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Peripatetismos
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Cuestiones prácticas
Hay una pregunta que siempre me ha tenido en vilo. ¿Porqué los escritores han de posar en las imágenes sosteniéndose la barbilla entre los dedos índice y pulgar? Yo, naturalmente, como ante tantas otras preguntas trascendentales he intentado esbozar alguna que otra respuesta. He aquí alguna de ellas, un pequeño catálogo nunca exhaustivo ante el cual no dudo en solicitar ayuda:

1.-La imagen, como todos los iconos, tiene la función inmediata de suscitar una reacción significativa en el espectador-lector. A juzgar por la sonrisa bobalicona que se encarama normalmente a la alcándara de los dedos uno tiende a pensar que la respuesta al estímulo icónico es la de una reposada confianza que traduzco como: "pon una tórtola de canto embriagador en tu biblioteca".

2.-El escritor sostiene entre sus dedos una máscara, la que desea ver el público. Se trata de una herencia trasnochada de la falacia historicista. Compro un libro porque me gusta el escritor/a. El libro es una excrecencia más del autor que escribe como respira y transpira. Todo en él ha de ser adorable. Ergo... lo compro.

3.-Al escritor se le cae literalmente la baba ante la expectativa de ver su novela-poema por fin publicado. Los dedos índice y pulgar camuflan un torrente incontenible de saliva.

4.-El escritor no sabe qué hacer con las manos ante la cámara. Prueba a colocarla sobre los muslos (vaga incitación sexual, algo incorrecto), luego se sujeta un pie (una pierna sobre la otra) con un aire demasiado despreocupado. Se acuerda del cigarrillo pero teme lo políticamente incorrecto. Una mano, indefensa, se aferra a la otra (gesto demasiado implorativo, de santo mariano). Por fin una de ellas decide salvarse y acomodarse en el mentón (¡ah, era esto!).

Bien, añado que hace mucho tiempo que no leo un libro en cuya contraportada aparezca la susodicha pose del escritor. Soy un hombre des principios y a veces -para variar- me gusta que éstos sean elementales y más bien básicos. Coincido con Fresán cuando dice que querer conocer al escritor que ha escrito una novela es lo mismo que querer conocer a la vaca que produjo una hamburguesa deliciosa. Como cada vez es más frecuente la fotografía al uso propongo la construcción de parques para escritores donde ante la inminente publicación de un libro éstos puedan acudir a cumplir el ritual del book fotográfico, lo mismo que ocurre en el día de la boda. Serían parques con abundantes glicinas -y buganvillas, muchas buganvillas-, lagos con médanos y algún que otro roquedal para espíritus románticos.
 
 
 
 
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Comentario:
Eso si que son palabras mayores. Yo nunca pasé de los relatos cortos, o más bien microrelatos.
 
Comentario:
El fetichismo puede estar bien (de hecho lo practico siempre que puedo). Lo que me parece intolerable es la mitomanía. No conozco ninguna enfermedad más peligrosa para la salud personal y pública.
 
Comentario:
Vaya, me has pillado precisamente leyendo el de Vidas escritas, con todas esas fotos de Conrad, James, Wilde, Joyce y compañía, y me quedo entre el fetichismo de Marías y el nihilismo de Fresán (y el tuyo).
 
Comentario:
Miriam, son muchos folios en blanco (reales y virtuales) tirados a la papelera. Esto no tiene mérito (el justo), diez minutos y listo, como las sopas de sobre. Lo que me da dolor de cabeza es el trabajo en una novela o en un poemario. Se trata simplemente de oficio y ganas y quizás un tanto de ingenio.
 
Comentario:
¿a ti ésto te sale natural o tienes que hacer un esfuerzo adicional?
Lo digo, porque yo, que en este erial en el que vivimos, no me considero precisamente una berza, cada vez que pongo mis neuronas al servicio de las letras, comienzo ligera como una pluma para terminar entre sudores, por no decir estertores.
Será haber limitado durante tanto tiempo mi expresión escrita a aburridos informes y proyectos.
No