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Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
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Pequeño extracto de mi Museo
Hoy he llegado tarde al espectáculo. Acisclo se empeñaba en hacerme comprender la necesidad de subir las ventas. Continúa con su idea de montar sucursales en el extranjero. Mirando un reloj inexistente en mi muñeca le he comunicado que me apremiaba un asunto de extrema urgencia.

Mymmi, a cuatro patas, muestra sus pechos pequeños y blancos que oscilan circularmente bajos los embates de sus colegas. Uno de ellos la sodomiza mientras el otro se masturba al tiempo que sostiene una novela de Lafuente Estefanía: Mujeres con agallas. Después de un par de minutos se produce el relevo. El que antes copulaba con la doncella retoma la historia donde la había dejado su compañero de reparto, y viceversa. Mymmi gime como sólo ella sabe hacerlo. En un momento dado pronuncia Wie schön... Los dos hombre se miran. El que la penetra, sin dejar de moverse le pregunta qué coño significa eso... A lo que Mymmi responde solícita con acento de colegio de monjitas ¡Es fantástico! Los muchachos ríen alegremente y se dedican miradas de intensa camaradería. I wanna a D.P, I wanna a D.P, grita ahora Mymmi en lo que parece un rapto extático. El muchacho sedente abandona la novela para dirigirse hacia la pareja, no sin antes doblar meticulosamente la página donde se había quedado. Cambio de escena. Uno de ellos permanece tumbado en el sofá mientras el otro intenta introducir su miembro en el orificio ocupado. Tras una mínima resistencia el ano de Mymmi se dilata para acoger amorosamente ambos miembros que emprenden una danza alternativa y sincronizada que recuerda el vaivén de los cilindros de un motor de varios tiempos. Mymmi, apenas visible entre ambos cuerpos, vuelve a decir algo, ahora en un idioma ininteligible, seguramente eslavo. Vamos, vamos... traduce sin que medie pregunta alguna. En un momento dado la mano de Mymmi se desliza hasta su pubis para mostrarnos, a través de los labios entreabiertos de su sexo, el corazón rosado sellando el santuario de su virginidad. Después... Bueno, lo previsible. Cuando todo ha terminado es una Mymmi sonriente y satisfecha la que se tumba sobre el sofá para retomar la lectura de la amena novela. Detrás del sofá puede atisbarse la figura semioculta de un hombrecito con aire de funcionario que cuchichea una frase a través del respaldo. C'est superbe deux bittes dans mon cul, acaba Mymmi amplificando sus palabras.

No he dicho que Mymmi dirige sus propios filmes. Preguntada en un programa televisivo acerca de sus influencias más importantes (traje de tweed, boina bohemia y gafas redondas sin montura) respondió impasible que Hitchcock, B. Brecht y -sin detenerse a hacer distinciones- toda la nouvelle vague.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
No