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Peripatetismos
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Un paseo por el Purgatorio
Por algún sitio hay que empezar. Y no se me ocurre ninguno mejor que uno de esos círculos ubicados entre el Infierno y el Paraíso (puestos a empezar, como recomendaba Deleuze, empecemos por enmedio). Víctima de una compañía aérea (cuyo nombre omito, no es cuestión de empezar creándose enemigos) fui a parar a uno de esos no-wheres con categoría de cuatro estrellas en algún lugar cercano a Milán, a la espera de ser embarcado al día siguiente al destino previsto. Roza lo glorioso la constatación de cómo el azar da al traste con nuestas previsiones más ingenuas sostenidas en el sujeto libre y autónomo que todos creemos llevar dentro. Imaginad largas horas de espera en esos otros círculos donde purgar la culpa de la presunción de sujetolibreyautónomo que son las salas del aeropuerto, pendiente del suceso-embarque que nunca acontecía, mientras leía "Del Tiempo", obra maravillosa de François Julien (que aprovecho para recomendar a todos) y aprendía del maestro Montaigne que el gozo del instante proviene de "vivir a propósito". Ergo... yo estaba lejos de vivir el instante. Pero, claro, en el purgatorio ni siquiera se vive, sólo se padece; y así me fui dejando llevar a regañadientes del sujetolibreyautónomo que todos llevamos dentro (y que se parece sospechosamente a ese angel de la guarda cursi y esforzado de la mitología católica) al mundo del wu wei, de la no acción que predicaran los maestro Lao Tse y Chuncio. En fin, de un círculo a otro, de la sala de espera al hotel majestuoso, sin la compañía de un maestro Virgilio que me advirtiese de los peligros. Y allí coincidía con una veintena más de almas cuyo único pecado fue haber perdido el enlace a su destino. Como las almas dantescas nos reuníamos en los salones sin comunicarnos entre nosotros, carentes del contexto-país-lengua-equipodefútbolpreferido que constituye la condición inicial de toda comunicación razonable. Sólo podíamos mirarnos en silencio al borde del llanto, conteniendo la exasperación por lo imprevisto. Qué habíamos hecho noosotros para merecer esto... Confieso que llegué al extremo del examen de conciencia, último recurso del sujetolibreyautónomo cuando se ve cercado y amenazado por las circunstancias. Finalmente regresé cual Dante a la luz del día de la ciudad de Lyon, acogido por las manos radiantes de mi Beatrice. Aunque la vida y la buena literatura me ha enseñado a desconfiar de los finales felices.
 
 
 
 
 
Comentario:
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Comentario:
"Vivir a propósito", caramba, así que era eso, hum...
Me alegro que tu aventura haya acabado bien, y no me jodas que desconfías de los finales felices con tu Beatrice de la mano... Ahora sólo te resta devenir-paraíso.
Aguardo tus posts con rizomática ansiedad...
No