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Peripatetismos
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Uno asiste con estupor a algunas cuestiones planteadas a la ciudadanía desde los medios de comunicación, sobre todo los de prensa escrita. Un ejemplo: "¿Piensa que el señor Ibarretxe cometió un delito al reunirse con Batasuna?". Como si un asunto de justicia pudiese someterse a plebiscito. Pero lo más extraordinario es que haya personas que respondan a dicha pregunta, pues habrá que suponer que ese diagrama de sectores que acompaña indefectiblemente a la encuesta está basado en preguntas realizadas a la ciudadanía (por cierto, que casi siempre se omiten datos como a cuántas personas se ha realizado la encuesta y cómo han sido seleccionadas, prescindiendo así del mínimo rigor estadístico) y no en la estimación de algún empleado imaginativo o con dotes proféticas. Supongo que las personas que responden a tales cuestiones no se paran a pensar en la incongruencia de la propia pregunta (c'est mal posee la question, diría un francés), ya que existen instituciones (la justicia, en este caso) que se encargan de decidir al respecto. Salvo que recurramos a esa famosa frase de que no se trata más que de una opinión y que todos -como ocurre con el culo- tenemos una. Pero algunas cosas en apariencia banales conllevan su peligro. En este caso, el que los ciudadanos lleguen a tomarse en serio la capacidad de decisión sobre asuntos que no le conciernen directamente, saltándose las reglas de un estado de derecho. En el fondo se trata de una vuelta al pasado, cuando las gentes del pueblo o de la tribu se reunían para decidir el linchamiento o no del culpable. Los nuevos medios de comunicación permiten esa toma de decisiones en "tiempo real" por parte de todo un país, omitiéndose así el retardo que supone la resolución institucional (legislativa, judicial o ejecutiva) de un caso. Retardo que por otra parte garantiza la protección contra la violencia instantánea (justificada o no) e incontrolada de la horda. Hay una escena estupenda por absurda en Manderlay, la película de Lars Von Trier, donde la comunidad decide mancomunadamente sobre asuntos tan objetivos como la hora que es. Imaginen que alguien les aborda en la calle para preguntarles si son partidarios de la ley de la gravedad. Vayan pensando la respuesta.
No