Satori
El día es despejado, de un azul perfecto. Las condiciones de presión, humedad y temperatura son ideales. El proyectil saldrá catapultado por la lanzadera para describir una parábola exacta, fiel a la ecuación . Ahí enfrente está el objetivo. Acertar es equivalente a localizar el foco al que obedece el movimiento. Una parábola tiene dos focos, uno en el interior de la curva, otro anclado al infinito, inaccesible. Hay algo ideal, platónico, en el tiro parabólico. Acertar con el foco equivale a destruir al enemigo. Los novatos se obsesionan con las mediciones: de la distancia, del ángulo de tiro. A mí me ocurría lo mismo al principio. De eso hace mucho. Poco a poco uno descubre que, con el esfuerzo, el tesón y la fe suficientes, puedes llegar a sintonizar con ese otro foco infinito, hasta identificarte con él. Algo similar al arte del tiro con arco japonés. Es como si uno fuese una marioneta en manos de un experto titiritero. Esta identificación total con el foco infinito elimina la dualidad entre el lanzador del proyectil, yo, y el enemigo, ellos. Mi objetivo es la aniquilación de ambos, de mí como sujeto y, por supuesto, del enemigo. Descubrir que ambos son la misma cosa. A eso los orientales lo denominan satori. Dentro de poco recibiré la orden de disparo. A partir de ese momento, la concentración ha de ser absoluta.
Comentario:
Tienes razón, Sergi. Con las prisas equivoqué el término. Debía decir "satori". Gracias por la corrección. Un abrazo.
Comentario:
Puesto a aniquilarse, a diluirse en el Nirvana y salir del Samsara (yo pensaba que así llamaban en Oriente a la rueda en la que nos sume el ego con su voracidad absoluta), en vez de hacer de hombre bala, de hacerse añicos contra nada ni nadie... yo preferiría la estrategia del terrón de azucar, o la del monzón en las terrazas de Laos.
En fin, sobre gustos...
Saludos alados a Su Hautoría.
En fin, sobre gustos...
Saludos alados a Su Hautoría.





