Juancarlismo
"Me siento más monárquico que nunca. Soy un juancarlista convencido". Más o menos ésas fueron algunas de las palabras que pronunció nuestro archiconocido director de cine en los instantes previos a que recibiera su Príncipe de Asturias. Curiosamente estas palabras parafrasean las que pronunció Paco Umbral no recuerdo si antes o después de recibir el premio Cervantes. Curioso, ya digo. Para explicar tan extraño fenómeno postulo diversas hipótesis.
Primera: Los merecedores de tales premios se ven repentinamente ascendidos a unas alturas que proveen de modo espontáneo de un aura análoga a la que corona las testas de todos los reyes que pasaron y pasan por el mundo. Ad similitudo per similitudem, es la expresión latina que transcribe un conocimiento ya previo de los filósofos griegos. Sólo puede conocerse lo semejante a través de lo semejante. Dicho de otra manera, la cumbre, la cúspide de la pirámide de la sociedad es estrecha, y los que allí habitan, si no quieren caerse, están condenados a estar bien avenidos.
Segunda: Una mano negra obliga a los galardonados con este tipo de premios a hacer algún tipo de declaración promonárquica, bajo la amenaza de perder su condición de candidato. A cambio de las preces se les garantiza un futuro estatus de paniaguado y de canonjía vitalicia.
Tercera: Dichos galardonados ya eran antes de ser premiados -quizás sin ellos saberlo- monárquicos y juancarlistas. Partiendo de postulados diversos y distantes al juancarlismo, su arte acaba convergiendo naturalmente al ideal juancarlista. A la vista de las últimas obras producidas por tales prebendados y militantes matraquistas, cabe deducir que el juancarlismo es una especie de estética inane que deja satisfecho a -casi- todo el mundo, una suerte de culebrón de sobremesa con ínfulas de obra artística. De donde el juancarlismo constituye un tipo de virus que ataca y destruye el empeño del artista por producir algo nuevo. Algo así como la muerte térmica del arte.
Decir, por último, que estas tesis no son en modo alguno excluyentes.
Primera: Los merecedores de tales premios se ven repentinamente ascendidos a unas alturas que proveen de modo espontáneo de un aura análoga a la que corona las testas de todos los reyes que pasaron y pasan por el mundo. Ad similitudo per similitudem, es la expresión latina que transcribe un conocimiento ya previo de los filósofos griegos. Sólo puede conocerse lo semejante a través de lo semejante. Dicho de otra manera, la cumbre, la cúspide de la pirámide de la sociedad es estrecha, y los que allí habitan, si no quieren caerse, están condenados a estar bien avenidos.
Segunda: Una mano negra obliga a los galardonados con este tipo de premios a hacer algún tipo de declaración promonárquica, bajo la amenaza de perder su condición de candidato. A cambio de las preces se les garantiza un futuro estatus de paniaguado y de canonjía vitalicia.
Tercera: Dichos galardonados ya eran antes de ser premiados -quizás sin ellos saberlo- monárquicos y juancarlistas. Partiendo de postulados diversos y distantes al juancarlismo, su arte acaba convergiendo naturalmente al ideal juancarlista. A la vista de las últimas obras producidas por tales prebendados y militantes matraquistas, cabe deducir que el juancarlismo es una especie de estética inane que deja satisfecho a -casi- todo el mundo, una suerte de culebrón de sobremesa con ínfulas de obra artística. De donde el juancarlismo constituye un tipo de virus que ataca y destruye el empeño del artista por producir algo nuevo. Algo así como la muerte térmica del arte.
Decir, por último, que estas tesis no son en modo alguno excluyentes.





