Mono(teo)polios
Curiosa la reflexión salida hace unas semanas de boca del cantante Albert Pla en el programa de televisión "Carta blanca", esta vez llevado de la mano de Antonio Escohotado:
" Las drogas son lo único que ha mantenido su precio en los últimos diez o quince años".
Y probablemente lleve razón. ¿Motivo? Que en el mundo de la droga se da verdaderamente una libre competencia. O lo que es lo mismo, que a nadie se le ocurre subir el precio porque siempre habría otro camello dispuesto a pasar la mercancía por un precio más bajo. Resultado: IPC de las drogas igual a cero en los últimos quince años, circunstancia que sólo se modificaría -supongo- en caso de escasez de la materia prima. De inmediato me viene a la memoria el régimen religioso politeísta de los griegos. La sabiduría radicaba en darle a cada dios lo suyo, evitando caer en el pecado de hybris consistente en negar su tributo a cualquiera de esas deidades que administraban cada una de las parcelas en que se divide la vida y la psique humana. Ningún dios exigía al ciudadano el sacrificio en su nombre, pues tal solicitación caería del lado, no sólo de lo absurdo, sino de la auténtica impiedad. No hay que descartar las asociaciones entre el mundo de la economía y el de la religión. Con el discurrir de los siglos han ido avanzando los monoteísmos y los monopolios. En nombre de un dios o de una empresa se han cometido y cometen las mayores atrocidades. Tan peligrosos son los unos como los otros. Unos son capaces de exigir la aniquilación del creyente (o del creyente de otra confesión) y otros se permiten meter impunemente la mano en la cartera del ciudadano que se ve imposibilitado para elegir otra opción que le proporcione el mismo servicio. Es curioso que bajo la advocación del así llamado "libre mercado" sean al final una o dos empresas las que acaben repartiéndose el pastel, exigiendo el sacrificio de nuestras economías, de nuestros recursos, como un crudelísimo dios azteca al que hubiese que alimentar continuamente con nuestra sangre bajo el temor de que el mundo deje de funcionar.
" Las drogas son lo único que ha mantenido su precio en los últimos diez o quince años".
Y probablemente lleve razón. ¿Motivo? Que en el mundo de la droga se da verdaderamente una libre competencia. O lo que es lo mismo, que a nadie se le ocurre subir el precio porque siempre habría otro camello dispuesto a pasar la mercancía por un precio más bajo. Resultado: IPC de las drogas igual a cero en los últimos quince años, circunstancia que sólo se modificaría -supongo- en caso de escasez de la materia prima. De inmediato me viene a la memoria el régimen religioso politeísta de los griegos. La sabiduría radicaba en darle a cada dios lo suyo, evitando caer en el pecado de hybris consistente en negar su tributo a cualquiera de esas deidades que administraban cada una de las parcelas en que se divide la vida y la psique humana. Ningún dios exigía al ciudadano el sacrificio en su nombre, pues tal solicitación caería del lado, no sólo de lo absurdo, sino de la auténtica impiedad. No hay que descartar las asociaciones entre el mundo de la economía y el de la religión. Con el discurrir de los siglos han ido avanzando los monoteísmos y los monopolios. En nombre de un dios o de una empresa se han cometido y cometen las mayores atrocidades. Tan peligrosos son los unos como los otros. Unos son capaces de exigir la aniquilación del creyente (o del creyente de otra confesión) y otros se permiten meter impunemente la mano en la cartera del ciudadano que se ve imposibilitado para elegir otra opción que le proporcione el mismo servicio. Es curioso que bajo la advocación del así llamado "libre mercado" sean al final una o dos empresas las que acaben repartiéndose el pastel, exigiendo el sacrificio de nuestras economías, de nuestros recursos, como un crudelísimo dios azteca al que hubiese que alimentar continuamente con nuestra sangre bajo el temor de que el mundo deje de funcionar.





