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Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
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Eterno retorno
En fin, las vacaciones acabaron como empezaron, con puñalada trapera de esa compañía de cuyo nombre prefiero no acordarme y sin embargo recuerdo: Alitalia. Y eso que ya iba prevenido, dispuesto incluso a volver a hacer noche en Milán, en el mismo hotel, cenando el mismo menú, dócil ante una de esas pesadillas que se repiten de vez en cuando y cuyo significado oculto uno no termina de desentrañar. Nada más llegar a Milán veo que todo iba según lo previsto, es decir, mal. Ya había acumulada una hora de retraso que, fiel a una lógica pesimista e implacable, fue llegando hasta la hora y media. Después ocurrió lo imprevisible (para mí) y es que un par de azafatos (él y ella) acudieron al mostrador de embarque. Una fila de impacientes viajeros se dispuso civilizadamente frente al mostrador. Yo resté sentado no diré que fumándome bogartianamente un cigarrillo (escena imposible en un aeropuerto), pero sí oliendome algo turbio en aquella mirada cabizbaja del azafato. Cuando se pusieron a trastear los ordenadores y a hacer llamadas sospechosas desde el mostrador me temí lo peor. Cuando ambos empezaron a reír y -supuse- a contarse chistes del oficio (estaba demasiado lejos para escucharlos) ya supe con certeza que la catástrofe era irremediable. Así durante una hora. Lo increíble es que ningún viajero abandonó la cola para recuperar la más cómoda posición sobre un asiento. Atendían el mínimo gesto de los empleados como un Temístocles ante el éxtasis de la pitia délfica. A veces resulta sorprendente la credulidad de la especie humana, su manera de aferrarse a una esperanza ilusoria, el desajuste entre la realidad y los constructos fantasmagóricos de nuestro cerebro. El oráculo fue implacable. El viaje se había suspendido (uno de los componentes del pasaje había enfermado, ésa era la versión oficial. La oficiosa era que se estaba llevando a cabo una huelga encubierta). Había que recuperar las maletas y volver a empezar desde el principio. Afortunadamente sólo llevaba equipaje de mano y pude colocarme de los primeros con el fin de sacar un nuevo billete en otro vuelo. Iberia, como una diosa alada dispuesta a rehacer mi mala fortuna, tenía un hueco para mí en el avión que salía dos horas más tarde. Lo curioso es que dos horas más tarde volvía a ver a la chica que había sido la cabeza de la anterior cola en la nueva cola de Iberia, sonriendo alegre, tozuda en su esperanza. Pensé entonces en todas las mujeres y hombres que recomienzan su existencia después de una catástrofe, de una guerra, en cómo la vida se sirve de esos pequeños héroes para perpetuarse. Yo me quedé para el final. En el último control, un policía altísimo, un hermosísimo príncipe nubio, me interceptó el paso. Me pidió el pasaporte. Altivamente respondí que aquello era el DNI, que con aquello se identificaba perfectamente a los ciudadanos españoles. Sin pestañear me devolvió el DNI señalándome la fecha de caducidad (sí, la identidad también tiene su fecha de caducidad). Yo había dejado de ser el mismo de la foto hacía exactamente dos meses. Tartamudeé, aquello superaba todas mis expectativas pesimistas (lo siento, no doy para tanto). Enseñé con temblor en las manos mi carné de profesor, mi carné de conducir... Aquel ser excepcional se apiadó de mí. Me miró duramente, como si intentase leer en mi alma (durante un momento creo que llegó a hacerlo) y debió llegar a la conclusión de que en el fondo podía ser un jilipollas, pero no un hijo de puta peligroso. Las puertas del avión me fueron franqueadas, ¡Osanna! Los temblores persistieron durante una buena media hora. Antes del despegue imaginaba escenas en las que un comando especial entraba para raptarme y llevarme a alguna base ubicada en un lugar desconocido del planeta, fuera de cualquier mapa. ¿Cómo no ser paranoico en determinadas circunstancias, yo que lo soy habitualmente? Finalmente me quedé dormido. Cuando desperté sobrevolábamos Madrid. Decidí que todo aquello no había sido más que una pesadilla.
 
 
 
 
 
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Desde luego, ya tengo la lección bien aprendida. La próxima vez seguiré tus sabios consejos. Un abrazo.
 
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Mi más sentido ppésame por la finalización de las vacaciones y la reincorporación a ese mu7ndo sin par de la formación de adolescentes. La próxima vez consulta los precios Easy Jet vía Ginebra y olvida a los italianos. Yo salí con retraso (10') que gracias al viento de cola debimos recuperar por el camino.
No