Modelos matemáticos

El perfil del pecho femenino viene modelado por dos curvas fundamentales en matemáticas: la exponencial y la logarítmica. La exponencial recorre la parte inferior, describe la elevación que nace de las costillas y va a parar -siguiendo una pendiente vertiginosa- al vértice del pezón. A partir de ahí la curvatura se invierte y adquiere la dulzura de la torsión logarítmica. La piel asciende suavemente hasta la base de la clavícula, luchando contra la gravedad que curva exponencialmente la parte inferior de la mama. Todo pecho resume y sintetiza por tanto la disputa de dos fuerzas opuestas: la gravitatoria (carnal) y la ascensional (espiritual) -recordemos que la función exponencial y la logarítmica son inversas la una de la otra-. El pecho desnudo oscila, encarnado símbolo de la lucha entre el par de fuerzas ya mencionadas. De ahí su atracción, la turbulenta serenidad que esconde su belleza.





