Autocasting
Miren ustedes a su alrededor, en el gimnasio, en el transporte público, en la acera... Gentes enganchadas a su móvil, a su mp3, a su libro... Últimamente parece que el término de autocasting goza de relativo éxito para referirse a lo que decimos. Autocasting: dícese del comportamiento humano consistente en rodearse de los productos culturales con los cuales se identifica la persona en cuestión, en los que de alguna manera se ve reflejada a sí misma. Platón decía que un alma sólo podía conocerse a través de otra alma, y los tiempos hipermodernos (o post-postmodernos, o lo que sea) parecen empeñados en llevarle la contraria, encastillados en un solipsismo galopante. Estudios de laboratorio demuestran que las ratas sometidas a condiciones de superpoblación pueden desarrollar instintos agresivos e incluso caer en el canibalismo. Afortunadamente el ser humano parece poder tomar otros caminos. Y es que estoy convencido que la alta densidad de población de algunos lugares (casi todos, actualmente) provocan este tipo de comportamiento (de "catástrofe" -en el sentido de René Thom- sociológica) que bien podemos seguir llamando autocasting. Los niños (y adultos) Ikikomori (niños caracol) serían otro ejemplo paradigmático de lo que decimos. La masa (eso en lo que nos sumergimos en cuanto salimos a la calle) nos diluye, nos hace desaparecer como individuos. Como los caracoles, nos cubrimos con nuestra concha cultural, con nuestra pequeña esfera sloterdijkiana, dentro de la cual podemos sentirnos seguros, o al menos no demasiado alienados. Mirado desde la suficiente distancia, estas pequeñas esferas que arrastramos con nosotros, sumadas las unas a las otras, componen una especie de espuma. En el fondo, lo más hermoso de la ola.





