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Apología de los paréntesis
Bien, he vuelto de París, es la una de la mañana, he perdido mi móvil... Pero acudo fiel a mi cita con los paréntesis (se lo prometí a alguien y siempre cumplo mis promesas, a ser posible en breve plazo). Ante todo -y como muestra el título con toda claridad- pretende ser esta anotación una defensa exacerbada de los denostados paréntesis. Daré un paso atrás (estrategia de boxeador barriobajero) para golpear más fuerte. Hablaré en primer lugar no de paréntesis sino de otra palabra también de origen griego y que guarda con la anterior cierta homofonía. Se trata de la parábasis, término usado en la comedia antigua para designar ese momento en que los actores interrumpen el desarrollo de la escena para dirigirse abiertamente al público. En la parábasis a veces se critica la propia obra e incluso al autor de la obra (en esto Aristófanes es el maestro). La narración (el hilo narrativo) se interrumpe o más bien se hace un nudo revelando la ficción de cuanto allí acontece, no para romper la ilusión del espectador (the willing suspension of disbelief, que decía Coleridge), sino para que ésta se agudice como un niño disfruta al destripar su juguete preferido (al menos al niño que le interesa conocer cómo funcionan las cosas, espero que todavía queden algunos de esos)

Pues bien, mi tesis es que paréntesis y parábasis no guardan entre sí sólamente una relación de homofonía. Usando la analogía más aristotélica diré que la parábasis es al teatro como el paréntesis a la narración. Los paréntesis (...) abren un espacio mágico, una parábasis narrativa donde tiene lugar una comunicación distinta con el lector. El paréntesis puede ser un desenmascaramiento o, al contrario, una máscara más dentro del simulacro de la literatura. Como un imaginario retablo barroco donde una escena se abriese dentro de otro escenario precedente. El paréntesis revela que nunca es uno el que escribe, que uno siempre está acompañado por otro que siente la permanente tentación de hacer acotaciones, de dejar claras las cosas (o de confundirlas todavía más). No existe un autor, sino una estructura rizomática que pudiera llamarse hautor que oscila entre la armonía y la severa disputa. Schlegel definía la ironía como una continua parábasis; y algo de ironía hay también en el buen uso de los paréntesis (curioso que el ideograma chino que representa la ironía consista en un trozo de carne cubierto con una piel que no le pertenece). No temamos, pues, al cambio de piel. ¡Arriba los paréntesis!
 
 
 
 
Comentario:
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Comentario:
Hautor:

He llegado montado sobre una nube con el gran Aristofanes (que extraño se ve todos desde aquí). No sabría decir por qué siempre la imagen de ese otro y su viceversa me recuerda a Marcel Proust.

Personalmente amo los paréntesis aunque admito rompe un poco la armonía visual del texto. Sin embargo, que útiles resultan cuando deseamos complementar o contrariar algo que es tan o más importante que el resto. Sin duda, una paradoja-parental-peripapoetica a desentrañar

Enreparéntesis: Creo que el asunto M/Proust respondería a cierta asociacion con la caratula empleada para promover Le Temps Retrouvé de nuestro gran Raul Ruiz pese a que los franceses o él mismo (me inclino por lo último) insistan en cambiar Raúl por Raoul

(Si le parece acertado el vínculo construido (a partir de la imagen) me lo hace saber a través de sus exhibidos y perturbadores comentarios)

Entusiasmo por el incremento de sus lectores. Tenga bien en recordar las palabras del gran nicho de Aire Don Julio Cerone
" Si te leen tres es porque has triunfado. Si la suma asciende, a más mil ¡PREOCUPATE! signigica simplemente que eres un mal escritor)
 
Comentario:
Vale, vale, Horacio. Que no se convierta en un casus belli. A mí también me gusta e zarangollo así, a secas, como lo hacía mi abuela.
 
Comentario:
¡Ya se me están ustedes saliendo de madre! Yo no odio los paréntesis: los odio y amo al mismo tiempo, que no es lo mismo. Lo que ocurre es que si le das demasiada cancha al otro, te abre la parábasis, y luego la parábasis de la parábasis, y luego la parábasis de la parábasis de la parábasis, y la continua mise en abyme se convierte en un tango con Jacques Derrida al borde de un acantilado, como en mi cuadro favorito, y tú que en realidad querías contar la receta de los macarrones al vodka te encuentras con un post en el que de paréntesis en paréntesis se habla de la transustanciación, Fritz Lang y el Dolce Styl Nuovo. La deconstrucción está muy bien pero de vez en cuando queremos enterarnos de las recetas. He dicho.
 
Comentario:
¡lo compro!
está bien defendido, desde luego...
tú amigo antiparéntesis tendrá que currárselo para contestar...
No