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Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
Quién es quién
Sindicación
 
Oriente
Cada vez que salgo de casa me tropiezo en el portal con un par de chinos, dos esfinges derrengadas que custodian la entrada a mi edificio. Usan el portal para descansar entre porte y porte, aunque lo cierto es que jamás los he visto desplazar ningún paquete de ropa. Más bien creo que simulan -por algún motivo desconocido- trabajar para alguna de las numerosísimas tiendas de venta al por mayor del barrio. Cada vez que entro o salgo del edificio se levantan corteses y emiten un saludo. La escena, inocente por demás, adquiere rasgos siniestros cuando se repite unos centenares de veces. Uno sale por el pan, abre la puerta, y allí están. Vuelve con la barra en la mano, y allí están de nuevo. Sin perder jamás la sonrisa se levantan otra vez y dejan franco el paso. Después de unos primeros encuentros dominados por la sorpresa, he ensayado miradas más o menos de disgusto. A partir de la quincuagésima vez -pongamos por caso- decidí recompensarles con la más lograda de las indiferencias. Invariablemente el par de chinos se levantaban con una inclinación y saludaban amistosamente. A partir del encuentro número doscientos he decidido empezar a saludar yo también, determinado a fluir con las circunstancias (be water, my friend). Quizas a partir de mi salida número quinientos considere la posibilidad de quedarme un rato a charlas con ellos, de preguntarles qué hacen allí, a qué dedican esa inmensa cantidad de tiempo libre. Los imagino mirándose el uno al otro en silencio, dirigiéndose una sonrisa cómplice antes de responder: "Tan sólo estábamos esperándole".
 
Comentario:
siempre es más creativa la incertidumbre...
No