Se vende la luna
Es posible comprar la luna. Por una módica cantidad (aproximadamente 45 €), la empresa israelí Crazyshop ofrece lotes lunares de medio dunam (aproximadamente 500 metros cuadrados). La compra implica la expedición de un certificado que asegura la propiedad, así como la localización de la parcela sobre la superficie lunar. El origen de este negocio se remonta al norteamericano Dennis Hope, ventrílocuo fracasado quien, mientras conducía rumiando su divorcio, atisbó a través de la ventanilla del coche la faz oronda de nuestro satélite. Eso, y pensar que allá arriba podrían construirse un montón de casas con jardincito y piscina, una misma cosa. Las compensaciones del desengaño amoroso son a veces imprevisibles. Así es que Hope registró la propiedad de la luna y los planetas del sistema solar (una normativa internacional impedía su explotación por parte de los estados, pero se les olvidó pensar en las empresas y particulares) y desde entonces (aquello fue por el 1980) se dedica al lucrativo negocio de vender parcelas de nuestro satélite, un negocio que a estas alturas se remonta a 50 millones de dólares, y subiendo. Digamos que Hope sustituyó su muñeco de trapo y madera por una empresa que ha logrado seducir a dos millones y medio de espectadores, sin duda un ascenso meteórico en su carrera. Viéndolo de esta manera no cabe hablar de engaño, sino de simple espectáculo. Hope ofrece la ilusión de la propiedad selenita, con título y mapa incluidos, y el público paga por su ración de suspension of disbelieve, que diría Coleridge. En realidad se parece a ese juego infantil que es el intercambio de cromos. Un título de propiedad por un billete de banco. Una parte minúscula del tesoro del estado encerrado en una cámara acorazada bajo tierra por un trocito de luna que no puede verse a simple vista. Ficción por ficción. No existe nada más divertido.
Comentario:
Jo, no he visto ese capítulo, pero promete. Y sí, lo de que fuese ventrílocuo (ya sabes mi afición por los títeres) reconozco que fue lo que terminó de seducirme del personaje. La historia da para una novela, la verdad.
Comentario:
Me estoy acordando de aquel episodio de Futurama, creo que el segundo, en el que se llevan a Fry a la Luna porque allí está el parque temático más divertido del sistema solar. Una vez allí, Fry, que es del siglo XX, mira fascinado la superficie lunar a través de un ojo de buey, ya en el parque, y no deja de repetir que no se lo puede creer, que están realmente en la Luna.
Pero cuando les pide a Bender, Leela y el profesor que le lleven afuera, a la Luna real, ellos lo miran perplejos y replican: "¿Para qué? ¡Si allí no hay nada! ¡Lo divertido está aquí dentro!". Es decir, el simulacro espectacular sustituyendo a lo real desértico.
¡Me parece definitivo! De la anécdota que cuentas, me gusta especialmente que el tipo fuese ventrílocuo...
Pero cuando les pide a Bender, Leela y el profesor que le lleven afuera, a la Luna real, ellos lo miran perplejos y replican: "¿Para qué? ¡Si allí no hay nada! ¡Lo divertido está aquí dentro!". Es decir, el simulacro espectacular sustituyendo a lo real desértico.
¡Me parece definitivo! De la anécdota que cuentas, me gusta especialmente que el tipo fuese ventrílocuo...





