De culos y vacío
Leo la última entrada de mi amigo Mastronardi y a partir de ella reflexiono, algebrizo y concluyo: ¿No será el culo la encarnación del conjunto vacío -ya saben, ese círculo atravesado por un certero tajo-? Una especie de broma anatómica que delata el fino sentido del humor del creador, caso de que éste existiera. Del mismo modo que el vacío es el substrato en el que se basa el resto de conjuntos, he aquí que el culo es el basamento, el andamio más sólido de nuestro cuerpo. Sin dejar de lado la atracción que suscita en algunos el vacío, la metafísica del funambulista, aliado del doloroso vértigo que sentimos ante la contemplación de ciertos culos (para otros quede el horror vacui). ¡Ah, las bondades de la teoría de conjuntos unidas a la primavera! Gracias, Mastronardi.
Comentario:
Lo que pasa es que, si no lo hicieran así de redondo y suave y atractivo, a ver quién iba a sentir la llamada irrenunciable del vacío. Ni dios, ni Sartre.





