, sin embargo (¿sin embargo?). En aquella época los empresarios se dejaban llevar por la intuición y la experiencia (otro par de malas costumbres). Afortunadamente aquellos tiranosaurios se han extinguido. El capital no tolera las costumbres neolíticas ni a las bestias inadaptadas. Entre tanto la vemos cruzando un riachuelo entre la nieve, en foto ecuestre (se echa de menos un caduceo que blandir contra los infieles). Su aspecto es el de un esqueleto andante, pero abomina de la anorexia. Se nos ofrecen datos analíticos precisos de su sangre: niveles de colesterol, de hemoglobina, etceteraetcétera. Un modelo de salud, vamos. En su frigorífico podemos encontrar verduras, yogures con trozos de fruta y, eso sí (para algo somos españoles), un poco de jamón. La última foto es la más elocuente. Aparece acariciando una burra que responde al nombre de Autónoma. Su compañera (burra ella también) se llama Complutense. Ama la naturaleza, es evidente.
La cosa es para dar pena si no diera tanta risa. El periodista (no sabemos si voluntariamente o no) ha trazado una sutilísima parodia de la ministra. El retrato del artículo destila resentimiento y anhelos cátaros de pureza. Debería prohibírsele el ejercicio de poder a todos los que creen en la pureza (de raza, de salud, de pensamiento). No hay nada más peligroso que el integrismo secularizado de los higienistas. Ellos son los auténticos peligros públicos.
La cosa es para dar pena si no diera tanta risa. El periodista (no sabemos si voluntariamente o no) ha trazado una sutilísima parodia de la ministra. El retrato del artículo destila resentimiento y anhelos cátaros de pureza. Debería prohibírsele el ejercicio de poder a todos los que creen en la pureza (de raza, de salud, de pensamiento). No hay nada más peligroso que el integrismo secularizado de los higienistas. Ellos son los auténticos peligros públicos.





