Giordano Bruno, el desfragmentador
Giordano Bruno concibió un complejo sistema mnemotécnico que permitía guardar toda la información, una especie de esquema simbólico (algo parecido a un conjunto de cajones ordenados en un escritorio) que servía para la clasificación de los conocimientos. En su obra "De imaginum, signorum et idearum compositione" Bruno expone las 32 reglas que permiten efectuar traducciones de contenidos conceptuales a imágenes. 32=2^5. Bruno era un fan de las potencias de dos, como le ocurre a la mayoría de los hackers (un campo de almacenamiento de 32 bits permite 2^32 combinaciones posibles. Por este motivo el rango de valores naturales que pueden ser almacenados en 32 bits es de 0 hasta 4294967295. Este rango delimita los sistemas de numeración comunes que utilizan 32 bits, por ejemplo las direcciones IP). Los procesadores actuales son de 32 bits, capaces de controlar 4 GB de memoria (Bruno no podía predecir las posibilidades casi infinitas de la técnica). Pero es que además de estas reglas ideó una compleja sintaxis de esas imágenes. Un ser humano que tuviese el conocimiento de esa sintaxis podría almacenar toda su memoria, toda la información recibida en esas imágenes-cajón. Lo más parecido a la desfragmentación. Bruno inventó un sistema para desfragmentar las conciencias enloquecidas de su tiempo. Imaginemos una sesión magistral de Giordano Bruno teniendo como alumno a Savonarola. Nos habríamos ahorrado la quema de algunos libros y obras de arte en las famosas hogueras de la vanidad de la Piazza di la Signoria. Los historiadores afirman que Savonarola era epiléptico. No es cierto. Savonarola necesitaba ser desfragmentado.
23-06-07, Madrid, Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía, 00:15 pm
Visitamos la exposición de Luis Gordillo, último premio Velázquez de Pintura (¿o es de artes plásticas?, ¿existe hoy en día alguna diferencia?). Asistimos al bombardeo de colores, nos anonadamos ante la masa intestinal de los meandros ("Blancanieves y el Pollock feroz"), intentamos detectar algún atractor extraño en la divergencia de las series pictóricas repartidas aquí y allá, escuchamos con somnolencia la exégesis insubstancial de un autor que acaba asumiendo -hasta entonces no lo tenía muy claro- que tiene un estilo porque se lo ha oído decir a algún crítico... Nos embarga la misma sensación que cuando a alguien le cuentan un chiste sin mucha gracia. Me pregunto qué institución cultural estaría dispuesta a pagar tanto dinero por exponer en las paredes de un museo los poemas más vanguarditas del más extravagante o maldito de los poetas españoles (sí, ya sé, la sobrevaloración de la imagen) . Y -sobre todo- recuerdo ese librito de Baudrillard donde se nos habla del complot del arte. Un complot que consiste en que los artistas esconden una información privilegiada. Y esa información con la cual especulan y que les sirve para exprimir el dinero a las instituciones y a los coleccionistas es que en el fondo no hablan de nada, que el arte ya no tiene que ver con nada, que sus obras no son más que la agónica reproducción y la mise en abîme del más absoluto vacío. Unos pasos más atrás un niño sevillano -la familia parece haber viajado para asistir mañana a la final de la copa del rey- insiste en que aquello no es un museo. Por qué, indaga su padre. Porque no da miedo, responde el niño. Y el padre promete llevarlo al día siguiente al museo de cera. El niño tiene su parte de razón. En los museos debería haber obras que nos estremecieran, que tuviesen que ver algo con lo real (no necesariamente realistas), que dijesen algo del mundo en el que vivimos (que, sí, da tanto miedo). Yo, como el niño sevillano, prefiero pasar miedo a gozar del aburrimiento de los inmortales.
El doble de estúpido
La última noticia sobre el carácter nocivo del alcohol viene dictada por una normativa europea. No importa que la ingesta moderada de vino o cerveza pueda ser beneficiosa para la salud. "A partir del 1 de julio no se podrá realizar ninguna alegación de propiedades saludables para ninguna bebida con un contenido alcohólico superior a 1'2%", aseguró la ministra (apuesto que con una sonrisa en la boca).
