101 IDEAS QUE AYUDARÁN A CAMBIAR EL MUNDO
Nº 67.- CÓMO APROBAR UN PLAN EN 10 CÓMODOS PASOS (ESPECIALMENTE RECOMENDADO PARA ADMINISTRACIONES PÚBLICAS Y OTRAS EMPRESAS)
Paso 1.- Tener un plan. Si no se tiene, pedirlo prestado.
Paso 2.- Loar al plan. Aquí se proponen algunos modelos:
-Es lo ultimísimo,
-La solución a todos vuestros problemas.
-O el plan, o el caos.
-Es lo auténticamente revolucionario.
-El plan, qué gran plan.
-O con el plan, o contra el plan.
-Sin plan, no hay pan.
Paso 3.- Dividir al grupo que ha de someter a aprobación el plan. Por ejemplo, concediendo privilegios a un subgrupo (los de ojos ni verdes ni azules, los jóvenes, los fijos frente a los temporales, los que visten alguna prenda de marca, etc). Se recomienda que el grupo de los elegidos sea lo suficientemente numeroso (nunca inferior al 60%).
Paso 4.- Aprobar la puesta en marcha del plan.
Paso 5.- Elaborar directrices para las líneas maestras del plan.
Paso 6.- Redactar el plan. Conviene que esto se haga de manera confusa, bajo una falsa apariencia de complejidad y exhaustividad, utilizando con profusión abreviaturas y siglas. Ningún plan es admisible si no incluye al menos una docena de veces la palabra consensuar.
Paso 7.- El plan ha de incorporar una subcomandita que vele por el cumplimiento del plan. Si el número de subcomandados voluntarios no es suficiente, no se dudará en ofrecer suculentas prebendas que hagan irresistible la oferta.
Paso 8.- Incentivar el imprescindible proselitismo optimizando posibles amistades y afinidades políticas, religiosas o deportivas. Para los indecisos, confiar en la eficacia del triángulo del deseo (A estima a B. C estima a A pero no sabe si estimar o no a B. C observa cómo A se toma un café con B mientras comentan animadamente el partido del domingo o los problemas con la doncella, de donde C acaba estimando a B).
Paso 9.- Aprobar el plan.
Paso 10.- Caso -harto improbable- de que esto no sea posible en una primera votación, recurrir a una hoja de firmas donde se solicitará el renovado apoyo al plan (previamente se prometerán ciertas mejoras en los aspectos que hayan sido objeto de mayor resistencia). Superados los dos tercios del grupo, se recomendará una nueva votación. Si alguien no entiende bien este paso, añadiremos que la visibilidad de los apoyos tiene una ventaja sobre el voto secreto, ya que el efecto mimético anima a que los indecisos abandonen sus dudas y opten por imitar el gesto de los próceres (además de ayudar a identificar los elementos resistentes que hasta entonces hubieran permanecido ocultos).
Esta sencilla secuencia permite aprobar asuntos tales como:
· Dios existe
· Dios no existe.
· Dios quizás no exista, pero debería hacerlo
· Usted hace mal su trabajo
· Usted no merece el pan que se come.
· Usted no se compromete.
· Usted cree tener un problema. Pero ése no es el problema.
· Usted es el problema.
· Si no fuera por usted, todo sería perfecto.
(Eso sí. Si el plan fracasa, se recomienda cambiar de plan.)
Paso 1.- Tener un plan. Si no se tiene, pedirlo prestado.
Paso 2.- Loar al plan. Aquí se proponen algunos modelos:
-Es lo ultimísimo,
-La solución a todos vuestros problemas.
-O el plan, o el caos.
-Es lo auténticamente revolucionario.
-El plan, qué gran plan.
-O con el plan, o contra el plan.
-Sin plan, no hay pan.
Paso 3.- Dividir al grupo que ha de someter a aprobación el plan. Por ejemplo, concediendo privilegios a un subgrupo (los de ojos ni verdes ni azules, los jóvenes, los fijos frente a los temporales, los que visten alguna prenda de marca, etc). Se recomienda que el grupo de los elegidos sea lo suficientemente numeroso (nunca inferior al 60%).
Paso 4.- Aprobar la puesta en marcha del plan.
Paso 5.- Elaborar directrices para las líneas maestras del plan.
Paso 6.- Redactar el plan. Conviene que esto se haga de manera confusa, bajo una falsa apariencia de complejidad y exhaustividad, utilizando con profusión abreviaturas y siglas. Ningún plan es admisible si no incluye al menos una docena de veces la palabra consensuar.
Paso 7.- El plan ha de incorporar una subcomandita que vele por el cumplimiento del plan. Si el número de subcomandados voluntarios no es suficiente, no se dudará en ofrecer suculentas prebendas que hagan irresistible la oferta.
Paso 8.- Incentivar el imprescindible proselitismo optimizando posibles amistades y afinidades políticas, religiosas o deportivas. Para los indecisos, confiar en la eficacia del triángulo del deseo (A estima a B. C estima a A pero no sabe si estimar o no a B. C observa cómo A se toma un café con B mientras comentan animadamente el partido del domingo o los problemas con la doncella, de donde C acaba estimando a B).
