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Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
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Más mal
Sigo monotemático. Espero no caer en una de esas obsesiones con las que empiezas y no sabes cuándo acabas... Bueno, al tema. Ayer hablaba de algo así como del mal metafísico. Hoy me propongo una meta menos alta, hablar, como aquel que dice, del mal de andar por casa, lo que yo llamaría el mal luciferino. Y qué es eso, se preguntará más de uno. Pues bien, entiendo por mal luciferino aquél que se ejerce contra otra persona, casta o cultura con la intención de suplantarla (se presupone de alguna manera que quien ejerce dicho mal se encuentra en cierta condición de inferioridad respecto a la víctima). Si me saco este término de la manga no es con ánimo de complicar las cosas sino de intentar aclararlas siquiera un poco. Porque a ver, aquí viene la pregunta, que es como decir la intríngulis y la busilis del terrorismo de al-qaeda: ¿estamos ante un caso de mal de raigambre metafísica o simplemente -digámoslo así- luciferina? Si optamos por la segunda vía, entonces otorgamos verosimilitud a esas teorías que hablan de que en el fondo lo que se propone Bin Laden y su caterva es la instauración de un nuevo califato ultraintegrista con capital (¿dónde, en Bagdad, en Nueva York, en Córdoba?) todavía desconocida. Dudo mucho que esa idea resida en el imaginario de los terroristas que se echan una mochila a la espalda cargada de explosivos. Los que ya me han leído alguna otra vez ya sabrán que soy partidario de la primera opción. Creo que lo que prima en el acto terrorista (muchas veces suicida) de marca al-qaeda es la seducción del mal metafísico. Es como si la esfinge, tras cada nuevo crimen, se sonriera macabramente para decirnos: "Todavía no tenéis la respuesta". Creíamos haber desalojado el misterio del mundo, lo creíamos por fin convertido en una secuencia de ceros y unos. Y el misterio se revela y señala con su impasible garra a sus mártires, a sus elegidos.
 
 
 
 
 
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Comentario:
Yo también creo que se trata de la opción A: el mal metafísico, la vuelta de tuerca. Borges contaba que los germanófilos de Buenos Aires reaccionaron con estupor ante la toma de París: Hitler en el Louvre era demasiado incluso para ellos, por lo que tiene de inconcebible, de destrucción de lo conocido e ingreso en un orden (es un decir) nuevo y tenebroso. E igual que el III Reich, lo que buscan los cerebros (entiéndase "cerebros" en su acepción rizomática) de Al Qaeda es ese orden nuevo y tenebroso, no ningún califato-revival ni ninguna república islámica.
No