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Peripatetismos
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Los 300


Se viene discutiendo acerca de la ideología más o menos explícita de la película de Zack Snyder. De momento, a falta de algún acreditado filósofo, podemos poner como ejemplo esta columna de L. A. de Villena. Efectivamente, el oriente encarnado en las tropas persas al mando del rey-dios Jerjes es colmado con los atributos de ambigüedad (incluida la sexual), monstruosidad, indiferenciación... ¡y multiculturalismo! Les animo a realizar el siguiente ejercicio imaginativo. Sustituyan el rostro del rey Jerjes por el de Bill gates y el del valiente y cérrimo Leónidas por el de José Bobé, por ejemplo. La estrategia imperialista de Jerjes no resulta así sino el germen de lo que posteriormente han sido la mayoría de los imperialismos que no se han basado en un elemental genocidio. El lema podría ser: "te daré lo que pides siempre que me adores". Y Leónidas, naturalmente, dice que nones. Leónidas representa la autoctonía insobornable frente a ese conglomerado amorfo de pueblos y razas en que consisten las huestes persas. Con mucho músculo y mucha sangre, de acuerdo, pero es que de eso va la película. La lección definitiva a extraer no sólo de la película sino del acontecimiento histórico de las Termópilas es que el azar (la alianza de un accidente geográfico como es un paso estrecho -el de las Termópilas- en la entrada del Peloponeso y de un puñado de hombres de estirpe guerrera) pueden hacer tambalear a todo un imperio. Otra vez el efecto mariposa, pero llevado al terreno de la historia. Borges decía que era la puerta la que elegía al hombre, y no al revés. El imperio, cualquier imperio, posee una topología llena de puntos singulares, de puntos de fractura. Y ahí están, esperando a un Leónidas -o a un cualquiera- que desencadene la catástrofe.
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