Recomiendo vivamente la lectura del libro de Roberto Esposito Bíos: biopolítica y filosofía para aquellos a los que les interese conocer el desarrollo histórico de las confusas relaciones entre política y vida, así como asomarse a un diagnóstico de lo que se nos avecina. Ay de aquellos que osen alejarse de un reducido intervalo de confianza alrededor de la media de una distribución normal. Contra ellos serán enviadas las huestes inmunitarias (médicas, policiales) que velan por la integridad del organismo social. Qué fácil resultará convertirse en un peligroso virus, incluso usted que hasta ahora se tenía por un ciudadano ejemplar. La estadística es el dios y los políticos se han convertido en sus profetas.
Recomiendo vivamente la lectura del libro de Roberto Esposito Bíos: biopolítica y filosofía para aquellos a los que les interese conocer el desarrollo histórico de las confusas relaciones entre política y vida, así como asomarse a un diagnóstico de lo que se nos avecina. Ay de aquellos que osen alejarse de un reducido intervalo de confianza alrededor de la media de una distribución normal. Contra ellos serán enviadas las huestes inmunitarias (médicas, policiales) que velan por la integridad del organismo social. Qué fácil resultará convertirse en un peligroso virus, incluso usted que hasta ahora se tenía por un ciudadano ejemplar. La estadística es el dios y los políticos se han convertido en sus profetas.
La Hermogeníada

La Hermogeníada es básicamente la historia de cómo un personaje literario deviene escritor. La Hermogeníada es, por tanto, una novela de deformación. Y es una novela de deformación en un doble sentido que también implica al lector. De hecho, junto a otros subtítulos como: "esto no es una novela" o "la historia más absurda jamás contada", había llegado a pensar en el siguiente: "novela apta sólo para lectores que estén deseando dejar de serlo". Porque, de alguna manera, el lector acaba, él también, convirtiéndose en personaje de la novela, como el ensamblador de un rompecabezas es el autor de la imagen que aparece después de colocar la última pieza.
Si me pusiera trascedente diría que Hermógenes atraviesa en cada una de esas pruebas la fina grieta que se abre entre los opuestos y, en ese sentido, Hermógenes sería un ser trágico. Pero bueno, la trascendencia es un lujo que muy pocos pueden permitirse hoy en día.
Además de todo eso "La Hermogeníada" es otras muchas cosas. Se me ocurren al menos las siguientes:
-Un manual de papiroflexia mental.
-Un retrato (jamás exhaustivo) de la estupidez humana.
-Un ars amandi.
-Un tratado de filosofía.
-Un escrito esotérico.
-Un puzzle.
-Un libro de autoayuda.
-Una epítome narratológica.
-Un corte publicitario de doscientas y pico páginas.
-Etcétera.
Hermógenes es el personaje de la novela. Un ser humano cuya única aptitud para desenvolverse en el mundo parece ser la papiroflexia, arte en el que ha logrado alcanzar las más altas cotas de refinamiento. La medicina, la filosofía, el gnosticismo, un programa televisivo y -finalmente- la literatura, serán las pruebas iniciáticas a las que el personaje se verá sometido, a resultas de las cuales y, al igual que ocurre en ciertos procesos de la alquimia, dicho personaje devendrá escritor, es decir, en una última muestra de estupidez, se habrá convertido en alguien capaz de narrar su propia historia. La imagen puede compararse a la banda de Möbius, esa superficie de una sola cara que hace que alguien que emprenda el camino desde cualquiera de sus puntos regrese al mismo lugar de donde partió.
En definitiva, estamos ante una obra absolutamente recomendable, una novela patrocinada por "la bebida refrescante", cigarros "Carpetos", cereales "Rommel's", güisky "Reytor" y "Juliani" pret à porter. Una novela de cuya lectura saldrán ustedes más felices, más inteligentes y más guapos.
