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Peripatetismos
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Un cuento chino


Traduzco literalmente de "Illuminations", de P. Sollers:

"Queriendo casar a su hija con un hombre virtuoso, el emperador manda buscar a un joven que lleve la santidad escrita en su rostro. Recorren los pueblos, las ciudades, y de provincia en provincia, uno a uno, se examina a los candidatos de entre los cuales saldrá el elegido, el más bello, el más puro, el más ejemplar de entre los humanos. El hombre elegido hizo honor a su imagen y logró hacer feliz a la hija del emperador durante toda su vida. Ocurrió que murió mas tarde. El día de su muerte, alguien descubrió sobre su sien el ribete de oro de una finísima máscara que le cubría el rostro. Los mandarines se indignaron contra la impostura. Pero cuando la levantaron, vieron que la máscara y el rostro eran idénticos"

De absolutamente indecidible cabría calificar el sentido de este relato. Ante él -cual ante una nube- no tenemos más remedio que aventurar una hipótesis, tomar una decisión que nos obligue a decidirnos ideológica o estéticamente. Selecciono tres de entre las muchas posibilidades:

1.- La cultura precede a la naturaleza, la va conformando. El muchacho coloca la máscara sobre el rostro. Éste va adquiriendo progresivamente los rasgos de la máscara hasta lograr la final identificación.

2.- El muchacho fingió desde el principio. Se fabricó una máscara para engañar a los mensajeros. Fue la muerte la que añadió a su rostro los rasgos de la perfección. El ideal de belleza es por tanto -¿paradójicamente?- el verdadero rostro de la muerte.

3.-La máscara y el rostro eran idénticos desde el principio. Ahora bien, el muchacho se da cuenta de que lo que buscan los mensajeros es una apariencia, un rostro que sea espejo de todas las virtudes. Él les facilita el trabajo. La felicidad y la estabilidad del imperio se basan en un frágil simulacro.
 
 
 
 
Comentario:
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Comentario:
Muy fino, una aportación interesante (ya sabía yo que algún listillo ampliaría la lista -es lo que tienen las listas cerradas, que joden al que tiene un poco de ambición y al escéptico, entre los cuales me incluyo-). Hay que ver (siempre lo digo), qué pocos lectores tengo, pero qué buenos! Sin embargo, si te das cuenta (igual me lo rebates), tu opción es una variación de la 3ª, sólo que la perspectiva, en lugar de estar puesta en la voluntad del muchacho, lo está en la del emperador (en tu versión). Naturalmente en mi tercera versión el muchacho ya ha leido a Deleuze y a Derrida, sabe que sólo existe el simulacro (y nada más que el simulacro) y por ello usa la máscara. Más rebuscado sería todavía que el emperador hubiese leído también a los deconstruccionistas y por ello lo hubiese elegido a él, porque un tío tan listo (que sabe que todo es apariencia) resulta peligroso en el reino y lo mejor es tenerlo controlado haciéndolo su yerno (pero esto nos mete en otra historia...) Por cierto, todo esto me recuerda al cuento de Ferlosio "Por el camino de Jotán", ¿lo has leído?
 
Comentario:
también está la cuarta posibilidad. el emperador busca "un joven que lleve la santidad escrita en su rostro". el emperador lo eligió porque la reconoció en esa máscara-imagen como idéntica a su objeto. la santidad es la ausencia de diferencia entre la imagen y su representación, la transparencia. la sorpresa e idignación de los mandarines no sería compartida por el emperador, verdadero autor del engaño, creador del concepto de "puro" y de "ejemplar". pureza y ejemplaridad sancionadas por el emperador en esa identidad perfecta de máscara y rostro, significante y significado separados pero unidos en la perfección del oro. esta lectura sería la postura opuesta a la número 1 de la lista: la naturaleza precede a la cultura. si bien en esta la oposición naturaleza-cultura es más coherente, pues en la lectura 1 esa oposición sería inviable: naturaleza y cultura serían términos ajenos a un continuo de máscaras sin rostro en que nada precede a nada y tal vez deberíamos ver si el rostro bajo la máscara no esconde otro ribete de oro que esconde...
No