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Bunraku


Títeres, marionetas, actores, personas (prosopón=máscara), y viceversa. Brecht hablaba del burgués como aquél que no desea que se le muestren los mecanismos de la ficción. El burgués rehúye el extrañamiento, no quiere oír ni hablar de que detrás de cada uno de sus gestos se esconde un hilo (cultural, simbólico) que gobierna su voluntad. El burgués cree esencialmente en la ficción del yo-sujeto-libre-y-autónomo. Es su religión. Recuerdo aquel personaje de "Sobre el teatro de marionetas" de Kleist, un hombre saludable y hermosísimo que levanta su rostro del asiento donde procede a secar su cuerpo desnudo con una toalla para tropezarse con una copia (no había más remedio) del Spinario. Descubre que su gesto en ese momento es la copia exacta del de la estatua adolescente. A partir de entonces deja de ser el mismo, incapaz de superar la ruptura del mito de la "naturalidad" acaba sus días enfermo y deshauciado. La marioneta tiene la virtud de no engañar al público. Los hilos están ahí porque siempre lo han estado. Porqué esconderlos, entonces. Los títeres entroncan originalmente con los ritos religiosos. Heródoto nos habla de un templo construido en una isla en medio de un lago de Egipto donde se ofician misterios. Los actores son marionetas y representan a los dioses. Diderot, en su "Paradoja del comediante" desmonta la teoría del buen actor como aquel que es capaz de fundirse con el papel. Ni mucho menos. El actor debe desdoblarse y contemplarse actuando, debe sentir las palabras y los gestos como fuerzas extrañas a las que presta su anatomía. G. Craig retoma la idea para defender su teoría de la Supermarioneta. Craig ubica la decadencia del teatro en el momento en que un par de mujeres del valle del Indo comienzan a imitar a las marionetas sagradas en plena calle, fuera del recinto sagrado. El teatro tal y como lo conocemos provendría entonces de la violación de un misterio. El teatro se humaniza. Nietzsche usa un argumento semejante para criticar a Eurípides en "El nacimiento de la tragedia".

El bunraku mantiene sin embargo la tradición oriental del teatro de marionetas. Marionetas de una perfección casi imposible sometidas al vendaval de las pasiones. A partir del 10 de octubre tenemos la posibilidad de asistir a una muestra en el Teatro Español de Madrid. Una buena oportunidad para sentirnos extrañados.
 
 
 
 
 
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