Paso 9.- Aprobar el plan.
Paso 10.- Caso -harto improbable- de que esto no sea posible en una primera votación, recurrir a una hoja de firmas donde se solicitará el renovado apoyo al plan (previamente se prometerán ciertas mejoras en los aspectos que hayan sido objeto de mayor resistencia). Superados los dos tercios del grupo, se recomendará una nueva votación. Si alguien no entiende bien este paso, añadiremos que la visibilidad de los apoyos tiene una ventaja sobre el voto secreto, ya que el efecto mimético anima a que los indecisos abandonen sus dudas y opten por imitar el gesto de los próceres (además de ayudar a identificar los elementos resistentes que hasta entonces hubieran permanecido ocultos).
Esta sencilla secuencia permite aprobar asuntos tales como:
· Dios existe
· Dios no existe.
· Dios quizás no exista, pero debería hacerlo
· Usted hace mal su trabajo
· Usted no merece el pan que se come.
· Usted no se compromete.
· Usted cree tener un problema. Pero ése no es el problema.
· Usted es el problema.
· Si no fuera por usted, todo sería perfecto.
(Eso sí. Si el plan fracasa, se recomienda cambiar de plan.)
Mono(teo)polios
Curiosa la reflexión salida hace unas semanas de boca del cantante Albert Pla en el programa de televisión "Carta blanca", esta vez llevado de la mano de Antonio Escohotado:
" Las drogas son lo único que ha mantenido su precio en los últimos diez o quince años".
Y probablemente lleve razón. ¿Motivo? Que en el mundo de la droga se da verdaderamente una libre competencia. O lo que es lo mismo, que a nadie se le ocurre subir el precio porque siempre habría otro camello dispuesto a pasar la mercancía por un precio más bajo. Resultado: IPC de las drogas igual a cero en los últimos quince años, circunstancia que sólo se modificaría -supongo- en caso de escasez de la materia prima. De inmediato me viene a la memoria el régimen religioso politeísta de los griegos. La sabiduría radicaba en darle a cada dios lo suyo, evitando caer en el pecado de hybris consistente en negar su tributo a cualquiera de esas deidades que administraban cada una de las parcelas en que se divide la vida y la psique humana. Ningún dios exigía al ciudadano el sacrificio en su nombre, pues tal solicitación caería del lado, no sólo de lo absurdo, sino de la auténtica impiedad. No hay que descartar las asociaciones entre el mundo de la economía y el de la religión. Con el discurrir de los siglos han ido avanzando los monoteísmos y los monopolios. En nombre de un dios o de una empresa se han cometido y cometen las mayores atrocidades. Tan peligrosos son los unos como los otros. Unos son capaces de exigir la aniquilación del creyente (o del creyente de otra confesión) y otros se permiten meter impunemente la mano en la cartera del ciudadano que se ve imposibilitado para elegir otra opción que le proporcione el mismo servicio. Es curioso que bajo la advocación del así llamado "libre mercado" sean al final una o dos empresas las que acaben repartiéndose el pastel, exigiendo el sacrificio de nuestras economías, de nuestros recursos, como un crudelísimo dios azteca al que hubiese que alimentar continuamente con nuestra sangre bajo el temor de que el mundo deje de funcionar.
" Las drogas son lo único que ha mantenido su precio en los últimos diez o quince años".
Y probablemente lleve razón. ¿Motivo? Que en el mundo de la droga se da verdaderamente una libre competencia. O lo que es lo mismo, que a nadie se le ocurre subir el precio porque siempre habría otro camello dispuesto a pasar la mercancía por un precio más bajo. Resultado: IPC de las drogas igual a cero en los últimos quince años, circunstancia que sólo se modificaría -supongo- en caso de escasez de la materia prima. De inmediato me viene a la memoria el régimen religioso politeísta de los griegos. La sabiduría radicaba en darle a cada dios lo suyo, evitando caer en el pecado de hybris consistente en negar su tributo a cualquiera de esas deidades que administraban cada una de las parcelas en que se divide la vida y la psique humana. Ningún dios exigía al ciudadano el sacrificio en su nombre, pues tal solicitación caería del lado, no sólo de lo absurdo, sino de la auténtica impiedad. No hay que descartar las asociaciones entre el mundo de la economía y el de la religión. Con el discurrir de los siglos han ido avanzando los monoteísmos y los monopolios. En nombre de un dios o de una empresa se han cometido y cometen las mayores atrocidades. Tan peligrosos son los unos como los otros. Unos son capaces de exigir la aniquilación del creyente (o del creyente de otra confesión) y otros se permiten meter impunemente la mano en la cartera del ciudadano que se ve imposibilitado para elegir otra opción que le proporcione el mismo servicio. Es curioso que bajo la advocación del así llamado "libre mercado" sean al final una o dos empresas las que acaben repartiéndose el pastel, exigiendo el sacrificio de nuestras economías, de nuestros recursos, como un crudelísimo dios azteca al que hubiese que alimentar continuamente con nuestra sangre bajo el temor de que el mundo deje de funcionar.





