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Hyperconjuntos, historia y literatura
Hoy me sorprendo al leer en el blog de Arcadi Espada la noción de "hindsight bias" o distorsión producida por la retrospección, sintiéndome por ello íntima e intelectualmente reconfortado ya que desde hace tiempo creo que es uno de los temas esenciales que emparenta disciplinas tan diversas como la lógica de conjuntos, la historia y la literatura. Efectivamente, el vínculo ofrecido en el blog de Arcadi nos lleva a un interesante artículo del para mí hasta ahora desconocido Nassim Nicholas Taleb cuyas ocupaciones abarcan un espectro amplio que va desde la sociología, las artes y las matemáticas (et voilà!). Si alguien -cosa que dudo-se tomó la molestia literal de leer mi entrada titulada Athenäum, ahí encontrará un fragmento dedicado a los hyperconjuntos que -básicamente- son aquellos conjuntos que pueden contenerse a sí mismos. Ahí me propongo demostrar (aunque no sé si lo consigo) que esa lógica paradójica es la que subyace tanto en el relato literario (el más convencional y -por tanto- el más habitual) como en el histórico. Un ejemplo. Yo soy un historiador de evidente vocación nacionalista. Elaboro por tanto un relato de mi comunidad seleccionando aquellos sucesos que me permiten componer un relato en consonancia con mis convicciones ideológicas al cual llamo "historia de mi pueblo". La paradoja -más o menos oculta- está en que en la selección y narración de los hechos he infiltrado mi propia ideología. El mecanismo es perfecto y no son ajenos a él los narradores que elaboran la historia de un "personaje". El mecanismo básico (quizás con hondas raíces psicológicas) es el del post hoc ergo propter hoc (después de eso, luego a consecuencia de eso) que es básicamente otra manera de enunciar la ley de causa-efecto. Por si a alguien no le ha quedado clara todavía la repercusión política e histórica de tan "inocuo" procedimiento le propongo otro ilustrativo ejemplo, esta vez de la mano del controvertido Calvino. Ya conocéis la teoría calvinista de la "gracia" concedida por la mano divina. Si un hombre triunfa y se hace rico entonces no hay más remedio que suponer que esto se debe a que es depositario de la gracia divina y por tanto todos sus actos (incluso los anteriores al hecho de que ese hombre se haga rico) hay que verlos y juzgarlos de acuerdo a esa hipótesis. El ejemplo vale también para el caso de un hombre miserable, basta con invertir los términos. Ya digo que el fenómeno posee posiblemente honda raigambre sicológica (y hasta quizás antropológica) y puede que su uso provenga desde la época de las cavernas cuando el cazador explica a su público -todavía con el miedo en el cuerpo- las vicisitudes que le permitieron escapar con vida del tigre dientes de sable. La pregunta es porqué el ser humano se resiste a concebir los acontecimientos como una suma -unida a cuertas sinergias- de azarosos imprevistos (yo tengo una respuesta: el miedo, que es todo lo contrario a una comprensión trágica de la existencia). ¿Acabaría eso con los géneros llamados "historia" y "novela"? Desde luego que no. Hay vida más allá del relato convencional. Los ejemplos son múltiples. Todos conocemos ejemplos de narraciones donde el acontecimiento cobra vida propia más allá del previsible hilo narrativo, llaméselo como se quiera: revolución, epifanía o, sencillamente, vida.
 
 
 
Comentario:
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Comentario:
Bueno, puede estar bien el intento. ¿Y si en el fondo fuese todo más fácil de lo que parece?
 
Comentario:
Pues de esto que explicas aquí no me entero, quizá con más tiempo debería de leerme aquello de Athenaum y lo de Arcadi, al que no leo, para comprenderlo... ¿no?
No