El libro y su semejanza
Motivado por la baja calidad de las obras literarias, los dirigentes culturales del país decidieron importar escritores extranjeros, quienes se beneficiarían de sueldos mucho más elevados que los que recibían en sus países de origen. Un número considerable de ellos procedían de China. Ninguno hablaba el idioma del país de acogida, ni siquiera eran capaces de deletrear una línea. La medida fue precedida de la incomprensión por parte de la ciudadanía e incluso de la beligerancia de algunos círculos literarios que la rechazaban por innecesaria. Hubo quien vaticinó como resultado más probable la definitiva aculturación del país, equiparando la decisión a la rendición ante una potencia extranjera. La experiencia mostró sin embargo todo lo contrario. Pasados unos años, los escritores foráneos lograron aprender sin problemas la lengua de los nativos, después de lo cual se aplicaron a la lectura de los clásicos, así hasta llegar a las más recientes obras dignas de consideración, ninguna posterior a los tres o cuatro últimos lustros. Tras este proceso inicial, dichos escritores se aplicaron a la imitación, primero, y a la innovación más tarde a partir de dichos modelos, resultando de ello obras dignas de todo mérito y de reconocido prestigio internacional -ellos mismos se encargaron de traducirlas a sus lenguas de origen-. Sobre todo los escritores chinos demostraron una pericia infrecuente en dicha tarea, ocupando de inmediato los puestos más altos en las listas de superventas. Uno de los críticos del proyecto acabó reconociendo, después de la lectura de una de las novelas de Zi Hao, que el parangón con cualquier producto cultural autóctono no sólo lo mostraba indistinguible, sino que añadía al logrado casticismo un plus de calidad hasta entonces desconocido en los productos culturales así denominados "originales".
El mago
Hoy habla Vicente Verdú en el País sobre la banalidad que subyace tras la fama mediática otorgada por nuestros medios a ciertas personas. Paris Hilton, verbigracia. El vacío, convenientemente multiplicado a través del juego especular de los media, puede encumbrarse hasta devenir icono imprescindible en cualquier revistero, en cualquier conversación. Diagnóstico: la banalidad anida y agusana como nunca nuestro tiempo. Todos los tiempos, añadiría yo. La fe de muchos creyentes se funda a veces en alguna oscura reliquia escondida en un secreto relicario, ubicado en un recóndito lugar de un templo. Y mesnadas de estos creyentes se postran y rezan invocando el contenido de ese relicario que bien pudiera -en ocasiones así es- esconder el más terrible vacío. Otra vez el vacío, ya no como último constituyente de la frivolidad sino de aquello que más respeto ha suscitado entre los hombres: la religión. Y ahora hablamos de esa moda al parecer incombustible: los libros de misterio. Libros cuya trama se sostiene la mayor parte de las veces en la inanidad más absoluta. La intriga se mantiene a partir de una expectativa que el lector/espectador/creyente espera ver colmada. Desengáñense, detrás de toda esa construcción se alberga solamente el vacío, la nada, abstracciones para ese acontecer omnipresente que es la muerte. La ficción (la religión entre ellas, naturalmente) o las revistas del corazón mantienen al ser humano en la ilusión, sirven como estrategias para hurtarse al horror vacui que acosa nuestras vidas. La magia, aparentemente fomentadora de la ilusión, contribuye sin embargo a desmontarla. El que asiste a un espectáculo de magia sabe que tras el pase de manos se esconde el truco, que nada sale de la nada. La magia (entendida como espectáculo) pone el dedo en la llaga de la ilusión sostenida en el vacío. Sentados en la grada del circo -como si se tratase del diván de un psicoanalista- abreaccionamos ante el juego de manos del mago, tomamos consciencia del trauma que constituye nuestras vidas: el olvido de que las hacemos flotar sobre el más horroroso de los vacíos. Qué hermoso descubrir -o intuir- que la paloma se escondía bajo el frac o en el doble fondo de la chistera, que -en definitiva- nada sale de la nada; y aun así disfrutar con la maestría con la que se ejecuta el truco. Un goce duplicado, un trompe l'oeil que es lo que siempre debería ser el arte. Un auténtico espectáculo.
