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El libro y su semejanza
Motivado por la baja calidad de las obras literarias, los dirigentes culturales del país decidieron importar escritores extranjeros, quienes se beneficiarían de sueldos mucho más elevados que los que recibían en sus países de origen. Un número considerable de ellos procedían de China. Ninguno hablaba el idioma del país de acogida, ni siquiera eran capaces de deletrear una línea. La medida fue precedida de la incomprensión por parte de la ciudadanía e incluso de la beligerancia de algunos círculos literarios que la rechazaban por innecesaria. Hubo quien vaticinó como resultado más probable la definitiva aculturación del país, equiparando la decisión a la rendición ante una potencia extranjera. La experiencia mostró sin embargo todo lo contrario. Pasados unos años, los escritores foráneos lograron aprender sin problemas la lengua de los nativos, después de lo cual se aplicaron a la lectura de los clásicos, así hasta llegar a las más recientes obras dignas de consideración, ninguna posterior a los tres o cuatro últimos lustros. Tras este proceso inicial, dichos escritores se aplicaron a la imitación, primero, y a la innovación más tarde a partir de dichos modelos, resultando de ello obras dignas de todo mérito y de reconocido prestigio internacional -ellos mismos se encargaron de traducirlas a sus lenguas de origen-. Sobre todo los escritores chinos demostraron una pericia infrecuente en dicha tarea, ocupando de inmediato los puestos más altos en las listas de superventas. Uno de los críticos del proyecto acabó reconociendo, después de la lectura de una de las novelas de Zi Hao, que el parangón con cualquier producto cultural autóctono no sólo lo mostraba indistinguible, sino que añadía al logrado casticismo un plus de calidad hasta entonces desconocido en los productos culturales así denominados "originales".
 
Comentario:
Habrá que leer a Hao, supongo que algo de su China natal se habrá trasmitido al best seller patrio. Imaginemos una quietud de movimientos, una serenidad en la mirada del protagonista mientras toma en la barra del bar una ración de tortilla de patatas.

Se usted muy bienvenido, Jose.
 
Comentario:
La tradición literaria autóctona y la revisión (que no imitatio) de los sempiternos clásicos hacen más que necesaria su fábula: La tradición literaria de un autor, (si ustd quiere, con H) no tiene por qué recurrir siempre a modelos patrios, la novela de Zi Hao seguramente adolecía de cierto localismo castizo, una verdadera lástima.
 
Comentario:
Yo creo, Ibrahím, que la competitividad existe (mira si no -valga como ejemplo- la lista de premios literarios que existen), lo cual no asegura (como tampoco ocurre en general en el mercado) que se imponga lo mejor. La originalidad es otro tema, más peliagudo si cabe. Creo que hay gente muy original, lo que no sé es hasta qué punto el receptor está dispuesto a abrirse a esa originalidad.

Un saludo, Ibrahím.
 
Comentario:
A propósito de la importación, la literatura debería aprender del librecambio algunas cosas buenas como la competitividad y la originalidad. Lamentablemente, la asociación actual "literatura-(integración en el) sistema capitalista" suele producir más repugnancia que otra cosa.
No