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De memes y hombres
Gracias a uno de los generosos comentarios que pueblan este blog consigo adentrarme en el hasta ahora desconocido mundo de los memes, nombre no sé si afortunado pero rodeado de incierto misterio. ¿Qué es un meme? Bueno, pues algo así como el equivalente cultural del gen humano. Si el gen necesita de la cadena de ADN para transmitirse, el meme (¿o mem?) usa poco menos que al cerebro para su fin más evidente (desprovisto de cualquier teleología) que es replicarse a sí mismo. El meme sería así el responsable de los fenómenos miméticos que conforman toda cultura. Un buen meme es aquel que consigue reproducirse con relativa facilidad. Mejor todavía si se revela como un fenómeno perdurable más allá de las modas del momento (la idea de Dios es un buen ejemplo). Naturalmente esta teoría se muestra sugerente y se emparenta de alguna manera con la teoría platónica de las ideas (desprovistas quizás de su componente hiperouránica), con el hecho diferencial de que un meme puede ser perfectamente diseñado en un laboratorio (empresa publicitaria, verbigracia) para ser difundido a través de los mass media, con lo cual el contagio memético está más que asegurado. Y sin embargo...

Estoy convencido de que esta teoría cojea del mismo pie que lo hace cualquier idea esencialista. Los memes serían la unidad cultural más pequeña pudiendo formar agregados moleculares, algo así como una teoría atómica (eso sí, elemental y democrítea) de la cultura. ¿Pero qué pasa si llevamos la lente de nuestro laboratorio y la orientamos hacia ese meme que nos muestra un rostro aparentemente consistente? Quizás ocurra como con las partículas atómicas, átomos compuestos de electrones a su vez hechos de quarks, etceteraetcétera. Creo que la filosofía (tantas veces ignorada por la ciencia) da más y mejor en el clavo con algunos conceptos si uno sabe cómo recolectarlos.

Acudiendo a Deleuze uno se tropieza con su concepto de agenciamiento como unidad mínima. La diferencia con otros conceptos es que el agenciamiento es siempre un enunciado (que éste sea lingüístico o no, dependerá del caso). El ejemplo típico es el agenciamiento Hombre-Caballo-Estribo que cambió la manera de cabalgar y de hacer la guerra. El agenciamiento elabora una sintaxis de campos diversos, se propone como solución óptima de un problema diferencial cuyas variables pertenecen a ámbitos sometidos a una dispersión en apariencia irreconciliable. Dennet, uno de los teóricos del meme, propone como ejemplo paradigmático el peinado de la malograda Lady Di (rápidamente difundido en las cabezas femeninas de buena parte del orbe). Creo que el análisis se queda corto. Basta estudiar el peinado de Lady Di como un tipo particular de agenciamiento, en particular el siguiente: Realeza-Peinado-Plebe. Así una muchacha que sale de la peluquería provista del susodicho peinado accede -aunque sea tangencialmente- por una especie de contagio simbólico al aura antes inaccesible de la Realeza. No hay más que estudiar la evolución de las últimas monarquías europeas para darse cuenta de hasta qué punto este tipo de agenciamiento provee de una solución válida al problema arduo y en apariencia irresoluble de su supervivencia (seguro que en nuestro país se os ocurre algún ejemplo). Acabaré con una pregunta. ¿Qué tipo de agenciamiento es un blog, cuáles son las variables puestas en juego, qué tipo de solución proporciona y a qué problema?

 
 
 
 
 
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