Terrorismo y capitalismo
Otra vez a vueltas con el terrorismo. Leo en algún sitio (ah, sí, la revista Quimera), a propósito de DeLillo, acerca de los extraños vínculos entre terrorismo y capitalismo. Y pienso que no son tan extraños. En el fondo -y en la forma- el terrorismo ha existido a lo largo de toda la historia (camuflado de cruzadismo, hashissinismo, anarquismo, etc). Sólo que el capitalismo -y sus medios de producción de la imagen- es el caldo ideal para la difusión del terrorismo. Una colusión perfecta que fagocita las portadas de los periódicos y los noticiarios. Imaginemos que cada atentado terrorista ocupase el espacio de una simple necrológica, que no se le prestase mayor atención que un accidente laboral (¿no mueren acaso más obreros caídos de un andamio que ciudadanos por la mano de un terrorista?). Restada toda la espectacularidad que proporcionan los mass media los terroristas sufrirían quizás una crisis de identidad, incluso podrían acabar de cajeros/as de supermercado para escapar al extenuante anonimato de su oficio. En el fondo sólo hay alguien capaz de copar mayor atención mediática que un idiota participante de un reality show: un terrorista.
Que fácil se lo ponemos (a ambos). Una auténtica pena.
Que fácil se lo ponemos (a ambos). Una auténtica pena.
Satori
El día es despejado, de un azul perfecto. Las condiciones de presión, humedad y temperatura son ideales. El proyectil saldrá catapultado por la lanzadera para describir una parábola exacta, fiel a la ecuación . Ahí enfrente está el objetivo. Acertar es equivalente a localizar el foco al que obedece el movimiento. Una parábola tiene dos focos, uno en el interior de la curva, otro anclado al infinito, inaccesible. Hay algo ideal, platónico, en el tiro parabólico. Acertar con el foco equivale a destruir al enemigo. Los novatos se obsesionan con las mediciones: de la distancia, del ángulo de tiro. A mí me ocurría lo mismo al principio. De eso hace mucho. Poco a poco uno descubre que, con el esfuerzo, el tesón y la fe suficientes, puedes llegar a sintonizar con ese otro foco infinito, hasta identificarte con él. Algo similar al arte del tiro con arco japonés. Es como si uno fuese una marioneta en manos de un experto titiritero. Esta identificación total con el foco infinito elimina la dualidad entre el lanzador del proyectil, yo, y el enemigo, ellos. Mi objetivo es la aniquilación de ambos, de mí como sujeto y, por supuesto, del enemigo. Descubrir que ambos son la misma cosa. A eso los orientales lo denominan satori. Dentro de poco recibiré la orden de disparo. A partir de ese momento, la concentración ha de ser absoluta.
Cosmografías
"Y es que, o bien todas las partes (del cuerpo) se forman al mismo tiempo, esto es, el corazón, el pulmón, el hígado, el ojo y cada una de las demás, o bien se forman unas después de otras, como en los llamados poemas de Orfeo, donde el poeta dice que el desarrollo del animal se produce de modo semejante al entramado de una red" Arist. De gener. anim. 734a 16
¿Les suena a ustedes algo eso de "la red"? ¿Son aristotélicos o, más bien, órficos? ¿Estaremos entrando -sin darnos cuenta- en una nueva etapa/eón órfico? Si tienen alguna respuesta, no duden en dejar sus comentarios. Si no la tienen, también pueden añadir sus propias preguntas.
¿Les suena a ustedes algo eso de "la red"? ¿Son aristotélicos o, más bien, órficos? ¿Estaremos entrando -sin darnos cuenta- en una nueva etapa/eón órfico? Si tienen alguna respuesta, no duden en dejar sus comentarios. Si no la tienen, también pueden añadir sus propias preguntas.





