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Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
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Fractals everywhere
"Entró la ley en la ciudad y se multiplicaron las ofensas" (S. Pablo).

Hoy la cosa va de sociología (y fractales). Mirado desde cierto punto de vista todo resulta bien sencillo. Un ejemplo para ir situándonos. Voy tranquilamente en mi coche. Alguien me adelanta a ciento cuarenta. Inmediatamente un instintivo efecto de mímesis (salvo que posea poderosas objeciones acerca del aumento inmoderado de velocidad) hace que apriete el acelerador. Adelanto a otro conductor que a su vez replica mi comportamiento y así sucesivamente. El estado se verá en la necesidad de regular este peligroso comportamiento imponiendo un límite de velocidad (120 Km/h, por ejemplo). Esta es la condición de frontera insuperable para el crecimiento fractal (mimético). Esencialmente la sociedad está constituida por un conjunto de pólipos-corpúsculos que replican comportamientos y que actúan y viven sujetos a ciertas condiciones y reglas constitutivas. Así se crea el tejido social. Para que haya una ciudad primero hay que construir una muralla (simbólica en este otro caso). Aquél o aquellos que campan extramuros se convierten en forajidos, en mutantes que amenazan la estabilidad del conjunto. No podemos no imitar. El arte no figurativo desestimará un árbol o una silla como motivo. Sin embargo los patrones de color, las figuras geométricas anidan en la conciencia del hombre como los seres abandonados sobre la mesa de una naturaleza muerta. Podríamos intentar elaborar una historia del arte teniendo en cuenta la imposición de sucesivas condiciones de frontera (límites a la imitación) que propician un correspondiente giro mimético. La pregunta podría ser, ¿qué andan imitando ahora nuestros artistas? ¿Cuál es nuestra singular y modernísima condición de frontera?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Comentario:
Pero bueno, que tenga yo que venir a responder una pregunta tan facilita. Está requeteclarísimo -estimado y servil hautor- que la condición de frontera es la disolución del objeto (cualquiera). Basta imaginar una lata de conservas disparada en un acelerador de partículas y un complejísimo sistema óptico retratando sus infinitesimales componentes. ¿Qué hacer ante eso? Pues regresar a la carne, a la sangre, al dolor de ser nosotros mismos, a la herida. Algunos ya se han puesto a ello. De nada.
No