23-06-07, Madrid, Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía, 00:15 pm
Visitamos la exposición de Luis Gordillo, último premio Velázquez de Pintura (¿o es de artes plásticas?, ¿existe hoy en día alguna diferencia?). Asistimos al bombardeo de colores, nos anonadamos ante la masa intestinal de los meandros ("Blancanieves y el Pollock feroz"), intentamos detectar algún atractor extraño en la divergencia de las series pictóricas repartidas aquí y allá, escuchamos con somnolencia la exégesis insubstancial de un autor que acaba asumiendo -hasta entonces no lo tenía muy claro- que tiene un estilo porque se lo ha oído decir a algún crítico... Nos embarga la misma sensación que cuando a alguien le cuentan un chiste sin mucha gracia. Me pregunto qué institución cultural estaría dispuesta a pagar tanto dinero por exponer en las paredes de un museo los poemas más vanguarditas del más extravagante o maldito de los poetas españoles (sí, ya sé, la sobrevaloración de la imagen) . Y -sobre todo- recuerdo ese librito de Baudrillard donde se nos habla del complot del arte. Un complot que consiste en que los artistas esconden una información privilegiada. Y esa información con la cual especulan y que les sirve para exprimir el dinero a las instituciones y a los coleccionistas es que en el fondo no hablan de nada, que el arte ya no tiene que ver con nada, que sus obras no son más que la agónica reproducción y la mise en abîme del más absoluto vacío. Unos pasos más atrás un niño sevillano -la familia parece haber viajado para asistir mañana a la final de la copa del rey- insiste en que aquello no es un museo. Por qué, indaga su padre. Porque no da miedo, responde el niño. Y el padre promete llevarlo al día siguiente al museo de cera. El niño tiene su parte de razón. En los museos debería haber obras que nos estremecieran, que tuviesen que ver algo con lo real (no necesariamente realistas), que dijesen algo del mundo en el que vivimos (que, sí, da tanto miedo). Yo, como el niño sevillano, prefiero pasar miedo a gozar del aburrimiento de los inmortales.





