Principio de razón insuficiente
En términos epistemológicos llamado también "problema de Platón". Básicamente se enuncia como sigue: ¿cómo es posible que saquemos conclusiones a partir de datos insuficientes? La cosa tiene su intríngulis, en cuanto uno se para a pensar un poco en ella. ¿Cómo entiende alguien realmente el teorema de Pitágoras, por poner un ejemplo? Hay varias respuestas posibles. Una de ellas -la que yo propongo- es que toda conclusión (o concepción) tiene un fondo irracional, de salto al vacío (o paso pedestre al límite, como se quiera ver). Resulta curioso que en matemáticas los números ligados a los conceptos más importantes como son la circularidad, la ortogonalidad, la autosemejanza o el crecimiento exponencial correspondan a cifras irracionales (con infininto número de cifras no periódicas). Para hacerse una idea más clara de lo que digo: uno ve desde pequeñito cosas "circulares" (imágenes visuales) y con unos años más es capaz de describir la circunferencia de manera precisa como "el lugar geométrico de los puntos que equidistan de otro llamado centro". Impresionante, aunque no lo parezca. De ahí a 3'14159265357969... sólo hay un paso. Törless, el personaje de Musil, renuncia al final de la novela a concertar los modos de ver las cosas: el del intelecto alerta, que las reduce a fenómenos controlables, clasificables y utilizables, y el que irrumpe, a veces, "cuando los pensamientos callan". Hay un salto, una fisura entre nuestras emociones y la manera en la que justificamos, en que intentamos razonar nuestras decisiones (aquí abandonamos el estricto ámbito de lo epistemológico), y el refranero popular abunda en ejemplos al respecto. Qué hace que al final optemos por un coche determinado, por una mujer determinada, cuáles son los motivos por los que alguien decide hacer una cosa y no otra... Acerquemos la lupa con el mayor de los aumentos y -como esos niños asombrados delante del microscopio ante la floración bacteriana en una gota de saliva- preparémonos para la sorpresa. Podemos acabar descubriendo (por vía de este mismo principio) que la idea de libertad -y por tanto de responsabilidad- no son más que otro par de cómodos conceptos irracionales.





