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Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
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Pasen -paguen- y vean
Me entero a través de la televisión francesa (sólo treinta segundos dedicados a los deportes, ¿cómo es posible?) que han inaugurado un museo arqueológico (no recuerdo exactamente dónde) en el que uno puede interactuar (cuándo dejará de estar esa palabra de moda) con los materiales expuestos. Así las imágenes muestran a simpáticos esqueletos girando ante el espectador como si en lugar de huesos luciesen el último modelo de Ruiz de la Prada. Uno puede grabar su imagen en la pantalla de un ordenador; un sofisticado programa modificará convenientemente sus rasgos para asimilarlo a un cromagnon o -para los más arriesgados- a un neanderthal. Así podemos saber cuál habría sido nuestro aspecto de haber nacido unos miles de años antes. Divertido, ¿no? Y si alguien no se quedó todavía satisfecho hay un espacio adaptado para tallar incluso nuestras propias hachas de sílex. Todo ello -supongo- por un módico precio.

Realmente se trata de un caso más entre tantos otros en los que el museo deja de ser un lugar de exposición donde corre por cuenta del espectador la tarea de enhebrar los restos para dotarlos de sentido (ahí intervendrá su mayor o menor cultura, su mayor o menor preparación). Todos hemos tenido la experiencia en un museo de pasar ante piezas que nos deslumbran mientras que damos a otras de lado, bien porque escapan a nuestro contexto o bien por cansancio. Si hay algo que me gusta de los museos es que resultan lugares ideales para perderse. Mejor entonces cuanto más grandes. Sin embargo se impone cada vez más el modelo de museo-parque temático. Todo en él está dispuesto para leticia del espectador (¿desde cuándo un museo ha de ser divertido?), todos los objetos están colocados siguiendo una secuencia narrativa, lógica, apta para todos los públicos. Lo realmente peligroso es cómo la (pre)historia se convierte de esta manera (asunto que entra de lleno en lo ideológico) en una ficción entretenida donde nos volvemos a encontrar otra vez con la misma figura retórica (otra vez los hyperconjuntos, el bucle encantador, siento ser tan pesado): justificar la historia por el hecho de que nosotros estemos ahí contemplándola, es decir, si ocurrió todo aquello miles de años atrás fue precisamente para que yo y mi familia disfrutemos este domingo de agosto respirando a salvo de los dientes de sable el agradable aire acondicionado. En otras palabras, la historia se ha convertido en espectáculo (con final feliz, por supuesto, ya que somos nosotros los que disfrutamos con ella) a costa de olvidar que aquellos huesos estuvieron recubiertos de carne sufriente, que nacieron y murieron por azar y necesidad y ahora yacen dispuestos como velas de cumpleaños para que cualquier estúpido que satisfaga la entrada sople las velas. Al fin y al cabo, murieron hace tanto tiempo...

La estrategia es sutil y por ello especialmente depravada. Una vez colonizado el presente y el futuro (planes de pensiones, viajes programados, criogenización con promesa de resurrección incluida...) el capital en su insaciable carrera descubre que había olvidado algo de extrema importancia: el pasado. La maniobra es sencilla. Basta empaquetarlo convenientemente y liarlo con un bonito lazo rosa para convertirlo en un bien más de consumo. Señoras, señores, pasen -paguen- y vean, ¡comienza el espectáculo!.
 
 
 
 
 
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Comentario:
Pues si, penosa vida llevaba, pero teniendo en cuenta que si la humillación fuera deporte olímpico, la lucha por las medallas iba a estar mas que reñida, tampoco parece tan terrible.
 
Comentario:
Oh, todavía me estremezco ante las humillaciones a las que se somete el personaje del Ángel azul. Espero que no sea tu caso, a no ser que seas profesor de instituto, claro.
 
Comentario:
¿acaso lo dudabas? Recuerda que ya no hay yacimientos arqueológicos, sino "parques arqueológicos". No olvides tampoco esos culebrones televisivos, conocidos como documentales, que supuestamente pretenden difundir el conocimiento sobre el pasado, y en los que actores cubiertos de pieles animales nos permiten identificarnos con nuestros antepasados mediante una adecuada interpretación en clave contemporánea.
El mundo es un espectáculo y, por tanto, ese debe ser el medio para hacer llegar al ciudadano materia tan árida como la Historia.
Y dejaré para otra ocasión el tema de la Novela Histórica, que también da mucho juego.
No