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Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
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Instrucciones para fabricarse un Alef
La más fácil. Comprarse un ordenador y abonarse a la tarifa plana de internet. En caso de ser wi-fi podremos optar hasta por el hueco de la escalera del sótano, con lo cual el efecto literario está asegurado. Las últimas investigaciones muestran que la dimensión de internet es 15 (esto significa que en 15 clicks deberíamos ser capaces de pasar de cualquier página a cualquier otra). El mundo en 15 golpes de ratón. Si eso no es el alef que venga Borges y lo vea.

Más elaborada (pensada especialmente para los amantes del bricolaje). Fabricar un espejo esférico de cinco metros de diámetro con la condición de que el azogue cubra su superficie externa. Practicar una abertura lo suficientemente grande como para que pueda penetrar en su interior una figura humana. El interior deberá estar provisto de iluminación eléctrica. Una vez dentro apretaremos el interruptor. El juego infinito de reflejos hará que cada centímetro cuadrado de nuestro cuerpo acabe reflejado en todos y cada uno de los puntos de la superficie del espejo. Si uno no carece de cierta megalomanía comprobará que es lo más parecido a convertirse en la divinidad.

Más abstracta. Concebir un conjunto no numerable o en su defecto el conjunto de las infinitas sucesiones de ceros y unos que es equipolente a la potencia del continuo (recién ahora descubro que eso es precisamente una web, una sucesión de ceros y unos. ¡Eureka! Cantor y Bill Gates se dan la mano).

Abraham ibn Ezra, cabalista judeo español del siglo XI construyó un recipiente esférico de madera y lo llenó en parte de vino. En las noches de luna llena, bajo el manto oscuro de las estrellas, se asomaba por el orificio del recipiente. Aseguraba que allá adentro era posible contemplar el verdadero rostro de Dios.

 
 
 
 
 
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Comentario:
A mí me parece que Abraham se bebía todo el vino, yo también he visto a Dios en tales circunstancias. Es más feo de lo que dicen.
No